Este es un sitio para católicos tradicionales, con contenidos de teología, meditaciones, santoral y algunas noticias de actualidad.

lunes, 2 de enero de 2012

EL SANTO NOMBRE DE JESÚS


2 de enero



  EL SANTO NOMBRE DE JESÚS



   "Le darás el nombre de Jesús, porque Él va a salvar a su pueblo" (Mat. I, 21). El occidente celebra la fiesta del nombre de Jesús, el domingo que separa la Circuncisión de la Epifanía; en los años en que dicho domingo no existe, la fiesta pasa al 2 de enero. Así como en el crucifijo material honramos toda la Pasión de Cristo resumida en un símbolo, de igual manera el nombre de Jesús nos recuerda todo lo que está simbolizado en él (Cf. Filip. II, 9-10). "Hablando de él, nos sentimos iluminados; pensando en él, recibimos el alimento de nuestras almas; invocándole, encontramos la paz!, como dice San Bernardo de Claraval, uno de los hombres que han hablado más sentida y profundamente del nombre de Jesús.

   El Concilio de Lyons prescribió en 1274 una devoción especial al nombre de Jesús, y el beato Gregorio X comisionó especialmente a la Orden de los Predicadores para propagarla. Pero quienes más hicieron por difundirla, a pesar de la gran oposición que encontraron, fueron los minoritas: San Bernardino de Sena y San Juan Capistrano, quienes popularizaron el uso del monograma JHS, simple abreviación del nombre de Jesús (Ihesus). El hecho de que la Compañía de Jesús adoptara ese monograma como parte de su divisa, contribuyó a su mayor difusión. La Santa Sede concedió a los Franciscanos, en 1530, la celebración de la fiesta del Santo Nombre de Jesús y el uso se fue extendiendo paulatinamente,. En 1721 se convirtió enfiesta universal de la Iglesia de occidente; pero pocos años después, la comisión encargada de la reforma del Breviario recomendóal PapaBenedicto XV la suprimiera del calendario general. La fiesta actual es una especie de repetición de la Circuncisión; las lecciones del terder nocturno de maitines están tomadas del sermón de San Bernardo sobre este misterio.

   Es interesante notar que el Nombre de Jesús figura en el calendario del Book of Common Prayer, el 7 de agosto, es decir, en la fecha que escogieron algunos obispos ingleses y escoceses, cuando adoptaron la fiesta, a fin de laEdad Media. Por otra parte, la traducción del bello himno de Vísperas Jesu dulcis memoria, hecha por el P. Edward Caswall, ha contribuido a que los protestantes conozcan, probablemente mejor que los católicos, ese poema anónimo frecuentemente atribuido, por error, a San Bernardo. LasLetanías del Santo Nombre de Jesús, que en realidad son más bien un comentario de los atributos del Salvador que de su Nombre, provienen tal vez de San Bernardino y San Capistrano. Monseñor Challoner las llama simplemente, Letanías de Nuestro Señor Jesucristo en la edición original de Jardín del alma.

SANTORAL 2 DE ENERO




SAN ADELARDO, 
Abad



Buscad primero el reino de Dios y su justicia,
y todas las demás cosas se os darán por añadidura.
(Mateo, 6, 33)

   San Adelardo, nieto de Carlos Martel, abandonó la corte a la edad de veinte años para retirarse al monasterio de Corbie (Francia). Luis el Bonac sospechó que el santo había favorecido las pretensiones de su pupilo Bernardo, hijo de Pepino, a la sucesión de Carlomagno, y lo confinó a la isla de Noirmoutiers. Mas, reconociendo su error, lo llamó a la corte. A fuerza de insistentes súplicas obtuvo el santo que se le dejase volver a Corbie, para reasumir el gobierno de su monasterio. Mucho contribuyó, con el célebre Alcuino, a hacer que volviese a florecer en los monasterios el amor a la ciencia. Murió el 2 enero del año 827.


  MEDITACIÓN SOBRE 
EL FIN DEL HOMBRE

   I. No estamos en este mundo sino para amar a Dios, para honrarlo, y para alcanzar nuestra salvación. Examina con atención esta verdad; he ahí en lo que debes trabajar durante este año y durante toda tu vida; todos tus otros proyectos son inútiles, peligrosos o criminales. ¿Hasta ahora has empleado tu vida en buscar, honrar y amar a Dios? Examínate, humíllate, corrígete. Busquemos a Dios sincera y únicamente. El alma racional está creada a imagen de Dios: todas las creaturas pueden ocupar nuestra al ma, pero sólo Dios es capaz de llenarla. (San Ber nardo).

   II. Todas las creaturas son medios que Dios te ha dado para alcanzar tu fin. Las ha creado para que te sirvan, como te ha creado para que Le ames; sin embargo, consideras esas creaturas como tu último fin. ¿Acaso no parece que piensas que el oro y la plata, los placeres y los honores son los que deben darte la felicidad? Dejas a Dios por la creatura; te sirves de sus dones para ofenderlo; los medios que te había proporcionado para ir a Él, de Él te alejan.

   III. Debo, pues, en adelante, amar lo que me puede conducir a mi último fin. La observancia de los mandamientos de Dios y la práctica de las virtudes son los medios por los cuales lo alcanzaré. El pecado y el mal uso de las creaturas me alejarán de él. No es necesario que sea rico o dichoso en este mundo, siempre que gane el cielo. Preguntémonos, a menudo, a ejemplo de San Bernardo: ¿Para qué he venido a este mundo?

La pureza de intención 
Orad por los herejes. 

ORACIÓN

      Haced, os suplicamos, Señor, que la intercesión del bienaventurado Adelardo nos haga agradables a vuestra Majestad, a fin de que obtengamos, por su asistencia, lo que no podemos esperar de nuestros méritos. Por J. C. N. S. Amén

domingo, 1 de enero de 2012

LA CIRCUNCISIÓN DEL SEÑOR

LA CIRCUNCISIÓN DE NUESTRO SEÑOR




Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el Ángel antes de ser concebido en el seno materno.

En este Domingo la Liturgia festeja al mismo tiempo la Octava de la Navidad y la Circuncisión de Nuestro Señor. Y es porque el misterio de la Circuncisión es como la prolongación y un complemento del de la Encarnación y Natividad.

Todos los misterios de Jesucristo contienen una gracia propia para nuestra alma. ¿Cuál es la gracia peculiar de estos misterios que festejamos? La Iglesia misma nos lo indica en la Misa de Media Noche. En la Oración Secreta resume sus anhelos y deseos en la de este modo:

Dignaos, Señor, aceptar la oblación que os presentamos en la solemnidad de este día, y haced que por vuestra copiosa gracia y mediante este intercambio santo y sagrado, nos hagamos partícipes de aquella divinidad con la cual fue unida nuestra substancia humana por el Verbo.

Pedimos, pues, la gracia de compartir aquella divinidad, a la que fue unida nuestra humanidad, en la cual se verifica una especie de comercio con el mismo Dios: per hæc sacrosancta commercia…

El Verbo toma nuestra naturaleza humana al encarnarse, y en cambio nos comunica una participación de su naturaleza divina.

Este pensamiento está expresado todavía de un modo más explícito en la Secreta de la Misa de la Aurora:

Haced, Señor, que nuestras ofrendas sean conformes con los misterios de Navidad, que hoy celebramos; y que, así como el Hombre que acaba de nacer resplandece también como Dios, así también esta substancia terrestre [a que se une] nos comunique, todo cuanto en Él hay de divino.

Hacerse participantes de la Divinidad con la cual se halla unida nuestra humanidad, en la persona de Cristo, y recibir este don divino mediante esta misma humanidad, he ahí la gracia propia del misterio de Navidad.

Es una transacción humano-divina; el Niño de Belén es hombre y Dios; y la naturaleza humana que Dios asume, ha de servir de instrumento para comunicar su divinidad: sic nobis hæc terrena substantia conferat, quod divinum est…

¡Oh admirable comercio —cantamos en la Primera Antífona de Vísperas de la Octava— el Creador del género humano vistiéndose de un cuerpo animado, ha tenido a bien nacer de una Virgen; y apareciendo como hombre aquí en la tierra, nos ha hecho participantes de su divinidad!

O admirabile commercium! Este mutuo préstamo entre la criatura y el Creador, entre el Cielo y la tierra, constituye toda la esencia del misterio de Navidad.

§§§

Trasladémonos a la gruta de Belén y contemplemos al Niño reclinado en el Pesebre o bajo la acción del cuchillo de la circuncisión. ¿Qué es a los ojos de un habitante de aquel pueblecito que acudiera por casualidad al establo? No vería sino un niño que acaba de nacer, sometido a la Ley de Moisés.

Pero a los ojos de la fe, hay una vida harto más elevada que la vida humana y que anima a este Niño: posee la vida divina. ¿Qué nos dice de Él la fe? ¿Qué revelación nos hace?

La fe profesa que este Niño es el Hijo de Dios, que posee la naturaleza divina con todas sus infinitas perfecciones y que Dios Padre le engendra con una generación eterna, en medio de los resplandores de los Cielos.

Vemos, pues, cómo a los ojos de la fe hay dos vidas en este Niño; dos vidas unidas de un modo indisoluble e inefable, porque la naturaleza humana pertenece al Verbo, el cual con su propia existencia sostiene la naturaleza humana.

Entre estas dos vidas que Cristo posee de continuo, la divina, por su eterno movimiento en el seno del Padre, y la humana, que tuvo principio en el tiempo por su encarnación en el seno de una Virgen, no hay mezcla alguna ni confusión.

Al hacerse hombre el Verbo, permaneció lo que era y tomó de nuestra naturaleza lo que no era.

No absorbe lo divino a lo humano, ni lo humano aminora lo divino, sino que ambas naturalezas constituyen una sola Persona, que es la Persona divina del Verbo.

Así lo expresa la antífona del Benedictus de Laudes: Mirabile mysterium declaratur hodie: innovantur naturæ, Deus homo factus est; id quod fuit permansit et quod non erat assumpsit; non commixtionem passus neque divisionem.

§§§

He aquí, pues, uno de los actos de este divino comercio: Dios toma nuestra naturaleza para unirse con ella mediante una unión personal.

¿Cuál es el otro acto? ¿Qué nos dará Dios en cambio? Un don incomprensible, la participación real e íntima de su divina naturaleza es la moneda con que pagará el Verbo Encarnado a la humanidad el haberle prestado su naturaleza: largitus est nobis suam deitatem, nos ha hecho participantes de su divinidad…

Este niño, siendo el propio Hijo de Dios, posee la vida divina, y en Él habita corporalmente la plenitud de la divinidad; en Él se hallan reunidos los tesoros de la divinidad.

Mas, no los posee únicamente para Sí mismo; antes parece que sólo ansia comunicarnos la vida divina, que es Él mismo… Un Niño nos ha nacido y nos ha sido dado el Hijo: Puer natus est nobis el filium datus est nobis, dice el Introito de esta Misa.

El ser Hijo de Dios, que Jesucristo tiene por naturaleza, lo tenemos nosotros por la gracia. El Verbo Encarnado es el autor de nuestra generación divina, dice la Oración Poscomunión de la Misa de Navidad.

He aquí los dos actos del comercio admirable que Dios realiza entre Él y nosotros: toma nuestra naturaleza con el fin de comunicarnos su divinidad; toma una vida humana para hacernos partícipes de su vida divina; hácese hombre para convertirnos en dioses: Factus est Deus homo, ut homo fieret Deus; y su nacimiento humano es el medio de que nosotros nazcamos a la vida divina…

En nosotros también ha de haber dos vidas; la una natural, que tenemos por nuestro nacimiento, según la carne; la otra es sobrenatural e infinitamente superior a los derechos y exigencias de nuestra naturaleza.

Esta es la que Dios nos comunica por su gracia después de habérnosla merecido el Verbo Encarnado. Dios nos engendra a esta segunda vida por medio de su Verbo y la infusión de su Espíritu en la pila bautismal.

Es una vida nueva que se agrega a nuestra vida natural, aunque superándola y perfeccionándola. Ella nos hace hijos de Dios, hermanos de Jesucristo, dignos de participar un día de su bienaventuranza y de su gloria.

§§§

¿Cómo nos hace partícipes el Verbo Encarnado de su vida divina? Por medio de su humanidad. Ella le sirve de instrumento para comunicarnos su divinidad; y esto por dos motivos: la humanidad hace a Dios visible y a la vez le hace pasible.

En primer lugar, la hace visible. La Encarnación realiza esta maravilla inaudita de ver los hombres a Dios mismo, vivo entre ellos.

Si vivimos iluminados con su luz, seguiremos la verdadera senda que nos lleva a la vida; de tal modo que conociendo a Dios viviente como hombre en medio de nosotros, nos vemos impelidos hacia los bienes invisibles.

Dice el Prefacio de Navidad:

Por el misterio de la Encarnación del Verbo se ha manifestado a los ojos de nuestra alma un nuevo resplandor de tu gloria; a fin de que, llegando a conocer a Dios bajo una forma visible, seamos atraídos por Él al amor de las cosas invisibles.

§§§

La humanidad de Cristo hace a Dios visible; pero lo más estupendo todavía es que hace que Dios sea pasible.

Para poder destruir en nosotros el pecado, exigía la vida divina una cumplida satisfacción, una expiación, sin la cual era imposible recuperarla.

Ahora bien, siendo el hombre simple criatura, estaba incapacitado para dar satisfacción por una ofensa de una malicia infinita, y, por otra parte, la Divinidad no podía sufrir ni expiar.

Dios no puede comunicarnos su vida, mientras no se borre el pecado, y conforme a inmutable decreto de la eterna Sabiduría, el pecado no puede ser borrado, sino mediante una expiación dolorosa. ¿Cómo se resolverá este problema?

La Encarnación del Verbo es la solución que la divina Sabiduría supo encontrar. La humanidad, incorporada al Verbo, es pasible; ella sufrirá y expiará.

Tales sufrimientos y expiaciones pertenecerán, con todo, como la misma humanidad, al Verbo, y recibirán de la Persona divina un valor infinito suficiente para rescatar el mundo, destruir el pecado y hacer aumentarla gracia en las almas.

¡Oh comercio admirable! El Verbo nos pide una naturaleza humana para hallar en ella un medio de padecer, un medio de expiar, un medio de merecer y colmarnos de bienes.

El hombre se apartó de Dios por la carne y Dios libra al hombre haciéndose carne; la carne que asume el Verbo de Dios se convierte en instrumento de salvación para toda carne.

Por eso en la fiesta de Navidad, atribuye la Iglesia nuestra salvación al nacimiento mismo temporal del Hijo de Dios:

Concédenos, oh Dios Omnipotente, que la nueva alianza de tu Hijo en la carne nos libre de la antigua servidumbre que nos tenía cautivos bajo el peso del pecado.

§§§

De cualquier manera que consideremos este comercio o intercambio, y sean cuales fueren los detalles en que nos fijemos, siempre nos parecerá admirable.

Es admirable el parto de una Virgen.

Una madre jovencita ha dado a luz al Rey cuyo nombre es eterno, uniendo la honra de la virginidad a las alegrías de la maternidad.

Admirable, por cierto, se nos presenta la unión indisoluble, aunque sin confusión, de la divinidad y de la humanidad en la Persona única del Verbo.

Admirable es este trueque, por los contrastes que caracterizan su realización: Dios nos da parte en su divinidad, si bien la humanidad que Él toma para comunicarnos su vida divina es débil y sensible al dolor.

Admirable es este intercambio en su origen, que no es otro sino el amor infinito que Dios nos profesa.

Admirable es, por fin; este comercio en sus frutos y efectos, pues por él, Dios nos devuelve su amistad y con ella el derecho de entrar en posesión de la herencia eterna, mirando de nuevo a la santa humanidad de su Hijo con amor y agrado infinitos.

§§§

Moisés, admirando el misterio de la zarza ardiente, decía: iré y veré esta gran maravilla…

¿Cómo no decimos nosotros: Quiero contemplar y dedicarme a conocer siempre más y más la maravilla sobre toda maravilla?

La maravilla de Dios, inmutable por esencia, que empieza a ser…

La maravilla de Dios, que permanece Dios, sin perder nada de su majestad ni de su gloria, y que se apropia las debilidades y las miserias de la triste humanidad…

La maravilla del culto supremo reservado hasta entonces a Dios únicamente, y rendido ahora a un Hombre-Dios, no sólo por los hombres, sino por los Ángeles que adoran en Él a la debilidad omnipotente, al Eterno nacido en el tiempo, al Infinito reducido a un pequeño espacio, al Autor del mundo, descendido a la condición de sus criaturas…

Debemos contemplar y estudiar al Creador en su creatura; al Cielo en la tierra; la gloria suprema en la ignominia; la riqueza infinita en la pobreza; la inmortalidad en la muerte…

Hemos de meditar este misterio de la vida divina en la humanidad, de las perfecciones del Cielo hechas visibles en la tierra, de la más profunda humildad en la más sublime elevación, de la abnegación en la divinidad, de la humildad absoluta en Aquél a quien se debe todo homenaje…

San Pablo hacía de Jesucristo su estudio continuo y su única ciencia. Conocer a Jesucristo era toda su ambición; y en comparación de esta ciencia divina, todo lo demás le parecía una pérdida, más que una ventaja.

Estimamos, pues, apreciemos el estudio y el conocimiento de Jesucristo…

§§§

Reconoce, ¡oh cristiano!, tu dignidad, exclama San León Magno, y, una vez hecho participante de la divinidad, ¡guárdate bien de decaer de tan sublime estado!

Si conocieseis el don de Dios…, decía Nuestro Señor a la samaritana. Si supieseis quién es el Hijo que os ha sido dado… Si le recibieseis cual Él se merece…

No se diga de nosotros: Vino a sus propios dominios, y los suyos no le recibieron…

Tal es la disposición fundamental en que debemos estar para que este admirable comercio produzca en nosotros todos sus frutos.

P. CERIANI

Únicamente la fe nos hará conocer los términos y el modo con que se realiza, así como ahondar en las profundidades de este misterio.

Es la gracia que debemos pedir a la Santísima Virgen y al Buen San José.

SANTORAL 1 DE ENERO


1 de enero


CIRCUNCISIÓN DE NUESTRO SEÑOR



Todo cuanto hacéis, de palabra o de obra, hacedlo
todo en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo. 
((San Pablo a los Colosenses, III, 17)).

   ¡Cuán glorioso es el Nombre de Jesús; mas, cuán caro costó al Hijo de Dios! ¡Le fue menester derramar sangre para merecer este nombre de Salvador; y tú no quieres derramar, para salvarte, ni una lágrima! Es preciso imitar a Jesús en sus sufrimientos o perder la esperanza de acompañarlo en su gloria. Jesús, sed mi Salvador, y pues tanto amor habéis tenido por mí desde el comienzo de vuestra vida, inspiradme vuestro santo amor, a fin de que os ame, si no tanto cuanto merecéis, por lo menos tanto cuanto pueda.        

  MEDITACIÓN
SOBRE LA CIRCUNCISIÓN

   I. Jesús comienza hoy lo que continuará hasta la muerte. Obedece a su Padre celestial, a María y a José.¡Dios obedece a los hombres! Después de esto, ¿tendremos vanidad bastante como para no querer sometemos a los superiores que Dios nos ha dado? Es preciso obedecer a los que ocupan el lugar de Dios, o bien a nuestras pasiones y al demonio. Un Dios obedece a la ley, y nosotros, que no somos sino ceniza y polvo, ¿rehusaremos obedecer a Dios?

   II. En ninguna parte se manifiesta más la humildad del Salvador, que en esta obediencia. En el pesebre, se tomaría a Jesús por un hombre común; aquí, pasa. por pecador. Jesús, que es la santidad misma, quiere abatirse hasta parecer pecador, para honrar a su Padre. Después de esto, ¿tengo derecho a quejarme de las humillaciones que recibo? He nacido en el pecado, he crecido en el pecado; sin embargo, no quiero ser llamado pecador y me irrito si se me desprecia.

   III. La caridad de Jesús brilla en este misterio, toda vez que quiere, desde los primeros instantes de su vida, adoptar el nombre de Salvador(1) y darnos su sangre y sus lágrimas como prenda de su amor. Esa sangre y esas lágrimas que derrama, son el len guaje de su corazón: nos dice con ellas que quiere vivir, sufrir y morir por nosotros. Comencemos pues, este año, imitando su obediencia y su humildad. Amémoslo durante todo este año, hagamos todo en Nombre de Jesús. Dios mío, soy todo vuestro, du rante este año, y para el resto de mi vida.

Humildad
Orad por la Iglesia. 

ORACIÓN

   Oh Dios, que habéis constituido a vuestro Unigénito Salvador del género humano, y habéis ordenado que se le llamase Jesús, haced, por vuestra misericordia, que después de haber honrado su Santo Nombre en la tierra, tengamos la dicha de contemplarlo a Él mismo en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.

FELICES FIESTAS!

No pude mandar salutaciones navideñas  ni de año nuevo a tiempo, pero igual deseo a todos los lectores un bendito Año Nuevo en el Señor, con muchas gracias del Cielo y riquezas para el cuerpo  y el alma. Dios los bendiga!



sábado, 31 de diciembre de 2011

SANTORAL 31 DE DICIEMBRE


31 de diciembre



SAN SILVESTRE,
Papa



H e combatido con valor, he concluido la carrera,
he guardado la fe. Nada me resta sino aguardar
la corona de justicia que me está reservada.
(2 Timoteo, 4, 7-8).

   San Silvestre I se había distinguido por su celo y su caridad durante la primera persecución. Subió a la cátedra de San Pedro en el año 314, menos de un año después del edicto de Milán, que concedía la paz a la Iglesia. Recibió de Constantino el palacio de Letrán y en él estableció su morada, así como la basílica principal de Roma. El mismo año envió delegados al Concilio de Arlés, donde fueron condenados los donatistas, y después, en el año 325, al Concilio general de Nicea, que anatematizó a Arrio. Murió San Silvestre en el año 335.

MEDITACIÓN
TRES REFLEXIONES
SOBRE EL AÑO TRANSCURRIDO

    I. ¿Podría decir con verdad como San Pablo: He combatido con valor, he concluido la carrera, he guardado la fe? Hete aquí al término del año; repasa en tu espíritu todo el bien y todo el mal que has hecho durante este año, y mira si tus buenas acciones son más numerosas que las malas. ¿Cuántos días transcurrieron sin que hicieras nada para Dios? Sin  embargo, este año te fue dado únicamente para servirlo, para hacer penitencia de tus pecados y merecer el cielo mediante la práctica de las buenas obras.

   II. ¿Dónde están ahora los placeres y los honores de que gozaste durante este año? ¡Todo ha pasado, y no te queda sino el triste recuerdo de haber ofendido a Dios por bienes pasajeros y falaces! ¿No es verdad que, al contrario, experimentas una gran alegría por el bien que hiciste tratando de agradar a Dios? Ya no experimentas el esfuerzo que tus buenas obras te costaron, y tienes la esperanza de ser recompensado por ellas. Tu vida pasará como este año, tus placeres pasarán tanto como tus trabajos, y el único consuelo que te quedará será haber servido al Señor. ¿Quién me devolverá este día, este año que perdí en la vanidad? (San Euquerio).

   III. Acaso pasaste parte de este año en pecado mortal. Si durante esa época hubieras muerto, ¿dónde estarías ahora? Dios te ha dado tiempo para hacer penitencia; aprovéchalo mejor en lo porvenir ¡acaso no tengas más que este año de vida! Prepárate, pues, a morir, haz una buena confesión, y si quieres pasar santamente todos los días del año que va a comenzar piensa todos los días en la muerte y en la eternidad. Dios te ha ocultado tu último día, para que te prepares a él todos los días de tu vida. (San Agustín).

El pensamiento de la muerte Orad
por vuestros bienhechores.

ORACIÓN

   Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño, y guardadlo con protección constante por vuestro bienaventurado Sumo Pontífice Silvestre, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 30 de diciembre de 2011

SANTORAL 30 DE DICIEMBRE


30 de diciembre



SAN SABINO,
Obispo y Confesor



En esto conocerán todos que sois mis discípulos,
si os amáis unos a otros.
(Juan, 13, 35).

   San Sabino, obispo de Asís, invitado a adorar una estatua de Júpiter, la tomó en sus manos y la arrojó al suelo, donde se hizo pedazos. el gobernador le hizo cortar las manos y lo condenó a morir en prisión perpetua. El juez a cuya guarda fuera confiado se convirtió al ver sus milagros y, a su vez, padeció el martirio poco después de la muerte de San Sabino.

MEDITACIÓN
SOBRE EL AMOR AL PRÓJIMO

   I. Se debe hacer al prójimo todo el bien que se pueda, asistirlo en sus necesidades materiales y espirituales. ¿Has cumplido durante este año este primer deber de la caridad cristiana? ¿Cómo has trabajado en la conversión de las almas, en la práctica de las obras de misericordia corporales y espirituales? ¿Cuántas ocasiones has perdido de acudir en ayuda de Jesucristo en la persona de tu prójimo? No te gloríes de amar a Dios si no amas a tu prójimo. Si alguien dice que ama a Dios y, al mismo tiempo, aborrece a su hermano, es un mentiroso. (San Juan).

   II. Ten cuidado de no herir a tu prójimo con tus palabras o tus actos; el que ofende a su prójimo ofende a Jesucristo, porque lo que hicieres al menor de los hombres a Jesucristo mismo se lo haces. Ten buena opinión de los demás y juzga favorablemente sus acciones. ¿Has observado estos preceptos en el curso de este año? ¿Cuántas veces has desobedecido a tus superiores y dado motivo de descontento a tus iguales y a tus inferiores? ¿No tienes enemigos? Si los tienes, reconcíliate con ellos lo antes posible.

   III. En una palabra, ¿has tratado a los otros como quisieras ser tratado tú mismo? Quieres ser estimado, alabado, honrado, quieres que se te perdonen tus faltas y que se hable bien de ti: ¿tienes para con los demás la caridad que exiges de ellos? Sé familiar con tus amigos, afable y equitativo para con todos. Dios permitirá que se te trate como tú hayas tratado a los demás, y Él mismo usará contigo la medida que tú hayas usado con tu prójimo. No hagas a otro la que no quisieras que se te haga a ti.

El amor al prójimo 
Orad por vuestros enemigos.

ORACIÓN

   Dios omnipotente, mirad nuestra flaqueza, ved cómo el peso de nuestras obras nos abruma, y fortificadnos por la gloriosa intercesión de San Sabino, vuestro mártir y pontífice. Por J. C. N. S. Amén.



jueves, 29 de diciembre de 2011

SANTORAL 29 DE DICIEMBRE



29 de diciembre




SANTO TOMÁS BECKET,
Obispo y Mártir



El que guarda los mandamientos
mora en Dios, y Dios en él.
(1 Juan, 3, 24).

   Nacido en Londres en 1118, Santo Tomás Becket estudió en Oxford y en París. Llegó a ser canciller de Inglaterra bajo el reinado de Enrique II y después arzobispo de Cantorbery en 1162. Fue perseguido por el rey por haber defendido las inmunidades de la Iglesia y se retiró a Francia por espacio de siete años, alimentándose de legumbres, acostándose en el duro suelo y llevando siempre un cilicio. Intervino una reconciliación y Santo Tomás fue finalmente restablecido en su cargo; pero, cuatro semanas después de su vuelta a Inglaterra, fue asesinado al pie del altar, en 1170. Enrique II protestó no haber ordenado este crimen y fue descalzo a su tumba al año siguiente.

MEDITACIÓN
SOBRE EL AMOR DE DIOS

   I. Meditemos en estos tres últimos días del año, acerca de nuestros deberes para con Dios, para con el prójimo y para con nosotros mismos. Has sido creado para amar a Dios sobre todas las cosas; éste es tu único quehacer, todo lo demás nada es. Dime, por favor, ¿qué has hecho durante este año? Examina tus acciones, tus pensamientos y tus palabras. De días pasados, de tantas horas transcurridas, s has consagrado al servicio de Dios? ¡Oh gran Dios! ¡Vos queréis hacerme dichoso eternamente, y yo rehúso serviros durante los pocos momentos que me quedan de vida!

   II. ¿Qué has hecho contra Dios? ¿Cuántas veces has desobedecido a sus mandamientos y rechazado sus inspiraciones? ¿Cuántas veces has abusado gracias y profanado sus sacramentos? Interroga a tu conciencia, y di con David: "Contra Vos solo, Dios mío, he pecado". He guardado las apariencias, he querido contentar a los hombres con una devoción de puro alarde, pero no he podido con ello contentar a Dios que ve hasta el fondo de mi alma. He pecado contra Vos solo y he hecho el mal en vuestra presencia. (El Salmista).

   ¡Cuántas cosas pudiste hacer por Dios y no hiciste! Y sin embargo ¿Pudo acaso Dios hacer por ti más de lo que hizo? Pongamos, pues, manos a la obra, demos al Señor el resto de nuestra vida. Bastante hemos trabajado para nuestro cuerpo y para la tierra, hagamos algo para nuestra alma y para el cielo. Hemos dado un año a nuestro cuerpo, demos algunos días a nuestra alma; vivamos un poco para Dios, después haber vivido tanto para el siglo. (San Pedro Crisólogo).

El amor de Dios
Orad por el Papa.

ORACIÓN

   Dios, que habéis visto caer al glorioso pontífice Tomás bajo la espada de los impíos por la causa de vuestra Iglesia, haced, os lo conjuramos, que todos imploran su auxilio obtengan el efecto saludable de sus ruegos. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

PROGRAMA PARA VIVIR EN LA INHÓSPITA TRINCHERA III

 PROGRAMA PARA VIVIR

EN LA INHÓSPITA TRINCHERA




Visto en: Radio Cristiandad


Enséñame, Señor, a amar tu Cruz

Dios mío…, Dios mío…, enséñame a amar tu Cruz. Enséñame a amar la absoluta soledad de todo y de todos. Comprendo, Señor, que es así como me quieres, que es así de la única manera que puedes doblegar a Ti este corazón tan lleno de mundo y tan ocupado en vanidades.

Así, en la soledad en que me pones, me enseñarás la vanidad de todo, me hablarás Tú solo al corazón y mi alma se regocijará en Ti.

Pero sufro mucho Señor…, cuando la tentación aprieta y Tú te escondes…, ¡cómo pesan mis angustias!…

¡Silencio pides!… Señor, silencio te ofrezco.

¡Vida oculta!… Señor, sea tu Corazón mi escondrijo.

¡Sacrificio!… Señor, ¿qué te diré?, todo por Ti lo di.

¡Renuncia!… Mi voluntad es tuya, Señor.

¿Qué queréis, Señor de mí?

¡¡Amor!! ¡Ah!, Señor, eso quisiera poseer a raudales. Quisiera, Señor, amarte como nadie. Quisiera, Jesús mío, morir abrasado en amor y en ansias de Ti.

¿Qué importa mi soledad entre los hombres? Bendito Jesús, cuanto más sufra…, más te amaré.

Más feliz seré, cuanto mayor sea mi dolor.

Mayor será mi consuelo, tanto más carezca de él.

Cuanto más solo esté, mayor será tu ayuda.

Todo lo que Tú quieras seré.

Mi vida quisiera, que fuera un solo acto de amor, un suspiro prolongado de ansias de Ti.

Quisiera que mi pobre y enferma vida fuera una llama en la que se fueran consumiendo por amor…, todos los sacrificios, todos los dolores, todas las renuncias, todas las soledades.

Quisiera que tu vida, fuera mi única Regla. Que tu “amor eucarístico”, mi único alimento. Tu evangelio, mi único estudio. Tu amor, mi única razón de vivir.

Quisiera dejar de vivir, si vivir pudiera sin amarte.

Quisiera morir de amor, ya que solo de amor vivir no puedo.

Quisiera, Señor,… volverme loco… Es angustioso vivir así.

¡Es tan doloroso querer amarte y no poder!

Es tan triste arrastrar por el suelo del mundo la materia que es cárcel del alma que solo suspira por Ti…

¡Ah!, Señor, morir o vivir, lo que Tú quieras…, pero por amor.

Ni yo mismo sé lo que digo, ni lo que quiero… Ni sé si sufro, ni si gozo…, ni sé lo que quiero ni lo que hago.

Ampárame, Virgen María… Sé mi luz en las tinieblas que me rodean. Guíame en este camino en que ando solo, guiado solamente por mi deseo de amar entrañablemente a tu Hijo. No me dejes, Madre mía.

Ya sé que nada soy y que nada valgo… Miseria y pecados, eso es lo único, y lo mejor, que puedo alegar para que tu atiendas mi oración.

Ayúdame a seguir los consejos de la Imitación de Cristo, que me dice que no busque nada en las criaturas y me refugie en el Corazón de Cristo.

Nada quiero que no sea Dios… Fuera de Él todo es vanidad.




SEGUNDO DOMINGO DE EPIFANÍA

Terminada la vida privada de Nazaret, da Jesús comienzo a su vida pública… y la primera manifestación milagrosa de ella fue el prodigio realizado en Caná por intercesión…, casi podemos decir, por mandato de su Madre…

Y entonces llegó a faltar el vino.

Fue Nuestra Señora la que en seguida lo advirtió… ¡Qué mirada la suya! ¡Tan fina y penetrante!… ¡Nada se la escapa!…

También Jesús lo supo; pero no hizo ni dijo nada…, dejó obrar a su Madre…, quería que fuese cosa suya.

Y entonces, volviéndose a Jesús, le dice: No tienen vino…

¡Qué palabras!… ¡Qué sencillas! ¡Y cuánto encierran!…

No son un mandato… Ni siquiera una súplica… Sólo encierran la exposición de una necesidad…

No tienen vino… Ella no duda de que Jesús lo solucionará. No es necesario que pida y ordene. Basta que dé a entender su deseo, y Él lo comprenderá.

El deseo del Corazón de la Madre, es ley y mandato para el Corazón del Hijo…

El tono expuesto en las palabras de la Virgen a Jesús no es ni de orden ni de súplica. Es el tono de una súplica que equivale a una orden; el tono de quien posee poder legítimo eminente para hacerse escuchar, y derecho absoluto a ser escuchado. Se trata de una mediación soberana.

Jesús, sin embargo, parece rechazarla en esta ocasión y le contesta: ¿Qué nos importa a ti ni a mí de este asunto?

Y como si fuera esto poco, Jesús añade: Aún no ha llegado mi hora… No es éste el momento propicio…, ni la hora determinada por mi Padre para hacer milagros y manifestarme con prodigios…

Todo esto debería haber acobardado a María. Había fracasado en su primer intento. Las dificultades que Jesús oponía eran tales, que lo mejor era callar.

Así parece que hubiéramos juzgado, vista la cosa con ojos humanos…

Pero María no lo entendió así; y como si Jesús hubiera respondido de modo completamente favorable, demostrando estar dispuesto a todo lo que Ella quería, se pone a mandar, llamando a los criados, y les dice: Haced cuanto mi Hijo os diga…

Y con esto Jesús queda comprometido…; ya no tiene más remedio que hacer algo…, y por voluntad de su Madre obra su primer y gloriosísimo milagro…

Muy grande fue el milagro del agua transformada en vino; pero mayor aún es este milagro del poder de María… el de la omnipotencia suplicante de María…

Parece que Dios no se propuso otra cosa, en esta ocasión, que el de demostrarnos la fuerza de este poder de María.

La omnipotencia suplicante de la Virgen es un don divino. Correlativo a la gracia de la Maternidad Divina, es el mayor poder que se haya dado a una simple criatura.

Dios, al conferir esta gracia a María Santísima, ha vinculado para siempre a ella la omnipotencia creadora.

¡Qué cosa más admirable!… ¡¿Qué será María delante de Dios cuando tanto es su poder?!

Habla la Mujer, la mujer por excelencia, Nuestra Señora, Reina del universo…

¿Qué es esto que nada se hace por el Hijo de Dios sin María?… ¿No nos espanta y admira esta disposición de Dios de asociar a María a todas sus obras?…

Pues si así es, nuestra misma salvación y santificación de Ella dependen…, de Ella han de venir…, a Ella se las debemos confiar.

Y ¡con cuánta seguridad debemos confiárselo todo a Ella!

Lancémonos sin miedo en brazos de Madre tan poderosa…; expongámosle nuestras miserias…, nuestras necesidades…; que la que no sufrió la falta de vino en unas bodas, menos sufrirá la falta de virtudes en nuestro corazón, si a Ella acudimos y si a Ella le pedimos el remedio.

Vengamos ahora a una aplicación práctica, concreta para nuestros tiempos…

La Madre de Dios, por su Inmaculada Concepción y su Maternidad virginal, aplasta la cabeza del dragón infernal.

Ella domina como Soberana todos los tiempos de nuestra historia, y sobre todo el más formidable para las almas: el momento de la llegada del Anticristo y de su Falso Profeta, así como aquellos tiempos de la preparación de éstos dos por sus diabólicos precursores.

María Santísima se manifiesta no sólo como la Virgen que consuela en las horas de angustia para la sociedad terrena, sino que Ella se presenta como la Virgen poderosa, fuerte como un ejército en orden de batalla, en los períodos de devastación de la Iglesia y de agonía espiritual para sus hijos.

Ella es la Reina de toda la historia de la humanidad; no sólo en momentos de angustia, sino principalmente para el fin de los tiempos, los tiempos particularmente apocalípticos.

Incluso cuando el Anticristo y su Falso Profeta irrumpan en el interior mismo de la ciudad Santa, la Iglesia no cesará de ser la Santa Iglesia: ciudad bien amada, inexpugnable para el diablo y sus secuaces; ciudad pura e intachable, cuya Reina es Nuestra Señora.

Ella es la Reina Inmaculada, que hará abreviar los sombríos días del Anticristo. También, y especialmente, durante este período, Ella obtendrá la perseverancia y la santificación para sus hijos.

Su presencia, desde Caná hasta el Calvario, para cuando se reservó el Vino de mayor calidad, nos prueba su fidelidad. Unida estrechamente a la Hora de su Hijo, a su sacrificio redentor, Ella obtiene las gracias de adopción para sus hijos, miembros del Cuerpo Místico.

Su mediación obtiene todas las gracias; las gracias para enfrentar las tentaciones y las tribulaciones ordinarias, pero también las necesarias para perseverar y santificarse, resistiendo en el peor de los momentos de la Iglesia de Jesucristo, el de la autodestrucción.

La Virgen Madre nos hace comprender, sin dar lugar a la más mínima duda, que Ella será capaz de sostener a sus hijos mediante una intercesión maternal omnipotente.

La ocupación de la Iglesia, los puestos de mando usurpados por el modernismo en todos los niveles de la jerarquía, sin excluir el más elevado, es un drama sin precedentes; pero las gracias obtenidas por la Madre del Hijo de Dios son más profundas que esta tragedia.

Todos aquellos a los cuales Nuestro Señor Jesucristo, por una singular muestra de honor, convoca a una mayor fidelidad en la lucha contra los precursores del Anticristo y de su Falso Profeta introducidos en la Iglesia, debemos confirmar y robustecer nuestra fe y esperanza en la divinidad de Jesús, en la Maternidad divina de María y en su Maternidad espiritual.

Recurramos a Nuestra Señora en nuestra calidad de hijos suyos; y a continuación experimentaremos que los tiempos del Anticristo y de su Falso Profeta son tiempos de Victoria: victoria de la plena redención de Jesucristo y de la soberana intercesión de María.

Entretanto, debemos estar muy atentos a las palabras de la Madre de Jesús, y Nuestra Madre, en razón de que en varias ocasiones se ha manifestado para advertirnos sobre la gravedad de la hora que vivimos.

La Virgen Inmaculada, en efecto, siempre presente junto a sus hijos, nos ha visitado más especialmente en los últimos tiempos.

Es siempre la misma Virgen María Inmaculada, y siempre es el gran drama de la redención de los hombres. La única diferencia es que los siglos han pasado y el drama ha tomado ribetes de mayor gravedad; por eso Nuestra Madre y Reina interviene, insistiendo para hacerse escuchar.

A pesar de los nuevos peligros que amenazan a la Iglesia; sea lo que sea de la organización de la contra-Iglesia y de los preparativos y progresos del Anticristo y de su Falso Profeta, la Virgen María está siempre presente en medio de sus hijos, potente e invencible, como en Caná, Ella nos guarda en su oración y en su Corazón.

Nuestra Madre nos ha recordado la gravedad del momento histórico, que es nuestra historia; Ella intervino específicamente para ello. Nuestro combate no es contra la carne y la sangre, sino contra los ángeles malos en persona, que quieren adueñarse de la historia.

Son ellos los que han sugerido a los hombres la idea sacrílega de organizar el mundo no sólo para perder las almas, sino también para neutralizar las posibles reacciones y poder convertir al mundo en una cómoda antecámara del infierno eterno.

Hace tres siglos la humanidad elaboró un proyecto de apostasía general; hoy en día podemos comprobar que ese designio demoníaco se ha realizado.

¿Cómo no invocar a Nuestra Señora y decirle, con una súplica humilde y vehemente, que lo que nos pide nos supera; pero también que tenemos una confianza ilimitada en su intervención?: ad Te clamamus exsules filii Evae… eia ergo, Advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte…

Mujer, he aquí a tu hijo… Que estas últimas palabras de Jesús agonizante, válidas para todos los hombres de todos los siglos, tengan cumplida cuenta para nosotros y para nuestra hora aciaga…, para la gloria de Jesucristo, para el honor de la Virgen Inmaculada…, para la salvación de nuestras almas.

Para que esto sea realidad, tengamos en cuenta aquellas otras palabras:

He aquí a tu Madre… Demuestra, pues, que eres un buen hijo…

Haced todo cuanto Él os diga…

Y el vino de la última hora resultará ser el de mayor calidad, tal cual nunca hubo otro…

P. Ceriani

SANTORAL 28 DE DICIEMBRE



LOS SANTOS INOCENTES,
Mártires



Herodes mandó matar a todos los niños que había
en Belén y en toda su comarca, de dos años abajo.
(Mateo,2, 16).

   Había Jesús nacido en Belén, y los magos vinieron de Oriente a la corte de Herodes para averiguar dónde acababa de nacer "el rey de los judíos". Turbóse Herodes, y, habiendo convocado a los príncipes de los sacerdotes, les preguntó donde debía nacer el Cristo. Llamó después a los magos en secreto y les dijo: "Id, informaos con cuidado acerca de este niño, y cuando lo hayáis encontrado, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarlo". Pero los magos, advertidos por el Cielo, no volvieron. Se enfureció Herodes e hizo degollar a todos los niños de Belén y sus alrededores, hasta la edad de dos años. Este bautismo de sangre envió muchos ángeles al cielo.

MEDITACIÓN
SOBRE LA FIESTA
DE LOS SANTOS INOCENTES

    I. Estos niños vertieron su sangre por Jesucristo antes de conocerlo. Hace ya tantos años que tú conoces a Dios y los beneficios con que te ha colmado, y ¿cómo lo has servido? Dale la flor de tu vida, conságrale a su servicio tus mejores años, como los santos inocentes. ¡Dichosos niños, no pueden aún pronunciar el nombre de Cristo, y ya merecen morir por Él! (San Eusebio).

   II. No es hablando, sino sufriendo y muriendo, como estas primicias de los mártires, estas flores de la naciente Iglesia confesaron la fe de Jesucristo. A menudo Dios pide que tú lo confieses callándote y sufriendo. Te calumnian, te persiguen: sufre, cállate. ¡Ah! ¡cuán elocuente testimonio de tu fidelidad es esta paciencia muda! En vano dices que eres totalmente de Dios: corresponde que lo digan tus acciones; trabaja por Dios, sufre por amor suyo.

   III. Debes ser inocente como estos niños si quieres entrar en el cielo: Si perdiste la inocencia bautismal, es preciso que laves tu alma en las amargas aguas de la penitencia. Ojos míos, derramad vuestras lágrimas para extinguir el fuego del infierno y aun del purgatorio, y para lavar mis pecados; porque nada que esté sucio entrará en el reino de los cielos. ¡Dichoso si a semejanza de estas santas almas, podemos obtener la corona del martirio! Esta edad, todavía no apta para la lucha, está ya madura para la victoria.

La pureza
Orad por los niños de China.

ORACIÓN

   Oh Dios, cuyos Inocentes mártires publican hoy la gloria no con sus palabras sino con su sangre, haced morir en nosotros los vicios todos, a fin de que la santidad de nuestra vida venidera proclame la fe que confiesan nuestros labios. Por J. C. N. S. Amén.