Este es un sitio para católicos tradicionales, con contenidos de teología, meditaciones, santoral y algunas noticias de actualidad.

sábado, 12 de noviembre de 2011

SANTORAL12 DE NOVIEMBRE


12 de noviembre
SAN MARTÍN,  
Papa y Mártir

Sufrid, pues, la corrección.
Dios se porta con vosotros
como con hijos. Porque, ¿cuál es el hijo,
a quien su padre no corrige?
(Hebreos, 12, 7).

   San Martín, Papa, fue puesto en prisión por orden de Constante II, emperador de Oriente, por haber condenado la herejía de los monotelitas. Permaneció 92 días sin ver a nadie, después de lo cual fue exilado en el Quersoneso. Jesucristo estaba siempre presente a su espíritu, y el pensamiento de que sufría por su causa constituía su único e inmenso consuelo. Murió en el destierro, como consecuencia de la miseria y malos tratos que se le hizo sufrir, el año 655, después de 6 años de pontificado.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS PENAS DEL PECADO

   I. Tal es el odio de Dios por el pecado, que no hay suplicios que no emplee para castigarlo en esta vida y en la otra. En esta vida, el pecado nos priva de la gracia de Dios, echa al Espíritu Santo de nuestro corazón, y nos despoja de la calidad de hijos de Dios para hacernos esclavos del demonio. Por el pecado, perdemos nuestros derechos al cielo y los méritos que hemos adquirido mediante nuestras buenas obras. En una palabra, nos hacemos enemigos de Dios y objeto de su cólera. Un solo pecado mortal atrae sobre nosotros todos estos males.

   II. En la otra vida, un solo pecado mortal nos precipitará al infierno, es decir, que el pecador perderá el paraíso y será privado de la vista de Dios; será atormentado en todas las partes de su cuerpo y en todas las facultades de su alma durante toda Dios la eternidad. Así es como los demonios y los condenados desde ahora son castigados; y es justo que sean castigados durante toda la eternidad, porque han querido vivir sin fin para pecar sin fin. (San Gregorio).

   III. No puedes proporcionar mayor placer al demonio, tu más cruel enemigo, que ofendiendo a Dios. Nada puedes hacer más desagradable a Dios, a Jesucristo, a la Santísima Virgen y a toda la corte dd celestial, que cometer un pecado. Nada puedes hacer más perjudicial a tu alma. ¡Desventurado de mí ¿por qué precipitarme tan contento en el infierno? ¡Para agradar al demonio, que nunca me hizo sino mal, ofendo a Dios que tanto me ha amado!

La huida del pecado 
Orad por los Obispos

ORACIÓN

   Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño, y guardad lo con protecci6n constante por vuestro bienaventurado mártir y Soberano pontífice Martín, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S.  Amén.

viernes, 11 de noviembre de 2011

CARTAS DEL HERMANO RAFAEL




Año 1933 (1)

19 de noviembre de 1933 - Domingo (22 años)

Al R.P. Dm. Félix Alonso García, Abad del monasterio de San Isidro de Dueñas (Palencia)

Reverendo Padre Abad de San Isidro de Dueñas.

Reverendo Padre: No sé si se acordará de mí, pues hace tiempo, cerca de tres años que no he podido ir a pasar días a la Trapa; sin embargo, durante este espacio de tiempo, Dios nuestro Señor, ha obrado en mí de tal manera, que me he formado el propósito decidido de entregarme a El con todo mi corazón y de cuerpo y alma, y para llevar a cabo mi propósito y resolución y, contando además con la ayuda de Dios, es mi deseo ingresar en la Orden del Cister. Este es, en breves palabras, mi reverendo Padre, el asunto por el cual yo le suplico una entrevista lo antes posible, para que su Reverencia me ayude y me aconseje.

Creo contar con Dios, y en El solamente confío, pero en mis primeros pasos, también confío en la caridad de su Reverencia, a quien trato ya como a padre y a quien suplico, me admita como hijo.

Estoy en Ávila con mis tíos, esperando su contestación con la natural ansiedad de quien quiere entregarlo todo a Dios.

Por otra parte, solamente tengo que añadir, que no me mueve para hacer este cambio de vida, ni tristezas, ni sufrimientos, ni desilusiones y desengaños del mundo... Lo que éste me puede dar, lo tengo todo. Dios en su infinita bondad, me ha regalado en la vida mucho más de lo que merezco... Por tanto, mi Reverendo Padre, si me recibe en la Comunidad, con sus hijos, tenga la seguridad de que recibe solamente un corazón muy alegre y con mucho amor a Dios.

En espera de su carta, humildemente le pide su bendición, su hijo en Jesús y María.

Rafael Arnáiz

S/C San Juan de la Cruz, 4 - Ávila




Contestación del P. Marcelo León Fernández, Maestro de Novicios, el día 21, a la carta de Rafael

Muy estimado en Cristo: El Rvdo. P. Abad de este Monasterio me entrega, para que le conteste, una carta suya del 19 del actual, en la cual pide ser admitido en esta su casa. El asunto es de la mayor trascendencia para Vd., en particular tratándose de una Orden como Vd. sabe, tan austera como la nuestra.

Para todas las Ordenes se necesita una verdadera vocación, pero en particular es necesaria para la Orden Cisterciense, cuyas características son la oración, el trabajo manual y el silencio. Y si ahora agregamos los gustos y costumbres que Vd. necesariamente ha de tener, viviendo en el ambiente del siglo, siquiera sea en medio de una familia modelo de familias cristianas, la dificultad sube de punto.

No intento con esto disuadirle de su vocación, sino orientarlo bien, a fin de que su resolución sea bien madura, y venga a crucificar su carne con todos sus apetitos e inclinaciones. Si es voluntad de Dios, de El ha de esperar todos los auxilios necesarios, y Vd. deberá aportar su buena voluntad. Por nuestra parte, hemos de ayudarle cuanto nos sea posible, y pondremos en ello todo interés.

Me parece oportuno su conferencia con nosotros para tratar este asunto, y aquí estamos a su disposición; pero no quiero dejar de advertirle que en la hospedería no tenemos calefacción, y por tanto, que ha de pasar frío, si quiere venir enseguida. Pero Vd. manda, y Vd. ha de señalar el día de su venida y la hora, para estar sobre aviso...

Podría celebrarse su conferencia por escrito a fin de enterarle a fondo de nuestro método de vida, pero hay muchos detalles que es preferible entren por los ojos y con un detenido examen.

Con este motivo me es grato saludar a Vd. y ponerme incondicionalmente a sus órdenes, quedando affmo. en Cristo y s.s. y capellán que se encomienda a sus oraciones

Fray María Marcelo León.



A consecuencia de la invitación que se le hace, Rafael fue a la Trapa para hablar con el P. Marcelo el 24 de noviembre de 1933, es decir, uno o dos días después de recibir la carta. Pasó allí la noche y tras las oportunas entrevistas con los responsables del monasterio, quedó admitido como novicio.




En el libro que escribió el Duque de Maqueda (Tío Polín) tras la muerte de Rafael "Un secreto de la Trapa", cuenta lo siguiente:

Era el mes de noviembre de 1933.

Acostumbraba en aquella época Rafael, a visitarnos cada final de semana; cursaba su segundo año de arquitectura y por hallarse la Escuela de Arquitectura en Madrid, allí residía en una pensión de la Gran Vía. No hacía aún tres días nos había hecho su visita acostumbrada, cuando una tarde me sorprendió alegremente con su presencia; no esperaba yo verle tan pronto aquella vez.

Como se comprenderá era siempre para mí motivo de la mayor satisfacción recibirle en mi casa, pues su alegre carácter, su fácil adaptación a cada sitio y circunstancia, su trato sencillo sin exigencia alguna, aparte, claro es, de motivos más poderosos, le hacían huésped ideal en todas partes. Nada le pregunté sobre los motivos de su imprevista visita, creyendo obedecía a alguna de las muchas vacaciones, de las que por aquella época les daban o se tomaban los estudiantes en todas las capitales. Ello es, que una vez en casa y después de cenar alegremente nos dispusimos a escuchar un gran concierto por la radio.

Tenía especial afición por la música, pero por la buena música; el escucharla disponía su ánimo de un modo particular a toda clase de elevados y nobles sentimientos. En muchas ocasiones le sorprendí ensimismado y como abstraído de cuanto le rodeaba, hasta el punto de verdadera emoción. Es indudable que su pensamiento se remontaba entonces a regiones de infinito, en las que su alma volaba libre de los lazos que la aprisionaban. De las sensaciones que el arte procura, quizá ninguna otra le cautivaba como la de la música. Toda clase de manifestaciones artísticas hallaban eco en su espíritu de refinada delicadeza. Pero de este aspecto particular de su temperamento, ya se habla en otro sitio. Por el momento basta a mi propósito dejar aquí señalada esta tendencia de su alma, que no impedía, sin embargo, el que cierta música ligera y alegre le distrajera. Cuántas veces en la intimidad, bailaba regocijadamente y como para divertir a los demás, imitando fina y graciosamente aires y ritmos populares y exóticos!...

Pero volviendo a mi historia, contrariamente a lo que yo pensaba, Rafael aquella noche no quería oír música; algo muy profundo y trascendental traía en su espíritu, que trataba él de ocultar, tras de un exterior risueño y alegre como de costumbre.

Luego de cenar, saboreando unas copas de licor se hizo un prolongado silencio. Rafael no hablaba y al muy poco rato quedamos solos frente a frente sin nada que distrajera ni turbara el solemne momento, me dijo sin más preámbulos:

-Te extrañará haya venido hoy, ¿verdad?

-Algo -le respondí- no te esperaba; ¿os han dado las vacaciones de Navidad? -le pregunté.

-No; aún no nos las han dado, pero yo me las he tomado, para no volver más a Madrid.

Rápidamente me hice cargo de su revelación, adiviné lo que iba a decirme y con la mayor emoción le pregunté:

-¿Qué quieres decir? ¿Qué te ha pasado?

-Pues sencillamente que me marcho a la Trapa de Venta de Baños; si me admiten en el Monasterio allí me quedo; tengo el propósito de irme desde aquí directamente; mi equipaje de Madrid ya habrá quien lo recoja...

Atajé sus palabras con una exclamación, que aún cuando no me servía de gran sorpresa, aquella revelación suya, medía en cierto modo su importancia y saboreaba hondamente la solemnidad y grandeza del momento.

Debo confesar que la pena de separarme de su compañía para siempre se unió al gozo que experimentaba, contemplando aquella espléndida floración de amor divino, que hacía tiempo sospechaba yo fundadamente, se hallaba contenida en su alma y como a presión; ser el primero, después de Dios, a quien participara él, su gran secreto, me enorgullecía no sé por qué.

La previsión humana alcanza muy cortos límites; podemos presumir ciertos acontecimientos, pero a lo que nunca llegaremos es a figurarnos el estado de ánimo a que pueden conducirnos; es punto menos que imposible vislumbrar, el alcance que a veces, sucesos al parecer triviales, llegan a tener para nosotros; del mismo modo pueden no impresionarnos en la medida que esperamos hechos trascendentales de nuestra vida. Así me ocurrió que, aunque rápidamente me hice cargo del volumen o importancia de aquella confesión de Rafael, en aquel instante no vibró mi espíritu con la intensidad que era de esperar.

La gravísima situación de la política española en aquella época era un tema que a todos nos preocupaba hondamente. Los que teníamos hijos que vigilar y educar experimentábamos las más grandes de las inquietudes al observar el rumbo de los acontecimientos; como españoles presagiábamos todos una situación próxima violenta; esas generales preocupaciones unidas a otras de carácter particular, quizá fueran la causa de aquel estado de ánimo en aquella noche inolvidable. Lo cierto es que ante la súbita revelación de Rafael, no se me ocurrieron otras palabras, que decirle, que esas banales y comunes en tales casos. Que suponía que lo habría pensado mucho; a esto recuerdo me contestó que hacía dos años que venia madurando el proyecto. Le hice ver lo inestable de la situación política de España; la probabilidad de una disolución o expulsión de todas las Órdenes Religiosas; la diferencia tan enorme de su vida y naturaleza, de lo que en la Trapa iba a encontrar; el falso espejismo que podría resultar en una piedad fervorosa como la suya, que le hiciese ver como vocación o llamada especial de Dios, lo que no era sino atractivos que en el comienzo de una vida de virtud como la suya, suelen experimentarse... En fin, todas esas reflexiones que harto sabia yo, conociéndole, sobradamente se habría hecho él muchas veces.

Era débil físicamente, pero la fortaleza que a su cuerpo faltaba, tenía en su alma medida completa y rebosante. Mientras le hablaba, recuerdo bien, lo inútiles que me parecían mis propias palabras. Su voluntad era de acero; tenía yo firme convencimiento de que aquella determinación era de Dios; no era un capricho, no una impresión, ni un desengaño; era el fruto divino de una correspondencia a la gracia, que el Espíritu Santo se dignaba sostener, con uno de sus más preciados dones: el de la fortaleza.

Al llegar a este punto, debo hacer notar una de las características de Rafael: la sencillez. Siempre le conocí enemigo de las situaciones estudiadas, de las frases previstas, de los ademanes ad hoc; y como en la escena que os he referido era el espíritu de Dios quien guiaba sus palabras, acciones y pensamientos1 por fuerza y en consecuencia lógica, fue tan sencilla, ya que nada más sencillo y simple que Dios mismo, puesto que es Uno. Trataba él de encubrir la magnanimidad y grandeza de su resolución con la naturalidad y simplicidad del que proyecta una cosa trivial; pero harto profundizaba yo en su espíritu, para saber que en él se estaba librando el más duro combate que en el corazón humano pueda caber, como más adelante se verá.

Nos despedimos muy brevemente; hice que se retirase a su cuarto, entrada ya la madrugada; claro es que ni él ni yo dormimos aquella noche. Con la soledad y las tinieblas se me aumentaban las proporciones del acontecimiento. Pero ¿cómo será posible, pensaba yo, que este chico habituado a llevar una vida de tanto esmero y cuidado, pueda soportar la austerísima existencia en una Trapa? El habla, fuma, se divierte y vive como tantos otros muchachos de su edad y circunstancias... ¿Enfermará en un cambio tan radical, tan repentino y absoluto? Además se ven tantos casos de ilusiones que con las apariencias del fervor puedan parecer vocación... Estos y muchísimos otros pensamientos desfilaban en mi imaginación, sin tener en cuenta la más importante y fundamental de las reflexiones y de que nos habla San Pablo: "Todo lo puedo en Aquel que me conforta".

El día siguiente se nos fue en proyectar, pensar y madurar un plan, que para realizar sus deseos fuera el más oportuno y más dentro de la consideración y cariño que a sus padres debía. Ardiendo en ansias de renunciación inmediata, quería no despedirse de ellos ni de nadie; al mismo tiempo temía su propio corazón; quería irse directamente desde Ávila al Monasterio y de allí, ya no moverse por ningún género de consideraciones.

Le aconsejaba yo, sin embargo, aunque compadeciéndolo con toda mi alma, por el calvario que pudiera significarle, que marchase primero a Oviedo, en donde se hallaban sus padres; que una vez allí les diera parte de su resolución y luego, seguro como ya estaba de cómo pensaban, marcharse en seguimiento de la llamada de Dios, con el beneplácito y bendición de ellos. Esto me pareció la mayor caridad y perfección; pero insistiendo él en su primera idea, le propuse que dirimiera la contienda el señor Nuncio de Su Santidad, a quien yo conocía mucho y que por aquel entonces se hallaba veraneando en Ávila.

Accedió al fin a mi proposición, y una tarde, ya anochecido, nos presentamos a Monseñor. Nos recibió éste con la paternal bondad que le caracterizaba y después de oírnos a uno y otro y de alabar a Dios que se dignaba acordarse de su siervo, intensamente emocionado le dijo:

- "Creo debe usted ir a despedirse de sus padres y recibir su bendición, que por mi parte, aquí me tendrá usted siempre, para todo cuanto pueda ocurrirle en el nuevo camino que emprende; en garantía de ello, voy a anticiparme a sus padres de la tierra y bendecirle con todo el afecto que merece su generosa decisión".

Nos arrodillamos; estábamos los tres solos y Dios, que debía contemplar satisfecho la profunda emoción de la escena.

Le dio la bendición el señor Nuncio, y ya de pie, le atrajo a sí, abrazándole con el cariño que pudiera hacerlo un padre según la sangre. Yo sé que después Monseñor, hablando en algunas ocasiones de tal visita, se conmovía y el recuerdo de Rafael permaneció muy grabado en su espíritu.

De grandísima consolación sirvió al futuro trapense el acto de aquella tarde; yo no cesaba de admirar esta obra de Dios, que de modo tan eficaz actuaba en su alma. Recuerdo el silencio preñado de emociones, que al bajar la escalera de casa de Monseñor, observábamos los dos. Pero aquella fortaleza invencible venía a ser estimulo para el combate; una arenga que enfervorizaba la natural flaqueza humana.

Iba a comenzar para Rafael la gran prueba. De ella le habló Monseñor Tedeschini en su visita; pero contaba con un aliado de formidable poder y a quien con la mayor frecuencia acudía: la Santísima Virgen. Había resuelto ya su marcha a Oviedo, para desde allí ir a la Trapa de Venta de Baños. Fijó la fecha del día siguiente por ser la más próxima y así abreviar la amargura de la separación de nosotros, que harto sabia él, le queríamos y mimábamos como un hijo más e hijo de predilección. Yo en el fondo me alegré de su determinación, pues también sufría mucho.

Desde la entrevista con Monseñor, había experimentado Rafael una sensible evolución; sólo habían pasado tres días durante los cuales, andaba como soñando. Ni que decir tiene que el tema de nuestras conversaciones era invariablemente la Trapa. Yo le describía la perfección de aquella vida en el Monasterio; de la sublimidad de la renuncia a cuanto el mundo ofrecía de amable, y era tal la elevación de su alma, por aquellos días, que recuerdo en una ocasión, contemplábamos entusiasmados el admirable y austero panorama que ofrecían las montañas de la Sierra Paramera, vistas desde el paseo del Rastro de Ávila. Se hallaban totalmente cubiertas de nieve y como centelleantes por los reflejos de un sol poniente que las iluminaba. Rompí de pronto el silencio, embargado por el sortilegio de la hora y el ambiente, con estas palabras del Salmo:

- "Qué magníficas son tus obras, Señor". A lo cual Rafael, como saliendo de sí mismo, me respondió:

- Sí tío; pero no son Dios mismo.

Dejo a vuestra consideración apreciar el valor de aquella respuesta, reveladora del estado de su alma. Cuanto le rodeaba parecía no vivirlo; la abstracción de todo lo material le tenía como fuera de sí; indudablemente, le era necesaria esta preparación espiritual para afrontar la terrible tempestad que iba cerniéndose sobre él. De un modo manifiesto está comprobado que el Señor nos provee de las armas proporcionadas a la violencia de la lucha.

La última noche que pasó en casa Rafael, por entonces, fue de extremo sufrimiento. A la mañana siguiente debía marchar para Oviedo.

A hora ya muy avanzada, me encuentro yo absolutamente desvelado. Me levanté, y con el mayor sigilo, me acerqué a la puerta de su habitación, pues había visto luz. Le hallé de rodillas ante una capillita de la Virgen Santísima, que periódicamente nos traían en visita domiciliaria. En seguida se dio cuenta de mí presencia, se levantó, vino a mí echándose en mis brazos y lloró con el desconsuelo más amargo que puede pensarse. Poco duró aquella terrible y violenta crisis, que demostraba la agonía de su alma. Fue la primera y última vez que le vi llorar en aquel estado. Podéis imaginar qué esfuerzos haría yo para procurar serenarle y consolarle. A mi vez tampoco andaba muy sobrado de las energías que me hubieran sido menester. Volvimos a separarnos, yéndose cada cual a nuestras habitaciones.

Llegó por fin la mañana decisiva; yo no me encontraba bien de salud y me quedé en la cama. A despedirse de mí vino, en llegando el último momento. No medió ni una palabra entre los dos. Recuerdo que suavemente se inclinó sobre mí, me tomó las manos y me las besó...

Al instante desapareció de mi vista, y con él, una de las épocas de mi vida de más dulces recuerdos. Para Rafael comenzaba su Getsemaní...

(Un secreto de la Trapa; págs. 29-35).



(1) Durante los años 1931 y 1932, Rafael estuvo en Madrid estudiando Arquitectura. Mantuvo contacto frecuente con sus tíos, que vivían en Ávila, muy cerca de Madrid, por lo que los visitaba con cierta regularidad. Desde la casa de sus tíos escribe la carta que se transcribe a continuación.

Visto en: santoabandono.com 

ORIGINAL: CARTA DEL P. BOUCHACOURT A LOS SACERDOTES DEL DISTRITO INFORMANDO DE LA REUNIÓN DE ALBANO




Martínez, 12 de octubre de 2011

†
Fraternidad Sacerdotal San Pío X
Distrito América del Sur
El Superior

Estimados Padres,


Recién volví de Roma hace unas horas y quiero comunicarles algunasnoticias relativas a la reunión a la que fuimos convocados por nuestroSuperior General, Mons. Fellay. Se trataba de una reunión de información.

Según decía el comunicado que se publicó, concurrieron a la misma los miembros del Consejo General, todos los Superiores de Distrito y tres de los cuatro obispos.

En efecto Mons. Williamson no fue a Albano. También había sido convocadoa la reunión, pero Mons. Fellay había añadido dos condiciones: que cierre su blog y mantenga el secreto sobre el contenido del preámbulo que Roma entregó a la FSSPX. Mons. Williamson no accedió por lo menos a una de las dos condiciones, y por el mismo hecho renunció a participar de la reunión en Albano.

La sesión se desenvolvió en tres tiempos. En primer lugar Mons. Fellay presentó un balance histórico de las relaciones con Roma. En segundo lugar Mons. de Galarreta y el Padre de Jorna hablaron de las discusiones doctrinales en Roma. Por último se presentó el preámbulo doctrinal proporcionado por la Congregación para la Doctrina de la fe, firmado por el Cardenal Levada.

No es necesario que recuerde los hechos históricos relativos a nuestras relaciones con Roma. Uds. ya los conocen en lo esencial. Respecto a las discusiones doctrinales, se estudiaron cuatro temas capitales: el Novus
Ordo Missae, la libertad religiosa, la eclesiología –Lumen Gentium, el“subsistit in” y la colegialidad–, el Magisterio y la Tradición.

Nuestros contradictores no buscaron responder nuestros argumentos sino que permanentemente intentaron demostrar que no existe ninguna ruptura con la Tradición. Reconocieron que la libertad religiosa, la colegialidad, etc. son nociones nuevas, pero –según dijeron– contenidas implícitamente en la Tradición y explicitadas por el Concilio Vaticano.

El clima de las discusiones fue cordial, lo cual no impidió que cada uno manifestara francamente sus posiciones. Nuestros contradictores permanecieron herméticos a nuestros argumentos, por los menos exteriormente.

El texto del documento entregado a Mons. Fellay y a sus Asistentes sigue siendo confidencial. Sin embargo puedo comunicarles algunos elementos relativos a su contenido. Tiene dos partes: un preámbulo doctrinal y un breve proyecto de solución canónica para la FSSPX.

El preámbulo se basa sobre el protocolo de acuerdo que en su momento su propuso a Mons. Lefebvre, pero en forma más restrictiva.

Se nos pide reconocer a la luz de Tradición católica al Vaticano II y a las enseñanzas posteriores de los Papas hasta el día de hoy. Además deberíamos aceptar, por un lado, el Catecismo de la Iglesia Católica,que constituye un compendio de la doctrina conciliar, y por otro, el Código de Derecho Canónico publicado en 1983, con una aplicación adaptada a la disciplina particular otorgada a la FSSPX.


 Asimismo deberíamos reconocer la legitimidad del Novus Ordo. Según las explicaciones de los canonistas del Vaticano, la palabra “legitimo”quiere decir “legal”… Esta no es la acepción recibida comúnmente.

Después seguiría una profesión de fe y un juramento de fidelidad.

Por último, si firmásemos este preámbulo, se nos otorgaría una prelatura personal, parecida a la estructura canónica del Opus Dei.

Queda claro que este preámbulo, con el contenido que tiene, no puede ser firmado, aunque se le aporten modificaciones. La situación de la Iglesia conciliar, las declaraciones del Papa en Alemania, el próximo encuentro en Asís manifiestan que la situación no es apropiada para firmar semejante documento. Nos encontraríamos aplastados por el sistema, tal como lo fueron las congregaciones “motu propio”.

Mons. Fellay mandará su respuesta dentro de unas semanas, y tal vez publicará una declaración doctrinal que no tendrá nada que ver con la que se nos presentó y no será aceptada por Roma.

Aunque existe una apertura canónica por parte de Roma, la situación doctrinal en la Iglesia no ha cambiado.

Roma nos necesita, necesita que nos reunamos con ellos para demostrar que el Vaticano II no está en ruptura con la Tradición, y para neutralizar el ala progresista que anhela una ruptura manifiesta con la Tradición. Está claro que no podemos seguir este camino. Debemos mantenernos firmes y esperar que Roma dé nuevos pasos. Roma retrocede cada vez más, pero todavía no lo suficiente.

¡Por lo tanto el combate continúa! Les pido que mantengan la confidencialidad sobre el contenido de esta circular. Uds. pueden informar a sus fieles que no se firmó nada y que la situación sigue siendo idéntica a la que teníamos antes del 14 de septiembre. Cuando yo visite sus prioratos les proporcionaré más detalles respecto a la situación presente.

Por último quiero contarles que el lunes pasado fui a Roma para rezar ante la Cátedra de San Pedro. También llegué a subir la Scala Santa, pidiendo a Nuestro Señor que alcance a cada uno de nosotros, los sacerdotes del Distrito, la fidelidad inquebrantable al combate llevado por Mons. Lefebvre por el bien de las almas, de la Iglesia y de la Tradición. Pensar en la tragedia que vive la Iglesia de hoy debe estimular nuestro celo por la santificación de las almas que fueron entregadas a nuestro cuidado.

Les aseguro mi oración fraterna en los Corazones de Jesús y María.
Padre Christian BOUCHACOURT

Subrayados de Radio Cristiandad

SANTORAL 11 DE NOVIEMBRE



11 de noviembre




SAN MARTÍN DE TOURS, 
Obispo y Confesor 
Patrono principal de las Arquidiócesis
de Buenos aires y La Plata (Argentina)



 Velad y orad 
a fin de no caer en la tentación.
Que si bien el espíritu está pronto, 
la carne es flaca.
(Mateo, 26, 41).

   San Martín, hijo de un oficial pagano en Panonia, deslumbróse en Pavía con los esplendores del culto cristiano. Catecúmeno a los diez años, siguió no obstante la voluntad de su padre y de su príncipe, y sirvió en el ejército romano. Un día, durante un rudo invierno, dio una parte de su manto a un pobre, y Nuestro Señor se le apareció la noche siguiente vestido con ella. Martín recibió entonces el bautismo, fue incluido entre los acólitos por San Hilario de Poitiers, fundó Ligugé, primer monasterio de las Galias, obró numerosos milagros y llegó a ser obispo de Tours a pesar de sus lágrimas. Fue entonces cuando fundó el monasterio de Marmoutier con 80 religiosos. Por todas partes prodigó su caridad, su abnegación, sus oraciones y su enseñanza, y murió lleno de días y de méritos hacia el año 400.

MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA
DE SAN MARTÍN DE TOURS

   I. San Martín de Tours tenía tan grande respeto por Dios, que no quería sentarse en las iglesias. A los que lo instaban a que lo hiciera, respondía que había que temblar en presencia de su Juez. ¿Con qué
espeto y con qué modestia te mantienes tú en las iglesias? Jesucristo está allí en el adorable Sacramento del Altar; está en el tabernáculo para escuchar tus plegarias, para escuchar tus pedidos y no para ser espectador de tus inmodestias o de tus impiedades.

   II. El medio ordinario de que se servía San Martín de Tours para lograr éxito en sus empresas era dirigirse a Dios, implorar su ayuda mediante la oración, el ayuno y otras austeridades. ¿Quieres tú tener éxito en todos tus proyectos? Recomiéndalos a Dios, haz algunas obras de piedad, ora, ayuna, da limosnas: es el medio para tocar el corazón de Dios y obligarlo a escuchar tus pedidos. Ensaya este secreto y no fíes tanto en tu prudencia.

   III. San Martín de Tours, llegado a la hora de la muerte, oraba con tanto ardor como si estuviera gozando de plena salud; estaba acostado en tierra sobre ceniza y cubierto de un cilicio. Es preciso,
 decía, que un soldado muera con las armas en la mano. Con todo, el demonio se acercó para tentarlo, pero en vano; concluyamos de aquí que es menester combatir toda nuestra vida y hasta en la hora de la muerte. La penitencia y la oración son las armas que nos darán la victoria; sirvámonos de ellas hasta nuestros últimos momentos, porque solamente la perseverancia obtiene la corona. Todas las virtudes luchan por la recompensa, sólo la perseverancia es
coronada. (Pedro de Blois).

La caridad 
Orad por los pobres.

ORACIÓN

   Oh Dios, que veis nuestra impotencia para mantenernos en el bien, haced, en vuestra bondad, que la intercesión del bienaventurado Martín, vuestro confesor y pontífice, nos fortifique contra las tentaciones que nos asedian. Por J. C. N. S. Amén. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 10 de noviembre de 2011

A PROPÓSITO DE ASÍS III

P. BASILIO MÉRAMO: A PROPÓSITO DE ASÍS III

Visto en:  Radio Cristiandad


Con motivo de la última reunión de Asís del 27 de Octubre de 2011 por Benedicto XVI, en el XXV aniversario de la primera por Juan Pablo II, el 27 de Octubre de 1986, conviene recordar las dos imágenes enviadas por Monseñor Lefebvre en su momento a Juan Pablo II, que muestran la gravedad del hecho que se vuelve una tradición en el error y la apostasía. Estas dos imágenes fueron a su vez saboteadas (pues no se repartieron) por el Padre Laguérie en Saint Nicolás de Chardonnet y por el Padre Aulagnier, Superior de Francia en aquel entonces.

LA IMPOSTURA DE ASÍS



“Santo Padre, quiera meditar estas imágenes, ya que ha permanecido sordo a los llamados angustiosos que le hemos dirigido filialmente.

Dígnese al menos a no faltar publica y gravemente al primer mandamiento de Dios; la salvación de su alma está en juego!

Predicad a Jesucristo, como los Apóstoles, aún al precio de sus vidas. Esto es el deseo ferviente y filial de aquellos que permanecen todavía católicos.”

+ Marcel Lefebvre arzobispo-Obispo emérito de Tulle.

“…. Abriendo sus rangos a los adeptos que vienen a ellos desde las religiones más diversas, ellos (los francmasones) se vuelven más capaces de acreditar el gran error del tiempo presente, el cual consiste en relegar al rango de las cosas indiferentes la preocupación de la religión, y a poner sobre el pie de igualdad todas las formas religiosas. Luego, este principio, por sí solo, es suficiente para arruinar todas las religiones, y particularmente la religión católica, pues siendo la única verdadera, no puede, sin padecer la última de las injurias y de las injusticias, tolerar que las otras religiones le sean igualadas.” (León XIII, Encíclica Humanum Genus 20 Abril 1884).

LA APOSTASÍA



Estas imágenes concebidas por Monseñor Lefebvfre quieren manifestar la enseñanza de la Escritura: El salmo 95 dice “Omnes dii Pentium daemonia” “Todos los dioses de los que no tienen la verdadera fe son demonios.”

Nuestro Señor afirma en el Evangelio de San Juan 10, 9: “Yo soy la puerta…” no hay otra entrada para acceder al cielo.

San Pablo dice en la 1° Epístola a los corintios 8,5 “Porque aunque haya algunos que se llaman dioses, sea en el cielo, sea en la tierra – de esta clase hay muchos dioses y señores- . Mas para nosotros no hay sino un solo Dios, el Padre, de quien vienen todas las cosas y para quien somos nosotros; y un solo Señor Jesucristo, por quien son todas las cosas y por quien somos nosotros.”

Igualmente a los Efesios 4,5 “No hay sino un Señor, una Fe, un Bautismo, un Dios, Padre de todos, el cual es sobre todo, que obra en todos y que está en todos.”

No se elimina impunemente a este único Señor.

También es muy ilustrativa la siguiente imagen de Santa Hildegarda de Bingen (1089-1179) abadesa, en su libro de las visiones “Scivias”, que significa Conoce los Caminos.



Una imagen vale más que mil palabras

La imagen es muy significativa, pues la mujer representa la Iglesia, pero esta ensangrentada y aparece una cabeza monstruosa que sale de su seno. Es clara la alusión al Anticristo religioso o Pseudoprofeta, y está en consonancia con lo que advirtió Nuestra Señora de La Salette: “Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo.”

Monseñor Lefebvre no descartó nunca la posibilidad teológica de un falso Papa o Antipapa; aunque nunca quiso zanjar el tema.

En su Sermón del Domingo de Pascua del 30 de marzo de 1986, Monseñor Lefebvre dijo: “Nos encontramos verdaderamente frente a un dilema gravísimo, que creo no se planteó jamás en la Iglesia: que quien está sentado en la Sede de Pedro participe en cultos de falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Que conclusión deberemos quizás sacar dentro de algunos meses ante estos actos repetidos de comunión con falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto. Pero es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa no es Papa. No quiero decirlo aún de una manera solemne y formal, pero parece, sí, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje pública y formalmente”.

También dijo el 15 Abril de 1986, en el marco de una conferencia Espiritual en Ecône: “¿el Papa es aún Papa cuando es hereje? ¡Yo no sé, no zanjo! Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos. Pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la cuestión. No sé. Entonces, ahora, ¿es urgente hablar de esto?…

Se puede no hablar, obviamente… Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes…

¿Es necesario hablar a los fieles? Muchos dicen: — No, no habléis a los fieles. Van a escandalizarse. Eso va a ser terrible, eso va a ir lejos…

Bien. Yo dije a los sacerdotes, en París, cuando los reuní, y luego a vosotros mismos, ya os había hablado, yo dije: pienso que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles…

No digo que sea necesario hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimento a los fieles para asustarlos… No. Pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión precisamente de fe. Es necesario que los fieles no pierdan la fe. Estamos encargados de guardar la fe de los fieles, de protegerla.

Van a perder la fe… incluso nuestros tradicionalistas. Incluso nuestros tradicionalistas no tendrán ya la fe en Nuestro Señor Jesucristo. ¡Ya que esta fe se pierde! Se pierde en los sacerdotes, se pierde en los obispos.”

Esto es lo que el Padre Schmidberger (anterior Superior General, después Primer Asistente y hoy Superior de Alemania y amigo de Benedicto XVI) ha logrado anular y hacer incluso un tema tabú, y una etiqueta nefanda, para descalificar cualquier sana reacción que pusiera en entredicho la legitimidad de la autoridad modernista. Esto es lo que Roma apóstata a todo precio quiere soslayar, pues nada les sería peor que se niegue o se ponga al menos en duda su legitimidad.

Roma perderá la Fe y será la Sede del Anticristo. Asís reiterado una tercera vez es la realización abominable de esta profecía de la Bienaventurada Virgen María Madre de Dios y Madre de la Iglesia Católica.

Ella tuvo un solo y único Hijo y sería impío y blasfemo adjudicarle otros, como sería el caso al igualar la Religión Católica con todas las otras falsas religiones cuyo autor es Satanás como reza el Salmo 95. Pues si se pone en pie de igualdad las religiones, se equiparan sus fundadores, igualando a Cristo con Mahoma, Buda, etc.

Nuestra Señora que es la gran profetiza con su Magnificat como lo señala San Basilio el Grande (lectura 3° Maitines del mes de Noviembre del Breviario, para el oficio de la Virgen en Sábado) y la fiesta de Cristo Rey condenan, por sí mismas, la reunión interreligiosa por la paz (la falsa paz del Anticristo) realizada una vez más en Asís. Esto es la reiterada Apostasía de la Nueva Iglesia postconciliar, contra los hechos no valen argumentos, más aun habiéndolo dicho y profetizado Nuestra Señora de La Salette.

Por esto Monseñor Lefebvre a su vez dijo “Roma está en la apostasía”(1), también afirmó que “la Cátedra de Pedro y los cargos de autoridad en Roma están ocupados por anticristos”(2), y además advirtió “No somos nosotros si no los modernistas los que salen de la Iglesia. En cuanto a decir salir de la Iglesia visible, es equivocarse asimilando Iglesia oficial a Iglesia visible. (…) ¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial? En cierta medida, sí, obviamente. (…) Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación con la Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica que nosotros intentamos representar y seguir.”(3)

En la misma línea, el eximio Cardenal Pie había profetizado “La Iglesia, sociedad sin duda siempre visible, será cada vez más llevada a proporciones simplemente individuales y domésticas.” (4)

Esto nos lleva a considerar la Iglesia reducida a un pequeño rebaño (Pusillus Grex) como dijo San Lucas en 12,32; casi sin pastores y con la única gran y bienaventurada esperanza, como dice San Pablo (Tit. 2,13) en la Parusía o Segunda Venida de Cristo Rey con todo el poder de su Gloria y Divina Majestad.


P. Basilio Méramo

Bogotá, Noviembre 10 de 2011

LOS TEMPERAMENTOS

LOS TEMPERAMENTOS


LOS TEMPERAMENTOS EN GENERAL 
I 
El Dr. Jorge Hagemann escribe en su Psicología: "Las modificaciones (o las diferencias) de los estados generales del alma se refieren menos al conocimiento que al sentimiento, o sea menos al espíritu que al corazón. No tanto en el modo de conocer cuanto en la manera de sentir y apetecer se manifiesta cómo el corazón, centro de los sentimientos y afectos, es en unos y otros más fácil o lenta, más profunda o superficialmente excitable. Esta diversa excitabilidad del corazón o el diverso temple, conque un alma se inclina a un determinado sentir o apetecer, se llama temperamento. Si consideramos los rasgos fundamentales de los temperamentos individuales y los agrupamos según su semejanza, se pueden dividir en cuatro grupos, a los cuales ya la antigüedad dio sus nombres estables, uniendo arbitrarias teorías con acertadas observaciones: temperamentos sanguíneo, colérico, melancólico, flemático. Estos temperamentos se distinguen entre sí en cuanto que la excitabilidad del sanguíneo es fácil y superficial, la del colérico fácil y honda, la del melancólico lenta y profunda, y por fin, la del flemático es lenta y superficial. Ya que el corazón (el sentimiento y afecto) está tan íntimamente relacionado con el espíritu y la fantasía, la diversa excitabilidad del mismo tiene, en consecuencia, una diversa actitud en el mismo entendimiento y fantasía". 

   El temperamento es, pues, una disposición fundamental del alma, que se manifiesta particularmente, cuando esta recibe una impresión, ya sea por ideas y representaciones o bien por acontecimientos exteriores. El temperamento nos da la contestación a esta pregunta: ¿Cómo se conduce el hombre, qué sentimientos lo embargan, qué móvil le impulsa a obrar, cuándo algo le impresiona?. Así por ejemplo: ¿cómo se porta el alma, cuando es alabada o reprendida, cuando se la ofende, cuando advierte en sí cierta simpatía o tal vez antipatía hacia tal persona, o cuando, en ocasión de una tormenta o de hallarse de noche en un camino solitario, le sobreviene el pensamiento de un inminente peligro? 

   Aquí cabe hacer las siguientes preguntas: 
   1.  Ante tales impresiones ¿se excita el alma con rapidez y fuerza, o por el contrario con lentitud y debilidad? 

   2.  Bajo tales impresiones ¿se siente el alma impulsada a obrar de inmediato y a reaccionar con rapidez, o bien siente la inclinación de esperar y estarse tranquila? ¿Muévenla tales casos a obrar con ardor, o a postrarse más bien en un estado de pasividad? 

   3.  ¿Esta excitación del alma dura por largo o corto tiempo? ¿Quedan grabadas en el alma por mucho tiempo tales impresiones, de manera que con su solo recuerdo se renueve la excitación, o sabe el alma sobreponerse de inmediato y con facilidad, de modo que el recuerdo de una excitación no llega a provocar otra nueva? 

   La contestación a estas pregunta nos lleva como por la mano a los cuatro temperamentos y nos da al mismo tiempo la clave del conocimiento de cada temperamento particular e individual. 

II 
   El colérico se excita fácil y fuertemente; se siente impulsado a reaccionar de inmediato; la impresión queda por mucho tiempo en el alma y fácilmente conduce a nuevas excitaciones. 

   El sanguíneo, así como el colérico, se excita fácil y fuertemente, sintiéndose asimismo impulsado a una rápida reacción; pero la impresión se borra luego y no queda mucho tiempo en el alma. 

   El melancólico se excita bien poco ante las impresiones del alma; la reacción o no se produce en él o llega después de pasado cierto tiempo. Las impresiones, sin embargo se graban muy profundamente en el alma, sobre todo si se repiten siempre las mismas. 

   El flemático no se deja afectar tan fácilmente por las impresiones, ni se siente mayormente inclinado a reaccionar; y las impresiones, por su parte, muy luego se desvanecen. 

   El temperamento colérico y sanguíneo son activos; el melancólico y el flemático son más bien pasivos. En el colérico y el sanguíneo hay una fuerte inclinación hacia la acción, y en el melancólico y el flemático por el contrario hacia la tranquilidad. 

   Los temperamentos coléricos y melancólicos son apasionados; conmueven y repercuten muy hondamente en el alma; al paso que los sanguíneos y los flemáticos no tienen grandes pasiones, ni inducen a fuertes arranques del alma. 

   Si queremos conocer nuestro propio temperamento, no debemos comenzar averiguando si tenemos o no en nosotros los lados fuertes y débiles, anotados más arriba a cada temperamento, sino que debemos contestar ante todo a las tres preguntas poco ha enumeradas. Lo más fácil será considerar esas preguntas, en cuanto se refieren a las ofensas que recibimos. Y lo mejor de todo será abstenernos al orden siguiente: ¿Suelo aceptar las ofensas con dificultad y a regañadientes? ¿Acostumbro guardarlas en mi interior? - Caso de tener que contestarnos: De ordinario no puedo olvidar ofensas; las guardo en mis adentros; su recuerdo me renueva la excitación; por mucho tiempo guardo mal humor; por varios días y aún por semanas enteras trato de evitar la palabra y el encuentro de la persona que me ofendió, - es este nuestro caso, estemos entonces ciertos de ser o coléricos o melancólicos. Podemos en cambio, decirnos: No suelo guardar rencor, ni mostrarme enojado con otros por mucho tiempo; no puedo menos de quererlos, a pesar de la ofensa; y aunque quisiera mostrar mal humor y mala cara, no puedo hacerlo más que por una o dos horas, - en este caso somos sanguíneos o flemáticos. Convencidos de ser coléricos o melancólicos, sigámonos preguntando: ¿Aféctanme con fuerza y rapidez las ofensas? ¿Lo dejo entrever en mis palabras y maneras? ¿Siento un fuerte impulso al inmediato desafío y réplica ofensiva? ¿O soy capaz de mantenerme exteriormente tranquilo, mientras hierve el interior? ¿Me abochornan, perturban y desalientan de tal modo las ofensas, que no hallo una palabra conveniente o el ánimo necesario para contestar, resignándome por ello al silencio? ¿No me acontece a menudo el no sentirme ofendido en el momento mismo de la ofensa para caer unas horas después o al día siguiente, en un extremo estado de postración? - Si nuestra contestación a la primera serie de preguntas es afirmativa, somos coléricos, y si a la segunda, somos melancólicos. - ¿Hemos llegado a la convicción de ser sanguíneos o flemáticos?, entablemos con nosotros mismos el siguiente interrogatorio: ¿Al recibir una ofensa, me enciendo y encolerizo al instante queriendo obrar con precipitación? ¿o consigo mantener la tranquilidad? En el primer caso somos sanguíneos, en el segundo flemáticos.

   Solo si con este ejemplo hemos llegado a conocer nuestro temperamento, podemos averiguar si poseemos las notas características particulares, tales como más adelante se las ha de señalar a cada temperamento. Podemos entonces profundizar el conocimiento de nosotros mismos, y en especial podemos llegar a conocer el grado de desarrollo, a que han llegado los lados fuertes y débiles de nuestro temperamento, descubriendo al mismo tiempo las modificaciones que nuestro temperamento predominante haya podido sufrir por mezclarse con otro. 
III 
   De ordinario parece cosa difícil el conocer el temperamento propio y el ajeno. Con todo la experiencia demuestra que aún personas sin mayor formación superior llegan de una manera relativamente fácil al conocimiento de su propio temperamento, el de los que le rodean y el de sus subalternos, con tal de que se les dé una instrucción adecuada para ello. 

   Pero la investigación de los temperamentos ofrece especiales dificultades en los casos siguientes: 
   1.  Cuando el hombre comete aún muchos pecados. Entonces la pasión pecaminosa resalta más que el temperamento. Así p.e. puede un sanguíneo por su condescendencia con la ira y la envidia molestar mucho al prójimo y causarle grandes pesares, aunque por su temperamento se incline a llevarse bien con todos. 

   2.  Cuando el hombre ya ha progresado mucho en la perfección. Los lados débiles del temperamento, como se manifiestan ordinariamente en cada hombre, son entonces apenas perceptibles. San Ignacio de Loyola, un colérico apasionado, logró tal dominio sobre sus pasiones que en lo exterior aparecía tan exento de pasiones que los que le rodeaban le tenían por flemático. En el sanguíneo san Francisco de Sales se habían extinguido por completo los arrebatos y explosiones de ira; lo cual no lo obtuvo ciertamente, sino después de 22 años de continuo combate consigo mismo. Los Santos melancólicos nunca dejan exteriorizar la tristeza, el mal humor y el desaliento, a que tiende su temperamento, sino que con una mirada al Crucificado saben dominar, después de breve lucha, esa peligrosa disposición de ánimo. 

   3.  Cuando el hombre posee poco conocimiento de sí mismo. El que no conoce tanto sus buenas como sus malas cualidades, el que no es capaz de formar un juicio sobre la intensidad de sus pasiones y el modo de su excitabilidad, tampoco podrá darse cuenta de su temperamento, y preguntado por otros que quisieran ayudarle con el conocimiento de su temperamento, da respuestas falsas, no de intento, sino precisamente por no conocerse a sí mismo. Por eso los principiantes en la vida espiritual no llegan generalmente hablando, a conocer su temperamento, sino después de haberse ejercitado durante algún tiempo en la meditación y en el examen particular. 

   4.  Cuando el hombre es muy nervioso. Pues, las manifestaciones de nerviosidad, como lo variable en la conducta, la irritación, la inconstancia de sentimientos y resoluciones, la inclinación a la tristeza y al desaliento, aparecen en hombres nerviosos en tal grado que las exteriorizaciones del temperamento quedan relegados a segundo término. Particularmente es difícil conocer el temperamento de personas histéricas, en las cuales el así llamado "carácter histérico" está ya del todo desarrollado.

   5.  Cuando el hombre tiene un temperamento mixto. Llamamos temperamentos mixtos a aquellos en los cuales predomina un temperamento determinado mezclado al mismo tiempo con propiedades de otro. Sobre temperamentos puros y mixtos ya se ha escrito mucho. Una solución satisfactoria de los múltiples problemas que surgen en esta materia se halla, tomando en cuenta el temperamento de los padres del interesado. Si el padre y la madre poseen un mismo temperamento, de igual temperamento serán también los hijos. ¿Son, pues, ambos, padre y madre de índole colérica?, los hijos asimismo lo serán. Mas en el caso de temperamentos distintos, los hijos tendrán un temperamento mixto. Así por ejemplo, si el padre es colérico y la madre melancólica, los hijos serán o coléricos con tintes melancólicos o melancólicos con tintes coléricos, según que los hijos se parezcan más o menos al padre o a la madre. 

   Para averiguar en un temperamento mixto cuál es el temperamento predominante, hay que atenerse exactamente a las preguntas formuladas más arriba para llegar a conocer un temperamento. Sucede sin embargo, aunque no tan a menudo, como muchos lo creen, que en una persona se hallan tan entrelazados dos temperamentos, que ambos se manifiestan siempre con la misma intensidad y fuerza. Por eso es naturalmente muy difícil tomar una decisión respecto al temperamento que ha de atribuirse a tal o cual persona. Mas es probable que con el correr de los años a causa de pruebas y dificultades se ponga de manifiesto el temperamento predominante. 

   Préstanos eficaz ayuda en el conocimiento del temperamento mixto y más aún del temperamento puro la expresión de los ojos y en parte también el modo de andar: La mirada del colérico es resuelta, firme, enérgica, ardiente; la del sanguíneo: serena, alegre, des­preocupada; mas la mirada del melancólico ligeramente triste y preocupada, al paso que la del flemático es lánguida e inexpresiva. - Al colérico lo vemos andar con firmeza y decisión y avanzar deprisa, el sanguíneo es ágil y ligero de pie, de paso corto y a veces danzante; el paso del melancólico es lento y torpe; el flemático camina perezosamente y a sus anchas. Muy fácilmente se reconoce la mirada del colérico (cuyo tipo es la conocida mirada de Napoleón, Bismark) y la del melancólico (la conocida mirada de Alban Stolz). No pudiendo encontrar en los ojos ni la decisión y energía del colérico, ni la suave tristeza del melancólico, creemos hallarnos ante un sanguíneo o flemático. También los ojos nos descubren el temperamento que predomina en el temperamento mixto. Después de haber adquirido cierta experiencia en la distinción de las miradas, muchas veces se puede ya al primer encuentro con una persona y aún basta haberla visto de paso en la calle para determinar su temperamento. Detalles del cuerpo, que se apuntan además como notas características de los cuatro temperamentos (como la formación del cráneo, el color de la cara y del cabello o la constitución del cuello y de la nuca) no son, a mi parecer más que un simple entretenimiento. 
IV 
   Por más difícil que sea en ciertos casos llegar a conocer el temperamento de un hombre, no por eso debiéramos ahorrarnos el trabajo de averiguar nuestro propio temperamento y el de los que nos rodean o el de las personas que tratamos con más frecuencia; pues la utilidad es siempre grande.

   Conociendo el temperamento de nuestro prójimo llegaremos a comprenderlo mejor, o tratarlo con más justicia y a sobrellevarlo con más paciencia. Estas son ventajas para la vida social, las cuales nunca podemos apreciar debidamente. 

   Llegaremos a comprender mejor a nuestro prójimo. El Dr. Krieg en su obra: "La ciencia de la dirección espiritual en particular" dice en la página 141: "No podremos entender a nuestro prójimo mientras no lleguemos a conocer su temperamento, sus aspiraciones y tendencias, pues conocer a un hombre significa sobre todo conocer su temperamento.

   Trataremos con más justicia a nuestro prójimo. A un colérico se le conquista exponiéndole sosegadamente las razones; las palabras severas e imperiosas le mortifican, lo obstinan y lo irritan hasta lo extremo. El melancólico se vuelve tímido y taciturno con una palabra dura o una mirada recelosa, más con un tratamiento atento le veremos más dado, confiado y fiel. De la palabra de un colérico bien puede uno fiarse, pero no de las promesas más formales de un sanguíneo. Desconociendo, pues, el temperamento de nuestro prójimo nuestro trato redundará sin justicia en daño propio y ajeno. 

   Sobrellevaremos con más paciencia a nuestro prójimo. 

   Sabiendo que los defectos y flaquezas del prójimo están fundados en su temperamento, se los disculparemos fácilmente, sin irritarnos. No nos impacientaremos, si un colérico es agrio, duro, impetuoso y obstinado; o si un melancólico se porta tímida e indecisamente, si no habla mucho y si lo que tiene que decir, lo profiere de un modo impropio; o si un sanguíneo se muestra locuaz, ligero y veleidoso; o si un flemático nunca sale de su acostumbrada tranquilidad. 

   Es de grandísimo provecho el conocer su propio temperamento. Conociéndolo nos compren­deremos también mejor a nosotros mismos, nuestras disposiciones de ánimo, nuestras propiedades y nuestra vida pasada. Una persona muy experimentada y encanecida en la vida espiritual, al leer los siguientes conceptos sobre los temperamentos confesó: "Nunca me llegué a conocer tan bien como cuando me vi pintada de cuerpo entero en estas líneas; pero tampoco nadie me ha dicho tan francamente la verdad como lo hace este librito". 

   Conociendo nuestro temperamento, trabajaremos con más acierto en nuestra perfección, puesto que todos nuestros esfuerzos en pro de nuestra alma se reducen únicamente a cultivar las buenas cualidades de nuestro temperamento y a combatir sus deficiencias. De manera que el colérico siempre tendrá que luchar ante todo contra su terquedad, ira y orgullo; el melancólico contra su desaliento y miedo a la cruz; el sanguíneo contra su locuacidad e inconstancia, y el flemático contra su pachorra y pereza. 

   Conociendo nuestro temperamento, seremos más humildes, ya que nos iremos convenciendo, de que lo bueno en nosotros no es tanto virtud sino consecuencia de nuestro natural y de nuestro temperamento. Entonces el colérico hablará con más modestia de la fuerza de su voluntad, de su energía e intrepidez; el sanguíneo de la serena concepción de la vida, de la facilidad de tratar caracteres difíciles; el melancólico de la profundidad de su alma, de su amor a la soledad y a la oración; el flemático de su suavidad y sosiego de espíritu. 

   El temperamento, por ser innato en el hombre, no puede por lo tanto trocarse con otro. Pero sí podemos y debemos cultivar y desarrollar la parte buena del mismo y combatir y neutralizar sus influjos nocivos. 

   Cada temperamento es bueno en sí mismo y con cualquiera de los cuatro se puede obrar el bien y llegar al cielo. Es, por ende insensatez e ingratitud desear otro temperamento. "Todos los espíritus alaben al Señor" (S. 150, 6). Todos los movimientos y propiedades de nuestra alma han de servir a Dios contribuyendo así a la gloria de Dios y salvación de las almas. Hombres que tienen diversos temperamentos y viven juntos, no debieran recha­zarse mutuamente sino completarse y ayudarse (unos a los otros). 

   Cuando más adelante se diga: el colérico, el sanguíneo, etc., hace así o de otro modo, no quiere eso decir: "tienen que hacerlo así", o "lo hacen siempre así", sino: "lo hacen ordinariamente así" o "se inclinan a hacerlo así".

Continuaremos el próximo jueves....

SANTORAL 10 DE NOVIEMBRE




SAN ANDRÉS AVELINO,
Confesor

Creced en la gracia y en el conocimiento
de Nuestro Señor Jesucristo.
(2 Pedro, 3, 18).

   San Andrés, clérigo napolitano y doctor en derecho, agregó a los votos ordinarios, al entrar en los teatinos, el voto de combatir siempre su voluntad y el de tender a la más alta perfección. Al saber que había sido asesinado uno de sus sobrinos, solicitó insistentemente se perdonase al matador. Toda su vida estuvo consagrada a la oración, a la predicación y a la dirección de almas. Llegado a la edad de 87 años, un día al comenzar a celebrar la misa, cayó afectado mortalmente de apoplejía después de haber repetido por tres veces: Me acercaré al altar del Señor. Fue en 1608.

MEDITACIÓN
SOBRE EL PROGRESO
EN EL CAMINO DE LA VIRTUD

   I. El cristiano jamás debe detenerse en el camino de la virtud; debe, hasta el fin de su vida, aspirar a una santidad más alta. Por santo que seas, todavía te falta mucho camino para andar antes de alcanzar la cumbre de la perfección. Hojea la vida de los santos, verás cuán alejado estás tú de su santidad. ¡Cuántas pasiones en ti aún no mortificadas! ¡Cuántos deseos desordenados! ¿Amas tú la humillación y el dolor tan apasionadamente como aman los mundanos la gloria y los placeres? ¡Cuántas imperfecciones tienes tú de las que aún debes deshacerte! Trabaja, tienes con esto bastante Ocupación para toda tu vida.

   II. Ten cuidado de no extraviarte en el camino que eliges para llegar a la perfección. En vano caminas a grandes pasos si te alejas del sendero recto. Si no haces la voluntad de Dios, nada mereces, hagas lo que hagas. Debes consultar a tu confesor sobre lo que tienes que hacer para agradar a Dios; de otro modo caminarás a grandes pasos fuera de la ruta verdadera.

   III. ¿No te relajas? ¿Nada has disminuido de tus mortificaciones y de tus ejercicios espirituales? Si tu conciencia te reprocha alguna negligencia, ten cuidado, estás en peligro. ¿Por qué no sirves a Dios con tanta fidelidad como antes? ¿Acaso Dios es menos amable que cuando lo amabas con todo tu corazón? ¿Qué ha hecho el demonio para merecer que partas con él ese corazón que habías dado sin reserva al Señor? Vamos, pues, despierta tu antiguo fervor; exclama con el Rey Profeta: Ahora comienzo. Este comienzo es obra de la diestra del Omnipotente. Sí, es obra vuestra, Dios mío; consumad la, dadme la fuerza de perseverar.

El respeto al sacerdote 
Orad por los que tienen cura de almas.

ORACIÓN

   Oh Dios, que, por el voto heroico de adelantar todos los días en la virtud, habéis dispuesto el corazón del bienaventurado Andrés, vuestro confesor, a admirables elevaciones hacia Vos, concedednos, en consideración a sus méritos e intercesión, que participemos de la misma gracia, a tin de que, tendiendo siempre a la más perfecta, alcancemos felizmente la cumbre de vuestra gloria. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

ABORTO: LEGISLACIÓN PENAL BAJÓ LA CONVOCATORIA



Cámara de Diputados de la Nación

Tras el papelón de la semana pasada y no habiendo tenido respuesta favorable de Claudia Rucci y Antonio Morante, presidentes de las otras dos comisiones, el cordobés Juan Carlos Vega, presidente de Legislación Penal, suspendió la convocatoria al plenario para tratar aborto.


A continuación la circular de Vega:

“Dada la decisión de las Comisiones de Mujer, Familia, Niñez y Adolescencia y de Acción Social y Salud Pública de no convocar al plenario de comisiones estipulado para el día jueves 10 de noviembre de 2011, a las 11 hs, para tratar los 7 proyectos con estado parlamentario sobre la temática del aborto, la presidencia de la Comisión de Legislación Penal decide suspender la reunión prevista para el día de mañana”.



NOTIVIDA, 9 de noviembre de 2011
Editores: Lic. Mónica del Río y Pbro. Dr. Juan C. Sanahuja

MILAGROS EUCARÍSTICOS

Profanadores Castigados
Año 362 , Cartago (Africa)



La justicia divina no siempre castiga al hombre en el momento mismo que se comete  un crimen, sino que muchas veces la infinita misericordia parece salir a su encuentro para desarmarla y detener siquiera por algún tiempo su brazo airado a fin de que el delincuente se arrepienta de su culpa, logre el perdón y se salve.

No obstante, para quitar del corazón humano la temeraria confianza en la bondad de Dios y hacer que siempre aborrezca el pecado, se consignan en los anales históricos innumerables hechos de terribles castigos justamente merecidos por nefandos crímenes perpetrados.

San Optato, obispo de Mileva, en la Numidia refiere que en Cártago cuando comenzó el cisma de los Donatistas, movidos estos por el odio que  profesaban a la Iglesia católica, cometieron muchos desmanes, lastimando los sentimientos religiosos de los que se mantenían  fielmente adheridos a las enseñanzas y doctrinas de la verdadera Iglesia de Cristo.

Llegó a tal extremo la perfidia de los herejes, que se unieron a la chusma del pueblo siempre dispuesta al crimen, y formando un grupo numeroso, con horrible desenfreno se entregaron al pillaje saqueando cuantas iglesias podían, con gran sentimiento de la ciudad.

En una de ellas tuvieron la osadía de profanar y robar los vasos sagrados, y no sabiendo que hacer de las Hostias consagradas que en ellos se contenían, las arrojaron con diabólico cinismo a los perros de la  calle para que se las comieran. Pero ¡justo castigo de Dios!, en el mismo instante los perros se volvieron rabiosos, con espantoso furor se lanzaron contra los inicuos profanadores y los despedazaron, vengando de esta suerte la injuria hecha al Santísimo Sacramento.
San Optato, Cisma de Los Donatistas Baronius
"Annales Eclesiastici”, tomo IV, página 101, litt.e.

SANTORAL 9 DE NOVIEMBRE


9 de noviembre




DEDICACIÓN
DE LA BASÍLICA
DEL
SANTÍSIMO SALVADOR



Jesús dijo a los que vendían palomas [en el templo]:
Quitad eso de aquí, y no queráis hacer de la casa
de mi Padre una casa de tráfico.
(Juan, 2, 16).

   Constantino el Grande, después de su victoria sobre Majencio, se declaró protector de los cristianos e hizo edificar un gran número de iglesias. La más célebre es la Basílica del Santísimo Salvador, edificada sobre el emplazamiento del antiguo palacio de Letrán. Hizo levantar, en ella, para que sirviese de baptisterio, una capilla dedicada a San Juan Bautista. La gran devoción que se tenía a esta capilla hizo perder a la iglesia, insensiblemente, su primer nombre, y no se la conoció después sino con el nombre de San Juan de Letrán. Allí fue donde residieron los Papas hasta Gregorio IX, muerto en 1241, y esta iglesia ha conservado siempre la preeminencia sobre todos los santuarios de la cristiandad. La fiesta de hoy ha sido establecida en memoria de su consagración.

MEDITACIÓN
SOBRE LA MANERA DE HONRAR
A DIOS EN LAS IGLESIAS

   I. Visita las iglesias lo más frecuentemente que puedas; la iglesia es la casa de Dios, allí es donde sobre todo quiere ser honrado, allí donde gusta derramar sus gracias sobre los que lo invocan. Concurre a ellas a pedir los consejos y los consuelos de que tengas necesidad; que los templos sean tu asilo en tus tentaciones. Si entras en ellos con fe y humildad, no saldrás sino fortificado y consolado. Pero, ¡oh desgracia! Se corre a las diversiones y las iglesias están desiertas. Preferimos los lugares de diversión a los templos donde Dios reside: descuidamos los altares y honramos los teatros. (Salviano).

   II. No hagas de la casa de Dios una casa de tráfico. Los hombres trafican en las iglesias cuando, en lugar de orar a Dios, piensan en los negocios del mundo. El demonio trafica en ellas, y ventajosamente para él, cuando persuade a los cristianos a que profanen el lugar santo con sus malos pensamientos y sus continuas distracciones. Estás en la iglesia para rezar a Dios: hazlo con humildad y devoción.

   III. Todo género de comercio no está prohibido en los templos. Trafica allí con Dios; dale los bienes de la tierra y Él te dará los del cielo; dale tu corazón, pidiéndole que lo llene de su santo amor. Lanza tus suspiros al cielo, y el Espíritu Santo te enviará santas inspiraciones; derrama lágrimas y Dios derramará sus gracias sobre ti; pídele perdón por tus faltas y te las perdonará. Cuando te veo suspirar ante Dios, no dudo que el Espíritu Santo te envía sus inspiraciones, cuando te veo llorar, sé que Dios te perdona. (San Cipriano).

La modestia en la iglesia 
Orad por los sacerdotes.

ORACIÓN

   Oh Dios, que todos los años renováis para nosotros el día en que este santo templo fue consagrado y nos dais salud para asistir a vuestros santos misterios, escuchad las plegarias, de vuestro templo, y, a todos los que vienen a él a implorar vuestros favores, concededles el gozo de ver cumplidos sus votos. Por J. C. N. S. Amén.