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domingo, 19 de febrero de 2012

SANTORAL 19 DE FEBRERO





19 de febrero



SAN GABINO, Mártir



No me avergüenzo del Evangelio.
(Romanos, 1, 16).

San Gabino, después de la muerte de su esposa, fue ordenado sacerdote. Fue de gran ayuda para el gobierno de la Iglesia, al lado de San Cayo, su hermano, que Sucedió al Papa Eutiquio. Recorría los bosques, penetraba en las cavernas, donde la persecución obligaba a refugiarse a los cristianos; con frecuencia pasaba las noches en el hueco de las rocas, y, para fortificar a esos generosos atletas, allí ofrecía el Sacrificio divino. Su celo le mereció la palma del martirio.

MEDITACIÓN
SOBRE EL EVANGELIO

I. Un cristiano debe creer todo lo que se dice en el Evangelio; debe escuchar cada una de sus palabras como si Jesucristo mismo le hablase, dice San Agustín. ¿Crees verdaderamente en todas las Verdades del Evangelio? ¿Crees que Jesucristo ha muerto por ti, que existe un infierno para los pecadores y un paraíso para los justos? ¡Ah! si tuvieses fe viva, si creyeses firmemente en estas verdades, ¿qué no harías para ganar ese paraíso y para evitar ese infierno?

II. No basta creer lo que nos enseña el Evangelio, es preciso que nuestra fe vaya acompañada de buenas obras, que mostremos con nuestros actos que creemos en el Evangelio. Crees por el testimonio del Evangelio que los pobres y los afligidos son bienaventurados, y rehúyes la pobreza y las aflicciones. ¡Veneras la cruz en los altares, y sientes horror por ella en tu corazón! ¿Hasta cuándo tus acciones desmentirán tu creencia? Toma el Evangelio, examina sus principales máximas: verás en este espejo el miserable estado de tu alma, y confesarás, con San Jerónimo, que nada es más fácil que parecer cristiano y nada más difícil que serlo en realidad. Lo que es grande, es ser cristiano, no el parecerlo. (San Jerónimo).

III. No hay que avergonzarse de tomar la defensa del Evangelio contra los infieles, los herejes, los impíos y los malos cristianos. Debes estar pronto para derramar toda tu sangre por el Evangelio, y temes a menudo decir una palabra, exponerte a una burla por defenderlo contra un libertino. No me avergüenzo del Evangelio. (San Pablo).

La fe 
Orad por los que sufren persecución.

ORACIÓN

Dios todopoderoso, haced, os suplicamos, que celebrando el nacimiento al cielo del bienaventurado Gabino, vuestro mártir, seamos fortificados por sus oraciones en el amor de vuestro Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 18 de febrero de 2012

SANTORAL18 DE FEBRERO



  • San Simeón, Obispo y Mártir
  • Santos León y Paregorio, Mártires
  • Santos. Máximo, Claudio, Prepedigna, Alejandro y Cucias, Mártires
  • San Flaviano, Patriarca y Mártir *
  • San Eladio, Arzobispo de Toledo
  • San Colmano, Obispo de Lindisfarne
  • San Teotonio
  • Beato Guillermo Harrington, Mártir

18 de febrero



SAN SIMEÓN,
 Obispo y Mártir



La cruz de Jesucristo es la puerta del paraíso. (San Juan Crisóstomo).

Este santo, que era pariente de Jesucristo según la carne, y que tuvo el honor de morir en una cruz como Él, nos enseña que las cruces son favores conque Jesús honra a los que ama. Sucedió el santo a Santiago como obispo de Jerusalén, y después de haber dado admirables pruebas de su celo por la salvación de las almas, rubricó su paciencia padeciendo el suplicio de la cruz.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS TRES
CLASES DE CRUCES

I. Nos atraemos cruces y aflicciones por nuestra imprudencia o por nuestros pecados; debemos soportar con paciencia esas aflicciones, puesto que nosotros somos su causa. Entra en ti mismo cuando estés afligido: pregúntale a tu alma por qué está triste, y a menudo encontrarás que tus cruces no son sino castigo de tu orgullo y de tu avaricia, o de algún otro pecado. Acúsate entonces a ti mismo por tus sufrimientos; cesa de ser pecador, y cesarás de ser desgraciado. En todas tus penas pregúntale a tu alma; interrógala: ¿No te sucede esto sino porque has abandonado al Señor tu Dios? (San Jerónimo).

II. A veces soportamos cruces que no hemos merecido; nos asemejamos entonces al santo varón Job. Si tus enemigos te calumnian, si tus amigos te, traicionan, si la pobreza, la enfermedad o la deshonra te hacen gemir y pasar la vida en la tristeza, agradece a Dios de que te haya hecho partícipe de sus sufrimientos y de su cruz. ¿De qué te quejas, si te trata como trató a sus mejores amigos, como su Padre Eterno lo trató a El mismo? Sufre con Jesús y como Jesús.

III. Los santos no esperan los sufrimientos; los piden y los buscan, corren a ellos como el avaro a su tesoro; ¡Y tú, por lo contrario, los huyes! No te engañes, nunca entrarás en el cielo sin la cruz; porque la cruz de Jesucristo es la puerta del paraíso. (San Juan Crisóstomo).

El amor a la cruz
Orad por los afligidos.

ORACIÓN

Dios todopoderoso, mirad nuestra debilidad, ved cuán agobiados estamos bajo el peso de nuestros pe cados, y fortificadnos por la intercesión de San Simeón, vuestro pontífice mártir. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 17 de febrero de 2012

SANTORAL 17 DE FEBRERO



  • San Silvino, Obispo y Confesor
  • Beato. Francisco Regis Clet, Mártir
  • San Julián de Capadocia ** 
  • San Policronio, Obispo y Mártir
  • Santos Teódulo y Julián, Mártires
  • San Fintano de Cloneenagh, Abad
  • Beato Reginaldo de Orleans
  • Beato Andrés de Anagni
  • Beato Lucas Belludi
  • Beato Pedro de Treia
  • Beato Guillermo Richardson, Mártir
  • Los Mártires de China I


17 de febrero


SAN SILVINO,
Obispo y Confesor
n. hacia el año 650 en Toulouse, Francia;
† hacia el año 717 en Auchy-les-Moines, Francia

¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo,
si es a costa suya, y perdiéndose a sí mismo?
(San Lucas 9, 25)

San Silvino, apóstol de Flandes, había trabajado en su propia santificación antes de trabajar en la de los demás. Sólo de hierbas se alimentaba y de raíces; se acostaba en la tierra desnuda y ataba sus miembros con una cadena de hierro. He aquí las armas de que se sirvió para atacar al demonio en un país en el que era adorado. ¿Podemos asombrarnos de que, predicando así con sus ejemplos más aun que con sus palabras, haya ganado tantas almas para Jesucristo?

MEDITACIÓN
SOBRE LA SALVACIÓN

I. Las palabras del santo Evangelio, que hemos citado al comienzo, bastan por sí solas, según San Francisco Javier, para hacer que mejore su vida el alma que las medite. Piensa, pues, en ello: es preciso que te salves, he aquí tu única preocupación; para ello estás en este mundo, y no para adquirir riquezas, honores, o procurarte los gozos de la vida. Sin embargo, no pensamos en eso y, día y noche, pensamos en amontonar bienes perecederos.

II. Es menester trabajar en nuestra salvación de manera seria y eficaz. ¿Qué haces para esto? ¡Desdichado! sacrificas tu salud para adquirir ciencia, honores, riquezas, y apenas si piensas en santificarte! Dime, por favor: ¿para qué servirán, en la hora de la muerte, esas riquezas, esa alta reputación, esa ciencia? Has perdido todo si pierdes tu alma. Allí donde se pierde el alma, no hay ganancia posible (San Cipriano).

III. Es menester que sin tardar trabajes en tu salvación, pues el que difiere su conversión para el día de mañana corre gran riesgo de perderse. Distribuye tu tiempo de modo que el mundo no absorba toda tu vida. Comienza desde ahora a determinar lo que debes dar a Dios, llora el tiempo que sacrificaste a tus placeres, prepárate a dar cuenta de él. Demos a Dios algunos instantes de nuestra vida, no sea que la vanidad y las inquietudes miserables la consuman enteramente (San Pedro Crisólogo).

El cuidado de nuestra salvación.
Orad por los que tienen cura de almas.

ORACIÓN

Haced, oh Dios omnipotente, que la piadosa solemnidad de San Silvino, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación.
Por J. C. N. S.

jueves, 16 de febrero de 2012

SANTORAL 16 DE FEBRERO




16 de febrero


SANTA JULIANA,
Virgen y Mártir
† martirizada hacia el año 305

Patrona de los enfermos.

El cielo y la tierra pasarán,
pero mis palabras no pasarán.
(Lucas 21, 33)

Santa Juliana, considerando el orden admirable del universo, reconoció que era la obra de un Dios único y soberanamente poderoso, y abrazó la religión cristiana. Evilacio, prefecto de Nicomedia, pidió su mano, pero Juliana le respondió que no quería por esposo a un adorador de los falsos dioses. Evilacio, pasando entonces del amor al odio, la hizo azotar, cargar de cadenas y encerrar en una prisión. Mientras estaba en oración en su calabozo, el espíritu de las tinieblas se le apareció transformado en ángel de luz para persuadirla a renegar de su fe. Juliana deshizo el artificio haciendo la señal de la cruz, y para burlarse del demonio, lo cargó con sus propias cadenas. La condenaron a ser quemada viva, pero como las llamas no obraban con suficiente actividad, le cortaron la cabeza.

MEDITACIÓN
EL MUNDO ES UN GRAN LIBRO

I. El mundo es un gran libro en el cual San Antonio aprendió a amar a Dios y Santa Juliana a conocerlo. En este libro hay creaturas que nos representan la bondad de Dios. El sol y la luna nos alumbran, la tierra nos da frutos y flores para nuestro alimento y nuestro recreo. Consideremos estas creaturas, y demos gracias a Dios que nos las dio como otras tantas prendas de su amor. ¡Ah! si la tierra nos ofrece a la vista tantas cosas admirables, ¿qué delicias no nos reservará el cielo? Si el destierro es tan hermoso, ¿cuánto no la será la patria? (San Agustín).

II. Al lado de esas creaturas tan admirables, hay otras, en el mundo, que nos molestan y nos incomodan. Si en ocasiones ponen a prueba tu paciencia, agradece a Dios que te recuerda, por este medio, que estás en un lugar de destierro y no en tu patria. Sufre con paciencia, diciéndote a ti mismo: Si tanto hay que sufrir en este mundo, ¡cuáles no serán los tormentos de los condenados en el infierno!

III. Considera que en la tierra todo es pasajero, que en el cielo todo es eterno. Los hombres mueren, cambian las estaciones, sucédense los imperios, el mundo pasa, y tú también como él: tu vida y tus placeres huyen, lo que ves no es sino belleza fugitiva o, mejor dicho, un ligero rayo de la belleza permanente y eterna de Dios (Tertuliano).

La consideración de las obras de Dios.
Orad por la conversión de los infieles.

ORACIÓN

Que la bienaventurada Juliana, virgen y mártir, implore por nosotros vuestra misericordia, Señor, ella que siempre os fue agradable por el mérito de su castidad y por su valor en confesar vuestro Santo Nombre. Por J. C. N. S.

miércoles, 15 de febrero de 2012

SANTORAL 15 DE FEBRERO




15 de febrero


SANTOS FAUSTINO Y JOVITA - MARTÍRES 

Los Santos Faustino y Jovita, hermanos, nacieron en Brescia, ciudad de Lombardia, y desde niños fueron modestos, virtuosos y unidos entre sí con vínculos de caridad. A Faustino, que era el mayor, ordenó de sacerdote Apolonio, obispo de aquella ciudad, y a Jovita de diácono. Comenzaron a ejercitar su sagrado ministerio con tanto aprovechamiento, que muchos gentiles se convirtieron a nuestra santa fe.

Llegó esto a noticia del emperador Adriano, el cual dio comisión a Itálico para que procediese contra los santos hermanos. Procuró aquél por todos los medios que adorasen a los falsos dioses, y viendo que los Santos no le hacían caso, esperó que llegase el emperador, el cual los mandó llevar delante de una estatua del Sol, y con la oración que hicieron los Santos se deshizo y resolvió en ceniza. Enfurecido Adriano, los hizo echar a las fieras; mas éstas se arrojaron a sus pies como corderos y despedazaron a muchos de los infieles.

Después de haber llevado a los Santos a diferentes ciudades de Italia y hécholes padecer varios tormentos, los volvieron a su patria, y allí fueron degollados el día 15 de Febrero año 122.



martes, 14 de febrero de 2012

SANTORAL 14 DE FEBRERO



  • San Valentín, Mártir
  • Beato Juan Bautista de la Concepción
  • San Eleucadio, Obispo
  • San Abraham, Obispo de Carras
  • San Marón, Abad
  • San Auxencio
  • San Antonino de Sorrento, Abad
  • San Adolfo, Obispo de Osnabrück
  • Beato Cnrado de Baviera
  • Beato Nicolás Pullia
  • Beato Ángelo de Gualdo
  • Beato Juan Bautista de Almodóvar

14 de Febrero



SAN VALENTÍN, 
Mártir
(† ca.270)



La historia carda —dolorosamente a veces— la leyenda. ¿Por qué, cuando uno escribe sobre vidas de santos, aflora y fluye siempre, insistente y donoso, por sobre el dato histórico —veraz y escueto— el colorido jubiloso de la leyenda, donde la verdad es una maciza y ancha ternura amasada con piadosas exageraciones que la tradición mantiene severamente? ¿Por qué el pueblo cristiano incorpora su miedo o su júbilo cósmicos al santoral?...

No sólo continuamos en la Iglesia la pasión de Cristo, sino que continuamos también su Redención y esa restauración total, plena, del cosmos que, en nosotros y por medio de nosotros, realiza el sacerdocio de Cristo.

Sería interesante hacer, en la historia de la espiritualidad, una cala que mostrase esas interpolaciones que el pueblo —no sabemos cómo— ha hecho en el santoral, en función de necesidades y problemas religiosos o humanos determinados por el riesgo en que su propio "compromiso" cristiano le sitúa ante esas actitudes negativas que de vez en cuando surgen en núcleos aislados de la cristiandad.

Es posible, por ello, que el patronazgo de San Valentín sobre el amor humano obedezca al empeño de cristianizar viejas costumbres de matiz pagano, cuya reiteración conmemorativa coincidiera con el aniversario de su martirio, ocurrido hacia el año 270, en la vía Flaminia de Roma, cuando la primavera gusta de anticiparse jubilosamente —un poco franciscanamente aún— y el ciclo de la expectación de la fecundidad se inicia en la naturaleza. Vuelve a los árboles la savia por entonces, inician su regreso las aves y a Roma vuelven —ut viderent Petrum—, en romería, los romeros. Entraban por la puerta Flaminia, que se llamó puerta de San Valentín, porque allí, en recuerdo de su martirio, el papa Julio I —siglo IV— construyó en su honor una basílica...

Fue allí, en el umbral de Roma —cuando a Roma se llega desde la Umbría—, donde San Valentín —sacerdote y mártir— sería degollado por orden del emperador Claudio II. Por haber socorrido a los cristianos encarcelados, Valentín hubo de soportar, ante el tribunal del emperador, un largo, severo y minucioso interrogatorio. ¡Con qué amorosa firmeza declaró, profesó y defendió la verdad San Valentín! Por ello, el prefecto Calpurnius le condena. Su lugarteniente Asterius recibe y acepta la misión de custodiarle. Pero él —Asterius— tiene adoptada una niña en casa, cuyos menudos ojos nada ven hace tiempo ya. ¿Qué movió a Asterius a la súplica? ¿Acaso aquella sensación de frialdad triste que se remansa en el rostro ciego, en la belleza inútil de las adolescentes esculturas grecolatinas? ¿Por qué condicionó Asterius su súplica a la promesa de creer en Cristo si Valentín encendía los ojos de la niña? Porque Valentín aceptó sacerdotalmente, y en nombre del Señor obró el prodigio, y con él se hizo la luz no sólo en Asterius, sino en su casa toda, y toda la familia recibe el agua bautismal, para recibir, con ella, el martirio...

Los peregrinos que de Roma vuelven, por la vía Flaminia, regresarán con reliquias de San Valentín —sacerdote y mártir— y el recuerdo de aquellos ojos muertos a los que dio videncia. Se referirá la historia fervorosamente y la fe, con el júbilo de creer y poseer la verdad, coloreará la anécdota hasta hacerse precisos varios San Valentín para completarla, y para mantenerla varias serán las ciudades de la cristiandad que reclamen después —y aún hoy— su oriundez.

Un escritor —de confesionalidad protestante— francés cuenta en un libro de viajes publicado en 1698 cómo la vigilia de San Valentín, en Inglaterra, siguiendo una —según él— antiquísima costumbre, celebran una fiesta en la que cada Valentín elige su Valentina precisamente al llegar la conmemoración del santo romano —sacerdote y mártir—, que es cuando la naturaleza va a iniciar un nuevo ciclo de pujanza y desarrollo. Y lo curioso es que no faltan severos sermonarios protestantes en los que se denunciaba ya esta efemérides como festividad de cuño "papista" y pagano al mismo tiempo.

San Francisco de Sales, en cambio —que ve también un indudable poso de paganía en la vieja tradición de los valentinos—, aconseja a los jóvenes que imiten las virtudes del Santo. Nosotros pensamos que muchas de las costumbres y celebraciones paganas que Roma extendió por su vasto imperio coincidieron, en las épocas de las persecuciones, con testimonios y martirios que, cual el de San Valentín, supusieron después, en la Edad Media, una motivación providencial para enjugar de sentido cristiano viejas tradiciones paganas. De aquí, tal vez, el que San Valentín fuera incorporado por la misma Iglesia discente, de un modo popular, colectivo y espontáneo, al patronazgo del amor humano, porque donde está el amor, y con él su proyección y su gesto, que es la caridad, allí está Dios. Ubi charitas et amor Deus ibi est, canta la Iglesia el Jueves Santo. Y amar —Santo Tomás de Aquino así lo afirma— es querer el bien para aquel a quien se ama.

Nuestra vocación cristiana es —hic et nunc— el amor. Precisamente porque hay muchas moradas en la casa, en el hogar del Padre, son muchos los llamados... Es, por ello, necesario conocer nuestra vocación específica, personal e intransferible, y darnos, entregarnos —esto es amor— a ella sin reservas, por amor de Dios Nuestro Señor... Porque el cristiano —viator, peregrino siempre— regresa constantemente, un día y otro, hacia Dios. Y es Cristo —verbum Dei, palabra, verdad, pujanza y vida— el camino. San Pablo insiste en que "cada uno ande según Dios le dio y según le pidió", y si a unos pide Dios que regresen hasta Él negándose a sí mismos, gallardamente, todo el apoyo que las criaturas de Dios prestan para posibilitar este plebiscitario, eclesial, regreso hacia Él, a otros —los más— llama Dios pidiéndoles que utilicen distintos vasos donde consagrar su vida y ofrecerla para la gloria de su nombre y la piadosa, amorosa edificación de los hermanos.

Todo amor verdadero es fecundo. Todo amor verdadero es un don de Dios. Unicamente se impone la renuncia al amor propio —el odio propio, que así le llamó Santa Teresa—, porque el don del amor exige dar, entregarse, totalizar ese sacerdocio menor para el que el amor nos prepara, desde nuestra propia e íntima vigilia de San Valentín hasta el borde mismo del sacramento en que Dios —¡aquella oración sacerdotal de Cristo: ...ut sint unum!— hace, de dos, una sola carne, para que alcancen —conforme a la impresionante expresión paulina— "la medida de la edad en Cristo"...

Señor San Valentín: tú que diste videncia a aquellos ojos ciegos, niños, en casa del lugarteniente Asterius, cura esta torpe, maciza ceguedad en nuestros ojos, por que logremos ver y otear la impresionante hondura, la jubilosa perspectiva de ese misterio estremecedor del amor humano, para que, como tú, sepamos dar testimonio de la verdad, en la presencia del Dios que nos une... Congregavit nos in unum Christi amor.

ALFONSO ALBALÁ

San Valentín

Proclamado espontáneamente "patrono de los enamorados", dio su nombre a los pupulares "valentines"; recuerdos y misivas, en su día, de un amor que pueda recibir la bendición sacerdotal, en el Sacramento del Matrimonio.

En Roma vivía un sacerdote de nombre Valentín, quien era reconocido como un hombre virtuoso por su bondad y sabiduría. En el año 270, en tiempos de Claudio II (El Gótico), se le acusó de blasfemia, ya que defendía el Cristianismo y en ese entonces se rendía honores a los falsos dioses imperiales.

Fue enviado al tribunal y condenado por el emperador Asterio, quien estaba al mando. Mientras Valentín cumplía su condena, Asterio se impresionabla con el testimonio que daba en la cárcel, ya que soportaba duras torturas sin quejarse y demostraba amor por los demás presos.

Asterio le propuso a Valentín que si hacía el milagro de devolverle la vista a una niña, que la había perdido desde hacía unos años, él y su familia se convertirían al Cristianismo. Pero con milagro o no, Valentín debería cumplir su condena.

Valentín pidió en nombre de Jesucristo que la niña recobrara la vista y así sucedió. Asterio y toda su numerosa familia se convirtieron al Cristianismo. Al pasar el tiempo, llegaría el día de la muerte de Valentín, que murió torturado y degollado el 14 de febrero, dando así testimonio del amor hacia Cristo y su Iglesia. Tiempo después el Papa, Julio I, erigió una basílica junto al lugar en donde el santo fue martirizado y sepultado. De ahí que su nombre se le dé más tarde a los famosos "valentines", que eran aquellos que mostraban valentía y decisión en el amor divino, ya que también los futuros esposos han de avanzar con valentía y decisión hacia el amor de su matrimonio, Sacramento grande en Cristo y en su Iglesia.

Por aquella época, alrededor de esta fecha de San Valentín, las aves de diversas regiones empezaban a deleitar con sus cantos y arrullos y se les podía ver de dos en dos formando sus nidos. Esto simbolizaba para la gente de diferentes naciones como un regalo especial. Tiempo después la gente empezó a intercambiar tarjetas en vez de regalos. Aunque son especialmente los enamorados quienes celebran el Día de San Valentín, actualmente en este día se festeja también a todos aquellos que comparten la amistad, ya sea maestros, parientes, compañeros de trabajo. ¡Feliz día de la amistad! San Valentín, rogad por nosotros.

lunes, 13 de febrero de 2012

SANTORAL 13 DE FEBRERO



  • San Martiniano, Confesor
  • San Agabo
  • Santas Fusca y Maura, Mártires
  • San Polieucto, Mártir
  • San Martiniano, el Ermitaño
  • Santa Ermenegilda o Ermenilda, Viuda y Abadesa
  • Beata Cristina de Espoleto
  • Beata Eustoquio de Padua, Virgen
  • Beata Arcángela Girlani, Virgen

13 de febrero



SAN MARTINIANO,
Confesor
n. hacia el año 350 en Cesarea;
† hacia el año 398 en Atenas, Grecia

Nosotros no ponemos la mira en las cosas visibles,
sino en las invisibles. Porque las que se ven son transitorias;
mas las que no se ven son eternas.
(2 Corintios 4, 18)

San Martiniano se retiró al desierto a la edad de 18 años. Llegose allí el demonio a tentarlo. Estaba a punto de sucumbir y abandonar su celda, cuando fue detenido por este pensamiento: ¡Desdichado, Dios te ve!Rechazó la tentación y volvió a emprender, con mayor ardor, sus ejercicios de piedad. Redobló el demonio sus esfuerzos para arrancarlo de la soledad y arrojarlo al mundo, donde esperaba hacerlo abandonar el servicio de Dios: pero San Martiniano triunfó de sus ataques por medio del ayuno, la mortificación y la oración.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS TENTACIONES

I. Estarás expuesto a las tentaciones durante todo el curso de tu vida; las encontrarás en todas partes, tengas la edad que tengas y cualquiera sea tu condición; deberás siempre luchar contra los deseos de la carne. Humíllate, pues, viéndote sujeto a tantas flaquezas; teme, y vela sobre ti incesantemente; evita las ocasiones peligrosas, si puedes, o por lo menos prevelas y apercíbete, para no ser sorprendido cuando te veas en ellas.

II. ¿Quieres resistir valientemente a todas las tentaciones? Anda en la presencia de Dios. Este pensamiento: Dios me ve, impidió a San Martiniano sucumbir; producirá en ti el mismo efecto. ¡Dios me ve! Dios, que me castigará si lo ofendo, que me recompensará si salgo victorioso de esta prueba. Jesucristo, que ha derramado toda su sangre para salvarme, tiene puestos los ojos sobre mí, ¿y vacilaré yo en privarme de un placer, por Él? Si meditas cualquiera de estos pensamientos, no hay tentación que no puedas superar.

III. Imita al Apóstol San Pablo: castiga tu cuerpo, redúcelo a servidumbre, y las tentaciones de la carne se disiparán. Dite a ti mismo, a ejemplo de San Martiniano: Quieres cometer un pecado que te condenará, considera si podrás soportar el fuego del infierno, los azotes y el hambre. Es preciso que el pensamiento del infierno trueque en amargura todos los placeres criminales del mundo. Todo lo que sonríe en el siglo presente, debe hacerse amargo mediante la consideración del fuego eterno (San Gregorio).

La perseverancia.
Orad por los que son tentados.

ORACIÓN

Oh Dios, que cada año nos proporcionáis un nuevo motivo de júbilo en la fiesta del bienaventurado Martiniano, vuestro confesor, haced, benignamente, que honrando la nueva vida que ha recibido en el cielo, imitemos la que vivió en la tierra. Por J. C. N. S.

domingo, 12 de febrero de 2012

SANTORAL 12 DE FEBRERO



11 de febrero




SANTA EULALIA
Virgen y Mártir

n. hacia el año 290 en España;
† martirizada hacia el año 304 en Barcelona, España

Patrona de marineros. Protectora contra las sequías y los inconvenientes 
en los viajes por mar.



Nosotros no ponemos la mira en las cosas visibles,
sino en las invisibles. Porque las que se ven, son
transitorias; mas las que no se ven, son eternas.(2 Cor. 4, 18)


Santa Eulalia, cuando apenas contaba 14 años, fue sometida al tormento del potro, a los azotes, a las uñas de hierro, al fuego, a la cal viva y al plomo derretido. Ella sufre impávida los tormentos: "Dios, dice, está conmigo". No considera a los verdugos que la atormentan, sino a Jesucristo que la consuela; no presta atención a los suplicios que soporta, sino a la recompensa que espera de Dios que es el espectador de su martirio. Expira invocando a Jesucristo, y su alma emprende vuelo hacia lo alto en forma de paloma.

MEDITACIÓN
SOBRE LA PRESENCIA DE DIOS

I. Almas justas, Dios os ve cuando sufrís; ve vuestros combates y vuestras victorias; ¡qué consuelo en vuestras aflicciones! ¿Qué soldado no se expondría a la muerte bajo la mirada de su rey? Cuando gimo, cuando me impaciento, Dios me ve; ¿me atrevería a cometer esta cobardía en presencia de un hombre honrado? No basta que Dios me vea, es preciso que esté siempre presente a mi espíritu.
II. No solamente ve Dios nuestras aflicciones, sino que es Él quien nos las envía o quien permite que las tengamos. No te irrites, pues, contra la mano de tu perseguidor, ni te impacientes en tus enfermedades: Dios quiere que ellas te aflijan. En adelante recibe con entera resignaci6n todos los males que te envíe, y dile a Dios con Jesús: ¡Padre mío, que se haga vuestra voluntad, y no la mía!
III. Dios recompensará estos sufrimientos; si es su espectador lo es solamente para ser, Él mismo, la recompensa. "Yo seré, dice Él, vuestra recompensa". Él será quien enjugue tus lágrimas; invócalo en la aflicción. Él consoló a Santa Eulalia y a tantos otros mártires en sus suplicios; Él colmaba de gozo a Job en su estercolero. Ten presente en tu espíritu, en tus sufrimientos, este pensamiento: Dios ve mis sufrimientos, Dios los recompensará; y tus dolores se disiparán, crecerá en ti el valor. Tienes a los ángeles y al Señor de los ángeles como espectadores en las luchas que sostienes contra el demonio. (San Efrén).

El recogimiento 
Orad por los muertos. 

ORACIÓN
Que la bienaventurada Eulalia, virgen y mártir, implore por nosotros vuestra misericordia, Señor, ella que siempre os fue agradable por el mérito de la castidad y por su valor en confesar vuestro santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 11 de febrero de 2012

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: "Yo soy la Inmaculada Concepción".


Nuestra Señora de Lourdes


La Historia - Lourdes, Francia




El 11 de febrero de 1858, Bernadette, una niña de catorce años, recogía leña en Massbielle, en las afueras de Lourdes, cuando acercándose a una gruta, una de viento la sorprendió y vio una nube dorada y a una Señora vestida de blanco, con sus pies descalzos cubiertos por dos rosas doradas, que parecían apoyarse sobre las ramas de un rosal, en su cintura tenia una ancha cinta azul, sus manos juntas estaban en posición de oración y llevaba un rosario.

Bernadette al principio se asusto, pero luego comenzó a rezar el rosario que siempre llevaba consigo, al mismo tiempo que la niña, la Señora pasaba las cuentas del suyo entre sus dedos, al finalizar, la Virgen María retrocedió hacia la Gruta y desapareció. Estas apariciones se repitieron 18 veces, hasta el día 16 de julio.

El 18 de febrero en la tercera aparición la Virgen le dijo a Bernadette: "Ven aquí durante quince días seguidos". La niña le prometió hacerlo y la Señora le expresó "Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino en el otro".

La noticia de las apariciones se corrió por toda la comarca, y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, otros se burlaban.

Santa BernardetEn la novena aparición, el 25 de febrero, la Señora mando a Santa Bernadette a beber y lavarse los pies en el agua de una fuente, señalándole el fondo de la gruta. La niña no la encontró, pero obedeció la solicitud de la Virgen, y escarbó en el suelo, produciéndose el primer brote del milagroso manantial de Lourdes.

En las apariciones, la Señora exhortó a la niña a rogar por los pecadores, manifestó el deseo de que en el lugar sea erigida una capilla y mando a Bernadette a besar la tierra, como acto de penitencia para ella y para otros, el pueblo presente en el lugar también la imito y hasta el día de hoy, esta práctica continúa.

El 25 de marzo, a pedido del párroco del lugar, la niña pregunta a la Señora ¿Quien eres?, y ella le responde: "Yo soy la Inmaculada Concepción".

Luego Bernadette fue a contarle al sacerdote, y él quedo asombrado, pues era casi imposible que una jovencita analfabeta pudiese saber sobre el dogma de la Inmaculada Concepción, declarado por el Papa Pío IX en 1854.

En la aparición del día 5 de abril, la niña permanece en éxtasis, sin quemarse por la vela que se consume entre sus manos.

El 16 de julio de 1858, la Virgen María aparece por última vez y se despide de Bernadette.

En el lugar se comenzó a construirse un Santuario, el Papa Pío IX le dio el titulo de Basílica en 1874. Las apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de Enero 1862.

Lourdes es uno de los lugares de mayor peregrinaje en el mundo, millones de personas acuden cada año y muchísimos enfermos han sido sanados en sus aguas milagrosas. La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes se celebra el día de su primera aparición, el 11 de febrero.

El mensaje de la Virgen

El Mensaje que la Santísima Virgen dio en Lourdes, Francia, en 1858, puede resumirse en los siguientes puntos:

1-Es un agradecimiento del cielo por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que se había declarado cuatro años antes (1854), al mismo tiempo que así se presenta Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que está necesitado de esta virtud.

2-Es una exaltación a la virtudes de la pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger a Bernardita como instrumento de su mensaje.

3-Un mensaje importantísimo en Lourdes es el de la Cruz. La Santísima Virgen le repite que lo importante es ser feliz en la otra vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz.

4-Importancia de la oración, del rosario, de la penitencia y humildad (besando el suelo como señal de ello); también, un mensaje de misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los enfermos

Santa Bernardette

Santa Bernadette Soubirous: nació el 7 de enero, de 1844, en el pueblo de Lourdes, Francia. Su nombre era Marie Bernard, pero la llamaban Bernadette. Su salud era precaria, desde niña fue asmática, tiempo después de las apariciones, fue admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. En julio de 1866 comenzó su noviciado y el 22 de septiembre de 1878 pronunció sus votos, falleció unos meses después, el día 16 de Abril de 1879.

La vida de Bernadette, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades y humillaciones, soporto muchos dolores, tenia tuberculosis, un tumor en la rodilla, problemas en los oídos.


En los primeros años con las monjas, la Santa jovencita sufrió mucho, no solo por su mala salud, sino también a causa que la Madre superiora del lugar que no creía en sus enfermedades, inclusive decía que cojeaba de su pierna para llamar la atención.
Como religiosa se dedicó a ser asistente de enfermería y más tarde cuando ya estuvo muy mal de salud, fue sacristán. Antes de morir dijo: "Ruega Señora por esta pobre pecadora".

Santa Bernardita Incorrupta30 años más tarde, su cadáver fue exhumado, y hallado en perfecto estado de conservación, unos años después, poco antes de su Beatificación, efectuada el 12 de Junio de 1925, se realizó un segundo reconocimiento del cuerpo, el cual seguía intacto.

Bernadette fue Canonizada el 8 de Diciembre de 1933. Su cuerpo incorrupto todavía puede verse en el Convento de Nevers, dentro de un féretro de cristal. La festividad de la Santa se celebra el 16 de Abril.

La Piedad de Bernardette vence las pruebas


Sta BernardetteDos virtudes resaltaban en Bernardette: la piedad y la modestia. Para ser piadoso no es necesario ser sabio. Aún cuando se hizo religiosa, ella misma decía que no sabía como orar y sin embargo pasaba largas horas en oración. Y su oración no era mecánica, sino que le hablaba a Dios y a la Virgen como se habla con una persona cara a cara. Era pues una oración del corazón, intensa, honesta y eficaz.


Amaba la oración. Ella sabía muy bien como rezar el Santo Rosario el cual siempre llevaba en su bolsillo. Lo tenía en sus manos cuando se le apareció la Virgen. Su primer gesto en momentos de cualquier prueba o dificultad era siempre tomar su rosario y empezar a recitarlo.

La pequeña escogida por la Virgen tendría mucho que sufrir hasta el día de su muerte, tanto sufrimientos morales como físicos; pero nunca debemos olvidar que Dios guía a esta pequeña niña y que ella era responde con humildad, abandono, fe y coraje. Bernardette poseía además virtudes que serían criticadas durante toda su vida como "defectos". Por este error de la gente se puso en duda también la autenticidad de las apariciones.

Esta niña de solo 14 años (cumplidos en Enero 7 1858), tuvo que ser sabia, firme, extraordinariamente valiente y saber discernir, para poder enfrentarse con las personas que trataban de disuadirla, entre ellas sacerdotes, obispos, jefes de la policía, procuradores, etc.

Para tener una idea de la fortaleza interior y la capacidad de su juicio, podemos ver algunas de las frases que dijo durante los interrogatorios a los que tuvo que someterse. Después de que el Procurador Imperial, el señor Dutor, hizo quedarse de pie por mucho tiempo a Bernardette y a su mamá, al fin les dijo condescendientemente:

-"Ahí hay sillas. Pueden sentarse"

Bernardette respondió: "No. Pudiéramos ensuciárselas"

En otra ocasión, cuando le preguntaron sobre el idioma en que le habló la Virgen, Bernardette dijo:
-"Ella me habló en dialecto"

-"La Virgen María no pudo haber hablado en dialecto", le respondieron, "Dios y la Virgen no hablan dialecto".

A lo que ella respondió: "¿Cómo podemos saber nosotros dialecto si ellos no lo hablan?"

-"Oh, ¿por qué piensa que me habló en Francés? ¿puedo yo hablar en Francés?"

En la doceava aparición Bernardette le acercó un rosario a la Virgen. Un sacerdote le preguntó después de la aparición: ¿Así que ahora también bendices rosarios?
Bernardette se rió y dijo: "Yo no uso una estola, ¿o sí?."

Otro le preguntó: "Así que Bernardette, ahora que la Virgen te ha prometido que irás al cielo, no necesitas preocuparte del cuidado de tu alma".

Bernardette: "Pero Padre, yo solo iré al cielo si me porto correctamente"

Sus interrogatorios serían de largas horas, algunas veces días enteros; y sus interrogadores trataban de engañarla para que contradijera sus declaraciones. Pero ella se mantenía alerta, en guardia, sabiendo que ellos no querían la verdad, sino probar que lo había inventado todo.

Bernardette tuvo que enfrentarse frecuentemente con el párroco de Lourdes, Abbé Peyramale, quién tenía fama por su mal genio. Sin embargo todas las veces que nuestra santa fue a verlo, a pesar del temor que sentía, nunca se echó atrás, sino que siempre vencía su natural miedo. Su voluntad de cumplir con lo que la Virgen le había encargado podía mucho más que el mal genio del sacerdote.

Y así vemos como Bernardette cumple los deseos de la Virgen a pesar de grandes obstáculos y de sus propias flaquezas. Al final, en el último día de las apariciones, el 25 de marzo de 1858, la Virgen revela su identidad dándole a Bernardette la prueba que tanto pedía su párroco para creerle.

Las palabras de la Virgen, "Yo Soy la Inmaculada Concepción" , fueron las que derrumbaron de una vez por todas el muro de la incredulidad en el corazón de párroco, quién se convirtió desde ese momento en su más grande defensor y apoyo, usando su mismo temperamento contra los que atacaban a la niña.

A diferencia de otras apariciones, como La Salette, Pointman, Fátima, Knock, Beuraing, exceptuando la Medalla Milagrosa; Bernardette era la única vidente. No tenía otros que corroborasen el testimonio y le sirviesen de apoyo. Su única fuente de fortaleza era la misma Virgen Santísima. Pero esta era suficiente para ella.

Llegaría un tiempo donde sus cualidades, su fuerza interior, su rapidez al contestar, todas usadas para defender las Apariciones de la Virgen, se usarían en su contra. Aquellos que la apoyaban sabían entender sus grandes virtudes, pero para los que la criticaban eran sus grandes defectos. A su fortaleza interna le llamaban terquedad; a su rapidez en responder le llamaban insolencia. Una vez en el Convento de San Gildard, en Nevers, cuando fue acusada de tener amor propio, ella dibujó un círculo y puso la marca del dedo en el centro del mismo y dijo: "Que el que no tenga amor propio ponga su dedo aquí" (indicando la marca del centro).

Las apariciones fueron para Bernardette un regalo inmerecido, un regalo que que en si mismo no la hizo santa. Era un regalo para el mundo, pero que al mismo tiempo por su admirable correspondía a la gracia, la llevaría a la santidad.

Hemos de tener claro que Santa Bernardita no fue canonizada por haber visto a la Virgen Santísima, sino por haber subido por la escalera de la santidad a través de enormes pruebas y cruces. Para ser santo no es necesario haber tenido grandes experiencias místicas. Es suficiente tener estas dos cosas: humildad y amor. Es en la asidua oración y en la vida de virtud que el amor se expresa a sí mismo.

Después de las apariciones

LourdesLa humilde jovencita escogida para tan gran misión, permaneció después de las apariciones como era antes, es decir la Virgen se encargo de conservarla sencilla, humilde y modesta. No le gustaban el bullicio ni la popularidad.

Pasaba como una mas, excepto por sus virtudes, por su inocencia, su candor y rectitud en su obrar. Hizo su primera comunión el mismo ano 1858, el 3 de junio, día de Corpus Christi. Nada espectacular sucedió excepto que ella había piadosamente recibido a Jesús.

Dios seguía visitándola, no con brillantes apariciones, sino por la prueba amarga de los sufrimientos: de la incomprensión, burla, casi siempre estaba enferma, soportaba dolores de toda clase, recogida y resignada con paciencia. Sufría de asma crónica, tuberculosis, vómitos de sangre, aneurisma, gastralgia, tumor de una rodilla, caries en los huesos, abscesos en los oídos que le ocasionaron sordera, que esta se le quito hasta un poco antes de su muerte.

La Virgen le dijo a Bernardette: 
"No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el próximo". 
Y estas palabras de la Virgen se cumplieron plenamente en nuestra santa. Mucho tuvo que sufrir durante su vida hasta su muerte a los 35 años. La salud de Bernardette era muy delicada, muchas veces tenía que estar en cama con fiebre; tenía días bien críticos con ataques de asma que muchas veces eran bien dolorosos.

Muchos encontraban cura en la fuente de Lourdes, pero no Bernardette. Un día le preguntaron: "¿No tomas del agua de la fuente?. Estas aguas han curado a otros, ¿por qué no a ti?. Esta pregunta insidiosa pudo haberse convertido en una tentación para Bernardette en no creer en la aparición, pero ella no se turbó. Le respondió:

"La Virgen Santísima quizás desea que yo sufra. Lo necesito"

¿Porqué tu más que otros?
-"El buen Dios solo lo sabe".

¿Regresas algunas veces a la gruta?
- "Cuando el Párroco me lo permite".

¿Porqué no te lo permite todo el tiempo?
-"Porque todos me seguirían".

Antes habías ido aún cuando se te había prohibido.
- "eso fue porque fui presionada."

La Virgen Santísima te dijo que serías feliz en el otro mundo, así que estas segura de ir al cielo.
- "Oh no, eso será solo si obro bien".

¿Y no te dijo Ella que hacer para ir al cielo?
-"Nosotros lo sabemos muy bien; no es necesario que yo lo diga".

Últimos años en Lourdes

Bernardette no podía recibir en su casa el cuidado que ella necesitaba para su frágil salud y el gran número de visitantes curiosos le causaban fatiga. Viendo esta necesidad, Abbé Peyramale pidió a la Superiora del Hospicio de Lourdes que acogiera a la niña. Le dijo:

"Es con ustedes que la niña debe estar. Ustedes pueden darle el cuidado que ella necesita en todos los aspectos".

En el año 1860, las Hermanas de la Caridad de Nevers, que servían el hospital y la escuela, le ofrecieron un asilo titular. Desde aquel día permaneció bajo su techo, con su salud delicada, pero con su consigna de siempre: no llamar la atención de nadie. Aún cuando sus padres ya se habían mudado de la cárcel y vivían en un molino, le dieron permiso sin dificultades de permanecer con las hermanas. Su madre lloró por su partida pero sabía que era por el bienestar de la niña.

En el hospicio Bernardette fue asignada bajo el cuidado de la Hermana Elizabeth, quien le debía enseñar a leer y escribir mejor. Bernardette tenía 16 años, era julio de 1860. La superiora le dijo a la Hna. Elizabeth: "se dice que ella no es muy inteligente, mira a ver si es posible hacer algo con ella".

La Hna. Elizabeth al entrar en contacto con Bernardette diría: "Encuentro en ella una inteligencia muy viva, un candor perfecto y un corazón exquisito". Ella diría a la madre superiora: "Mi querida Madre, la han engañado. Bernardette es muy inteligente y asimila muy bien la doctrina que se le da."

Sin ser brillante, Bernardette adquirió gran cantidad de conocimiento elemental. En su tiempo en el hospicio, permaneció siendo una niña de su edad. Era recta, sincera, piadosa pero traviesa, muy vivaz, a quien le encantaba reír, jugar y bromear. Muchas veces la ponían a cuidar niños más pequeños, como era la costumbre en las escuelas elementales y Bernardette se mostraba tan joven y juguetona como la más pequeña niña.

Uno de los niños diría mas tarde:

"Bernardette era tan simple. Cuando le pedían que nos cuidara, lo hacía de una manera tal, que parecía otra niña jugando con nosotros, que no nos hacía pensar tanto en su aventura milagrosa. Criados con este pensamiento de que nuestra compañera había visto a la Virgen, lo considerábamos tan natural como un niño de hoy día que ha visto al presidente de la república".

Bernardette era completamente natural en su comportamiento diario, sin embargo era muy seria tocante a su vida cristiana.

Al crecer, Bernardette tuvo como toda joven, sus momentos de vanidad, queriendo estar arreglada y lucir bien. Pero todas estas vanidades pasaron por ella rápidamente y sin dejar ningún rastro en su corazón.

Decía la Hna. Victorina: "La fiebre pasó rápidamente y no dañó su profunda piedad".

La comunidad contaba con las oraciones de Bernardette. Un día una religiosa, la Madre Alejandrina, sufrió una torcedura y el médico le mandó a tener reposo. Pero ella era muy activa y le pidió a Bernardette que le pidiera a la Virgen que la curara. Bernardette inmediatamente fue a rezar ante la estatua de la Virgen en la capilla. Oró con todo su corazón. ¿Qué pasó?... no sabemos nada más que al otro día el doctor encontró a la Madre Alejandrina ocupada en su trabajo, como si nada hubiese pasado.

La vocación religiosa

La Virgen Santísima le dio una gracia especial al llamarla a la vida religiosa. Parece que nunca Bernardette consideró en serio el matrimonio. A los 19 o 20 años, en 1863, la vocación de ser religiosa se le presentó claramente. Había considerado vagamente ser carmelita, pero no fue difícil hacerle comprender que su salud era muy delicada para enfrentar los rigores del Carmelo.

Fue el Obispo Forcade de Nevers, que tenía en su diócesis la Casa Madre de las Hermanas de la Caridad del hospicio y la escuela de Lourdes, quien contribuyó definitivamente en su orientación. El le preguntó cuáles eran sus intenciones para el futuro y ella le respondió: "Señor Obispo, todo lo que pido es quedarme en esta casa como una sierva"

Pero hija mía, ¿no has pensado en llegar a ser una religiosa como las hermanas a las que tan apegada estás?. 
- "Oh, Señor Obispo, nunca he creído que esto pudiese ser para una ignorante y pobre niña como yo. Usted sabe bien que soy pobre y no tendría la dote necesaria".

No es la pobreza lo que debe detenerte. Se puede hacer una excepción a la regla y recibir a una joven sin dote, si ella tiene signos claros de vocación".
- "Señor Obispo, sus palabras me han tocado profundamente, le prometo que pensaré en ellas" .

Bernardette comprendía que una decisión como esta no se hace sin consideración y reflexión. El Obispo estaba muy complacido con su prudencia y le recomendó que se tomara su tiempo e hiciera su decisión con completa libertad y sin apresuramiento.

En Agosto de 1864, Bernardette dijo a la Madre Superiora del Hospicio:

"Madre mía, he orado mucho para saber si estoy llamada a la vida religiosa. Creo que la respuesta es "sí". Yo quisiera entrar en su congregación si soy aceptada. Permítame pedirle que le escriba al Obispo".

En respuesta la superiora abrazó a Bernardette y sus lágrimas de gozo fueron su afectuosa respuesta.

Habiendo hecho su elección, más ataques de enfermedad y la necesidad de tratar varios remedios retardaron la puesta en práctica de su promesa.

En 1866 escribió: 
"Estoy mas presionada que nunca a dejar el mundo. Ahora he decidido definitivamente y espero dejarlo pronto".

Por fin llegó el gran día a comienzos de Julio de 1866, tenía 22 años de edad. Por última vez fue a la amada gruta donde su despedida fue de todo corazón. "¿Ven la gruta?, era mi cielo en la tierra". Al día siguiente se despidió de su familia y en Julio 4 1866, Bernardette dejó su pueblo natal para nunca más volver.

Antes de partir improvisa una oración tomando como pauta el Magnificat: acción de gracias por la pobreza de su esclava. Se dirige directamente a María: 
"Si, Madre querida, tu te has abajado hasta la tierra para aparecerte a una débil niña..Tu, reina del cielo y la tierra, has querido servirte de lo que había de mas humilde según el mundo".

La religiosa, la Santa

Se va para comenzar su noviciado. Llegaron al convento de las Hermanas de la Caridad de Nevers, el 7 de julio de 1866 en la noche. El domingo Bernardette tuvo un ataque de nostalgia que le llevó a estar llorando todo el día.  La animaban diciéndole que este era un buen signo ya que su vida religiosa debía empezar con sacrificio. En los anales de la Casa Madre se lee:

"Bernardette es en realidad todo lo que de ella hemos oído, humilde en su triunfo sobrenatural; simple y modesta a pesar de que todo se le ha unido para elevarla. Ella ríe y es dulcemente feliz aunque la enfermedad se la está comiendo. Este es el sello de la santidad, sufrimiento unido a gozo celestial."


Hermana María Bernarda

Ni la superiora, la hermana Josefina Imbert, ni la maestra de novicias Madre María Teresa Vausou, entendían el tesoro que se les había confiado. Sí, admitían que la Virgen se le apareció, pero la veían tan "ordinaria", que tenían dificultad en ver santidad en ella. Su idea de santidad aparentemente era diferente a la de la Iglesia.
En el proceso diocesano de Beatificación, el Reverendo P. Peach, profesor de teología dogmática en el seminario de Moulins, les dijo a sus estudiantes:

"El testimonio llegó a esto, que Bernardette era muy ordinaria. Pero cuando se les preguntó si ella era fiel a las reglas, si tenía que ser corregida por desobediencia o en referencia a la pobreza y castidad, todas se apresuraron a decir: "Oh no, nada de eso".

¿Por qué sus superioras la juzgaban tan mal?; solo se puede encontrar respuesta en que era parte de la Providencia Divina para la santificación de Bernardette. De manera particular la Maestra de Novicias, Madre María Teresa Vauzou, quién fue la causante de muchos sufrimientos espirituales de Bernardette durante los 13 años que vivió en el convento. La Madre María, quien era estimada por su ojo agudo y su penetración psicológica, nunca fue capaz de leer en esta alma límpida su íntima unión con Dios, ni tampoco su total abandono a los deseos de su divina voluntad, la cual formaba su vida interior.

Bernardette, sin haber estudiado sobre la formas de oración, pasaba horas en ella, recitando su rosario con gran fervor. Vivía en unión perpetua con la Virgen Santísima y a través de Ella con Jesucristo.

"Bernardette estaba totalmente perdida en Dios".
Al recibir el hábito de postulante, recibió su nombre de religiosa el cual sería su mismo nombre bautismal, Sor María Bernarda.

Profesión anticipada

Tres semanas después de haber recibido el hábito, Bernardette enfermó de gravedad con un nuevo ataque de tuberculosis y tuvo que ser puesta en la enfermería.

Esta crisis de sofocación asmática y de tos fue tan seria que el médico pensaba que su muerte era inminente.

La Madre Superiora llamó al Obispo y este le administró el Sacramento de Extrema Unción, pero ella no pudo recibir el Viático porque constantemente estaba vomitando sangre. Pensando que Bernardette estaba a punto de morir, la Madre Superiora quiso darle el consuelo de pronunciar sus votos. Habló con el Obispo, y la comunidad dio su aprobación unánime.

Sabiendo lo que iban a hacer, Bernardette respondió con una sonrisa de agradecimiento. Fue el Obispo Forcade quien presidió la ceremonia. Bernardette dio su consentimiento por medio de signos ya que no podía hablar. Entonces le fue dado el velo de profesa. Se pensaba que estaba a punto de morir, pero Bernardette siempre ponía su salud en las manos de la Virgen.

La nueva religiosa se durmió y se despertó a la mañana siguiente en un estado de felicidad que ella declaró a su Superiora:  

"Mi Reverenda Madre, usted me hizo hacer la profesión religiosa porque pensaba que iba a morir. Bueno, mire no voy a morir" .

La Madre Superiora entonces le respondió: "Tonta, tú sabías que no ibas a morir y no nos lo dijiste. En este caso, si no has muerto para mañana en la mañana, te quitaré el velo".

Y la hermana María Bernarda, con admirable sumisión heroica, le respondió simplemente:

"Como usted desee, reverenda Madre". 

Y a pesar del dolor que esto le causaba, supo aceptar este cáliz que el Señor le enviaba.

Su madre murió en Diciembre 8, 1866, tenía 45 años y esta fue una de las tristezas más grandes que experimentó. En medio de su dolor dijo al Señor:

"¡Mi Dios, tú lo has querido! Yo acepto el cáliz que me das. Que tu Nombre sea bendito".

Durante su noviciado, Bernardette fue tratada más severamente y quizás más cruelmente que las otras novicias. Sus compañeras decían: "No es bueno ser Bernardette". Pero ella lo aceptaba todo y veía en ello la mano de Dios.
Bernardette profesó el 30 de octubre de 1867 con el nombre de Sor María Bernarda. Tenía 23 años. Sin embargo, la felicidad de ese momento fue teñida por una ruda humillación.

Cuando llegó el momento de distribuir a las nuevas profesas los trabajos, la Madre Superiora respondió a la pregunta del Obispo: "¿Y la hermana Marie Bernard?, "Oh, Señor Obispo, no sabemos que hacer. Ella no es buena para nada". Y prosiguió: "Si desea, Señor Obispo, podemos tratar de usarla ayudando en la enfermería". A lo cual el Obispo consintió. La hermana Marie Bernard recibió el dolor de esta humillación en su corazón, pero no protestó, ni lloró, simplemente aceptó el cáliz.

Otro cáliz que pronto tomaría fue la muerte de su padre en 1871, 6 años después que su mamá. Supo de la muerte de su papá, a quien no había visto mas desde que dejó Lourdes, pero sabía que había muerto en la fe.

Una hermana la encontró llorando a los pies de la estatua de la Virgen y cuando la hermana la iba a consolar ella le dijo:

"Mi hermana, siempre ten una gran devoción a la agonía de nuestro Salvador. El sábado en la tarde le oré a Jesús en agonía por todos aquellos que morirían en ese momento, y fue precisamente en el mismo momento en que mi padre entró a la eternidad. Que consuelo para mí el quizás haberle ayudado".

Muchas tribulaciones tuvo que pasar; humillaciones, grandes y pequeñas se apilaban sobre ella y ella decía:

"Cuando la emoción es demasiado fuerte, recuerdo las palabras de nuestro Señor, "Soy Yo, no tengan miedo". El rechazo y humillaciones de mis Superioras y compañeras inmediatamente agradezco a nuestro Señor por esta gran gracia. Es el amor de este Buen Maestro el que hará desaparecer el árbol del orgullo en sus malas raíces. Mientras más pequeña me hago, más crezco en el Corazón de Jesús."

A Bernardette se le concedió un gran regalo al comienzo de 1874. Había sido asistente de enfermería, un trabajo que amaba mucho, pero sus fuerzas se diminuían.

Después de un ataque de bronquitis en el otoño de 1873, por el cual tuvo que ir al hospital, se determinó que estaba muy débil para seguir ayudando en la enfermería y se le dio el trabajo de menos esfuerzo físico en el Convento, el cual era al mismo tiempo el más importante, y el cual ella amó mucho más que el de ayudante de enfermería; la nombraron asistente de sacristán.

Su nueva posición le daba la oportunidad de pasar mucho tiempo en la capilla, cerca del Santísimo Sacramento. Estaba casi sin supervisión, lo que le permitía hablarle al Señor en el Tabernáculo, sin que nadie pensara que ella era extraña.

Manejaba todos los artículos sagrados con gran reverencia. El corporal, los purificadores y las albas los trataba consciente que Jesús Encarnado los había tocado durante el Sacrificio de la Eucaristía. Por eso no permitía que nadie le ayudase en este ministerio.

Pero este regalo no duró por mucho tiempo ya que su salud constantemente empeoraba. A partir de 1877 no es más que una inválida. Se le provee cuidado lo más posible y ella obedece todas las prescripciones.

Pronunció sus votos perpetuos el 22 de septiembre de 1878, en un tiempo en que se sentía mejor. Pero no duró mucho. Al siguiente 11 de diciembre, retornó a la enfermería, para nunca más salir. Sus últimos meses fueron muy difíciles, haciéndole pasar por la noche oscura del alma. Perdió confianza, la paz del corazón y la certeza del cielo. Fue tentada al desánimo y desesperación. Pensaba que era indigna de la salvación. Este fue su cáliz más amargo y su sufrimiento mayor.

También sufría mucho físicamente. La cama le causó tener la espalda repleta de llagas. Su pierna tuberculosa se le reventó. Desarrolló abscesos en los oídos, los que la hicieron prácticamente sorda por un tiempo. Si no hubieran sido tan evidentes sus síntomas, nadie se hubiese sospechado que estaba enferma. Su actitud tan serena y gozosa no manifestaba el profundo sufrimiento que padecía. No perdió su fortaleza y su aceptación.

A una hermana le dijo que iba a orar para que el Señor le mandara consolación, ella le respondió: "No, no, no consolación, solo fortaleza y paciencia" .

Bernardette padeció su pasión durante la Semana Santa de 1879. El día 16 de Abril de 1879 rogó a las religiosas que la asistían que rezaran el rosario, siguiéndolo ella con gran fervor. Al acabar un Ave María, sonrió como si se encontrara de nuevo con la Virgen de la Gruta y murió. Eran las 3:15 PM.

Sus últimas palabras fueron la conclusión del Ave María: "Santa María, Madre de Dios, ruega por mí pobre pecadora....pecadora...".

Su cuerpo fue puesto en la pequeña Capilla Gótica, situada en el centro del jardín del Convento y la que estaba dedicada a San José. Fue en esta Capilla en la que, después de 30 años, en Septiembre 22, 1909, reconocieron el cuerpo, en vista al proceso de Beatificación diocesano. El cuerpo fue hallado en perfecto estado de preservación. Su piel dura, pero intacta, mantuvo su color. Hubo un segundo reconocimiento en Abril 18, 1925, poco antes de su Beatificación el 12 de Junio de 1925.

Bernardette fue Canonizada el 8 de Diciembre de 1933. Y celebramos su fiesta el día en que partió a la casa del Padre, el 16 de abril.

Lourdes se ha convertido en el santuario Mariano mas visitado de Europa y el segundo en el mundo, después del Santuario de la Virgen de Guadalupe en México. Infinidad de enfermos han sido sanados en las aguas milagrosas de Lourdes, pero el mayor milagro siguen siendo las muchísimas conversiones del corazón.

Santa Bernardette todavía se puede observar incorrupta en su capilla en Nevers, dentro de un féretro de cristal donde parece estar dormida. Su dulzura y paz aun toca los corazones.




¡Santa Bernardette, ruega por nosotros!



DOMINGO DE SEXAGÉSIMA


DOMINGO DE SEXAGÉSIMA


Visto en : Radio Cristiandad

Y como hubiese concurrido un crecido número de pueblo, y acudiesen solícitos a Él de las ciudades, les dijo por semejanza: Salió el que siembra, a sembrar su simiente. Y al sembrarla, una parte cayó junto al camino y fue hollada, y la comieron las aves del cielo. Y otra cayó sobre piedra: y cuando fue nacida, se secó, porque no tenía humedad. Y otra cayó entre espinas, y las espinas que nacieron con ella la ahogaron. Y otra cayó en buena tierra: y nació, y dio fruto a ciento por uno.

Dicho esto, comenzó a decir en alta voz: Quien tiene oídos para oír, oiga.

Sus discípulos le preguntaban qué parábola era ésta. Él les dijo: A vosotros es dado el saber el misterio del reino de Dios, mas a los otros por parábolas; para que viendo no vean y oyendo no entiendan. Es, pues, esta parábola: La simiente es la palabra de Dios. Y los que están junto al camino, son aquéllos que la oyen; mas luego viene el diablo, y quita la palabra del corazón de ellos, porque no se salven creyendo. Mas los que sobre la piedra, son los que reciben con gozo la palabra, cuando la oyeron; y éstos no tienen raíces; porque a tiempo creen, y en el tiempo de la tentación vuelven atrás. Y la que cayó entre espinas, estos son los que la oyeron, pero después en lo sucesivo quedan ahogados de los afanes, y de las riquezas, y deleites de esta vida, y no llevan fruto. Mas la que cayó en buena tierra; estos son, los que oyendo la palabra con corazón bueno y muy sano, la retienen, y llevan fruto con paciencia.

Sexagésima: la semana de los sesenta días antes de Pascua.

Hemos dado ya un paso más en el nuevo Ciclo Litúrgico. El Domingo pasado nos invitaba la Iglesia a trabajar en la Viña del Señor, hoy, con la Parábola del Sembrador, define cuál es nuestro trabajo.

El Señor siembra en nuestras almas la semilla del Reino de Dios. La semilla es el germen, y pide desarrollo.

Nosotros somos el suelo donde debe desarrollarse. De las condiciones del suelo depende en gran parte la vida de la planta.

De nosotros, pues, depende que la semilla de la Palabra divina y de la gracia, tome cuerpo en el alma.

Esa es nuestra labor: preparar y abonar el suelo.

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El sembrador salió a sembrar… ¿Y qué resultó de la siembra? Se perdieron tres partes, y una sola se salvó, y esto no con igualdad, sino con cierta diferencia.

La Parábola enseña que hay dos grados entre aquellos que reciben la divina semilla.

El primero se compone de aquellos que se hicieron dignos de la vocación del Cielo, pero que pierden la gracia por negligencia y tibieza.

El segundo se compone de aquellos que multiplican la semilla por medio de buenos frutos.

Además San Mateo establece tres diferencias en cada uno de estos grados. Porque aquellos que matratan la semilla no tienen igual modo de perderla y los que fructifican con ella, no reciben la misma abundancia.

Enseña San Juan Crisóstomo que no se pierde la mayor parte de la semilla por causa del que siembra, sino de la tierra que la recibe, esto es, del hombre que la oye, porque el sembrador habla indistintamente a todos. Ciertamente que sería culpable el labrador que procediera así, no ignorando lo que es piedra, camino, espinas y tierra fértil; pero no es lo mismo en lo tocante al espíritu, porque de la piedra puede hacerse tierra fértil, y puede conservarse el camino y destruirse las espinas. Si así no fuera, no hubiera sembrado allí, y haciéndolo nos da la esperanza de la penitencia.

Y para compendiar esto en pocas palabras, el Santo Doctor dice: éstos no quieren oírlo por negligencia, aquéllos por cobardía o debilidad, los otros, en fin, porque se han hecho como esclavos del placer y de las cosas del mundo. Bueno es el orden del camino, de la piedra y de las espinas. Necesarias son, por consiguiente, en primer lugar la memoria y la cautela, después la fortaleza y consiguientemente el menosprecio de las cosas presentes.

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Explicada por el propio Salvador la Parábola, sólo resta que abramos los ojos del espíritu e inspeccionemos las condicionas del suelo de nuestro corazón; que examinemos el trabajo que nos tomamos para que la semilla divina fructifique.

Afortunadamente, somos de aquéllos a quienes ha sido concedido el entender el misterio del Reino de Dios; por eso nos sentamos junto al Maestro y le pedimos se digne hacer Él mismo la aplicación de la parábola a nuestras almas.

Parte de la semilla cayó a lo largo del camino…

Son aquéllos que escuchan la palabra de Dios, sí, pero luego viene el diablo y se la saca del corazón…

¿Somos acaso nosotros a modo de camino por encima del cual puede pasar todo el mundo? Es decir, ¿pertenecemos al número de almas disipadas, en quienes la gracia divina, la palabra de Dios, no logra hacer señal de presencia, de modo que apenas caída la semilla, ya ha sido triturada o arrojada a lo lejos por un transeúnte?

Sea cual sea la respuesta, procuremos evitar la disipación, plaga de las personas espirituales, que no permite siquiera que la voz de Dios, las inspiraciones del Cielo dejen oírse en la conciencia.

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Parte cayó sobre un pedregal… Son aquéllos que oída la palabra, recíbenla, sí, con gozo, pero no echa raíces en ellos.

¿Somos, por ventura, nosotros, cual seco pedregal, capaz de recibir, sí, la semilla, pero impotente para darle desarrollo?

Es decir, ¿somos del número de aquellos que llegan a percibir la voz de la inspiración divina, los estímulos de la gracia; pero que son tan insensibles a la operación del espíritu y tan inconstantes en sus buenas resoluciones, que no dejan que la semilla mística arraigue en sus corazones, faltos de unción, desprovistos de devoción?

Procuremos huir de este grupo, haciéndonos sensibles a las mociones secretas del Espíritu Santo y perseverando en el bien emprendido.

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Parte cayó entre espinas, y las espinas que nacieron con ella la ahogaron…

Son los que la escucharon, pero, con los cuidados y las riquezas, al cabo la sofocan.

No menor sería muestro daño, si el suelo de nuestra alma, en vez de tierra, presentase punzantes espinas y zarzas espesas.

Esas espinas son las pasiones, el amor a los placeres, al dinero, los humanos cuidados y pretensiones.

¿Cómo puede crecer entre tanto abrojo la semilla de la gracia? Imposible. Le quitarán la poca savia que el escaso suelo le dé y quedará sofocada.

Los cuidados y gustos mundanos ahogarán la voz de la conciencia, el gusto por las cosas espirituales, y la gracia perecerá.

Arranquemos, por tanto, de nuestra alma las malas hierbas del espíritu mundano; castiguemos las pasiones; sólo así podrá hallar desarrollo la semilla de la gracia.

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Parte cayó en buena tierra… Denota aquéllos que con corazón bueno y muy sano oyen la palabra de Dios, y la conservan, y mediante la paciencia dan fruto sazonado.

Enseña San Cirilo: Son tierra rica y fértil las almas humildes y buenas, que en su humildad reciben la semilla de la palabra, la conservan y la hacen fructificar. Cuando se introduce la palabra divina en una inteligencia limpia de los cuidados mundanos, echa raíces profundas, produce espigas y crece oportunamente.

Todos los que aspiramos a la perfección tenemos parte de buena tierra y parte de tierra que no da el fruto que el Sembrador tiene derecho a esperar.

Felicitémonos por nuestra suerte; pero despertemos también del abandono en que yacemos postrados.

Pongamos en buen estado el campo de nuestra alma.

Cual diligentes agrícolas, no abandonemos nunca de las manos los instrumentos de labranza, no sea que a deshora venga el Sembrador y no encuentre el campo en condiciones.

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Con la lectura del pecado de Adán y Eva, durante la semana de Septuagésima, la Iglesia ha procurado despertar en los fieles la conciencia de la propia culpabilidad. Llegado el Domingo de Sexagésima, pretende hacernos concebir un horror grande al pecado. Esa finalidad persigue la lectura espiritual de esta semana: la narración del diluvio.

Representémonos al vivo los horrores de aquellos días; el agobio de los que huyen precipitadamente a los picos de los montes; su aplastamiento al verse alcanzados por las aguas; los ayees de las madres apretando sus hijos contra el pecho, mientras luchan con la corriente amenazadora; la desesperación de los hombres que bregan contra las olas; los gritos de los débiles; la impresión horripilante de los cadáveres flotando sobre las aguas….

Es el brazo de Dios que barre la maldad humana; son aguas de la cólera divina, expresando tumultuosamente la enormidad de nuestros pecados, que merecieron la indignación de Dios.

Fomentemos este sentimiento. Esta meditación tiene que producir en nuestra alma un vivo horror al pecado a vista de su enorme malicia.

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¡Oh Señor, con cuánta razón conmoviste la tierra y la turbaste con el huracán del diluvio! ¿Cómo podían sufrir tus ojos la maldad del mundo?

Pero, Dios mío, ¿qué fruto ha sacado la humanidad de tan seria lección? Todavía camina inconsciente por la vía de la perdición, amontonando pecados sobre pecados.

Y lo peor es, que también yo me he unido a ese cortejo de malignidad. El tentador ha hallado en mí agarradero.

Señor, ten piedad de mi flaqueza. Horrorizado ante monstruo tan deforme como el pecado, reclamo tu favor.

Levántate, Señor, ¿por qué duermes? Levántate y no nos tengas por siempre abandonados. ¿Por qué apartas tu rostro y te olvidas de nuestra angustia? Nuestro pecho está abatido hasta el polvo. Levántate, Señor, ayúdanos y líbranos (Introito de la Misa).

Afirma mis pasos en tus sendas, para que mis pies no vacilen. Inclina tus oídos y escucha mi plegaria. Manifiesta tus misericordias, Tú que salvas a los que en Ti esperan (Ofertorio de la Misa).

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Quien tenga oídos para oír, que oiga. Sí, Dios mío, adoctrinado por Ti mismo, he comprendido tan divina lección. Sólo te pido, que abras más y más los sentidos de mi alma, para que tu voz nunca suene en vano en mi espíritu.

Te pido que, ya que me das luz para entender, me concedas asimismo virtud para obrar.

Te pido, que no seas únicamente sembrador, sino que me ayudes también a arrancar las piedras y malezas que cubren el campo estéril de mi alma y fertilices su suelo.

Contigo lo podré todo; sin Ti no lograré nada.


P. CERIANI