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domingo, 9 de octubre de 2011

EL PADRE PÍO NOS HABLA DE....


LA VERDAD 
(DIOS – VERDAD) 
ASEMEJARSE A JESÚS 
(DIOS-HOMBRE)


 ***
              
                Busca continuamente la verdad y esfuérzate por conseguir el sumo bien.
                Sé dócil a los impulsos de la gracia, siguiendo sus inspiraciones.
                               No te maravilles de encontrarme en tu doctrina.
                No te maravilles de encontrarme en tu senda. Mi misión es consolar y aconsejar a los afligidos, especialmente a los afligidos de espíritu. Sé que tú te afanas por dos cosas: por la felicidad y por la verdad, por Dios. No hallarás la felicidad que buscas, ni tú ni nadie: vivimos en un valle de lágrimas donde cada uno lleva su Cruz. No encontraremos la felicidad aquí en la tierra.
                En cuanto a la verdad, a Dios, si quieres, puedes encontrarlo, pero te has encaminado equivocadamente. La ciencia no te puede revelar a Aquel que es.
                La ciencia, hijo mío, por profunda que sea, siempre es algo limitado, es una nulidad ante el formidable misterio de la Divinidad.
                Debes elegir otros senderos. ¡Limpia tu corazón de toda pasión terrena, humíllate en el polvo y reza!
                Sin duda así encontrarás a Dios. Te tranquilizará, te inundará de su paz en esta vida y de gozos sin fin en la eterna.
                Decir la verdad, siempre la verdad.
  
          Tened siempre presente al Seráfico Padre San Francisco, que tan magníficamente supo copiar en sí al Hombre-Dios.
                Todas las almas que aman a Jesús deben ir pareciéndose cada vez más al divino y eterno modelo.
                Por tanto, quien haya elegido tan bueno modelo, debe sufrir, más o menos, todos los dolores de Cristo.
                Bienaventurados quienes hayan logrado más parecido con su divino prototipo.

SAN PADRE PÍO. ¡RUEGA POR NOSOTROS!

BUEN PROVECHO!


    Receta: Milanesas Napolitana

    Un clásico argentino, de origen italiano, reelaborado en Buenos Aires,
    que gusta a grandes y a chicos. Uno de los mayores placeres porteños, ver apiladas en una fuente unas milanesas recién hechas.
    Filetes empanados con jamón, salsa de tomate y mozzarella por encima.
    Ideal para acompañar con patatas fritas y ensaladas.
    Ingredientes (4 personas):
    • 1/2 K de carne de ternera en filetes finitos
    • 250 g de jamón cocido
    • 2 bolas de queso mozzarella
    • 3 huevos
    • 1 vaso y medio de salsa de tomate
    • pan rallado
    • un cucharada de perejil fresco
    • aceite de oliva
    • sal





    Preparación de la Receta Milanesas Napolitana:



    Paso 1: Batir los huevos en un plato hondo y mezclar con el perejil picado.
    Paso 2: Salpimentar los filetes.
    Paso 3: Pasar los filetes por el pan rallado, después por el huevo y otra vez por el pan rallado.
    Paso 4: En una sartén, con aceite bien caliente, freír las milanesas.




    Paso 5: Colocar las milanesas en una bandeja de horno y precale.
    Paso 6 a-: Sobre cada filete, colocar un poco de salsa de tomate: 


    [Preparación de la Receta Salsa de Tomate Clásica:

    Paso 1:En una sartén se pone el aceite aceite para freir la cebolla y el ajo unos cuatro minutos. A continuación se añaden los tomatescortados en pedazos y quitada la simiente (también se hace un buen tomate frito con tomates de lata enteros y pelados en su jugo)


    .Paso 2: Con el canto de una espumadera se machacan para que se deshagan lo más posible. Se tiene así unos 15 minutos en el fuego y después se pasan por el pasapurés. Se añade entonces el azúcar, la albahaca y la sal, moviendolo y mezclando todo muy bien. ]


    Paso 6 b-:  Luego de poner  sobre cada filete un poco de salsa de tomate, colocar  una loncha de jamón y una loncha de mozzarella.

    Paso 7: Meter en el horno precalentado a temperatura muy fuerte hasta que se doren.
    Paso 8: Colocar apiladas en una fuente.




    SANTORAL 9 DE OCTUBRE




    9 de octubre


    SAN DIONISIO,
    Obispo 
    Mártir

    La sabiduría del mundo es locura ante Dios.(1 Corintios, 3,


       Según San Gregorio de Tours, San Dionisio, nacido en Italia, fue enviado a las Galias, hacia el año 250, con otros seis obispos misioneros. De este grupo, el que penetró más en el país fue San Dionisio, acompañado del presbítero San Rústico y del diácono San Eleuterio. Llegaron a Lutecia, hoy París, y establecieron una iglesia cristiana en una isla del Sena, Instigado por los sacerdotes de los ídolos, el gobernador romano Fescennino Sisinio lo hizo detener y decapitar, alrededor del año 275.
      MEDITACIÓN
    SOBRE LA LA PRUDENCIA

       I. Santiago en su Epístola, dice que la prudencia del mundo es terrena, animal o diabólica. La prudencia terrena es la de los avaros, la prudencia animal, la de los voluptuosos, y la prudencia diabólica, la de los ambiciosos. ¿En cuál de estas tres categorías se te puede catalogar a ti? ¿No es verdad acaso que no trabajas sino para procurarte riquezas, placeres u honores? ¿No son éstos los tres ídolos a quienes ofreces sacrificios? Les inmolas tu espíritu, les consagras tus afanes, les ofreces en holocausto tu prudencia.(Tertuliano).

       II. La prudencia del cielo desprecia estas tres clases de bienes. Desprecia las riquezas, porque no es a los ricos sino a los pobres a quienes Jesucristo promete la felicidad. Ella se priva de los placeres pasajeros de esta vida, para poder gozar de las delicias eternas en compañía de los bienaventurados. En nada cuenta la estima de los hombres: bástale la de Dios. En una palabra, desprecia todo lo que es de este mundo, para alcanzar el cielo, mientras que la sabiduría del mundo nos hace olvidar el cielo para hacernos pensar más que en la tierra. Esta sabiduría funesta presenta ante nuestras miradas los bienes pasajeros y nos esconde los bienes eternos. (San Euebio).

       III. Para conducirte en todo según la verdadera prudencia, piensa siempre en el fin que debes alcanzar. Hay que ir al cielo, he ahí mi gran negocio; si lo logro, soy feliz; si fracaso, todo está perdido para mí. ¿Qué medidas tomas para llegar al cielo? Proponteeste fin en todas tus acciones y mira si ellas te conducen a él. Porque, después de todo, una sola cosa es necesaria.
    La prudencia 
    Orad por vuestra patria.

    ORACIÓN
       Oh Dios, que en este día armasteis a vuestro mártir pontífice San Dionisio de fuerza y de valor para soportar los tormentos, y lo asociasteis a Rústico y Eleuterio a fin de anunciar vuestra gloria a las naciones, concedednos la gracia de despreciar, imitándolos, las prosperidades del mundo y a no temer las adversidades. Por J. C. N. S. Amén.

    sábado, 8 de octubre de 2011

    EL PADRE PÍO NOS HABLA DE....


    LA VIDA CON JESÚS


    ***

    Bien sabéis, queridas hijas, que cuando nació Nuestro Señor, según nos dice la Escritura, los pastores oyeron cantos angélicos y divinos de los espíritus celestiales. La Virgen y San José, que estaban más cerca del Niño, no oyeron voz de ángeles ni vieron resplandores milagrosos, por lo menos nada nos dicen las Escrituras. Al contrario, en vez de cantos angélicos, oían llorar al Niño Jesús y veían, a la luz de una débil lámpara, Sus Ojos inundados de lágrimas, sumergido en llantos y temblores de frío. Os pregunto: ¿No habríais preferido hallaros en el establo oscuro y lleno de vagidos del Niño, en vez de estar entre los jubilosos pastores gozando de las melodías y bellezas del admirable resplandor? Sí, ciertamente. También hubierais exclamado con San Pedro: Es maravilloso estar aquí. Actualmente, vosotras os encontráis acompañando a Jesús que tirita de frío en Belén, os digo más, no os halláis en el Tabor con San Pedro, sino en el Calvario con las Marías, donde no veis más que muertos, clavos, espinas, miserias, cerradas tinieblas, exasperantes abandonos. Sí, amad la Cuna del Niño, pero amad el Calvario del Dios Crucificado entre tinieblas. Apretujaos a Él, estad seguras de que Jesús se halla en vuestros corazones más de cuanto pensáis e imagináis. Os digo además que améis vuestra pobreza, siendo humildes, afables, estando serenas, confiando en vuestra humilde poquedad. Si a pesar de todo no os rebeláis ni os angustiáis, sino que aceptáis, no digo alegremente, sino de buena gana, estas cruces y permanecéis sumergidas en vuestra humildad, comportándoos de esta manera, amáis vuestra pobreza, pues, ¿qué es ser abyecto sino ser ignorado y pobre? Amaos por amor a Aquél que así os quiere, así amaréis vuestra pobreza. Hijas mías, pobreza quiere decir humildad y humildad pobreza. Cuando la Santísima Virgen dice en el Magnificat: porque ha mirado la humildad de su esclava, ella quiere decir: ha mirado mi pobreza y nulidad. Además, hay alguna diferencia entre la virtud de la humildad y la pobreza, pues la humildad es el reconocimiento de la propia pobreza. Ahora bien, el sumo grado de la humildad consiste no sólo en reconocer la propia pobreza, sino en amarla. A esto os exhorto. Para que, respecto a este punto de capital importancia, quede todo bien claro, me explicaré con ejemplos. Entre los males que padecemos, muchos son repulsivos, otros honrosos; muchos se acostumbran a éstos, pocos a aquellos. Viendo, por ejemplo, a un Capuchino, pobremente vestido tiritando de frío, todos lo admiran, veneran su hábito y se conmueven. Viendo a un trabajador, un pobre escolar, una viuda, también pobremente vestidos y necesitados, todos se burlan y desprecian su pobreza. Un religioso soporta pacientemente al superior que le corrige. Todos dirán que es mortificado y obediente. Un seglar soportará con espíritu sobrenatural los avisos de su superior, y su actitud, para los demás, será cobardía. He aquí una verdad rechazada, un sufrimiento despreciado.
                    Hay dos que sufren de cáncer. El uno en el brazo, el otro en el rostro. El que lo esconde, no sufre más que su mal; el que no puede ocultarlo, junto con el dolor, sufre el desprecio. Más aún, existen virtudes recusables y virtudes honrosas. Comúnmente la paciencia, la dulzura, la mortificación, la sencillez son consideradas por los seglares virtudes recusables. Dar limosna, ser corteses y prudentes, son virtudes honrosas. Dar limosna y perdonar las injurias nacen de la caridad; la primera es honrosa, la segunda despreciable a los ojos del mundo. Vivo en comunidad y estoy enfermo, indudablemente molesto a algunos, he aquí un algo despreciable unido al mal. Creo haberme explicado. Prestad atención a lo que os voy a decir. Aunque amemos el desprecio que procede del mal, no hay que descuidar remediarlo. Me explico. Me esforzaré al máximo para evitar el cáncer, pero si lo tengo, amaré el desprecio que por él pueda sobrevenirme. Esta norma vale sobre todo tratándose del pecado: Me he equivocado en esto y aquello. Me disgusta. No obstante, de buena gana abrazaría el desprecio consiguiente y, si pudiese separar el desprecio del pecado, escogería aquel y me despojaría de éste. Al respecto, hay que estar atentos: alguna vez, la caridad, para no escandalizar al prójimo, puede exigirnos encubrir el objeto del desprecio. He preferido, dice el Rey profeta, ser abyecto en la casa de Dios a habitar en las mansiones de los pecadores. Mientras tanto, estoy seguro, deseáis saber cuáles son los mejores desprecios. Son los que no nos atraen en absoluto. Hablando con claridad, los que provienen de nuestra vocación o profesión. ¿Quién me concederá la gracia, queridas hijas mías, de amar mi miseria? Nadie sino Aquél que amó la Suya tanto que murió para conservarla. Esto baste.
                    Resignaos, amadísimas hijas, en las manos del Señor y entregadle toda vuestra vida, implorando que Él la emplee según se beneplácito divino. No acongojéis vuestro corazón prometiéndoos inútilmente tranquilidad, dulzuras y méritos. Presentaos a vuestro Divino Esposo vacías de cualquier otro afecto, suplicándole os lo llene del Suyo. De este modo vuestros corazones, cual madreperla, no aceptarán más que rocíos del cielo y no aguas del mundo. Veréis cómo os ayuda Dios, tanto en el decidir como en el obrar.
                    Camina siempre bajo la mirada del Buen Pastor y evitarás pastizales envenenados.
                    Hija mía, Jesús sea siempre el centro de nuestras aspiraciones, nos consuele en las tristezas, nos sostenga con su gracia, ilumine nuestra mente e inflame nuestro corazón de amor divino.
                    Esta es, en síntesis, mi asidua plegaria por ti y por mí ante Jesús. Él, con su infinita bondad, se digne escucharla y atenderla.
                    Jesús conforta siempre al que confía y espera en Él.
                    Jesús y tú, de mutuo acuerdo, tenéis que cultivar la viña.
                    Tú debes quitar y transportar las piedras, arrancar las espinas. Jesús sembrará, plantará, cultivará, regará. También en tu trabajo colabora Jesús. Sin Él nada podrías hacer.

    SAN PADRE PÍO. ¡RUEGA POR NOSOTROS!

    SANTORAL 8 DE OCTUBRE





    8 de octubre


    SANTA BRÍGIDA,
    Viuda

    Fiel es esta palabra:
    Si hemos muerto con Él
    también con Él viviremos.
    (2 Timoteo, 2,



       Santa Brígida, noble dama sueca, nacida en 1302, pronto dio muestras de una gran devoción a la Pasión de Jesucristo. Después de un sermón relativo a sus padecimientos, se le apareció el Salvador ensangrentado. De tal modo la conmovió este espectáculo, que desde entonces no podía oír hablar de la Pasión sin verter abundantes lágrimas. Todas las noches se levantaba para orar a Dios ante su crucifijo. Dejó a la posteridad sus maravillosas Revelaciones. Contrajo matrimonio con Ulf, del que tuvo ocho hijos. Fundó después una Orden que lleva su nombre; entró de religiosa en ella y su marido en la Orden del Cister. Visitó Jerusalén y murió en Roma el 23 de julio de 1373.

     MEDITACIÓN
    SOBRE LA MORTIFICACIÓN

       I. Debes alejar de ti, mediante la mortificación, todo lo que pueda llevarte al pecado mortal; no es éste un consejo, es un verdadero precepto. Si te ex pones a las ocasiones de ofender a Dios, en ellas perecerás. El Evangelio te manda arrancarte el ojo y la mano que te escandalicen, es decir, dejar aquello que más quieras, cuando sea para ti ocasión de ofender a Dios. ¿Lo haces?

          II. En la medida en que puedas, abstente de los placeres permitidos. Cuanto más te despegues de las consolaciones de la tierra, tanto más gustarás los gozos del cielo. Esta mortificación te impedirá caer en pecado. Un momento de sufrimiento en esta vida me  librará de largos días de dolor en el purgatorio: ¿por qué, pues, he de amar mis comodidades al punto de no querer sufrir nada? Sed al mismo tiempo sacerdotes y víctimas, perseguidores y mártires. (San Eusebio).

       III. Aun cuando la mortificación no me ofreciese más ventaja que la de hacerme semejante a mi Salvador crucificado, ¿no sería suficiente para hacérmela amable? Ella me hace recordar lo que Él ha sufrido por mí. ¡Oh alma mía! ¿dónde está el amor que tienes por Jesús? Si lo amas, debes asemejarte a Él; si rehúsas participar de sus padecimientos, no esperes participar de su gloria. ¿ Tan poco amor tengo por ti, oh Dios que tanto me amasteis, que puedo vivir sin dolor viéndote en la cruz? No puedo estar sin heridas cuando te veo cubierto de llagas. (San Buenaventura).
    La mortificación - Orad
    por la conversi6n de los cismáticos.

    ORACIÓN
       Señor Dios nuestro, que, por vuestro Unigénito Hijo, habéis revelado a Santa Brígida los secretos del cielo, haced, por su piadosa intercesión, que vuestros servidores un día se regocijen eternamente en la posesión de vuestra gloria. Por J. C. N. S. Amén.

    viernes, 7 de octubre de 2011

    RATATOUILLE



    El ratatouille es un platillo originario de la provence francesa y cuya existencia se sabe data aproximadamente el siglo XVIII. “Ratatouille” proviene del vocablo popular derivado del verbo “touiller” que significa revolver o mezclar.
    Según la localidad y el gusto de cada región la receta original puede tener ligeras modificaciones, pero su esencia sigue siendo la misma.
    Bien, veamos entonces cómo preparar esta receta vegetariana: 
    Rinde: 4 porciones
     ¿Qué necesitas?
    -2 dientes de ajo bien picados
    -1 cebolla mediana picada
    -1 berenjena
    -1 pimiento rojo
    -2 zapallitos redondos
    -2 tomatas perita
    -4 cdas de aceite de oliva
    -Sal y pimienta, a gusto
    -Hierbas aromáticas, a gusto
     Preparación
    -Primero corta todos los vegetales en cuadraditos pequeños o en rodajas, como prefieras. En una sartén dora la cebolla y el ajo picados con el aceite de oliva.
    -Luego, suma la berenjena y el ají cortados, revuelve y tapa. Deja cocinar estas verduras por dos minutos aproximadamente
    -Agrega entonces el zapallito y las hierbas aromáticas (tomillo, orégano, estragón, romero, entre otras).
    -Condimenta a gusto y deja cocinar unos minutos más (de 10 a 15).
    -Sólo presta atención a que los vegetales no se pasen de cocción o se quemen. Se puede acompañar con arroz. Y agregarle albahaca fresca picada encima que le dará un toque especial.

    LA PERFIDIA JUDAICA EN LA HISTORIA CRISTIANA III


    LAS SOMBRAS DE LA INQUISICIÓN


     *** 
    En circunstancias en que cualquiera otro pueblo podía haber tomado represalias terribles –después de la traición sufrida y de los siete siglos de dominación extranjera-, el rey Fernando el Católico optó sólo por la expulsión de los judíos que no quisiera seguir la religión católica. Los que se quedaron en España fueron la mayoría; los otros les llamaban despectivamente “marranos” pero bien pronto los rabinos advirtieron que quienes estaban logrando mayores avances en la lucha del judaísmo internacional eran “los hermanos más sutiles” que como falsos conversos actuaban bajo nacionalidades y creencias ajenas.
    Rey Fernando el Católico
    La numerosa colonia israelita que se quedó en España, y que pese a los trece o veintitrés siglos que llevaba la residencia no se había fusionado con la población española, siguió en su mayor parte la táctica “sutil” y no se convirtió realmente al catolicismo, aunque lo aparentó con habilidad y mansedumbre. Desde el primer momento estos hebreos trataron de minar a la Corona y de recuperar sus posiciones perdidas. Y precisamente como reacción a estas actividades secretas –no al culto israelita que siempre había gozado de libertad- creció y se vigorizó el Tribunal de la Inquisición. No era intolerancia religiosa, era rivalidad política. Era la lucha de un pueblo contra un grupo que ya lo había traicionado y que luego pretendía burlar la expulsión y minar al nuevo régimen. Ahí no había antisemitismo ni racismo, sino conflicto de traicionados y traidores. (1)
    La Iglesia, con el antipapa judío Anacleto II, y el Estado Español con la traición de su colonia israelita que se alió al invasor musulmán, habían palpado la terrible efectividad de ese movimiento político secreto y reaccionaron en consecuencia. No era antisemitismo, sino defensa frente a un anticristianismo que se transmitía de generación en generación y que no aspiraba sólo a afirmar su credo sino a mirar y destruir el ajeno.
    Primero fue el asalto de ese movimiento político oculto y luego vino la respuesta con el Tribunal de la Inquisición, que indudablemente era un duro tribunal, pero no más duro que todos los de su época en Europa, pues incluso ofrecía el perdón a quien se retractaba y prometía enmienda. Y como guardián de una nación que había sido burlada por los que parecían ser ya sus hijos, tenía más justificación legal que otros muchos; que los tribunales de Inglaterra, por ejemplo, en donde Enrique VIII hacía perseguir a cristianos sólo porque no aceptaban su interpretación personal de la Biblia; la ley que expidió con ese motivo, llamada más tarde la Ley Sanguinaria, segó tantas o más vidas en una década que todas las que cortaba el tribunal español en un siglo.
    Sin embargo, las palabras “inquisición” e “inquisitorial” han sido cargadas con significados de infamia y barbarie y lanzadas a la faz de España y de su dominio en América. La Inquisición fue sin duda un tremendo tribunal, pero no era sólo eso, y no hay vereda más engañosa hacia el error que la acreditada con fragmentos de verdad. Ningún Estado recién rescatado al invasor, después de una traición interna, se hubiera defendido con menor rigor. No se trataba de una cuestión religiosa, sino de la supervivencia nacional.
    Si sobre la Inquisición se ha hecho tanto ruido a través de los siglos y sobre otros tribunales de aquella época se habla tan poco –como el de los británicos- ello se debe a que la Inquisición ejecutaba judíos, en tanto que los otros mataban cristianos. Porque la organización política israelita mantiene siempre vivos todos los temas que interesan a sus fines y con persistente constancia maneja su publicidad de la historia. Desacredita verdades, acredita infundios y al que se opone a sus designios le sigue los pasos hasta después de muerto para infamar su memoria. Al correr de los años esta sutil constancia desacredita nombres y falsifica héroes.
    Isabel Tudor de Inglaterra
    Esto explica que Enrique VIII e Isabel de Inglaterra, que en ejecutar gente aventajaban a la Inquisición, no sean presentados como símbolos de infamia; y que la Revolución Francesa, que también chapoteó en sangre de cristianos, sea glorificada como una epopeya de humanismo.
    Es indiscutible que tanto los judíos que emigraron como los que se quedaron en España siguieron buscando tesoneramente la revancha. Según dice el padre Julio Meinvielle, muchos de los judíos son enemigos teológicos, por lo cual su enemistad tiene que ser inevitable y terrible.
    “¡Y pensar que este pueblo proscrito, que sin asimilarse vive mezclado en medio de todos los pueblos, a través de las vicisitudes más diversas, siempre y en todas partes intacto, incorruptible, inconfundible, conspirando contra todos, es el linaje más grande de la tierra! El linaje más grande, porque este linaje tiene una historia indestructible de 6,000 años…” (2)
    A principios del siglo XVI tanto los judíos emigrados de España como los que se quedaron en ella dieron impulso al protestantismo y al calvinismo, como venganza contra el catolicismo. En esta tarea estaba trabajando ocultamente el canónigo de Salamanca, Agustín de Cazalla, nacido de padres judaizantes, y cuando la Inquisición lo sorprendió, lo quemó vivo en la Plaza Mayor de Valladolid (21 de mayo de 1559). La madre del canónigo, Leonor de Vibero, y las hermanas de él. Constanza y Beatriz, también hacían labor subrepticia contra la Iglesia y fueron igualmente ejecutadas.
    Agustín de Callaza
    El 8 de octubre del mismo año fue quemada Catalina de Reinoso, judía, monja del convento de Belén, en Valladolid, que secretamente actuaba contra la Iglesia. Por esos mismos días se descubrió que hasta el capellán de Carlos V. Constantino Ponce de la Fuente, seguía siendo israelita y se fingía converso para minar las instituciones católicas. Poco antes de ser ejecutado se suicidó en la cárcel. Sus huesos fueron quemados en acto de fe el 22 de diciembre de 1560.
    Estas hábiles infiltraciones cundieron incluso a la Compañía de Jesús, “malcontentos”, que perturbaban las buenas relaciones entre el rey y los jesuitas. Roma realizó una investigación muy minuciosa y en 1592, bajo el Papa Clemente VIII, se aclaró que existía un verdadero complot dirigido por jesuitas judíos, quienes fueron inmediatamente expulsados. La Compañía de Jesús acordó entonces excluir a los aspirantes de ascendencia hebrea, salvo autorización expresa del Papa. Uno de los expulsados fue Jerónimo Zahorowsky, quien luego se vengó escribiendo “Mónita Secreta Societatis Jesús” (1614), donde atribuía al General de la Compañía instrucciones para lograr “el dominio del mundo”.

    LA GESTA DE LOS MÁRTIRES VII


    Hacia el año 185, en Roma

    UN SABIO

    APOLONIO


    En esta «Acta», hemos suprimido el exordio que era apócrifo, y restablecido el verdadero nombre del mártir, el lugar y género del suplicio. En cuanto a estos pasajes, dejamos pues a un lado la versión griega, y seguimos la versión armenia.
    Los diálogos apologéticos que se leerán en esta «Acta» no deben ser tachados de inverosimilitud, a pesar de la escasez de semejantes discursos en las narraciones análogas. Se atienen a los temas habituales de la polémica religiosa de aquella época, y el uso de la taquigrafía explica su conservación. No se halla por otra parte en ellos grandilocuencia alguna, sino una clara y muy personal exposición de doctrina, sin falsa exaltación. Esa firmeza de respuesta y esa sobriedad de pensamiento llegan a veces a la gran elocuencia.

    ***

    Cuando Apolonio compareció, el procónsul Perennis le preguntó: «Apolonio, ¿sois vos cristiano?».

    APOLONIO.—Sí, soy cristiano. Por eso honro y temo a Dios que ha hecho el cielo, la tierra, el mar y todo cuanto contienen.

    EL PROCÓNSUL PERENNIS.—Cambiad de opinión, Apolonio, creedme y jurad por la fortuna de nuestro amo, el emperador Cómodo.

    APOLONIO.—Escuchadme, Perennis. Mi defensa será sincera y conforme a las leyes. El que cambia de idea para no observar más los justos, saludables y admirables mandamientos de Dios, es culpable, criminal y verdaderamente impío. Mas aquel que cambia de idea para renunciar a la injusticia, al desorden, a la idolatría y a los propósitos perversos, que huye aún de la sombra del pecado, que vuelve para siempre las espaldas a esas miserias, aquél es justo.

    El Verbo de Dios, que conoce todos los pensamientos de los hombres nos enseñó esos hermosos y magníficos mandamientos. Ahora bien, Él nos ha mandado no jurar jamás, sino ser sinceros en todas las cosas. Pues la verdad afirmada con un sí, es un gran juramento. He allí por qué es malo que un cristiano jure. De la mentira nació la desconfianza, y de la desconfianza ha nacido el juramento. ¿Queréis sin embargo oírme jurar que honramos al emperador y que oramos por su poder? De buena gana confirmaría esta verdad apelando al testimonio del verdadero Dios, Él que existía antes que los siglos, que no han fabricado manos de hombres, que quiso que en la tierra un hombre mandara a los demás hombres.

    EL PROCÓNSUL PERENNIS.—Haced lo que os digo, Apolonio. Cambiad de opinión. Sacrificad a los dioses y a la imagen del emperador Cómodo.

    APOLONIO (se sonrió y replicó).—Me he defendido acerca de dos puntos: el cambio de opinión y el juramento. Escuchad ahora, Perennis, lo que tengo que decir referente al sacrificio. Todos los cristianos, y yo junto con ellos, ofrecemos un sacrificio incruento y sin mancha al Dios Todopoderoso, al dueño del cielo, de la tierra y de toda vida. Es el sacrificio de la oración. Y lo ofrecemos en particular por esos hombres dotados de inteligencia y de razón, hechos a imagen de Dios, y que la divina Providencia ha elegido para gobernar el mundo. Por eso, por obediencia a las órdenes de Dios, oramos al Dios del cielo por el emperador Cómodo que reina en este mundo. Pues, estamos bien seguros de ello, y acabo de explicároslo, si el emperador reina sobre el mundo no es a causa de otro hombre, sino debido a la única voluntad del Dios invencible cuyo poder abarca el universo.

    EL PROCÓNSUL.—Apolonio, os doy un día de plazo para reflexionar. Es para vos cuestión de vida o de muerte.

    Tres días después, nuevo interrogatorio. Era en medio de una muchedumbre de senadores, de miembros del concejo y de filósofos célebres. El procónsul llamó al acusado y dijo: «Que se lean de nuevo las actas de Apolonio».

    Luego que las leyeron, PERENNIS (preguntó).—¿Qué habéis decidido, Apolonio?

    APOLONIO.—Seguir siendo fiel a Dios, como lo habíais previsto y consignado en autos.

    EL PROCÓNSUL.—Cambiad de opinión, creedme. El decreto del senado es formal. Rendid homenaje a los dioses, adoradles como lo hacemos todos y vivid con nosotros.