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jueves, 27 de octubre de 2011
TRISTEZA....
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LO QUE FALTABA....
Visto en: Radio Cristiandad
Descanonizaciones tras el Concilio Vaticano II
Hoy es la fiesta de San Crispín, una fecha que según Shakespeare, marcaría “desde hoy (1415) y hasta el fin del mundo” el recuerdo de la victoria inglesa en Agincourt. ¡Pero ni Enrique V ni Shakespeare tuvieron que vérselas con la Iglesia del Vaticano II! San Crispín fue quitado del calendario en 1969 como parte del proceso de “actualización” que destruyó casi todo a su paso. Muchos otros santos fueron quitados del mismo modo, pero lo que es más problemático, muchos santos fueron efectivamente “descanonizados” (incluso a pesar del hecho de que las canonizaciones son infalibles de acuerdo con la mayoría de los teólogos y que, por lo tanto, nadie puede ser descanonizado). He aquí algunos pocos ejemplos:
San Simón de Trento — popular niño mártir asesinado ritualmente por judíos el 24 de marzo de 1475. En 1965 el arzobispo Alessandro Gotardi, de la diócesis de Trento, declaró la inocencia de los asesinos. Como resultado del decreto del arzobispo, la Congregación de Ritos del Vaticano prohibió la veneración de sus reliquias así como la celebración de Misas en nombre de Simón. Este ejemplo de descanonización de un santo preconciliar es particularmente problemática porque a nadie se le ocurre insinuar que dicho santo no haya existido ni negar los milagros que se le atribuyen —fue puramente una movida política—. Dado que es políticamente incorrecto venerar a un niño que fue asesinado ritualmente por judíos (a pesar de un juicio que se realizó 110 años después de la muerte de San Simón y que sostuvo el veredicto del primer juicio, y a pesar de que incluso algunos académicos judíos admiten que ese primer veredicto fue válido, cf.http://www.traditioninaction.org/History/A_010_BloodyPassovers.htm), tuvo que ser quitado. Sin embargo, el apacentar a los no católicos difícilmente es una razón apropiada para cuestionar la indefectibilidad de la Iglesia (ver abajo). Incidentalmente, San Simón de Trento no es un santo anterior a la creación de la Congregación para las Causas de los Santos, puesto que el mismo Papa que confirmó esta canonización fue el que instituyó dicha Congregación en 1588 (en el mismo año en que San Simón fue canonizado).
San Guillermo de Norwich— otro niño católico (éste, ingles) que fue asesinado ritualmente por judíos (†1144), cuyo culto también fue suprimido, aunque al menos en este caso (a diferencia de San Simón) no parece haber habido un cultus popular.
Santa Ursula— uno de los santos descanonizados por los heresiarcas vaticanosegundistas más famoso y milagroso. Ella fue parte de un grupo de once mil vírgenes masacradas por los hunos cerca de Colonia alrededor del año 383. A pesar del hecho de que su cultus siempre fue muy activo, incluyendo numerosas iglesias y calles que tomaron su nombre, su culto fue suprimido en 1969 (Wikipedia lo niega, pero numerosos otros sitios novordistas confirman la supresión).
Santa Catalina de Alejandría — gran mártir de la Iglesia primitiva, uno de los santos más venerados de la Edad Media, una de los Catorce Santos Auxiliadores — removida del calendario litúrgico en 1969 por haber dudas acerca de su “historicidad”. Estoy esperando la descanonización de Santa Juana de Arco, ¡siendo que La Pucelle debe haber estado alucinando cuando hablaba con Santa Catalina!
Ahora bien. Creo que esto es una muy grave materia porque los jerarcas del Vaticano II implícitamente la Iglesia preconciliar erró al mandar a la Iglesia universal la veneración de estos individuos. Como establece Santo Tomás de Aquino: “Dado que el honor que damos a los santos es de alguna medida una profesión de fe, es decir, un creer en la gloria de los santos [qua sanctórum gloriam credimus], debemos creer píamente que en esta materia el juicio de la Iglesia no está sometido a error.” Como tal, incluso las canonizaciones anteriores a la Congregación para la Causa de los Santos son parte del Magisterio ordinario infalible.
Sin embargo, los modernistas dicen que la Iglesia sí erró en este punto cuando suprimen estos cultos. Los argumentos sobre la ambigüedad histórica son realmente irrelevantes puesto que a través de la tradición y la confirmación de los milagros, santos como Úrsula y Catalina de Alejandría terminaron siendo agregados al calendario. San Simón de Trento fue agregado por decreto del Papa Sixto V, disparando la infalibilidad del Papado y del Magisterio Extraordinario de la Iglesia. Objetivamente, esto es una herejía y una de las más netas (aunque menos “celebrada”) de la Iglesia postconciliar.
Uno no puede menos que notar el significado cultural de la remoción de santos que tuvieron un papel tan significativo en la historia cultural de naciones y localidades. ¿Hacemos de Enrique V un mentiroso al suprimir el santo que invocaba? ¿Y qué pasa con la basílica de Colonia bautizada con el nombre de Santa Úrsula?
En la Fiesta de los Santos Crispín y Crispiano, Mártires, a.D. MMXI
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SANTORAL 27 DE OCTUBRE
27 de octubre

Nosotros como más fuertes, debemos soportar
las flaquezas de los menos firmes y no dejarnos
llevar de complacencia por nosotros mismos.(Romanos, 15, I).
las flaquezas de los menos firmes y no dejarnos
llevar de complacencia por nosotros mismos.(Romanos, 15, I).
San Frumencio visitó Persia hacia el año 330 con un filósofo de Tiro, tío suyo, y fue apresado en el mar al volverse a Etiopia. Impresionados por su juventud y belleza, los bárbaros lo presentaron a su rey, que tomó a su cargo su educación y lo hizo su secretario. Después de la muerte del rey, la reina le confió la regencia. Aprovechóse de ello para favorecer la religión y abandonó después este elevado puesto para ir a pedir un obispo a San Atanasio en Alejandría. Este santo lo consagró a él mismo y lo envió de vuelta. Sus discursos y sus milagros obraron un gran número de conversiones, y Etiopía permaneció católica durante cuatro siglos.
I. Debemos amar a nuestros parientes y amigos, es un deber que nos impone la naturaleza; pero Dios quiere que en esto sigamos su voluntad más bien que nuestra inclinación. Ámalos, porque Dios lo quiere y como Dios lo quiere. Demuéstrales este amor trabajando todo lo que puedas en su salvación y soportando pacientemente sus defectos; la amistad y la caridad cristiana te obligan a ello.
II. Poca cosa es amar a los parientes y amigos: esta ley la observan hasta los paganos mismos; tú debes amar a las personas con las que no te vinculan ni parentesco ni amistad. Son verdaderamente hermanos nuestros, aquellos que han reconocido como Padre suyo a Dios. (Tertuliano).
III. Hagamos más, amemos a nuestros enemigos. El cristiano es capaz de un acto tal de caridad. ¡Cuán difícil es este amor para aquél que no consulta sino la naturaleza; pero cuán fácil para aquél que considera a Jesús expirando en la cruz por sus enemigos! Al hablar de San Esteban, dice San Gregorio: Ofrece a Dios algo más grande que la muerte, la moderación del alma y el amor a los enemigos.
La caridad
Orad por vuestros parientes y amigos.
ORACIÓN
Haced, os lo suplicamos, Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Frumencio, vuestro confesor pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el amor de la salvaci6n. Por J. C. N. S. Amén.
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miércoles, 26 de octubre de 2011
LA TRISTEZA
VISTO EN: ECCE CHRISTIANUS
Dice san Pablo: “La tristeza que es según Dios obra la penitencia para la salvación; la tristeza del mundo obra la muerte.” Luego la tristeza puede ser buena o mala, según sean los diversos frutos que causa en nosotros. Es cierto que son más los frutos malos que los buenos, porque los buenos sólo son dos: misericordia y penitencia, y los malos, en cambio, son seis: angustia, pereza, indignación, celos, envidia e impaciencia; lo cual hace decir al Sabio: “La tristeza es la muerte de muchos y, en ella no hay provecho alguno”, porque por dos buenos riachuelos que manan de la fuente de la tristeza, hay seis que son muy malos.
El enemigo se vale de la tristeza para ocasionar tentaciones a los buenos; porque así como procura que los malos se alegren en sus pecados, así también procura que los buenos se entristezcan en sus buenas obras; y así como no puede inducir al mal si no es haciéndolo agradable, de la misma manera no puede apartar del bien si no es haciéndolo desagradable. El maligno se complace en la tristeza y en la melancolía, porque él está triste y melancólico, y lo estará eternamente; por lo que quiere que todos estén como él.
La tristeza mala perturba el alma, la inquieta, infunde temores excesivos, hace perder el gusto por la oración, adormece y agota el cerebro, priva al alma del consejo, de la resolución, del juicio, del valor y abate las fuerzas; en una palabra, es como un invierno crudo que priva a la tierra de toda su belleza y acobarda a los animales, porque quita toda suavidad al alma y la paraliza y hace impotente en todas sus facultades.
Filotea, si alguna vez te acontece que te sientes atacada de esta tristeza, practica los siguientes remedios: “Si alguno está triste -dice Santiago-, que ore”: la oración es el más excelente remedio, porque eleva el espíritu a Dios, que es nuestro único gozo y consuelo. Mas, al orar, hemos de excitar afectos y pronunciar palabras, ya interiores ya exteriores, que muevan a la confianza y al amor de Dios, como: “¡Oh Dios de misericordia! ¡Dios mío bondadosísimo! ¡Salvador de bondad! ¡Dios de mi corazón! ¡Mi gozo, mi esperanza, mi amado esposo, bienamado de mi alma!”, y otras semejantes.
Esfuérzate en contrariar vivamente las inclinaciones de la tristeza, y aunque te parezca que en este estado todo lo haces con frialdad, pena y cansancio, no dejes, empero, de hacerlo; porque el enemigo, que pretende hacernos aflojar en nuestras buenas obras mediante la tristeza, al ver que a pesar de ella no dejamos de hacerlas, y que haciéndolas con resistencia tienen más valor, cesa entonces de afligirnos.
Canta himnos espirituales, porque el maligno ha desistido, a veces, de sus ataques merced a este medio, como lo atestigua el espíritu que asaltaba o se apoderaba de Saúl, cuya vehemencia cedía ante la salmodia.
Es muy buena cosa ocuparse en obras exteriores, y variarlas cuanto sea posible, para distraer el alma del objeto triste, purificar y enfervorizar el corazón, pues la tristeza es una pasión de suyo fría y árida.
Haz actos exteriores de fervor, aunque sea sin gusto, como abrazar el crucifijo, estrecharlo contra el pecho, besarle las manos y los pies, levantar los ojos al cielo, elevar la voz hacía Dios con palabras de amor y de confianza, como éstas: “Mi amado para mí y yo para Él. Como manojito de mirra es mi Amado para mí. Él reposará sobre mi pecho. Mis ojos se derriten por Ti, ¡oh Dios mío!, diciendo: ¿Cuándo me consolarás? ¡Oh Jesús! Seas para mí Jesús; viva Jesús, y vivirá mi alma. ¿Quién me separará del amor de mi Dios?”, y otras semejantes.
La disciplina moderada es buen remedio contra la tristeza, porque esta voluntaria aflicción exterior impetra el consuelo interior, y el alma al sentir los dolores de fuera, se distrae de los de dentro. La frecuencia de la Sagrada Comunión es excelente, porque este pan celestial robustece el corazón y regocija el espíritu.
Descubre todos los sentimientos, afectos y sugestiones que nacen de la tristeza a tu director y a tu confesor, con humildad y fidelidad; busca el trato de personas espirituales, y conversa con ellas, cuanto puedas, durante este tiempo. Y principalmente, resígnate en las manos de Dios, disponiéndote a padecer esta enojosa tristeza con paciencia, como un justo castigo a tus vanas alegrías, y no dudes que Dios, después de haberte probado, te librará de este mal.
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Meditaciones
SANTORAL 26 DE OCTUBRE
- San Evaristo
- San Bernando Calvó
- Santos Luciano y Marciano
- San Rústico
- Beata Bona de Armagnac
- Beato Damián de Finario
- Beato Buenaventura de Potenza
26 de octubre

Cuando hubiereis hecho todo lo que
se os ha mandado, decid:
Siervos inútiles somos;
lo que hemos debido hacer, eso hicimos.(Lucas. 17. 10).
se os ha mandado, decid:
Siervos inútiles somos;
lo que hemos debido hacer, eso hicimos.(Lucas. 17. 10).
San Evaristo, cuarto sucesor de San Pedro, gobernó la Iglesia durante cerca de ocho años. Se refiere que era hijo de un judío de Belén. Murió hacia el año 107 y recibió sepultura en el Vaticano. junto a San Pedro.
I. No te gloríes ni de las riquezas ni de los honores, porque ellos no te hacen más virtuoso y con mucha frecuencia contribuyen a hacerte más malo. No te enorgullezcas de tus cualidades naturales, de tu nobleza, de tu belleza, de tu inteligencia. ¿Qué tienes tú que no hayas recibido de Dios y sin mérito alguno de tu parte? La muerte te arrebatará todos esos bienes; no mirará Dios sino las buenas obras que hayas practicado, y el buen uso que hayas hecho de los talentos que Él te ha deparado.
II. Ninguna razón tienes para estar orgulloso de tu ciencia. ¿Qué sabrías tú si Dios no te hubiese dado la inteligencia? Mucho aprendiste con tus trabajos y vigilias; sabe sin embargo que ignoras infinitamente más de lo que sabes, y humíllate: ¡el menor de los demonios es más sabio que tú! La más hermosa de todas las ciencias es el conocimiento de tu nada. La humildad es la fuente y el principio de la filosofía más sublime. (San Crisóstomo).
III. Guárdate de enorgullecerte de las gracias que hayas recibido, o de las virtudes que hayas adquirido. El que se gloría de su virtud no es virtuoso, pues la humildad es el fundamento de todas las virtudes. Imita pues a los santos, no para atraerte alabanzas, sino para cumplir tu deber. En fin, conoce tu bajeza, tu malicia y tus pecados, y serás humilde. Toda la humildad consiste en conocerse a sí mismo. (San Agustín).
La humildad
Orad por el Colegio.
ORACIÓN
Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño y guardadlo con protección constante por vuestro bienaventurado mártir y Soberano pontífice Evaristo, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. por J. C. N. S. Amén.
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martes, 25 de octubre de 2011
ESCRITOS DE... P.BASILIO MÉRAMO: LA SALETTE Y FATIMA PROFECIAS APOCALIPTICAS DE LOS ULTIMOS TIEMPOS VII
(Continuación y conclusión de parte anterior. Ver aqui)
Defección de la Jerarquía de la Iglesia
Como hace ver el Hermano Michel, uno de los motivos de la no publicación del 3er Secreto de parte de Roma, se debe al anuncio de la pérdida de la fe por causa (culpa) de la defección de la alta jerarquía de la Iglesia.
La defección de un clero mediocre y de una jerarquía corrupta no nos debe sorprender. La fe es a pesar de los curas, la Fe es en Dios, en su Iglesia, no es en los hombres de Iglesia, ni tampoco se crea que por muy de Iglesia que sean ya están en las cumbres de la santidad. No, la corrupción de lo mejor es lo peor. Si el clero no está a la altura de su sublime e insigne misión, se pervierte, si la jerarquía de la Iglesia no ama la verdad estando a la altura de su deber, se corrompe.
Sobre la corrupción de los hombres de Iglesia, sobre todo en los últimos tiempos, es muy aleccionador lo que Beato de Liebana dice en su comentario del Apocalipsis en el siglo VIII y que es de una actualidad manifiesta.
Beato de Liebana sobre la falsa religión y las apariencias de santidad relacionadas con la Bestia del Apocalipsis que sale de la tierra (Ap. 13,11-17) dice: «La tierra son los obispos, sacerdotes y la falsa religión; quienes bajo apariencia de santidad no se ve que se agiten en el mundo, sino que parece que obran quédamente, y simulan que son Iglesia y no lo son... Esta bestia de la tierra son los malos prelados en la Iglesia» (Obras Completas, Ed. B.A.C. Madrid 1995, p. 493).
La forma solapada con que actúan es sorprendente: «porque no se levantan abiertamente contra la Iglesia, con la que dicen que están unidos, y al decir que son hijos de Dios (...) pero ahora en la paz so pretexto de religión, meditan contra la Iglesia, lo que entonces en la guerra dirán con palabras claras. (...) no blasfeman abiertamente contra la Iglesia, sino bajo nombre de santidad, formando parte del Misterio de la Iniquidad . Sin embargo cuando llegue este tiempo del Anticristo, cuando se produzca la dispersión, es decir, cuando claramente se haya disgregado la Iglesia, y se haya manifestado en todo el mundo el hombre de pecado, entonces se pondrá al descubierto y se manifestará y se comprenderá y conocerá aquello que antes, bajo apariencia de religión, con palabras ocultas, hablaba blasfemias contra Dios; pero ahora habla como la Iglesia Católica» (Ibid p.489). Tal como hoy acontece a partir del Concilio Vaticano II, ni más ni menos, la Iglesia verdadera está dispersa, reducida a un pequeño rebaño fiel a la Tradición, la Jerarquía oficial blasfema bajo la apariencia de religión, pero nadie puede enfrentarlos pues hablan como la Iglesia Católica, utilizan su máscara y excomulgan a los pocos obispos fieles que cometieron el ‘error’ de resistirlos, tal fue el caso de Mons. Lefebvre y de Mons. de Castro Mayer.
Muchos buenos fieles por esta excomunión inválida (nula de todo derecho, pues la Tradición no se puede excomulgar, so pena de ser cismático y herético) se alejaron quedando confundidos, atemorizados y vencidos: «Los que se creían todavía buenos, ya han sido vencidos de todo el grupo que puede ser vencido; y como viven en la ceguera de la ignorancia, dicen ya que la luz y las tinieblas son una misma cosa; es decir, piensan que la Iglesia y la Sinagoga gozan de la misma vida, porque ya claramente engañados, e ignorados, e incorporados a la bestia, caminan en las tinieblas» (Ibid p. 491). Exactamente como está pasando hoy con el ecumenismo que a todos engaña e incorpora, diciendo por ejemplo, que los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe, cuando en realidad tienen por padre a Satanás (como Nuestro Señor Jesucristo se lo dijo) y esperan al Anticristo pues: «los judíos prisioneros en los lazos de su error, en lugar de a Cristo, esperan al Anticristo» (Ibid p. 107).
Los enemigos dentro de la Iglesia, tal cual como lo denunció San Pío X de los modernistas; parecen ser de la Iglesia pero no lo son: «La serpiente dió su poder a la bestia, porque tiene falsos hermanos dentro de la Iglesia, que parece que son la Iglesia y no lo son.(...) el que parece que está en la Iglesia bajo nombre de santidad, pero que no está en la Iglesia: porque es el simulacro que se ha inventado el diablo para engañar a los religiosos bajo el nombre de religión. (...) Tiene el diablo dentro de la Iglesia a esos que, disfrazados de oveja, por fuera parece que son justos, y por dentro son lobos rapaces. Por eso no son descubiertos junto con los otros hombres que son claramente malos, sino que son considerados santos, porque con ellos están unidos en la misma unidad y acción: y a estos los tiene el diablo dentro de la Iglesia y en medio del pueblo bajo apariencia de santidad» (Ibid. p.487). Esto es Fariseismo puro, y constituye el Misterio de Iniquidad:
«Aparenta ser cordero, para inocular ocultámente los venenos de la serpiente. No parecería un cordero si hablara claramente como serpiente. Finge ahora ser cordero, para devorar con mayor seguridad al cordero.
Habla de Dios, con el fin de alejar del camino de la verdad a los que buscan a Dios. Por eso el Señor, advirtiendo a su Iglesia, dice así: Tened cuidado de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces (Mt. 7,15).» (Ibid. p. 495).
Roma corrompida, vuelta una Babilonia, está representada en la Gran Ramera del Apocalipsis (Ap, 17,13) que tanto sorprendió a San Juan: «la mujer tenía, dice, escrito la gran Babilonia, es decir, la gran confusión» (Ibid. p. 567). «La mujer es la corrupción, que en aquel libro dijimos que era la ciudad de Roma» (Ibid. p. 573).
Beato de Liebana describe cómo la bestia de la tierra ejerce su poder en presencia de la otra bestia: «este poder lo ejerce la bestia en presencia de la bestia, esto es los obispos o malos sacerdotes (...) en presencia de la bestia, porque los obispos o presbíteros, distribuyendo los sacramentos, realizan delante del pueblo lo que es útil a la voluntad del Diablo bajo el ropaje del carisma de la Iglesia». (Ibid p.499).
«El mismo Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Cor 11,14), para que sus sacerdotes obtengan las riquezas del mundo y consigan del pueblo el testimonio de alabanza, y ellos prometan al pueblo una tranquila seguridad. (...) son los mismos sacerdotes que, bajo nombre de religión fingen que sirven a Dios, y por medio del nombre de Dios adoran al Diablo.» (Ibid. p. 501).
Conviene notar que Beato de Liebana llega a hablar hasta de una disgregación de la Iglesia en los últimos tiempos, y de obispos y de sacerdotes que están (aparentemente) en la Iglesia pero no están en Ella, es decir que no pertenecen a la Iglesia, engañando en nombre de la religión. Esto es muy importante pues coincide con La Salette y con Fátima en resumidas cuentas. Incluso conviene observar que Melania llega a referirse, en una de sus cartas al P. Roubaud del 30/IX/1894, a dos Papas «dudosos», según el texto frances «vermoulus, plats, douteux.» (Cfr. José Luis de Urrutia, S.J. «Aparición y Mensaje de La Salette» Madrid, 1983, p. 38)
Se produce el vacío señalado proféticamente en la Iglesia por el Cardenal Pacelli, futuro Papa Pío XII, tal como podemos verlo en la introducción del libro de Daniel Le Roux: «El Cardenal Pacelli (entonces Secretario de Estado de Pío XI) hace una confidencia al conde Enrico Pietro Galeazzi, que llegará a ser uno de sus más íntimos colaboradores, cuando éste le visita para organizar los detalles de su estancia en América: ‘Suponga, querido amigo, que el comunismo no sea sino uno de los organismos de subversión más visible contra la Iglesia y contra la tradición de la revelación divina, entonces vamos a asistir a la invasión en todo lo que es espiritual, el teatro y la religión. Estoy obsesionado por las confidencias de la Virgen a Lucía, la niña de Fátima. La obstinación de Nuestra Sra. ante el peligro que amenaza a la Iglesia es una advertencia divina contra el suicidio que supondría la alteración de la fe en su liturgia, su teología y su alma.’ El futuro ‘Pío XII’ se detuvo un momento. ‘Escucho a mi alrededor a los innovadores que quieren desmantelar la Capilla Sagrada, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, hacer que se arrepienta de su pasado histórico. Pues bien, querido amigo, tengo la convicción de que la Iglesia de Pedro debe asumir su pasado o de lo contrario cavará su tumba.’ Para acondicionar el seminario de las Misiones, Mons. Pacelli solicitó un crédito que la ‘alta administración’ del Vaticano estuvo a punto de negarle. -Es demasiado grandioso para subdesarrollados... critica un cardenal de la Curia. Esos subdesarrollados salvarán a la Iglesia, Eminencia. Vendrá un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dudará como San Pedro dudó. Estará tentada a creer que el hombre se ha convertido en Dios, que su Hijo no es más que un símbolo, una filosofía como tantas otras y en las Iglesias los cristianos buscarán en vano la lamparilla donde Dios los espera y como la pecadora, gritarán ante la tumba vacía: ¿Dónde le han puesto?...» (Mons. Roche et P. Saint Germain; «Pie XII devant l’histoire» pág. 52-53). (Pierre M’Aimes - Tu? ed Fideliter 1988 p.1).
Es curioso sin embargo que una vez electo Papa, Pío XII no leyó el tercer Secreto, siendo que como Cardenal haya quedado impresionado por «las confidencias de la Virgen a Lucía, la niña de Fátima».
Sin embargo, debemos permanecer Católicos Apostólicos y Romanos, la Romanidad es vital sobre todo en esta espantosa crisis de la Iglesia. Por esto Mons. Lefebvre con gran amor a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana decía en las últimas páginas de su último libro: «La ‘‘Romanidad’’ no es una palabra vana. La lengua latina es un ejemplo importante de ello. Ella llevó la expresión de la fe y del culto católico hasta los confines del mundo. Y los pueblos convertidos estaban orgullosos de cantar su fe en esta lengua, símbolo real de la unidad de la fe católica. Los cismas y las herejías han comenzado muchas veces por una ruptura con la Romanidad, ruptura con la liturgia romana, con el latín, con la teología de los Padres y teólogos latinos y romanos».
«Es esta fuerza de la fe católica arraigada en la Romanidad que la Masonería quiso hacer desaparecer ocupando los Estados Pontificios y encerrando la Roma católica en la Ciudad del Vaticano. Esta ocupación de Roma por los masones ha permitido la infiltración en la Iglesia del modernismo y la destrucción de la Roma católica por los clérigos modernistas y los Papas modernistas que se apresuran por destruir todo vestigio de la ‘Romanidad’: la lengua latina, la liturgia romana. Y el Papa eslavo es el más encarnizado en cambiar lo poco que guardaba el Tratado de Letrán y el Concordato. Roma ya no es ciudad sagrada. El fomenta la implantación de las falsas religiones en Roma, y cumple allí escandalosas reuniones ecuménicas, favorece por todos lados la inculturación de la liturgia, destruyendo los últimos vestigios de la liturgia romana.»
«Modificó en la práctica el estatuto del Estado del Vaticano. Rechazó el coronamiento, rechazando así ser Jefe de Estado. Este encarnizamiento contra la Romanidad es un signo infalible de ruptura con la fe católica que ya no defiende más. Las Universidades pontificias romanas han venido a ser el asiento de la pestilencia modernista. El carácter mixto de la Gregoriana es un perpetuo escándalo. Todo debe ser restaurado ‘in Christo Domino’, en Roma como en otras partes.»
«Amemos profundizar las vías de la Providencia y de la sabiduría divina a través de Roma y concluiremos que no se puede ser católico sin ser romano. Es verdad que hay católicos que no tienen ni la lengua latina, ni la liturgia romana, pero si ellos continúan siendo católicos es porque continúan siendo romanos, como los maronitas por ejemplo, por los vínculos de la cultura francesa, católica romana que los formó.»
«Por lo demás es un error, hablando de cultura romana, hablar de cultura occidental. Los judíos católicos han traido consigo del oriente todo lo que era cristiano, todo lo que en el Antiguo Testamento era una preparación y ya un aporte al cristianismo, que Nuestro Señor asumió y que el Espíritu Santo inspiró utilizar a los Apóstoles. Cuántas veces las epístolas de San Pablo nos ilustran al respecto.»
«Dios quizo que el Cristianismo, vertido de alguna manera en el molde romano, recibiese allí un vigor y una expansión excepcionales. Todo es gracia en el plan divino y nuestro divino Salvador dispuso todo como se dijo de los Romanos: ‘cum consiliis et patientia’ o ‘suaviter et fortiter’.»
«A nosotros también corresponde guardar esta tradición Romana, querida por Nuestro Señor, lo mismo que El ha querido que tengamos a María como Madre.» (Itinéraire Spirituel, ed. Seminaire International Saint Pie X, Ecône - 1990 p. 90-91-92).
Conclusión
Los mensajes de La Salette (1846) y de Fátima (1917) son profecías de carácter apocalíptico (profecías apocalípticas) es decir concernientes a los últimos tiempos.
Su objetivo es señalar con el dedo el Misterio de la Iniquidad en su culmen, es decir la pérdida de la fe, por obra de la defección de la alta jerarquía de la Iglesia, en el cumplimiento de su sublime e insigne misión, convirtiéndose en instrumento bajo las garras de Satanás. La corrupción de la religión a causa del fariseismo más sutil y atroz, es algo abominable que Nuestro Señor detesta.
La Salette y Fátima son profecías apocalípticas de suma esperanza, pues al fin el Corazón Inmaculado triunfará. Triunfo de Cristo Rey en la tierra sobre todas las Naciones y sus pueblos, triunfo de la Iglesia, bajo el reino de paz y prosperidad de los Sagrados Corazones de Jesús y María, donde habrá un solo pastor y un sólo rebaño, según las profecías Vetero y Neo testamentarias, que por desgracia han sido obscurecidas con el correr de los años dando ocasión a grandes herejías de parte de los malos y a falsas interpretaciones de parte de los buenos. No obstante es nuestro deber y obligación estar a la altura histórica en la que estamos inmersos, forjando con la gracia de Dios nuestra propia y beata eternidad.
No podemos andar por el mundo ciegos como si no tuviéramos luz. La luz siempre la tendremos, Dios, la da, la luz sobrenatural que es la fe, que ilumina nuestro camino hacia la eternidad. Luz que por muy eclipsada hoy en día por las tinieblas espesas del error, el engaño, la mentira, por el fariseismo y la Apostasía actual, será siempre como un faro celestial que nos guía en la tenebrosa obscuridad.
No debemos dejarnos agobiar por la contingencia de lo histórico, sino que debemos elevarnos a lo que en ella hay de universalidad. Debemos estar armados para no quedar sumergidos en el aluvión de hechos y acontecimientos sin saberlos discernir. Debemos como el águila sobrevolar el terreno, viendo desde las alturas el entrecruzar frenético de los eventos históricos que nos afectan y hasta condicionan.
De aquí la necesidad de la luz de la inteligencia filosófica y teológica para poder discernir los tiempos que vivimos y que cada uno percibe. Es necesaria la sabiduría y la ciencia de las Sagradas Escrituras para no quedar inmersos en la realidad sin saber a donde y como se va. Las profecías se hacen más discernibles en su hora, tal como Scio señala: «Leerán una y otra vez estas profecías, y les darán muchas interpretaciones, hasta que el cumplimiento de ellas dé un claro conocimiento de lo que muy de antemano fué anunciado con alguna obscuridad. Porque toda profecía antes de verificarse es un enigma; pero cuando se ve cumplida, su inteligencia es fácil y clara. Así S. Ireneo.» (Dan 12,4 nota 5).
No durmamos como los demás, vigilad, esta es la exhortación del Apóstol de los Gentiles(I Tes. 5,6), estemos alerta y bien despiertos a los signos de los tiempos.
Dejemos de lado la anemia espiritual, hay que ser sagaces, astutos como la serpiente y mansos como la paloma. No permitamos que los malos sean más solícitos en sus obras, que los buenos. La valentía y el tesón son necesarios, recurramos al sacramento de nuestra Confirmación, que nos acrisole en la fe de nuestro Bautismo, que vivamos según la gracia de nuestro renacimiento espiritual en las aguas del nuevo renacer.
Dispongamos nuestras almas y nuestros corazones para vivir del Amor y de la Verdad. Vivamos en estos últimos tiempos del mundo, con la esperanza de ver venir a Nuestro Señor Jesucristo en Gloria y Majestad,
Ven Señor Jesús.
SANTA FE DE BOGOTA, SEPTIEMBRE 19 DE 1995
Aniversario de la Aparición de la
Santísima Virgen de la Salette
4ta Impresión, Diciembre de 2000 Santa Fe de Bogotá
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Escritos de...,
P.MÉRAMO
SANTORAL 25 DE OCTUBRE
- San Crisanto y Santa Daría
- San Crispin y San Crispiniano
- San Frutos
- Santa Engracia y San Valentin
- San Frontón y San Jorge
- San Gaudencio
- San Minato
- Beato Cristóbal de Romagnola
- Beato Baltazar Chivarí
- Beato Tadeo
- Beato Ricardo Gwyn
- Beato Pedro Geremia
25 de octubre
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No andéis, pues, acongojados por el día de mañana;
que el día de mañana harto cuidado traerá por sí;
bástale a cada día su propio afán.(Mateo, 6,34).
que el día de mañana harto cuidado traerá por sí;
bástale a cada día su propio afán.(Mateo, 6,34).
San Crisanto y Santa Daría no pudieron ser inducidos, ni por las amenazas ni por las promesas, a adorar a los ídolos. Viéndolos firmes y dispuestos a morir antes que ofender a Dios, el tirano hizo envolver a Crisanto en la piel de un buey y lo expuso así a los ardores de un sol ardiente; hizo conducir a Daría a un lugar de libertinaje, pero un león la defendió contra las infames tentativas de sus enemigos. Entonces el tirano los hizo arrojar a los dos en un gran brasero, pero salieron de entre las llamas sin haber experimentado mal alguno. Por fin, fueron conducidos a un arenal y allí enterrados vivos bajo un montón de piedras.
I. Comienza el día con la oración de la mañana y termínalo con el examen de conciencia; todos los días asiste a la santa misa, haz por lo menos una corta lectura espiritual, sé fiel a tus prácticas de devoción para con la Santísima Virgen; todos los días encontrarás tiempo suficiente para tus negocios. ¿Cómo cumples tus ejercicios de piedad? ¿Cómo pasas los días de tu vida? Cuando a la noche encuentres que nada hiciste por Dios durante el día, di llorando: ¡Ay! he perdido un día que podía haber hecho de mí un santo y me hubiera podido procurar una gloria eterna!
II. Al levantarte, dite a ti mismo: He aquí, acaso, el último día de mi vida; si estuviera seguro que habría hoy de morir, ¿cómo emplearía esta jornada? Durante el día, al empezar tus acciones, eleva de vez en cuando tu corazón a Dios. Dile: Es por Vos, oh Dios mío, que trabajo y que sufro; concededme la gracia de que termine bien lo que emprendo y de que no os ofenda. Que toda mi vida os pertenezca, me ofrezco a Vos por entero. (San Agustín).
III. Al examinar tu conciencia, hazte estas preguntas: ¿Qué virtudes he practicado hoy y qué pecados he cometido? ¿Qué fue de los placeres que gocé y de los honores que recibí? ¿Qué me queda de ellos? Y, al contrario, ¡qué alegría experimentaría si hubiese hecho o sufrido algo por Dios! Piensa, por fin, que tu sueño sea acaso para ti el sueño de la muerte y tus sábanas la mortaja con la que serás sepultado. La podredumbre será tu cama y los gusanos tu vestidura. (Isaías).
El buen empleo del día
Orad por los Obispos.
ORACIÓN
Haced, benignamente, Señor, que vuestros mártires San Crisanto y Santa Daría intercedan por nosotros, a fin de que tributándoles nuestros humildes homenajes, experimentemos los efectos de su constante protección. Por J. C. N. S. Amen.
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lunes, 24 de octubre de 2011
¡REPUDIO!
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SANTORAL 24 DE OCTUBRE
- San Maglorio
- San Rafael Arcángel
- San Proclo, Patriarca de Constantinopla
- San Félix, Mártir
- San Aretas, San Eslesbaan y los mártires de Najran
- San Martín o Marcos
- San Martin de Vertou
- San Evergisto
- Beato Juan Ángel Porro
24 de octubre
SAN MAGLORIO,
Obispo y Confesor |
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Velad sobre vosotros mismos, no sea
que se hagan pesados vuestros corazones
con la glotonería y la embriaguez.(Lucas, 21, 34).
que se hagan pesados vuestros corazones
con la glotonería y la embriaguez.(Lucas, 21, 34).
San Maglorio, oriundo del país de Gales y obispo de Dol, en Bretaña, de ordinario alimentábase sólo de pan y legumbres; los miércoles y viernes absteníase de todo alimento. Dejó su episcopado para retirarse a la soledad; pero tantas personas iban a buscarlo allí que estuvo a punto de ocultarse en otra parte, lo que le impidió su obispo. Advertido sobre su muerte, pasó en la iglesia los seis meses que le quedaban de vida, repitiendo sin cesar: No pido más que una cosa al Señor: habitar en su casa todos los días de mi vida.Murió en el año 575 a muy avanzada edad.
I. La sobriedad es la muerte de todos los vicios y la vida de todas las virtudes; desapega al espíritu de la materia, fortifica el cuerpo, hace al hombre más apto para la oración. El ayuno, según Tertuliano, es el alimento de la plegaria. ¿Cómo practicas tú esta virtud? ¿No puedes quitar de tus comidas ciertas delicadezas, a fin de honrar la amargura de la hiel que se dio a Jesús por ti en la cruz?
II. La glotonería produce efectos opuestos. Produce molicie al cuerpo, enerva el espíritu y nos hace incapaces de elevarnos a Dios por la oración. Por eso, los santos se dedicaron, desde el comienzo de su conversión, a atacar virtuosamente este vicio mediante continuos ayunos. Sabían que si el ayuno no es la perfección de la virtud, es la base y la santificación de todas la virtudes. (San Jerónimo).
III. A fin de desprenderse de la glotonería y adquirir la sobriedad, sabe que es necesaria poca cosa para sostener las fuerzas corporales, y que nada hay más contrario a la salud que los excesos ce la mesa. Acuérdate del ayuno de Jesucristo; piensa en los rigurosos ayunos que observaron tantos santos. ¡Que! ¿preciso será que alimentes con tanta delicadeza a este cuerpo que debe ser muy pronto el alimento de los gusanos, mientras desprecias a tu alma que es inmortal? Nos alimentamos, engordamos nuestro cuerpo, y descuidamos nuestra alma. (San Crisóstomo)
La sobriedad
Orad por la paz.
ORACIÓN
Haced, oh Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Maglorioo, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S. Amén.
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AMOR Y FELICIDAD
Pablo Eugenio Charbonneau
Noviazgo
y
Felicidad
IIITu novia
Pablo Eugenio Charbonneau
y
Felicidad
(Continuación. Ver parte anterior aqui.)
La incomprensión no es un privilegio femenino. Y si se puede afirmar en verdad que muchos hombres son incomprendidos por su mujer, no es menos cierto, por desgracia, que existe un número aún mayor de mujeres que se encuentra en una situación de incomprensión total.
1. La incomprensión masculina
«Existe una honda y trágica desavenencia entre el amor del hombre y el amor de la mujer, una extraña e dolorosa incomprensión» [1], observaba uno de los más sagaces conocedores del hombre. Este hecho se impone a la atención de todos aquellos que han observado la ida de la pareja con un poco de perspicacia. Por lo cual es sumamente importante recordárselo a los que, novios de hoy, se disponen a ser esposos, adentrándose en una vida en la que el amor será la garantía de la felicidad. Únicamente serán felices los esposos que no sólo se amen, sino que sepan además evitar esa desavenencia profunda que podría llegar a alejarles uno de otro pese a una espontánea atracción recíproca; porque los esposos que no comprenden su amor se condenan a no amarse en plazo más o menos breve.
Pero no se puede penetrar la calidad del amor que se recibe del cónyuge, sin comprenderle. Así pues, la mujer no puede comprender el amor de su marido, sin captar la psicología de éste; y tampoco puede el hombre comprender el amor de su mujer, sin comprenderla a ella misma. Pues bien, aquí está la causa, el porqué de tantos fracasos conyugales; el marido no comprende a su esposa. Ciertamente sucede con frecuencia que se produzca la inversa y que sea la mujer quien no le comprenda ni pizca. Se puede, sin embargo, considerar que la incomprensión del hombre es, con mucho, la más frecuente.
2. Causas de esta incomprensión
¿A qué se debe dicha incomprensión? Sin duda, a numerosos elementos. Precisamente, a la naturaleza de la mujer cuya feminidad misma, con sus tendencias, y cualidades impregnadas todas de versatilidad, hace tan difícil su comprensión. Hay en efecto en la mujer un misterio de movilidad y su alma actúa en ella a la manera de las mareas que fluyen y refluyen en el mar según ciertas constantes, pera siempre en lo imprevisto. «Todo en la mujer es enigma», hacía decir Nietzsche a su Zaratustra. En esta fórmula cristalizaba todas las protestas formuladas desde Adán por las generaciones de hombres que se han enfrentado con el alma de la mujer. Este agravio renace, en efecto, cada vez que un hombre de buena voluntad, no consigue dilucidar el misterio de la feminidad en su esposa y se desespera pensando que no lo descubrirá nunca. No son raros los casos de hombres que renuncian así a la felicidad, y a veces al amor, enclaustrándose en sí mismos y entregándose a la incomprensión, simplemente porque su mujer les parece tan enigmática como la Esfinge a los viajeros de Egipto. ¡¡Quizás un poco más!! Hay en esto algo cierto. Pero por compleja que sea la mujer (lo bastante compleja para que a veces a ella misma le cueste trabajo comprenderse) sería exagerado decir que es incomprensible hasta el punto de resultar impenetrable para su marido. Lo absoluto del juicio con el que los hombres se apresuran a considerar a las mujeres como enigmas indescifrables es tan injusto y discutible como lo absoluto del juicio femenino según el cual todos los hombres son sistemática e irremediablemente unos egoístas. Ya hemos dicho cómo había que matizar este último tópico de la incomprensión femenina [2]; tenemos que decir ahora cuán exagerada es la posición de los hombres que dan por probado que la mujer es un enigma, para inferir después la fácil consecuencia de que es inútil intentar comprenderla.
¡Consecuencia demasiado fácil! Porque con frecuencia descansa en esta forma de egoísmo que puede ser la pereza. Hay que confesarlo para su mayor confusión: a menudo por ser demasiado perezosos no consiguen los hombres comprender a su mujer. Ese terreno movedizo que es el alma femenina no se deja explorar más que por aquel que, con mucha paciencia, acepta el renovar sin cesar sus esfuerzos durante muchos años. Porque lo constante en ella, es su inconstancia; es siempre la misma: es decir, que no es nunca la misma. «Se deja en la calma, se la vuelve a encontrar en la tempestad» decía Amiel. Es preciso, por tanto, que el hombre esté siempre en la brecha. Ahora bien, un esfuerzo tal, exige una gran valentía psicológica de la que, por desgracia, no está dotado por naturaleza el hombre. El, que se adapta con facilidad a una situación equívoca, con tal de que no acarree demasiadas complicaciones, renuncia pronto a lo que cree que es un juego del escondite por parte de su esposa. Envolviéndose en su egoísmo innato, decide suprimir sus esfuerzos. ¡Por desgracia para su mujer… y para sí mismo!
Conviene, pues, que el novio se convenza de que le es absolutamente necesario aplicarse —cualesquiera que sean los esfuerzos requeridos y cualesquiera que sean las dificultades que surjan, y cualquiera que sea el tiempo que deba emplear en ello— a comprender a su novia, hoy, y, más adelante, a su esposa. Si no, vendrá la desunión segura, el divorcio interior, cuando menos, y acaso incluso la ruptura exterior. Una mujer no puede vivir más que con un hombre que la comprenda; sólo a él puede unirse. Sin que ella lo quiera, este llamamiento a la comprensión brota de lo más profundo de su ser, hasta tal punto que puede ahogar el amor cuando el otro no responde a ese llamamiento. Por tanto, el hombre debe saber sacudir la indolencia natural que le inclina a pensar que todo marcha muy bien, de tal modo que se cree dispensado de todo esfuerzo; debe superar su egoísmo, va que éste puede impedirle ver que el ser con quien vive en la más total intimidad posible, es un ser defraudado e infeliz; que sepa llegar a ser psicológicamente lo bastante fuerte para mantenerse en estado de alerta y de inquietud, al acecho siempre de lo que pueda ayudarle a comprender mejor y, por consiguiente… a amar mejor. Al encontrarse ante su mujer, en lugar de encerrarse en su masculinidad cómoda, debe recordar que «pertenecer a un sexo, estar individuado, nos impone estudiar el otro sexo, conocerle, someternos a las condiciones necesarias para que la eventual unión al otro sea beneficiosa para cada uno» [3].
Cualesquiera que sean las dificultades con que pueda tropezar, el hombre no debe nunca renunciar al esfuerzo que se le exige para lograr una verdadera comprensión de su compañera. Por si llegara a capitular y a perder su buena voluntad, para abandonarse al capricho de los acontecimientos, habría terminado la felicidad conyugal.
Una mujer puede ciertamente soportar el no ser comprendida aunque esto la haga sufrir; está dotada de la suficiente generosidad para soportar esta durísima prueba. Pero no podrá ella admitir jamás que no intenten comprenderla. De todos los pasos en falso que dan los hombres, éste es el más grave, al parecer. En la vida conyugal, la culpa irremisible, a los ojos de la esposa, es ésa. Sin embargo, ¡cuántos maridos la cometen, perdiendo al mismo tiempo sus oportunidades de felicidad! La inconciencia masculina es a veces de una torpeza sorprendente. ¡Cuántos maridos que viven junto a una esposa desgraciada porque no percibe en su cónyuge ese afán de comprenderla, no se dan cuenta de ello! Con un manotazo, trastruecan las situaciones, y se liberan de todo esfuerzo, repitiéndose que en toda mujer hay un niño que le hace tomar por cosas serias lo que no son más que niñerías. Con lo cual, incurren en la torpeza y no perciben que la mujer está a su lado como un ser que aspira a ser comprendido.
Semejante actitud prepara la regresión del amor. Porque en tales circunstancias, y ante la incomprensión implacable a la que tendrá que hacer frente, sucederá con frecuencia que la mujer buscará en otra parte un amor que sea más atractivo para ella. Y llega entonces la evasión —lenta, al principio y pronto acelerada— fuera del hogar. Y es la muerte de toda felicidad. Aun no siendo justificable, esta situación es, sin embargo, explicable, y si hubiese que señalar un reparto de responsabilidades, no cabe duda que el marido tendría su amplia parte en ello.
Para no incurrir en ese extravío, el esposo debe, pues, esforzarse en aprender a conocer a su mujer, tal como es. No cribándola a través de su propia psicología de hombre, para interpretar su manera de ver, de pensar, de hablar, con arreglo a sus propias reacciones masculinas; sino deteniéndose en ella como en un ser diferente cuya originalidad hay que respetar, y al cual es absolutamente necesario adaptarse para formar con él una pareja en la que el amor halle manera de afirmarse sin cesar. Además, ¿no es una de las primeras pruebas del amor el obligarse a comprender a aquella persona a quien pretende uno, amar? En este sentido podría repetirse la frase de Berdiaef, dándole la vuelta; allí donde él afirma: «Sólo amando se puede comprender íntegramente a una persona» [4], se podría decir con todo derecho: sólo esforzándose en comprender íntegramente a una persona se puede decir que se la ama. El amor del hombre no vale más que lo que vale el esfuerzo de comprensión con el cual lo revela.
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Castidad y modestia,
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