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domingo, 20 de noviembre de 2011

SERMÓN PARA LA DOMÍNICA 24 POST PENTECOSTÉS

VIGESIMOCUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS



Por tanto, cuando viereis que la abominación de la desolación, que fue dicha por el profeta Daniel, está en el lugar santo, el que lee entienda. Entonces los que estén en la Judea, huyan a los montes. Y el que en el tejado, no descienda a tomar alguna cosa de su casa. Y el que en el campo, no vuelva a tomar su túnica. ¡Mas ay de las preñadas y de las que crían en aquellos días! Rogad, pues, que vuestra huida no suceda en invierno o en sábado. Porque habrá entonces grande tribulación, cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora ni será. Y si no fuesen abreviados aquellos días, ninguna carne sería salva; mas por los escogidos aquellos días serían abreviados.

Entonces si alguno os dijere: Mirad, el Cristo está aquí o allí, no lo creáis. Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y darán grandes señales y prodigios, de modo que, si puede ser, caigan en error aun los escogidos. Ved que os lo he dicho de antemano. Por lo cual si os dijeren: He aquí que está en el desierto, no salgáis; mirad que está en lo más retirado de la casa, no lo creáis. Porque como el relámpago sale del Oriente, y se deja ver hasta el Occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. Donde quiera que estuviese el cuerpo, allí se juntarán también las águilas.

Y luego después de la tribulación de aquellos días el sol se oscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo y las virtudes del cielo serán conmovidas:

Y entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo, y entonces plañirán todas las tribus de la tierra.

Y verán al Hijo del hombre que vendrá en las nubes del cielo con gran poder y majestad.

Y enviará sus ángeles con trompetas y con grande voz: y allegarán sus escogidos de los cuatro vientos, desde lo sumo de los cielos hasta los términos de ellos.

Aprended de la higuera una comparación: cuando sus ramos están ya tiernos, y las hojas han brotado, sabéis que está cerca el estío: pues del mismo modo, cuando vosotros viereis todo esto, sabed que está cerca, a las puertas.

En verdad os digo, que no pasará esta generación, que no sucedan todas estas cosas: el cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

Por caer tan tardíamente este año la Pascua, los Domingos después de Pentecostés se ven reducidos a veintitrés; pero como siempre el postrimero ha de ser el Vigesimocuarto, los textos de la Misa de hoy se toman de este último, y la Misa del Vigesimotercero ha sido anticipada el día de ayer.

Después del episodio del óbolo de la viuda, y saliendo ya del Templo para no volver más a él, los discípulos dirigen al Señor unas palabras para llamar su atención sobre la magnífica mole del templo herodiano. Jesús contesta afirmando solemnemente la destrucción de aquella maravillosa obra.

Fíjase la respuesta del Maestro en la mente de los discípulos; atraviesan todos la ciudad y el torrente Cedrón, ascienden por la ladera del Monte de los Olivos, camino de Betania, cuando al llegar a un punto en que se domina la ciudad y el Templo, siéntase Jesús, mientras sus discípulos aprovechan la oportunidad para escudriñar su pensamiento sobre la gran catástrofe que ha anunciado.

Entonces es cuando Jesús pronuncia el importantísimo Discurso o Sermón que vamos a comentar, el último de su vida, y que porque contiene la última palabra o la predicción de los últimos hechos, se llama escatológico.

Jesús pronunció en este Discurso una serie de oráculos relativos a la destrucción de la ciudad y del Templo de Jerusalén, a su segundo advenimiento y al fin del mundo; pero dejó en la penumbra la relación concreta entre los signos precursores y el hecho que deberán anunciar.

Una parte del contenido de este Discurso está oculta aún en los arcanos de la ciencia de Dios: no quiso revelárnoslo por su Hijo, para que también nosotros estemos en continua vigilancia; sólo quiso levantar el Señor una punta del velo que oculta los grandes acontecimientos de los últimos días de la humana historia.

Pero la parte de los vaticinios que se ha cumplido ya fidelísimamente, es garantía de que se cumplirán también los demás, con la fidelidad con que responden los hechos a la palabra de Dios: el cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán…

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El significado primero de Parusía es presencia, en contraposición de ausencia. De este significado se deriva el de presencia del que viene, venida, vuelta.

En los Papiros, desde el siglo III antes de Cristo, expresa un término técnico para designar la llegada de un Rey o Emperador a una ciudad con su recibimiento triunfal.

Este sentido último es el que estaba en uso en tiempo de Jesucristo y del Cristianismo naciente y nada tiene de extraño que los primeros cristianos se sirvieran de esta palabra como de la más indicada para designar la Segunda y Última Venida de Cristo, en poder y majestad.

Los Apóstoles no creían que la manifestación gloriosa de Cristo tendría lugar como el acto final de la historia del mundo.

Por eso, su pregunta versa directa y principalmente sobre la manifestación gloriosa de Cristo, en la que pensaban se originaría una profunda renovación religiosa y un comienzo de nuevos tiempos…

La respuesta de Jesús a la pregunta de los Apóstoles constituye el gran Discurso o Sermón escatológico.

La idea central es la misma que la parte principal de la pregunta: La Parusía.

En torno a ella gira todo el Discurso, que no viene a ser otra cosa que una historia del Reino de Dios en la tierra hasta la Parusía de Cristo Nuestro Señor, para su congregación definitiva y la entrega al Padre.

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A la terribilidad de los signos precursores del Advenimiento del Hijo del hombre seguirá la magnificencia de su Parusía.

En medio del universal terror y expectación, verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes del cielo con grande poder y majestad y gloria. Es ello una alusión a la profecía de Daniel: Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.

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Y entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo, y entonces plañirán todas las tribus de la tierra. Y verán al Hijo del hombre que vendrá en las nubes del cielo con gran poder y majestad.

La descripción de la Venida del Hijo del hombre, es igual en los tres Evangelistas. Nuestro Señor Jesucristo vendrá sobre las nubes, como Dios, Rey y Señor del Universo; con gran poder y majestad; no como en su vida mortal.

San Mateo nos ha conservado en esta parte referente a la Manifestación gloriosa del Hijo del hombre, dos rasgos propios: La aparición de la señal del Hijo del hombre en el cielo y la compunción de las tribus de la tierra.

Mucho han discutido los intérpretes sobre qué será y a qué se referirá la señal del Hijo del hombre en el cielo.

Aparecerá la Santa Cruz, señal de Cristo por antonomasia, instrumento de la redención, que así será glorificada para gozo de los justos y terror de los réprobos, apareciendo luminosa en las regiones superiores, substituyendo su luz a la de los astros en tinieblas.

La común opinión de los Padres de la Iglesia creyó siempre que esta señal de Cristo es la Cruz, que vendrá en el aire precediéndolo, porque es su estandarte, el símbolo de su victoria: Vexilla regis prodeunt, fulget crucis mysterium…

La Iglesia hace suya esta interpretación, que tiene en su favor el gran peso de la Tradición, en la fiesta de la Invención de la Santa Cruz.

La Liturgia canta en el Oficio de la Santa Cruz: Hoc signum Crucis erit in cælo, cum Dominus ad judicandum venerit… Este signo de la Cruz estará en el cielo, cuando el Señor venga para juzgar…

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En estas palabras del Señor se encierra una manifiesta alusión al signum de cælo a que Escribas, Fariseos y Saduceos apelaban en son de triunfo e imposición durante la vida pública del Maestro: Se acercaron los fariseos y saduceos y, para ponerle a prueba, le pidieron que les mostrase una señal del cielo. (Mt 12, 38-42; 16, 1-2; 16, 4; Mc 8, 11-12; Lc 11, 16; 11, 29-32).

No deja de ser verosímil que para mayor confusión de los enemigos de Cristo, se convierta ésta en la señal del cielo por ellos exigida.

Jesús no había de someterse a sus ridículas pretensiones. Era El Hijo del hombre, El Siervo de Yahvé, cuya misión y modo de llevarla a cabo estaba profetizado en el Antiguo Testamento. Sus milagros no habían de ser otros que los vaticinados o figurados en la Ley y los Profetas.

Dios ha escogido un plan divino de libertad y de mérito en que es necesario el homenaje del hombre a la Fe.

Llegará empero un día en que, puesto por el Padre fin a la obra de la Redención, aparecerá Cristo en el cielo, ya no como humilde Siervo de Yahvé, cuya misión habrá terminado, sino como Dios; como quien ha sido constituido por el Padre, en premio a su humillación redentora, Señor del Universo y Juez Supremo del mundo, ante cuyo acatamiento han de doblar la rodilla el cielo, la tierra y los infiernos, y toda lengua ha de confesarle por Rey, Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Al verle aparecer con tal poder y majestad imponente, se compungirán todas las tribus de la tierra.

Es el Señor que, recibido su Reino, viene a pedir cuentas a sus súbditos.

Quienes principalmente se verán confundidos, serán sus enemigos: los que le odiaban y no quisieron que reinara sobre ellos; los que al prometerles la señal del cielo tuvieron su profecía por blasfema bravata, digna de muerte.

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Descrita en los versículos anteriores la Parusía del Hijo del hombre, pasa San Mateo a describirnos la finalidad de la Segunda Venida de Cristo: La reunión de los elegidos o La congregación del Reino de Dios, que manifiesta claramente la divina Realeza del Hijo del hombre.

Aparece rodeado de su corte, sus ministros, los Ángeles; a quienes envía a congregar a sus elegidos, los hijos del Reino, a toque de trompeta de clamoroso y penetrante sonido.

Este detalle de la trompeta es una imagen que debe su origen a la costumbre de convocar a reunión a son de tubas; y es aptísima para este lugar, puesto que trae a la memoria la gran congregación figurativa del pueblo de Israel; la convocación militar para las batallas; y la majestad de Dios, aparecida en el Sinaí.

La reunión del último día será la más solemne de cuantas jamás han existido, en la que aparecerá la majestad divina a convocar a los justos para el eterno jubileo, decretando a la vez el castigo sin fin de los malvados.

La trompeta se dice que será de sonido estruendoso, porque ha de convocar a todos los elegidos, aun a aquellos que duermen el sueño de la muerte.

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… Del mismo modo, cuando vosotros viereis todo esto, sabed que está cerca, a las puertas.

¿A qué se refiere el Señor cuando dice todo esto? ¿Qué es lo que estará entonces cerca, a las puertas?

Obviamente, parece que ha de ser todo lo profetizado anteriormente, y lo cercano es el fin, la Venida del Hijo del hombre, su Parusía, y el Reino de Dios, como lo indica San Lucas.

Así lo entendieron generalmente los Santos Padres y Comentaristas antiguos.

La expresión Reino de Dios, que trae San Lucas, ha de entenderse aquí en su fase definitiva, es decir, la congregación de los elegidos, finalidad de la Parusía.

Si se tratase de la dilatación del Reino de Dios, ¿a qué vendría el decir el Reino de Dios estará cerca, cuando el mismo San Lucas había dicho ya que el Reino de Dios había llegado y se anunciaba ya como presente desde la predicación del Bautista?

No hay que perder nunca de vista que el tema principal del Discurso escatológico, alrededor del cual gira todo él, es la Parusía en sus relaciones con el Reino de Dios.

No se trata de dos temas independientes y de parecido valor, la ruina de Jerusalén y el fin del mundo, sino de uno central solamente.

Terminado propiamente el Discurso, el Señor parece como volver sobre sus pasos a dar una respuesta a las preguntas de los Apóstoles, no en lo que pudieran tener de ambición o curiosidad, sino en lo que tienen de útil para regular su conducta y la de los futuros fieles, en espera de la Parusía de su Maestro.

Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, sabed que está cerca, a las puertas…

¿Qué cosa?

Algo bueno, sin duda…

La Parusía, el Reino de Dios de que nos habla San Lucas, la congregación de los elegidos…

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Del análisis exegético del Sermón escatológico se deduce, pues, que la idea central, que late en todo él, el tema principal, que se va desarrollando en todas sus partes, es el del Reino de Dios.

Si se considera detenidamente la pregunta de los Apóstoles, que origina este discurso, y sobre todo si se la examina a la luz de la respuesta del Señor, se verá que el Reino de Dios es su tema central.

Claro está que el Reino de Dios en la mente de los Apóstoles no tenía su verdadera significación. Imbuidos de falsas ideas mesiánicas, soñaban con una manifestación gloriosa de Cristo, que daría comienzo al Reino de Dios, consistente en un nuevo e inusitado esplendor de la Antigua Teocracia.

Pero allí está el Maestro, que todo lo sabe, para poner las cosas en su punto.

De este modo, vemos cómo la misma Parusía se subordina al Reino de Dios, pues tendrá como fin su congregación definitiva.

El Discurso escatológico no viene a ser sino una página, la más sintética y grandiosa, del Evangelio del Reino: la historia del Reino de Dios vista y expuesta proféticamente.

Los Apóstoles parecían soñar con una gloriosa restauración de la Antigua Teocracia, y el Señor les expone la cruda realidad de este punto: impenitentes y rebeldes a la última gracia, las autoridades y la mayoría del Pueblo, la Antigua Teocracia, vacía ya de sentido desde la Muerte y Resurrección de Cristo, se derrumbaría irremisiblemente.

La Parusía de Cristo no tiene otro fin que la reunión de los elegidos: El Reino Eterno de Dios, para entregarlo en manos del Padre a fin de que sea Él todo en todos.

El Maestro, que ha ido desvaneciendo a través del Discurso las vanas ilusiones de sus Apóstoles respecto de su misión y de los destinos gloriosos del pueblo judío, poniendo ante sus ojos el panorama de la realidad dolorosa de la lucha del Reino de Dios en la tierra, iluminado, es verdad, con el triunfo rotundo de la Parusía, explica por último la intima relación que media entre ambos extremos, respondiendo a las preguntas de sus Discípulos, tomadas en su sentido real y verdadero.

La Parusía (parte gloriosa del Reino) no tendrá otra señal que el cumplimiento de todo lo predicho: el triunfo en medio del sufrimiento, la consumación de la Obra de la Redención en lucha sin cuartel contra los violentos ataques del Enemigo, la victoria de la Cruz…

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El Reino es el plan divino sobre el hombre. El enemigo tendrá fuerza, sí, para oponerse al Reino. Le declarará guerra sin cuartel; procurará sofocarle en su nacimiento, extinguirle, anonadarle, desnaturalizarle o mitificarle…, pero todos sus conatos serán inútiles.

El Señor se ha propuesto derrotarle con sus propias armas; y Satanás está condenado a ir viendo, en lo que creía su triunfo, una contribución al triunfo del Reino y a su irremisible derrota.

Así ha de ser en efecto; porque ¿qué podrán todos los asaltos de Satán contra los designios del Omnipotente? ¿Podría, acaso toda su descendencia hacer desaparecer el cielo y la tierra? Pues mucho más estable es el Reino de la Mujer y de su Descendencia… Enemistades pondré entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y su descendencia…

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En definitiva, el Sermón escatológico ha de ser considerado como el más grandioso y trascendental Discurso del Reino de Dios.

En él se nos describe toda la obra de la Redención: la historia, a rasgos proféticos, del Reino de Dios en el mundo, desde el anuncio del combate en el Génesis, hasta el punto inicial de su existencia ultraterrena, definitiva y eterna.

El Reino de Dios no puede tener otras señales de su consumación que las que indican el cumplimiento de la obra redentora.

El mundo mismo no tiene otro objeto que servir al plan divino de la comunicación de la Vida sobrenatural.

Cuando este Plan llegue a su cumplimiento, el mundo dejará de existir.

¿Cuándo precisamente llegará a su cumplimiento? Sólo Dios lo sabe.

Del Plan divino no se nos ha concedido saber sino lo que toca a nuestro aprovechamiento: la libre colaboración u aposición, y el triunfo seguro, para que el último día seamos inexcusables…

Y entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo… Y verán al Hijo del hombre que vendrá en las nubes del cielo con gran poder y majestad.

sábado, 19 de noviembre de 2011

SANTORAL 19 DE NOVIEMBRE


SANTA ISABEL DE HUNGRÍA, 
Viuda

En orden a los difuntos no queremos, hermanos,
dejaros en ignorancia para que no os entristezcáis,
del modo que suelen los demás hombres,
que no tienen esperanza.
(1 Tesalonicenses, 4, 13).

   Santa Isabel, hija de Andrés II, rey de Hungría, y esposa de Luis IV, landgrave de Turingia, levantábase todas las noches para orar a Dios, alimentaba hasta a novecientos pobres todos los días y seguía descalza las procesiones. A la muerte de su virtuoso esposo, que se había hecho cruzado con Federico Barbarroja: "Dios mío -dijo ella- cuando para resucitarlo no tuviese sino que dar un solo cabello, no lo daría si ello fuese contra vuestra voluntad". Despojada y echada entonces como disipadora por su cuñado, vivió pobre con sus tres hijos, recobró después sus bienes cuyas rentas distribuyó a los pobres, y murió en una cabaña, el 17 de noviembre de 1231, contando menos de 24 años de edad.

MEDITACIÓN
SOBRE LA MUERTE
DE NUESTROS PARIENTES y AMIGOS

   I. Todos los días vemos que se mueren personas que nos son queridas. Si sucumben a una muerte súbita e imprevista, aun después de una vida poco edificante, no desesperemos de su salvación; tal vez han invocado a Dios y han obtenido el perdón de sus faltas en el último momento; con todo, tomemos nuestras medidas para no ser sorprendidos en la misma forma. Si estas personas mueren con la muerte de los justos, no las lloremos; más bien tengámosles santa envidia. Te afliges de ver morir a tal pariente o a tal amigo; consuélate, es más dichoso que tú si ha muerto santamente. Tú combates aún, él triunfa ya. Que tu fe, tu esperanza y tu caridad te consuelen. (San Agustín).

   II. Dios quiere desapegarte de las personas que más amas, a fin de que te pertenezcas por entero; quiere que pienses a menudo en la muerte. Escucha qué te dice: Hoy es mi turno, mañana será el tuyo. ¿Qué estima tiene ahora ese amigo de aquello que era el objeto de sus afanes? Un día estarás como él en el lecho de muerte. Ten los sentimientos que entonces tendrás y despreciarás lo que más amas.

   III. No esperes la hora de la muerte para prepararte a morir bien. No sabes cuándo ni cómo morirás: haz ahora todo lo que entonces quisieras haber hecho. ¿Estarías dispuesto a morir en este momento? Pensemos incesantemente en la muerte; esforcémonos lo más que podamos para no estar eternamente separados de nuestros parientes y amigos, que gozan ahora de la gloria del paraíso. Allí nos espera gran número de aquéllos que nos son queridos. (San Cipriano).

La conformidad con la voluntad de Dios 
Orad por vuestros parientes difuntos.

ORACIÓN

   Dios de misericordia, iluminad los corazones de vuestros fieles, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada Isabel, concedednos la gracia de despreciar las prosperidades mundanas y gozar sin interrupción de los consuelos celestiales. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 18 de noviembre de 2011

SOPA DE TOMATES CON PASTA Y ALBAHACA




Tiempo de preparación: 25 min.
Tiempo total de cocción: 35 min.
Raciones: 4

Ingredientes:

3 tomates maduros (750 gr)
2 cucharadas de aceite de oliva
1 cebolla mediana, picada fina
1 diente de ajo, majado
1 pimiento rojo pequeño, en trocitos
4 tazas de caldo de verduras
¼ de taza de tomate concentrado
Sal y pimienta
1 cucharadita de azúcar
¼ de taza de hojas de albahaca o 1 ½ cucharadita de albahaca seca
1 taza de conchitas pequeñas o de macarrones
4 hojas de albahaca, picadas, aparte

Preparación:

Haga un corte en forma de cruz en la parte superior de cada tomate. Escáldelos en agua hirviendo 1 o 2 minutos y retírelos.

Pele los tomates tirando de los cortes hacia abajo y píquelos gruesos. Caliente el aceite en una sartén grande de fondo grueso. Rehogue la cebolla, el ajo y el pimiento, removiéndolos a menudo, durante 10 minutos o hasta que todos los ingredientes se ablanden. Añada el tomate picado y déjelo cocer otros 10 minutos.

Incorpore el caldo, el tomate concentrado, la sal, la pimienta y el azúcar; tápelo y déjelo cocer a fuego lento durante 15 minutos. Retire la cazuela del fuego, añada las hojas de albahaca y deje enfriar. Vierta la mezcla en la batidora y bátala hasta que quede fina. Vuelva a calentar la mezcla en la cazuela a fuego lento.

Cueza aparte la pasta en agua hirviendo con sal hasta que esté al dente. Escúrrala, incorpórela a la sopa y caliéntela bien. Sírvala con hojas de albahaca frescas.

Consejos:

Puede preparar la sopa el día anterior y agregar la pasta justo antes de servirla. La albahaca conserva mejor el sabor si la añade casi al terminar de cocer la sopa.

CARTAS DEL HERMANO RAFAEL






3 de diciembre de 1933 Domingo

Al R. P. Marcelo León, Maestro de novicios, desde Ávila

Mi amado Maestro: Desde que salí de la abadía no he dejado por un momento de tener mi espíritu entre mis hermanos los monjes, aunque he tenido que estar ocupado en todos mis asuntos que en Madrid dejé pendientes, y que ya, gracias a Dios, están todos arreglados. Le contaré lo que hice desde que me despedí de ustedes.

Salí de Venta de Baños un sábado y pasé el domingo y el lunes en Ávila con mis queridos tíos, y el martes me fui a Madrid, que si bien antes me costaba gran trabajo y mortificación la vida en esa ciudad, ahora los días que he pasado allí, se me han hecho relativamente fáciles, debido a que van a ser, si Dios quiere, los últimos. Solamente en pensar que los novicios seguramente pedirían por mí, me ha dado fuerzas y me seguirán dando, para seguir el camino del Señor, que desde luego es Cruz, pero bendita Cruz, cuando por amor a Cristo se abraza.

Ya está todo arreglado. Me he despedido de mis profesores, de mis amigos y de mi familia. Nadie sabe desde luego que el viaje que tengo proyectado durará toda la vida, y a todos les he dejado la ilusión de mi vuelta en enero después de vacaciones. Por tanto, nadie sabe nada, excepto un amigo mío, compañero de carrera, y que se ha hecho cargo de todos mis libros, y de todas esas cosas, que a nosotros nos parecían necesarias para andar por el mundo, y que en realidad, mirándolo bien, no son más que caprichos, lujos y pequeñas vanidades.

Ya tengo medio camino recorrido; me falta, como usted sabe..., mis padres; cierto que he dejado atrás la gran ilusión de una carrera, y el cariño verdadero de muchas personas, y si le he de decir verdad, no me ha costado gran trabajo, por dos razones muy sencillas: primera, la consideración de que mi sacrificio es agradable a los ojos de Dios, que me ha de pagar en una moneda que los hombres, por lo general, no conocen, pero que yo en medio de mi miseria, adivino. Y segundo, por la razón de que ya hacía mucho tiempo que mi espíritu se estaba despegando de las cosas y acercándose a Dios, y como ese momento lo veo llegar, me inundo de alegría y estoy seguro de que Dios me seguirá dando esa alegría, para acabar de desatar ese nudo de cariños y afectos, con que estamos atados todas las criaturas en la tierra.

Como le digo, Padre, pasé en Madrid la semana y ayer día dos, me vine a Ávila, para ya desde aquí, marcharme a Oviedo para librar la batalla final que son mis padres. Me marcharé seguramente hacia el día ocho y estaré allí..., pues, Padre, no lo sé. Siguiendo sus consejos, prepararé el camino poco a poco, y cuando lo vea conveniente, pediré a Dios fortaleza para mí y para mis padres, y solicitaré el permiso, y sin más dilación, me tendrá el Padre Maestro de Novicios, desenterrando cepas en Venta de Baños...

Por ahora todo está en manos de Dios y de la Santísima Virgen, a quien especialmente tengo que dedicar mi cariño y mis amores, pues Ella ha de ser mi única Madre, en lo que me queda de vida.

Qué contento estoy, Padre, al saberme tan querido por la Señora, y qué bueno es Dios conmigo, que sin merecerlo, me trata así; a veces me da miedo el no saber corresponder, pues siempre ha sido mi conducta bastante mediana, y ni soy fervoroso, ni mortificado, ni nada en realidad que me haga diferenciarme entre los demás hombres y, sin embargo, ya ve, mi buen Dios me trata con favores que no merezco... Misterios de su voluntad y que nos hacen pensar y reflexionar, en muchas cosas..., pues efectivamente, nada merecía el hombre, y en cambio descendió Nuestro Señor para ser clavado en una cruz... El nos lo da todo, y nosotros cuando le damos un poquitín, lo llamamos sacrificio; a mi me parece que está mal empleada esa palabra en este caso... Cuando hago mi examen y me veo un poco por dentro, veo claramente que no hago más que seguir los dictados de mi corazón hacia Dios, ansia de llenarme de El, y nada más. El verdadero sacrificio seria seguir atado en el mundo, y no poderle cantar día y noche en el coro...

Perdóneme, Padre, que me haya excedido en mi carta. Lo que si le suplico, es que tenga la caridad de contestarme antes de que me vaya a Oviedo, y me diga qué le parece lo que pienso hacer, y su opinión y sobre lo que he hecho; su consejo será seguido por mí como si fueran órdenes, pues ya me considero novicio y si usted me alienta se lo agradeceré y si solamente se reduce a ponerme dos letras, diciendo que ha llegado mi carta, también se lo agradeceré, no quisiera molestarle más de lo debido.

Presente mis cariñosos respetos al Padre Abad, y a usted le pide su bendición y sus oraciones su novicio:

Rafael

Escríbame aquí, a casa de mis tíos en Ávila, San Juan de la Cruz, 4.



8 de diciembre de 1933 - Viernes

Al R.P. Marcelo León, Maestro de novicios, desde Ávila

Reverendo P. Fray Marcelo León.

Mi queridísimo Padre Maestro: Gran consuelo experimenté con su caritativa y cariñosa carta, que Dios le pague todo. Esta es para comunicarle que el domingo saldré de Ávila para Venta de Baños y llegaré allí como el otro día en el rápido.

Llegaron las vacaciones, y mi ida a mi casa se aproxima. El momento de decírselo a mis padres es temeroso, debido a circunstancias que yo mismo de palabra le quiero explicar a usted, pues me veo, debido a mi flaqueza, en un grave peligro, y en estos momentos, lo único que me interesa es Dios y mi vocación. Por tanto, me voy ahora al monasterio para que usted me aconseje y entregarme en absoluto a la voluntad de mis superiores, que para mí, en este caso, representa la voluntad de Dios.

De la cuestión de mis libros, reglas y útiles de trabajo, efectivamente lo dejé todo, condicionalmente, pensando en que a la Comunidad le fuesen útiles el día de mañana, aunque desde luego, a la Trapa me voy completamente solo... Supongo que me entenderá perfectamente lo que quiero decir. Seré útil a la Comunidad, en lo que de mi dependa, pero mis aficiones se quedan a la puerta... Mi única afición es Dios.

Iré con un amigo íntimo que me ayudará cerca de mis padres, que en estos momentos es la única espina que tengo, pues están ajenos a todo esto.

Hoy, día de la Inmaculada, me he unido en espíritu a mis hermanos los novicios, para que Ella nos ilumine a todos, y que por su mediación, Dios Nuestro Señor, acepte gustoso lo que yo de todo corazón le voy a ofrecer.

Presente mis cariñosos respetos al P. Abad y de usted mi querido Padre, espera sus oraciones y su bendición, su novicio

Rafael



17 de diciembre de 1933 Domingo

Al R. P. Marcelo León, Maestro de novicios, desde Oviedo

Mi querido Padre Maestro: Ya hace días que debí haberle escrito. Perdóneme mi retraso, pero mi estado de ánimo es difícil expresarlo por carta; solamente Dios lo sabe y a El le ofrezco lo que estoy pasando estos días. Estoy viviendo en el hogar de mis padres, que en estos momentos son completamente felices al tenerme a mí a su lado... Aún no he dicho nada, pues cualquier cosa me desarma: un cariño..., una atención de mi madre, pero esta situación se me va haciendo insostenible y por otra parte, no puedo dar la noticia poco a poco, pues en mí no han notado diferencia, debido a que hace mucho tiempo que pienso lo mismo y actúo lo mismo; es decir, que si yo, en la conversación, hablo de la Trapa, no les pilla de sorpresa..., pues ya están acostumbrados. Si insinúo cualquier conversación sobre mi tema, les pasa lo mismo y piensan: cosas de Rafael... De manera que no tengo más remedio que dar la noticia de golpe, diciéndoles que ustedes me esperan, y que yo me voy..., y créame, Padre, me faltan fuerzas para hacer la herida, y no es por mi, que yo la tengo sangrando...

Pida por mí, querido Padre, que Dios me sostenga en estos momentos tan difíciles, en que las circunstancias ordenadas por Dios me han puesto; en la que mis renuncias a todo, las voy haciendo poco a poco, y cada día, cada hora que pasa, y cada detalle en la vida del hogar, me lo recuerda, y es como si me fuese a hacer una operación y yo mismo con toda calma, e incluso deleitándome, fuese preparando el instrumental y todos los detalles... Y mi naturaleza y mi egoísmo, me gritan: ¡Basta ya!…, basta!, pronto, pues; no sé cuánto resistiré, pues cuando hay que operar, operar pronto, y si hay que abrir y herir, cuanto más de prisa se haga, mejor...

Y no es que peligre mi vocación, al contrario, cada vez estoy más contento del camino emprendido, y más resuelto a todo; para mi lo primero es Dios, y con su ayuda lograré vencer a las criaturas, y si luego lo único que le puedo ofrecer, es un corazón ensangrentado, es porque así El lo ha querido, y El se cuidará de sanármelo, pues será suyo completamente.

Qué ganas tengo, Padre, de verme entre mis hermanos los novicios y dejar de una vez todo esto... Le escribo desde una habitación caliente, alfombras, buena luz, mi cama blanda y limpia; en una palabra, todo el "confort" y la comodidad que puede dar la vida moderna... Pero pienso en la camarilla de la Trapa, y lo cambio todo por ella, y cien veces más que tuviera.

Hoy he ido a un sermón y Bendición en los Padres Dominicos y mi madre, porque hacía un poco de frío, se empeñó en ponerme el coche, y si viera cuánta reflexión y consideraciones he sacado de ese detalle... En fin, Padre, para qué le voy a marear contándole todos los detalles de mi vida. Lo que me pasa es que lo que antes no le concedía importancia, ahora me impresiona mucho, y si pudiera con el pensamiento trasladarme a mi querido monasterio, así lo haría... Pero Dios me pide el sacrificio de mis padres, además del mío..., pues sea; no cuento con mis fuerzas, pero con la ayuda de Dios y de la Santísima Virgen, todo se hará... Lo contrario seria una cobardía.

Dígales a los novicios que no se impacienten por mi llegada, y que pidan al Señor que se cumpla en mí su voluntad.

Espero su carta con impaciencia, pero le suplico me la mande a Ávila, San Juan de la Cruz, 4, en casa de mis tíos, que ellos se encargarán de enviármela a mí sin que mis padres se enteren, pues hasta ahora jamás he tenido secretos con ellos, e incluso las cartas que recibo, no he tenido el inconveniente en que las leyesen, pero ahora, hasta que yo no se lo diga, no quisiera... Bueno, Padre, usted me entiende.

De los documentos necesarios aún no he hecho nada, hasta saber en qué Parroquia de Burgos estoy confirmado y bautizado.

Sin más que contarle, presente mis cariñosos respetos al P. Abad y de usted espera sus oraciones y bendición su novicio

Rafael

Argüelles, 39 - OVIEDO.



17 de diciembre de 1933 - Domingo

A su tío Leopoldo, Duque de Maqueda, desde Oviedo

Queridísimo tío Polín: Dos letras nada más para pedirte un favor, y es que seguramente recibirás una carta para mí de mi casa de Venta de Baños; te suplico me la envíes con dos letras tuyas para que mis padres no se enteren, pues aún no saben absolutamente nada, y en estos momentos son completamente felices al tenerme a mía su lado.

En estos días me han salido muy bien hilvanadas las mentiras; mejor dicho, las ocultaciones de la verdad. No sé hasta cuándo me dará Dios fuerzas, pues te aseguro que estoy en un estado de ánimo que cualquier cosa me desarma; un cariño, una atención de mi madre, la ilusión de mi padre y estoy sosteniendo un esfuerzo violento, pues mi cuerpo está en mi hogar, con mi familia, y mi espíritu está cada vez más lejos.

¡¡¡Cuánto me pide Dios!!!, pues no solamente me pide que lo deje todo, sino que antes de dejarlo para siempre, me pide que lo paladee bien, y duro es tener que hacerse una operación, pero más duro es tener que prepararse uno mismo todos los utensilios e incluso deleitarse con los preparativos.

No creo que a ti tenga que explicarte nada; tú de sobra entiendes, y sabes que Dios me perdonará todas estas flaquezas tan humanas.

Mi madre toca el piano..., me tengo que ir... Si callo, sufro mucho, si mi alegría alegra a mis padres, sufro más... Qué bueno es Dios, tío Polín, que me hace sufrir por El, pues si no fuese por El, yo no tenía por qué desgarrarme el corazón poco a poco y lentamente como lo estoy haciendo.

Pero bueno..., dejémosle hacer a Él y que se cumpla en mí su voluntad.

¿Estás mejor?

Cuando el otro día llegué a la Trapa y puse a los pies del Sagrario lo que acababa de hacer en Ávila (1) me quedé contentísimo, puedes creerme, y cuando salí le pedí a la Virgen que fuera conmigo y me acompañara y guiara mis pasos..., mis últimos pasos entre los hombres, que cuando flaqueo me acuerdo de Ella, y como sé que me está esperando allá en el monasterio, solamente el pensarlo me da fuerzas para seguir..., y sigo.

Mira, los novicios estaban muy contentos el otro día porque creían que ya me iba a quedar, y cuando estaba oyendo la misa mayor, el que toca la campana me acercó una banqueta, y cuando volvía del trabajo, me crucé con ellos en la vía, pues yo entonces me marchaba, y me sonrió como diciéndome: a ver si vuelves pronto..., y ánimo, que la Virgen te acompaña... Y te aseguro que solamente la cariñosa sonrisa de ese novicio que toca la campana, hacia un desconocido del que solamente sabe que está luchando en el mundo por desatarse de él..., solamente por esa atención, merece mi viaje al monasterio... Esto solamente te lo digo a ti porque tú únicamente me podrás comprender.

Pero bueno, no quiero prolongarme; si me pusiera a hablar estaría esta noche hasta las tres de la mañana, pero como no tengo con quién, le contaré mis cosas en silencio a Dios que hasta eso me ha quitado, el consuelo de los hombres, para que le busque a El solo y a El solo se lo comunique.

No te pido tus oraciones y las de tía María, porque ya sé que sois generosos en ofrecerlas.

Mis queridísimos tíos..., qué mal hice en daros tanto si después os lo había de quitar. Cuántas cosas se me ocurren que no os dije y que mis estúpidas lágrimas me impidieron expresar, pero es tanto lo que os quisiera decir, que no puedo ahora; allá en el cielo las sabréis; dejadme ahora solo, pues así, al yerme solo, seré más para Dios y Dios estará más contento conmigo.

Perdonadme porque no sé lo que digo, pero de buena gana me tomaba una copa de "cointreau" para quitarme un nudo que no me deja tragar. Además, lo voy a dejar ya que es la una de la mañana y llevo ya, con ésta, dos cartas: una a vosotros y otra al P. Maestro y son las únicas horas de que dispongo, cuando todo el mundo está acostado y en silencio, y esta noche parece que me he "soltado el pelo" a escribir.

Adiós, queridísimos tíos, y preparémonos que por encima de todas estas pequeñas cosas de las criaturas, dentro de seis días vendrá el Salvador del mundo a nacer en un pesebre y lleno de pobreza en el mayor desamparo.

Os deseo unas Navidades llenas de felicidad con vuestros hijos... Como es la fiesta del hogar cristiano procuraré no enturbiárselas a mis padres y mis hermanos, y si yo no las paso como otros años, es decir, humanamente feliz, espiritualmente lo soy más, pues es el único año después de veintidós, en que le puedo ofrecer al Niño Dios algo que merezca la pena.

Os da un abrazo desde lo más profundo vuestro hijo

Rafael

El día que me vaya definitivamente os escribiré conforme os prometí. La carta del P. Maestro, sacadla del sobre, primero para que la leáis porque tenéis derecho, y segundo, para que abulte menos.



El Padre Maestro le contesta por mediación de sus tíos, con la siguiente carta:

24 de diciembre de 1933: Mi querido futuro novicio: ¡Cuánto tiempo ha tenido que estar esperando mi cartel Pero si ella le habría proporcionado algún consuelo y lenitivo, o si le parece mejor habría de obrar como anestésico de sus dolores, aunque sólo fuese parcial, Dios ha querido que hasta hoy no me haya sido posible acudir a su necesidad, y lo hago hurtando un poco de tiempo a los pequeños intervalos que hoy nos quedan, porque mañana sería completamente imposible.

Me doy cuenta de su situación y no es una sorpresa para milo que le ocurre, porque las cosas desde lejos impresionan menos, y en cambio de cerca, parece que aumentan de tamaño, y lo que antes nos parecía cosa de poca monta, más tarde se nos antoja imposible para nuestras fuerzas. Cuando recibí su carta del 17, hubiera querido contestarle en el momento, pero la hora de salir para Burgos, donde he pasado dos días completos confesando a nuestras Hermanas las Huelgas y a otra Comunidad de Bernardas hacía imposible realizar mis deseos y, no era cosa de encargar la contestación a uno de los Padres que trabajan conmigo en esta Secretaria y opté por esperar mi regreso, pero sin olvidarme un momento de la situación que usted está atravesando y, pidiendo a Dios continuamente le sostuviese en la lucha y le diese las fuerzas necesarias para realizar la operación.

Por una parte, el cariño a sus padre, a quienes no quiere en manera alguna disgustar, y por otra, la vida muelle y regalona que en su casa tiene por fuerza que llevar, tiran de usted para ver si consiguen derribar todos sus propósitos y le hacen desistir de su proyecto. Pero confío en que usted sabrá sobreponerse a todas estas dificultades y saldrá adelante con su resolución. Dios, al parecer, le llama a esta vida tan austera y penitente, y cuyas dificultades principales le expuse para que no se dejase engañar de las astucias del enemigo, que desde más o menos lejos le ha de combatir. Pues si Dios le llama y, precisamente le llama a la gloriosa Orden de San Bernardo, ¿qué ha de hacer? ¿Retrocederá siquiera un milímetro de su camino, desoyendo la voz del Señor absoluto de todo nuestro ser, que le pide el sacrificio de cuanto más caro tenga en el mundo, como son sus padres?

Además ¿no es el Dueño y Señor de todos, no sólo de usted, sino también de sus padres, a quienes también pide ese sacrificio? ¿Que le cuesta? No es cosa nueva para los que hemos tenido que hacer sacrificios semejantes y Dios que lo pide y exige, nos dio fuerzas bastantes para hacer por nosotros mismos la necesaria amputación, y aquí estamos agradeciéndole siempre este beneficio inmenso de la vocación. ¿No hubo de renunciar también nuestra Madre al cariño del mejor y más querido de los hijos, sabiendo además, porque nada de ello ignoraba, que le entregaba a lobos carniceros que habían de cebarse en El y terminarían poniéndole en una afrentosa cruz? Y Ella, al fin y al cabo mejor, y al fin y al cabo madre, tuvo valor para hacer la entrega de aquel pedazo de sus entrañas, porque sabía ser esa la voluntad de Dios, que para nosotros es la regla suprema del obrar.

Pase, pues, estos días de Pascua con toda tranquilidad y una vez que pasen, oiga la voz de Dios que le pide ese sacrifico y dígale: Señor soy todo vuestro porque vuestro es todo cuanto tengo; ¿quid me vis facere? ¿Qué queréis que haga?, y El le dirá lo que debe hacer y hágalo sin titubear, con firmeza, con suavidad, con cariño, procurando antes anestesiar un poco la sensibilidad para que la operación no sea tan dolorosa.

Cuente desde luego con nuestras oraciones y especialmente con las de sus futuros condiscípulos y, muy particularmente, con el auxilio poderosísimo de nuestra buena Madre, que no le abandonará un instante.

El Reverendo Padre Abad le bendice y otro tanto hace su futuro Maestro

Fray María Marcelo León


1 de enero de 1934 - Lunes

Al R. P. Marcelo León, Maestro de novicios, desde Oviedo

Reverendo Padre Fray Marcelo León.

Mi querido Padre Maestro: Recibí su cariñosa carta el día 26 que le agradecí muchísimo, pues para mi fue de un gran consuelo, pues estoy acostumbrado a no recibir un aliento de nadie, y a verme tan solo que, a pesar de ser mi único confidente Dios, mi flaqueza me pide muchas veces el consuelo de los hombres; claro que ustedes son para mi mis verdaderos hermanos, y la voz de mis superiores la considero la voz del mismo Dios, y está visto, cuando un alma es llamada por Dios, la quiere tan desprendida de todo, que hasta del consuelo material de las criaturas la despoja, y cuando el alma se ve sola, desamparada y al parecer privada de todo..., entonces es, cuando a mi entender, Dios está más cerca de ella y, entonces, se oye con más claridad la voz de su divina voluntad.

Querido Padre, las cosas siguen igual, pero el momento se acerca y mentiría si dijera que no le temo, pero al mismo tiempo, tengo tan grande confianza en la protección divina, que me hace seguir adelante y arrostrándolo todo.

Efectivamente, el enemigo de Dios me combate en todos sentidos; me ha vencido varias veces, pero a pesar de todo, no he retrocedido ni un "milímetro", como usted dice. Sus victorias son sobre mis sentidos, y aunque yo no quiero disculparme, sino todo lo contrario, usted que ha estado en el mundo conocerá una palabra que se llama confort" y que hoy día es como un dios, a quien adoran los gentiles, y como eso es lo que me rodea, comodidad y más comodidad, el enemigo se vale de eso para querer perderme... Pero mi espíritu está con Dios, y no solamente no he retrocedido un milímetro en mi resolución, sino que he avanzado algunos "metros" y cuantas más tentaciones tenga, más firme estaré en mi camino, no por mis méritos que no los tengo, ni porque me crea invencible, sino porque detrás de mí está la Señora que cuando salí del monasterio la última vez, me encomendé a su cuidado y me creo firmemente protegido por Ella.

He dejado pasar estos días, que no me parecían a propósito para decir nada, pero un día de éstos, comenzaré por mi madre, por quien le suplico a usted sus oraciones.

Mañana voy a ir al Sr. Párroco para que me extienda el documento que necesito y así, poco a poco, llegaré a donde mis impulsos hacia Dios y mi vehemencia, quería hacer llegar todo de un golpe... Cuántas enseñanzas podemos sacar de todo, incluso de nuestras propias flaquezas.

Si viera, Padre, cuánto "lastre" tengo que dejar antes de presentarme a Dios. Qué poco nos conocen los hombres! Aún en medio de una vida piadosa, cuánto lodo se queda adherido!... Pero por lo general, los hombres se contentan con poco; basta que vaya usted a menudo a recibir la Santa Comunión y, alguna vez al rosario, y enseguida le llaman santo y le colocan en los altares si se descuida... Pero Dios, que lo ve todo y lo sabe todo, no juzga así..., afortunadamente.

El monasterio va ser para mi dos cosas: primero, un rincón del mundo donde sin trabas pueda alabar a Dios noche y día; y segundo, un purgatorio en la tierra donde pueda purificarme, perfeccionarme y llegar a ser santo... Parece que dicho así, con esa tranquilidad..., llegar a ser santo, parece una pretensión un poco..., no sé cómo decir... Pero es la verdad; quiero ser santo, delante de Dios, y no de los hombres; una santidad que se desarrolle en el coro, en el trabajo, y sobre todo, una santidad que se desarrolle en el silencio, y que solamente Dios la sepa y ni aún yo mismo me dé cuenta, pues entonces ya no sería verdadera santidad...

He leído hace poco unos versos que decían: "Virtud que se paladea, no es virtud". Bueno, perdóneme estas disgresiones de mi estúpida fantasía; me contentaré con lo que Dios quiera, y lo que me permita ser; yo le entrego mi voluntad y mis buenos deseos. Que El haga lo demás.

Si me escribe, hágalo, si me hace la caridad, como el otro día por intercesión de mi querido tío en Ávila.

Ya se me hacen largos los días que tardo en estar con mis queridos hermanos los trapenses.

Le deseo un feliz año al Reverendo Padre Abad y a la Comunidad, y usted reciba el cariño de su novicio que se encomienda en sus oraciones

Rafael Arnáiz



Contestación del Padre Marcelo a esta carta de Rafael:

Mi querido futuro novicio: por conducto de su tío he recibido su atenta carta del 1 del actual, con la que ha querido inaugurar este año su correspondencia con nosotros. Doy gracias en todo al Señor, que quiso servirse de mí para darle algún consuelo en la lucha que necesariamente ha de sostener consigo mismo, porque no es cosa fácil que la concupiscencia se deje arrebatar la presa que le sujeta a este mundo por medio del "confort" de la vida moderna, tan en oposición con la austeridad de nuestra santa Orden. Ha de valerse de todos los medios imaginables para ver de no dejarse arrebatar cosa que le es tan apetitosa, y por eso no ha de encontrar cosa extraña el que esta concupiscencia se sirva, como de poderosos auxiliares, de afectos tan legítimos como son los de la familia, y mucho más si ésta es tan afectuosa y cariñosa como la suya.

Se encuentra, sí, en situación penosa y que necesita gran esfuerzo para no dejarse arrollar por las circunstancias, sino seguir sin dudas ni vacilaciones, lo que entendemos ser la voluntad de Dios.

Ya sé yo la defensa que han de pretender esgrimir sus padres en pro de su negativa, y se repetirá ahora lo que tantas veces estamos acostumbrados a ver. "Podríase en último término -le dirán- ingresar en otra Orden donde tengamos facilidad de verte cuando queramos, y aun abrigar la esperanza de que pases algunos días a nuestro lado, pero si ingresas en la Trapa, haremos cuenta de que te has muerto y no volveremos a pensar en ti; tenemos todas nuestras ilusiones puestas en ti, y ¿te hallarás con ánimos para truncar esas legítimas ilusiones?"

Estos y otros parecidos argumentos han de jugar en contra de la realización de sus deseos, pero hágales ver que no se encuentra la felicidad en las condiciones y en el más exquisito "confort" ni siquiera al lado de la familia, cuyo amor, por otra parte, no quiere destruir la religión, sino purificarlo y encaminarlo todo entero a Dios, de quien venimos y a quien hemos de volver.

Jesús amaba entrañablemente a su Santísima Madre, pero cuando llegó la hora señalada por el Padre, no dudó en separarse de Ella, dejándola sola, pobre, viuda y desconsolada.

No sé si a estas horas habrá dado usted algún paso en este asunto, pido y pediremos todos a Dios le ilumine para que en todo El le acompañe y le fortalezca, a fin de que, cuando sea la hora señalada por la Providencia pueda contarse entre nosotros.

Nuestra buena Madre y Protectora, que acoge con singular complacencia todo lo que a nuestra Orden se refiere, ya que no en vano a Ella están consagradas todas nuestras iglesias, ha de prestarle toda la ayuda que necesite, y tenga ánimo, que le sacará adelante en todo este importantísimo negocio.

Los novicios me acosan diariamente a preguntas sobre usted y gozaron mucho con la lectura de su anterior. Ya piden siempre por usted.

El Reverendo Padre Abad le bendice, y se encomienda a sus oraciones y no le olvida en las suyas propias su affmo. en Cristo

Fray Maria Marcelo León



La forma en que Rafael comunicó a sus padres su decisión de ingresar en la Trapa, según cuenta su madre en VIDA Y ESCRITOS, fue la siguiente:

Siguiendo el consejo de sus tíos dejó Rafael que transcurriese el mes de diciembre, y llegaron las Pascuas de Navidad alegres, felices, los cuatro hijos en el hogar cristiano, sanos y fuertes y bendiciendo todos a Dios por lo mucho que les daba.

Sólo el corazón de Rafael estaba torturado, estrujado, por la próxima separación, por la enorme pena que iba a causar, y que sabía había de ser honda, inmensa. Nunca pensó que sus padres le pusieran el menor obstáculo para cumplir su vocación. Los conocía bien! Educado por ellos en el temor de Dios, sabía que habían de aceptar la voluntad del Señor sin réplica ni resistencia, y los dulces ojos de Rafael lloraban a solas para brillar después entre risas ingenuas al calor de los suyos...

Siempre consecuente con su modo de pensar y sentir, Rafael no hacía ostentación de las grandes virtudes que ya empezaba a atesorar su alma. Su gran piedad no era molesta a nadie, siendo, por el contrario, su conducta fervorosa sin exageraciones en el templo del Señor, un motivo más de atracción hacia su persona, y ejemplo para los indiferentes.

Más de una vez animó a su madre y hermanos a ver películas en las que se unía la buena música al arte depurado de actores y cantantes.

El día 5 de enero, víspera de aquel otro día en que había de dar cuenta a sus padres de su firme decisión, se fue con su madre al teatro, comentando jovialmente con ella el espectáculo que presenciaban...

Nada en su aspecto y conducta exterior hacia sospechar el gran cambio que iba a operarse en su vida..., y sin embargo, su alma se había desprendido ya de todas las vanidades y atracciones del mundo..., pero aún le faltaba desprenderse de lo que más amaba...

El día de Reyes, 6 de enero, se celebró una larga sesión musical en casa de sus padres.

Sorprendióle a la madre que Rafael, amante apasionado de la música, no asistiese a ella desde su principio, llegando de la calle al terminar el concierto.

Aquella noche, después de rezar en familia el santo rosario, Rafael se fue a la cama sin el rato de charla o discusión como era su costumbre, sin apenas hablar.

Habían pasado las Pascuas, y el momento se aproximaba.

Al día siguiente, hallándose sola su madre sentada al piano, entró Rafael donde ella estaba y, poniéndole una mano en el hombro, le dijo con voz natural y tranquila:

- Deja de tocar un momento: tengo que decirte una cosa.

Estremecióse la madre..., el corazón le anunció algo insólito.

- Qué te ocurre?, dímelo. - Acudió afanosa.

- Madre - contestó él con lágrimas en la voz y la mirada ausente -, Dios me llama..., quiero irme a la Trapa.

Bajó la cabeza la madre y sólo pudo pronunciar una palabra:

- ¡Hijo!...

Débil en su flaqueza, no pudo evitar que las lágrimas acudiesen a borbotones, silenciosas y quemantes, anegándole los ojos, el corazón, el alma toda... ¡También María lloró a los pies de su Hijo muerto...!

Sin embargo, la reacción vino inmediata..., su hijo era de Dios, hermoso préstamo que El le había hecho..., se llevaba lo que era suyo..., ella bendecía la mano divina que le causaba tanto dolor.

- ¿Y tu padre...? - dijo en seguida, angustiada y temerosa del otro dolor -. ¿Lo sabe tu padre?.

- No - contestó Rafael - he querido que fueras tú la primera. Tú se lo dirás.

- Gracias, hijo, - balbucearon débiles los labios.

El padre llegó al poco rato.

- ¿Qué pasa?, - preguntó anhelante al ver al hijo y a la madre.

- Tu hijo -dijo la madre sin aliento en la voz- quiere irse a la Trapa.

Nada dijo el padre en el primer momento. Recibió el golpe con entereza, valerosamente. Apenas un imperceptible temblor en los labios... Fue sólo un instante.

- Bendito sea Dios - exclamó haciendo un esfuerzo porque la voz fuese entera, sin lágrimas - por el favor tan grande que nos hace.

Sólo un abrazo fuerte al hijo de su alma que se le iba, al pedazo de su carne que se desprendía con arranque violento...

- ¿Cuándo quieres marcharte?, - preguntó, haciendo la entrega total.

- Cuando tú quieras, no tengo prisa.

¡No tenía prisa, y todo él era una pura ansia de partir, de terminar aquel sufrimiento insoportable que le destrozaba las entrañas, aquella agonía sin muerte...! ¡Partir!... ¡Dejar pronto aquella felicidad de su vida, para ir hacia el silencio del monasterio, hacia el amor inmenso de Dios, en busca de otra felicidad mayor, de otra vida de renuncia constante y que había de hacerle dichoso por toda una eternidad!.

-Cuanto antes, mejor -dijo su padre-. Hoy es día 7, el 15 puedes irte.

Y como un remate de aquella entrega voluntaria, añadió decidido:

- Te llevaré yo.

No hubo más. Todo fue natural y sencillo, sin dramas ni tragedias. Dios pedía lo que era suyo, y con gusto y voluntariamente se le daba.

Un hijo obediente que acudía a la llamada de su primer Padre... ¡Dios! Y unos padres humanos que cumplían con su deber.



9 de enero de 1934 - martes

Al reverendo Padre Abad, Dm. Félix Alonso desde Oviedo

Reverendo Padre Abad del monasterio de San Isidro de Dueñas.

Reverendo Padre: Ante todo, alabado sea Dios y démosle gracias infinitas por tantos beneficios, que recibimos de El, sin nosotros merecerlo.

Hoy llegará a su poder una carta de mi padre, a cuyas generosas y cristianas líneas yo no tengo nada que añadir.

Mi propósito hubiera sido el salir de casa, nada más obtener el permiso de mis padres, pero mi padre ha dicho que tenía que cumplir con su deber, y que él mismo me llevaría al monasterio; ante eso, yo creo que cumplo también con mi deber obedeciendo y, además, creo que una vez hecho el sacrificio, a Dios le ha de satisfacer que se haga plenamente y hasta el final, y aunque ni confío en mis fuerzas ni en las de mis padres, tengo una absoluta seguridad en Dios, que hasta ahora no me ha faltado, y espero no me faltará nunca.

No acierto con palabras a expresar el estado de mi alma, pero vuestra reverenda me comprenderá perfectamente. He pasado ratos muy amargos, sobre todo al ver a mis padres sufrir, pero al mismo tiempo he experimentado consuelo, al ver que su sufrimiento es cristiano, y su sacrificio agradable a los ojos de Dios.

Tengo unos padres que no me merezco. No quisiera prolongar mucho estos días; por tanto, le ruego con todas mis fuerzas, que su reverenda escriba cuanto antes a mi padre, diciéndole que ya podemos ir al monasterio.

Yo lo estoy deseando con todo mi corazón y mezclado con mis lágrimas y con mi corazón hecho trizas, tengo una alegría y un contento y una tranquilidad de espíritu, difícil de comprender; en realidad, humanamente es muy raro lo que me pasa.

Pida mucho por mis padres, que Dios les ayude en estos difíciles momentos.

Salude en mi nombre al Padre Maestro y a la comunidad, y le pide su bendición en Cristo

Rafael Arnáiz



12 de enero de 1934 - viernes

A sus tíos los Duques de Maqueda, desde Oviedo

Queridísimos tíos: Dos letras nada más para que salga esta carta hoy.

Nada os tengo que decir, pues mis palabras son pocas para expresarlo todo, y lo único que puedo deciros es que yo no he hecho nada, pues Dios nuestro Señor lo ha hecho todo, absolutamente todo. ¡Si vosotros supierais cómo me quiere y de qué manera me ha sostenido y me está sosteniendo!, ni nada le pediríais, ni nada le ofreceríais. Todo se reduciría a alabarle sin cesar, a bendecirle y ensalzarle y a entonar continuamente un glorioso canto de acción de gracias y de agradecimiento.

¡Señor, Señor, nada os pido, porque ya lo tengo todo que sois Vos!; solamente permitidme unirme al coro de los ángeles, arcángeles y querubines y a toda la milicia celestial, y que mi corazón aquí en la tierra se remonte al cielo y cante el "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".

Si vierais qué contento estoy al ver que Dios acepta lo que le he ofrecido; no lo que le he ofrecido yo, que eso poco vale, sino lo que le han ofrecido tan generosamente mis padres... ¡Qué almas más grandes!

¡Qué gran responsabilidad he contraído! ¡Pero la Santísima Virgen me ayuda de una manera, que casi materialmente la experimento. Quisiera volcarme, pero es tan grande todo lo que tengo dentro, que no puedo, pues si grande es mi alegría, grande, muy grande es mi dolor..., pero mucho más grande es mi amor a Dios ..., si no, no seria posible.

No te puedo decir cuándo me marcharé, pues estoy esperando carta de mi buen Padre Abad.

Las cosas han ido por el camino que me indicó el Sr. Nuncio; mi padre, no solamente me da el permiso, sino que él mismo va a ofrecerme; yo no salgo huido de mi casa, sino que me despediré de mi madre... Cuento, no con mis fuerzas, ni con las de mis padres...; cuento con el auxilio de la Virgen, y con las fuerzas que da un Dios, como el nuestro.

Me acuerdo de las palabras del Sr. Nuncio: "Hay que hacer las vocaciones, no solamente agradables a los ojos de Dios, sino suaves y dulces a los ojos de los hombres, es decir, sin violencias, ni convulsiones, sino todo lo contrario, agradables". Cuando esto es posible como en mi caso, hay que hacerlo así. Quizás se sufra más, no digo que no, pero a los ojos de Dios es más meritorio, ¿no te parece?

Bueno, ya te escribiré cuando esté en mi monasterio.

Te mando para la abuela el papelito adjunto, y te lo mando a ti porque no sé si la abuela está en Madrid. No vayas a creer que las he robado ¡eh!, cuidadito; es que me dio la tía unas pesetas, por si tenía que reparar alguna necesidad, y entre otras personas lo primero que pensé fue en la abuela y en vosotros... Espero de tu caridad que no te parezca mal.

Si todavía está con vosotros, la dais un abrazo muy fuerte de mi parte, y para vosotros, queridísimos tíos, nada, pues nada os puedo mandar como no sea mucho cariño de vuestro sobrino

Rafael




(1) En Ávila había escrito la carta solicitando formalmente la admisión como novicio.

Visto en : santoabandono.com

SANTORAL 18 DE NOVIEMBRE



18 de noviembre 



DEDICACIÓN DE LA IGLESIA
de
SAN PEDRO y SAN PABLO



   Siempre los fieles han profesado una profunda veneración a la tumba de los apóstoles San Pedro y San Pablo. Ocho días después de su bautismo, según se refiere, el emperador Constantino trasladóse al lugar donde descansaban los santos cuerpos; oró allí con gran abundancia de lágrimas. Cavóse después la tierra, llenó doce canastas con ella en honor de los doce apóstoles, y echó los cimientos de la basílica de San Pedro. Terminado el edificio, el Papa San Silvestre lo consagró. Constantino hizo también edificar una iglesia en honor de San Pablo. La fiesta de este día fue instituida para recordar la consagración de la basílica de San Pablo extramuros, reconstruida después de un incendio, en 1854.

MEDITACIÓN
NUESTROS CUERPOS SON 
TEMPLOS DEL ESPfRITU SANTO

   El Apóstol San Pablo nos enseña que los cuerpos de los cristianos son templos del Espíritu Santo. Dios ha edificado este templo, el Espíritu Santo lo ha consagrado el día de nuestro bautismo, y Jesús desciende a él cuando recibimos la Santa Eucaristía. Hay que tener cuidado, pues, de no profanar este templo con acciones indecentes o criminales; hay que vigilar sus puertas, es decir, nuestros sentidos, a fin de que no entre en él nada manchado; es preciso que nuestro corazón, que es su santuario, siempre esté puro y limpio.

   II. Dado que nuestros cuerpos han sido consagrados a Dios por el Bautismo y honrados con la presencia de Jesucristo, debemos respetarlos como a lugares santificados; no es permitido dedicar un vaso sagrado a usos profanos: seria un sacrilegio semejante al que Dios castigó tan severamente en la persona de Baltasar. Y, sin embargo, tú haces servir a tu cuerpo para acciones criminales, cuando lo haces esclavo de tus infames voluptuosidades. Teme la amenaza que te hace San Pablo, diciéndote que Dios exterminará al que haya profanado el templo del Señor.

   III. Consérvase en los templos un fuego que arde siempre ante el altar: asimismo es preciso que tu corazón esté siempre abrasado en el fuego del amor divino. Nunca dejes extinguir este hermoso fuego: desalojará de tu corazón todas las llamas impuras y el amor desordenado de las creaturas. ¿Amas a Dios más que a tus placeres, más que a tus riquezas, más que a tus parientes? ¿Podrías decir a Jesucristo: Señor, Vos sabéis que os amo?...

La pureza 
Orad por la Iglesia.

ORACIÓN

   Oh Dios, que todos los años renováis en favor nuestro el día de la consagración de este templo y nos permitís asistir a los santos misterios, escuchad los ruegos de vuestro pueblo y haced que todos los que entren en este templo para impetrar gracias, tengan la alegría de experimentar que son escuchadas sus plegarias. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 17 de noviembre de 2011

LOS PADRES DE LA IGLESIA Y LA TELEVISION


Los Padres de la Iglesia y la Televisión



por el R.P. Abad Dom Fernando Rivas, O.S.B.

Indudablemente los Padres de la Iglesia no conocieron la televisión, sin embargo, como instrumento portador de imágenes que llegan al ojo del hombre y se introducen en su corazón, la televisión queda comprendida dentro de las reflexiones que estos profundos psicólogos nos dejaron acerca de la conducta humana. Por otra parte, de haber conocido la televisión seguramente se hubiesen ocupado del tema, pues lo hicieron con otros equivalentes de su época, como fueron el teatro y los espectáculos a que estaban acostumbrados los pueblos paganos de la época. Vamos a tratar de señalar algunas de esas reflexiones que se desprenden de sus escritos y que son de gran utilidad y actualidad. 

1. La "visión" como acto totalizante.
La primera observación es que todo lo que corresponde al mundo de la "visión" ocupa el primer rango dentro del conjunto de las experiencias sensibles que puede tener el hombre. Y por ello mismo la visión lleva a una experiencia que es totalizante, en cuanto que absorbe tras de sí todas las demás facultades del hombre, que quedan subyugadas y atraídas por lo que el ojo está viendo. Y en este sentido para los Padres de la Iglesia no sería ninguna novedad o sorpresa que alguien sufriera la imposibilidad de despegarse del televisor cuando éste ha sido encendido. Simplemente le dirían que reflexione, antes de encenderlo, si está en condiciones de hacerlo, es decir, si tiene algo en concreto de interés a que dirigirse, porque de lo contrario quedará atrapado por lo que aparezca, aunque no sea de su interés. Y, por otra parte, le aconsejarían que, como con todas las cosas que satisfacen los sentidos, es más fácil cortar una sensación cuando recién está comenzando que cuando ya ha crecido y atrapado la atención de sus potencias. La plena libertad la tiene antes de haber recibido los primeros estímulos e imágenes. Pero cuando ya ha pasado media hora recibiendo imágenes esa libertad está totalmente reducida y condicionada por la atracción ya desencadenada de los sentidos. 

Según los Padres de la Iglesia el hombre fue creado en un estado de 'contemplación', es decir, de "visión" de Dios y del mundo de lo divino. Después de la caída del hombre esa visión continuó, pero se encontró con que estaba dirigida a otras realidades, inferiores, pero que ocupan el lugar de aquello que se ha perdido. Y esta importancia del mundo de la visión queda confirmada con la obra redentora de Cristo ya que tiene por fin devolver al hombre al mundo de la contemplación de Dios, que se ha hecho visible en Jesús de Nazaret. De este modo todo lo que en el hombre puede ingresar por los ojos tiene de por sí la característica de atrapar en su totalidad, con todos sus sentidos y con toda su atención. El hombre fue hecho para la contemplación y todo lo que ocupe ese lugar tendrá, entonces, la característica de llenar la facultad más alta del hombre. 

2. La "visión" del cuerpo y la "visión" del alma.
Lo dicho arriba corresponde, según los Padres de la Iglesia, a la visión como facultad integral del hombre. Pero, para ellos, el hombre fue creado en la unidad de su ser, donde las experiencias sensibles se corresponden con las espirituales. Y por eso la visión, que hoy se refiere exclusivamente a la capacidad de los ojos corporales, en los Padres de la Iglesia se refiere también a la visión que tienen los ojos del alma, y que ha sido dañada casi enceguecida, según el vocabulario de los evangelios, hasta el punto de no creer siquiera en la existencia de un ojo del alma. Toda la filosofía griega siempre revalidó esa visión del alma, aunque en un plano intelectivo. La inteligencia "lee" dentro (intus-legere) de las cosas. Y hasta el día de hoy, los filósofos consideran que el hombre es, ante todo, un "espectador" de las cosas. 

Sin embargo la filosofía, tratando de la visión del intelecto, no hizo referencia a su integración con la visión que tiene el cuerpo, como si fueran dos fenómenos distintos. 

Para los Padres, en cambio, la visión de los sentidos está ordenada a la visión del alma. Y, como todas las cosas dañadas por el pecado de Adán, para restaurar la visión del corazón es necesario un trabajo ascético que normalmente implica un "ayuno" de los sentidos: ayuno del estómago, ayuno de los ojos, ayuno de todos aquellos placeres que se imponen al hombre. Los autores del siglo de oro español hablan de un modo más cercano al vocabulario que estamos tratando: los sentidos deben pasar por una "noche", una oscuridad, donde no haya luz ni imágenes, para que se restauren los sentidos del alma, y entonces el hombre pueda "ver" más allá de las imágenes sensibles, la figura de Cristo presente en sus hermanos y la de Dios presente en todas las criaturas. Mientras no se dé ese trabajo ascético, los sentidos impondrán al alma lo puramente sensible y sólo verá en las cosas que contempla instrumentos para seguir satisfaciendo sus apetitos sensibles: en sus semejantes sólo verá sus cuerpos, y en las demás criaturas sólo contemplará una belleza efímera, que no dice nada más allá de lo que las apariencias presentan. 

San Agustín enseñaba cerca del año 400:

Cuando el alma se embellece y ordena a sí misma, haciéndose armoniosa y bella, ya puede contemplar a Dios, como la misma fuente de donde mana todo lo verdadero y como Padre de la misma verdad. ¡Oh gran Dios, cómo serán aquellos ojos! ¡Cuán sanos, bellos, fuertes, constantes; seremos bienaventurados!... Nada más diré sino que se nos promete la contemplación de la Belleza, por cuya imitación las cosas son bellas, por cuya comparación todas las demás cosas son deformes...[1]

La visión del alma tiene como característica la búsqueda de lo bello y sólo en él se sacia. No se trata de multiplicar esa experiencia en cantidad, sino en profundidad.

La visión del ojo del cuerpo, en cambio, es atraída por lo impactante, por el movimiento y el color. Sin embargo, nunca se sacia y por eso mismo se multiplica en cantidad. La publicidad televisiva sabe aprovechar estos recursos y trata de condensar en pocos segundos un conjunto de elementos -imagen, mensaje, invitación a la compra- que, si bien el hombre es capaz de soportar, sin embargo no es el modo más conveniente a la visión natural del hombre.

Para la educación de esa visión integral del hombre son más provechosos los medios naturales de contemplación, es decir, la naturaleza, la belleza de un paisaje, la inmensidad de la noche. Esa contemplación, como veremos más adelante, es la única que respeta al hombre y no lo enajena de sí. Le permite conservar su identidad, dejando que su respuesta sea libre y no forzada o semi-forzada como cuando se recurre a los mensajes subliminales.

Un ejemplo de esta visión integral es la que nos trasmite el salmo VIII al decir:

Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!... Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.... Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser el humano, para darle poder? (Sal 8,2-4)
La visión integral del hombre se caracteriza por ser contemplación de las cosas, por transparentar a Dios, y por integrar al hombre en ella, haciéndole tomar conciencia de su lugar y de su propio ser. La contemplación de la naturaleza es sanadora y reconstituyente de las facultades del hombre. La televisión y su publicidad busca acumular y condensar medios y mensajes que, tal como se ha hecho la experiencia hace poco tiempo, puede llegar incluso a enfermar y dañar las potencias del hombre.

3. La visión del ojo y el corazón.
Dentro del lenguaje bíblico que siguen los Padres de la Iglesia, los ojos son un reflejo del corazón. Hay una línea de conexión entre ellos que hace que lo que los ojos ven vaya directo al corazón del hombre y lo que el corazón siente dirija y oriente la mirada de los ojos. Para estos Padres tampoco sería una sorpresa ver a alguien llorando ante el espectáculo trágico de los protagonistas de una telenovela, o bien sentir una emoción profunda cuando sus ojos contemplan un paisaje jamás visto en un televisor color.

Y, en ese mismo sentido, el niño que durante la programación de Semana Santa ha visto una película de contenido religioso, como el "Moisés" o bien una "Vida de Cristo", va a estar impregnado en su sensibilidad de un clima religioso que nunca hubiese podido lograr el mejor predicador de niños.

El mundo de la visión se dirige directamente al corazón del televidente y sólo después lo deja en condiciones de elaborar lo que primeramente ha sentido.

Pero en esta doble direccionalidad ojos-corazón corazón-ojos los Padres, como profundos observadores del interior del hombre no veían en los objetos contemplados, o bien en los instrumentos que acercan el mundo a los ojos del hombre, como la televisión, ninguna maldad ni deshonestidad intrínseca. La maldad o impureza está primero en el corazón del hombre, y ese corazón impuro hace impúdica la mirada de los ojos, que salen a la búsqueda de lo que satisface su impureza.

Pero no por eso eran ingenuos para relegar el trabajo al puro interior del corazón, y por eso San Agustín escribía en su Regla para monjes que, ante cualquier síntoma de excitación por lo que ve, el monje baje su mirada y la mantenga fija en tierra, para que su corazón no se vea golpeado donde ya posee una herida. 

Bajar los ojos, no mirar, era una recomendación muy común de los Padres de la Iglesia, por lo que también hoy dirían, que ante ciertas programaciones lo mejor sería apagar el televisor. Este consejo no es otra cosa que lo que el mismo Cristo había dicho en el Sermón de la Montaña:

Habéis oído que se dijo: "No cometerás adulterio". Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, Sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehenna. (Mt 5,27-29). Esta afirmación tan tajante de Cristo se debe a que, un poco antes, acababa de decir: Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos "verán" a Dios (Mt 5,8). El corazón puro ve cosas puras, y por ello ve a Dios en todas las cosas. Pero la tarea de purificar el corazón, según Juan Casiano, puede llevar toda una vida y es la meta final que tiene todo cristiano y todo monje que ingresa en un monasterio.[2]

Todo esto se traduce en una recomendación muy sencilla que darían estos Padres de la Iglesia a los hombres que están a punto de encender su televisor: ¿Qué estás buscando satisfacer encendiendo el televisor? ¡Trata de ver qué es lo que está latente en lo oculto de tu corazón cuando vas camino a encenderlo! Porque las intenciones del corazón no son fruto de lo que ve, sino que anteceden y condicionan lo que se ve. Ellos sabían que, por un misterio que se esconde en el primer libro de la Biblia, el Génesis, el hombre nace con una herida en su corazón por la cual es capaz de salir a la búsqueda de lo impuro aún antes de haberlo encontrado.