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sábado, 15 de octubre de 2011

SERMÓN PARA LA DOMÍNICA DÉCIMO OCTAVA POST PENTECOSTÉS


DECIMOCTAVO DOMINGO
DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Subió Jesús en una barquilla, atravesó el lago y llegó a la ciudad. Presentáronle aquí a un hombre paralítico postrado en una camilla. Y Jesús, viendo la fe de ellos, le dijo: Confía, hijo, tus pecados te son perdonados. Entonces algunos de los fariseos dijeron en su interior: Este hombre blasfema. Y como viese Jesús los pensamientos de ellos, les dijo:¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué cosa es más fácil decir, te son perdonados tus pecados, o levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, dijo entonces al paralítico: levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Y se levantó y se fue a su casa. Las turbas al ver este prodigio, se llenaron de temor y dieron gracias a Dios, que dio tal poder a los hombres.
Después de sus correrías evangélicas por la Galilea, vuelve Jesús a Cafarnaúm. El milagro objeto del Evangelio de hoy es de los más clamorosos obrados por Jesús, diríamos que asiste a él todo un pueblo, tan denso como el de Cafarnaúm, y las clases dirigentes del mismo.
En él se revela Jesús tal como es: Dios omnipotente, perdonador de pecados, escrutador de corazones, dueño de la vida y de sus fuerzas.
La fama de los numerosos y grandes prodigios obrados por Jesús durante su misión por la Galilea había llegado a Cafarnaúm, ya conmovida por los anteriores episodios; el pueblo acude en masa a ver y oír al Maestro y a ser testigo de nuevas maravillas, de modo que no cabían ni aun delante de la puerta; repleta de multitudes la casa y zaguán, rebosan por la calle y sitios adyacentes.
Contrasta el afán de las multitudes con la tranquila actitud de Jesús, en el interior de la casa, sentado, como toca a un doctor, anunciando la palabra, predicando su Evangelio.
Junto a Jesús, escudriñando sus palabras y acciones, estaban las clases directoras del pueblo judío, que no habían podido substraerse de la conmoción popular; que comprendían que no se trataba de un magisterio meramente humano como el suyo…
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Mientras Jesús predicaba, un espectáculo emocionante se ofrece a los ojos de todos: cuatro hombres, llevando una litera, tendido en ella un infeliz paralítico, forcejean para abrirse paso entre la multitud y llevar al enfermo a la presencia de Jesús.
Y como no pudiesen ponérselo delante a causa de la multitud, su fe y confianza les sugiere un piadoso ardid: en vez de atravesar la puerta que da a la calle, tomarán la escalera lateral exterior de la casa y subirán el enfermo al tejado; practicarán una abertura en la cubierta y bajarán la camilla verticalmente hasta la misma presencia de Jesús.
Grande es la fe, así de los camilleros como del enfermo, cuando a tales procedimientos apelan para lograr la curación.
Jesús les alaba por ello; y se la va a premiar, dando al enfermo más de lo que quiere. Dirige primero al infeliz, a quien escribas y fariseos ni siquiera se dignan tocar, palabras suavísimas de amor y consuelo: Hijo, ten confianza Son dos palabras que abren a la esperanza el pecho del desgraciado.
Confía, hijo; ánimo, que vas a conseguir todavía más de lo que pides; pides la salud del cuerpo, y te vas a encontrar también con la del alma.
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Con razón se puede preguntar por qué Cristo le perdona los pecados, cuando no es eso lo que se le pide, sino la salud corporal.
Responden San Jerónimo y otros Santos Padres que de este modo se indica la causa de la enfermedad, que hubo de eliminarse antes que la misma dolencia.
Muchas veces suelen las enfermedades ser efectos y castigos del pecado; y sin duda, el pobre paralítico así consideraba su dolencia. Jesús empieza, pues, por desatar su alma antes de dar libertad a sus miembros:Perdonados te son tus pecados.
San Beda el Venerable nos enseña que, principalmente son cinco las causas de las enfermedades que afligen a los hombres:
aumentar sus méritos, como aconteció con Job y los mártires;
conservar su humildad, de lo que es ejemplo San Pablo combatido por Satanás;
que conozcamos nuestros pecados y nos enmendemos, como sucedió a María, hermana de Moisés y a este paralítico;
la mayor gloria de Dios, como ocurrió con el ciego de nacimiento y con Lázaro;
un principio de condenación, como se demuestra en Herodes y en Antíoco.
Por este motivo, para curar a aquel hombre de la parálisis, el Señor empezó por desatar los lazos de sus pecados. De este modo le manifestó que a causa de ellos estaba sufriendo la inutilización de sus miembros, cuyo uso no podía recobrar sino desatando aquellos lazos.
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Los escribas y fariseos dicen que Cristo blasfema porque se arroga lo que es propio de Dios: perdonar pecados. Los otros Evangelistas, de hecho, aducen la causa de la blasfemia: ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?



Nada te turbe






Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda. 
La paciencia
Todo lo alcanza; 
Quien a Dios tiene 
Nada le falta: 
Sólo Dios basta.
Eleva el pensamiento,
Al cielo sube, 
Por nada te acongojes,
Nada te turbe.
A Jesucristo sigue
Con pecho grande,
Y, venga lo que venga,
Nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo
Es gloria vana; 
Nada tiene de estable,
Todo se pasa.
Aspira a lo celeste,
Que siempre dura;
Fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.
Ámala cual merece
Bondad inmensa; 
Pero no hay amor fino
Sin la paciencia.
Confianza y fe viva
Mantenga el alma,
Que quien cree y espera
Todo lo alcanza.
Del infierno acosado
Aunque se viere,
Burlará sus furores
Quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos, 
Cruces, desgracias; 
Siendo Dios su tesoro, 
Nada le falta.
Id, pues, bienes del mundo; 
Id, dichas vanas; 
Aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.





DICHOS DE SANTA TERESA DE JESÚS:  
"...Procuremos siempre mirar las virtudes y cosas buenas que viéremos en los otros y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados... tener a todos por mejores que nosotros..."
"Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor en las penas como en las alegrías."
"Tener gran confianza... Quiere su Majestad y es amigo de ánimas animosas, como vayan con humildad y ninguna confianza e sí."
"Guíe su Majestad por donde quisiere. Ya no somos nuestros, sino suyos."
"Tu deseo sea de ver a Dios; tu temor, si le has de perder; tu dolor, que no le gozas, y tu gozo, de lo que te puede llevar allá, y vivirás con gran paz."
"Dios no ha de forzar nuestra voluntad; toma lo que le damos; mas no se da a sí del todo hasta que nos damos del todo".
"Quizás no sabemos qué es amar, y no me espantaré mucho; porque no está en el mayor gusto, sino en la mayor determinación de desear en todo a Dios y procurar en cuanto pudiéremos, no ofenderle".
"Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa, sino en el portal de Belén adonde nació y la cruz adonde murió".
"Harta misericordia nos hace a todos los que quiere Su Majestad entendamos que es El, el que está en el Santísimo Sacramento. Mas que le vean descubiertamente y comunicar sus grandezas y dar de sus tesoros, no quiere sino a los que entiende que mucho desean, porque estos son sus verdaderos amigos".
"No hay que menester alas para ir a buscar a Dios, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí".
"Quienes de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno lo dan, con los buenos se juntan siempre y los favorecen y defienden. "
"El amor de Dios no ha de ser fabricado en nuestra imaginación, sino probado por obras."
"No le parece que ha de haber cosa imposible a quien ama."
"Mire yo a mi Amado y mi Amado a mí; mire El por mis cosas y yo por las suyas. "
"Sólo amor es el que da valor a todas las cosas. "
"Siempre he visto en mi Dios harto mayores y más crecidas muestras de amor de lo que yo he sabido pedir ni desear. "
"¿Quien no temerá habiendo gastado parte de la vida en no amar a su Dios? "


"¡Oh Señor y verdadero Dios mío! Quien no os conoce, no os ama. "
"Considero yo muchas veces, Cristo mío, cuán sabrosos y cuán deleitosos se muestran vuestros ojos a quien os ama, y Vos, Bien mío, queréis mirar con amor. "
"Use siempre hacer muchos actos de amor, porque encienden y enternecen el alma. "
"La perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo. "
"Quien no amare al prójimo no os ama, Señor mío. "
"El amor de Dios es el árbol de la vida en medio del paraíso terrenal. "
El amor de Dios se adquiere resolviéndonos a trabajar y a sufrir por Él. "
"La mejor manera de descubrir si tenemos el amor de Dios es ver si amamos a nuestro prójimo. "
"No sabemos amar... no está en el mayor gusto sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios..."

"Darse del todo al Todo, sin hacernos partes"

"Juntos andemos Señor, por donde fuisteis, tengo que ir; por donde pasastes, tengo que pasar"

"Todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos, que si no mirásemos otra cosa que el camino, pronto llegaríamos..."

"Es imposible... tener ánimo para cosas grandes, quien no entiende que está favorecido de Dios"

EL PADRE PÍO NOS HABLA DE....


 LA FE, LA SIMPLICIDAD, LA JUSTICIA Y LA FIDELIDAD


***

El Credo más hermoso es el que florece en tus labios en los momentos más negros, más sacrificados, más dolorosos, en los que continúa animándote una infalible voluntad de superación. Es el Credo que, cual relámpago, disipa las tinieblas de tu alma, el que, en lo más recio de la tempestad, te eleva y conduce a Dios.
                Procurad aunar en vosotros la simplicidad de los niños y la prudencia de los adultos.

Sé fiel a Dios cumpliendo las promesas hechas. No te preocupes aunque te motejen los necios.

Procura que el triste espectáculo de la injusticia humana no turbe tu alma. La injusticia, globalmente considerada, también tiene su valor. Sobre ella verás surgir un día el triunfo infalible de la justicia divina.

Sé fiel a Dios cumpliendo las promesas hechas. No te preocupes aunque te motejen los necios.
                Los Santos, no lo olvides, han despreciado siempre el mundo y a los mundanos, y han pisoteado sus ridículas máximas.

SAN PADRE PÍO. ¡RUEGA POR NOSOTROS!

SANTORAL 15 DE OCTUBRE





15 de octubre

SANTA TERESA,Virgen
Así, pues, con gusto me gloriaré en mis flaquezas,
a fin de que la tuerza de Cristo habite en mi.

(2 Corintios, 12, 9).

   Santa Teresa, española de noble alcurnia, partió de su casa a la edad de siete años, con su hermano Rodrigo, en busca del martirio entre los moros; un tío frustró su intento volviéndolos a casa. A los veinte años entró en el Carmelo, y encontró en él un verdadero martirio en las austeridades que practicó, en las enfermedades del cuerpo y arideces del espíritu que padeció durante veinte años, en las calumnias que debió padecer y en las contradicciones que encontró en su empresa de reformar la Orden. Murió en 1582, a la edad de 67 años. Sus profundos escritos le han merecido el título de Doctora de la Iglesia.

MEDITACIÓN SOBRE 
SANTA TERESA

   I. Santa Teresa vio a un Serafín que le transverberaba el corazón con un dardo inflamado. Desde entonces no pensó ya sino en amar a Dios, extender su gloria y convertir a los pecadores, diciendo que se quedaría feliz en el Purgatorio hasta el día del Juicio si con ello pudiese convertir aunque no fuera sino a un alma. Todos los bienes que Dios me prodiga, todas las gracias que me concede, son como otros tantos dardos que deberían inflamar mi coraz6n de amor a Dios. Señor, me ordenáis que os ame: dadme la gracia de cumplir vuestras órdenes y ordenadme lo que os plazca. (San Agustín).

   II. "¡O padecer o morir!". En este lema de Santa Teresa, encontramos los dos efectos de su amor. ¡Quiere sufrir para asemejarse a Aquél a quien ama! Esta santa busca la cruz y tú la huyes; ella quiere vivir só1o para padecer y tú quieres vivir só1o para divertirte. Que en adelante su lema sea el tuyo.

   III. Santa Teresa anhela morir una vez que nada tenga ya para sufrir en este mundo, a fin de ir a ver a Dios, único objeto de su amor. ¿Anhelas tú la muerte? Por el contrario, la temes como fin de tu felicidad y comienzo de tus sufrimientos, porque te gozas con el mundo. Lo que debes temer es el juicio de Dios. Puedes evitar el rigor de este juicio viviendo una vida santa. En cuanto a la muerte, no debes temerla, puesto que no puedes sustraerte a ella. Nadie debe temer lo que no puede evitar. (Tertuliano).
El amor a los sufrimientos
Orad por la Orden del Carmelo

ORACIÓN
   Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y haced que, al alegrarnos con la tiesta de Santa Teresa, seamos alimentados con el pan de su celestial doctrina y abrasados con los sentimientos de su tierna piedad. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 14 de octubre de 2011

P. GARRIGOU-LAGRANGE: LA PROVIDENCIA Y LA CONFIANZA EN DIOS – EL ABANDONO EN LA PROVIDENCIA – 2º PARTE

Visto en Radio Cristiandad


LA PROVIDENCIA Y LA CONFIANZA EN DIOS


R. P. Réginald Garrigou-Lagrange, O. P.
EL ABANDONO EN LA PROVIDENCIA DIVINA
CAPÍTULO II
DE LA MANERA
COMO HEMOS DE ABANDONARNOS
EN MANOS DE LA PROVIDENCIA
Vimos en el capítulo anterior que en la Sabiduría y Bondad de Dios está el fundamento de la confianza y del abandono en la divina Providencia; vimos asimismo que nuestro abandono ha de ser total, tanto en las cosas que miran al cuerpo como en las que al alma se refieren, previa condición de cumplir nuestros deberes cotidianos, ciertos de que la fidelidad en las cosas pequeñas nos ha de granjear las gracias necesarias para tenerla también en las grandes.
Veamos ahora la manera de hacer abandono de nosotros en manos de la Providencia, cuál ha de ser el espíritu que en ello nos guíe y en qué virtudes se ha de inspirar.
***
De las diferentes maneras de abandono en la divina Providencia
según la naturaleza de los acontecimientos
(cf. San Francisco de Sales, L’Amour de Dieu,
livre 8, ch. 5; livre 9, ch. 1, 7)
Para mejor entender esta doctrina de la santa indiferencia, conviene advertir, como lo han hecho a menudo los autores espirituales, que no es lo mismo el abandono en los acontecimientos independientes de la voluntad humana, que cuando se trata de las injusticias de los hombres o de nuestras propias faltas y de las consecuencias que de ellas se siguen.
En las cosas que no dependen de la voluntad humana, como los accidentes imprevistos, las enfermedades incurables, el abandono nunca pecará de excesivo. La resistencia, además de inútil, sólo servirá para aumentar nuestra desventura; mas la aceptación acompañada de espíritu de fe, de confianza y de amor realza el mérito de los trabajos inevitables.
Pruebas ha habido que han transformado ciertas vidas, como puede verse en la biografía del Padre Girard, que lleva por título: Vingt-deux ans de martyre. Luego de recibir el diaconado, vióse atacado de tuberculosis ósea, que le inmovilizó en el lecho durante veintidós años; todos los días ofrecía por los sacerdotes coetáneos los dolores crueles que le aquejaban. No habiendo tenido la dicha de celebrar la Santa Misa, uníase diariamente al sacrificio incruento de Jesucristo. Así quedó transformada una vocación que la enfermedad no malogró.
Cada vez que en circunstancias dolorosas nuestros labios susurran un fiat, se añade nuevo mérito a los ya adquiridos y sube de punto la virtud santificadora de la prueba real. Y aun es más; porque por medio del abandono sacamos provecho de las tribulaciones probables, que quizá nunca lleguen a suceder, como Abraham tuvo gran mérito cuando con perfecto abandono aceptó la inmolación de su único hijo, que el Señor no le exigió hasta el fin. De esta manera la práctica del abandono convierte las pruebas actuales o venideras en medios de santificación, tanto más eficaces, cuanto mayor es el amor que lo inspira.
***
¿Qué hacer, cuando las pruebas vienen de la injusticia de los hombres, de la malevolencia, de las malas maneras, de la calumnia?
Tratando de las injurias, de los cargos inmerecidos, de las afrentas y detracciones, cuando sólo atañen a nuestra persona, dice el Doctor Angélico (IIa-IIæ, q. 72, a. 3, et q. 73, a. 3, ad 3) que debemos estar dispuestos a soportarlo todo con paciencia, en conformidad con aquellas palabras de Nuestro Señor: “Si alguno te hiriere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” (Matth.5, 39).
Pero a veces, añade, conviene contestar, bien sea en provecho del que insulta, para refrenar su audacia, bien sea para evitar el escándalo que pudiera nacer de las detracciones o calumnias. Y cuando sea el caso de responder y resistir de este modo, hemos de abandonar en manos de Dios el éxito de la diligencia.
En otros términos: debemos deplorar y reprobar las injusticias, no por ser lesivas de nuestro amor propio u orgullo, sino porque ofenden a Dios y ponen en peligro la salvación de aquellos que las infieren, y también de aquellos que por las mismas pudieran extraviarse.
Por lo que hace a nosotros, en la injusticia de los hombres hemos de ver la justicia divina, que permite este mal para darnos ocasión de expiar faltas reales que nadie nos echa en cara.
Conviene también ver en ello la misericordia divina, que quiere desasirnos de las criaturas, librarnos de nuestros afectos desordenados, del argullo, de la tibieza, poniéndonos en la apremiante necesidad de recurrir a la oración de ferviente súplica.
Estas injusticias, espiritualmente consideradas, son como la incisión del bisturí, muy dolorosa, pero salvadora. El dolor que causan nos hace estimar el valor de la verdadera justicia y nos inclina a practicarla con el prójimo, iniciando a la vez en nosotros la bienaventuranza de los que tienen hambre y sed de justicia, los cuales serán hartos, según promesa del Evangelio.
El menosprecio de los hombres, en lugar de producir en nosotros turbación o desabrimiento, puede ser muy saludable, poniéndonos ante la vista la vanidad de la gloria humana y, por contraste, la belleza de la gloria divina, según la han comprendido los santos. Este es el camino de la verdadera humildad, que nos hace sufrir con paciencia y amar el ser menospreciados (Santo Tomás, De gradibus humilitatis, IIa-IIæ, q. 161, a. 6).

***



SANTORAL 14 DE OCTUBRE






14 de octubre


SAN CALIXTO, Papa y Mártir
Dad gracias en todo tiempo
y por todo a Dios Padre,
en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo.
(Efesios, 5,

   San Calixto gobernó la Iglesia bajo el reinado del emperador Heliogábalo. Edificó una basílica al otro lado del Tiber, y agrandó las catacumbas situadas sobre la vía Apia que desde entonces llevan su nombre. Opuso el ayuno y las lágrimas a los goces insensatos de los paganos y todo emprendía para extender el reino de Jesucristo. Su celo apostólico fue coronado por el martirio, hacia el año 222, después de cuatro años de pontificado.
MEDITACIÓN
SOBRE LA INGRATITUD

   I. Estás obligado a agradecer a Dios por todas las gracias que te ha concedido. ¿Cuántas has recibido? Muchas conoces pero más aun ignoras. ¿Le has agradecido alguna vez que te haya creado, que te haya conservado la vida? Te ha redimido, te ha hecho nacer de padres cristianos, te ha dado riquezas, salud e ingenio. Agradécele todos estos favores. Señor, soy todo vuestro, me ofrezco todo a Vos.

   II. La ingratitud ciega la fuente de las gracias. Dios es celoso de su gloria, no permite que le sea sustraída; no agradecerle, es privarlo del honor que se le debe, es obligarlo a que no te conceda lo que después le pidas. Dios mío, os daré gracias no sólo de la prosperidad sino también de la adversidad, pues todo lo que me sucede, excepto el pecado, es efecto de vuestra bondad para conmigo. Somos extrañamente ingratos: no agradecemos a Dios sino cuando nos colma de bienes terrenos, que, sin embargo, a menudo son perjudiciales para nuestra salvación. Aprendamos a agradecer a Dios no sólo en la prosperidad, sino también en la adversidad. (San Gregorio).

   III. Hay tres grados en la ingratitud. El primero es olvidar los beneficios; el segundo, devolver mal por bien; el tercero, servirse de los beneficios recibidos para ofender al bienhechor. ¿Cuántas veces no te has servido tú del ingenio, de la salud, de las riquezas o de los talentos que Dios te ha dado, para ofenderle? Si olvidas a Dios cuando te beneficia, Él te enviará aflicciones para volverte al cumplimiento de tu deber.Aprende el orden de la divina Providencia: si no se reconoce a Dios en sus beneficios, se lo reconocerá en sus castigos. (San Cipriano).
La humildad
Orad por vuestros benefactores.

ORACIÓN
   Oh Dios, que veis nuestra impotencia para hacer el bien, dignaos fortificarnos en vuestro amor mediante los ejemplos de vuestros santos. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 13 de octubre de 2011

ESCRITOS DE... P.BASILIO MÉRAMO: LA SALETTE Y FATIMA PROFECIAS APOCALIPTICAS DE LOS ULTIMOS TIEMPOS V

 (Continuación escrito anterior (4ta parte), ver aqui)





Fátima Profecía Apocalíptica
Las apariciones de Fátima (en Portugal) son una indicación concreta de lo anunciado en La Salette, es decir que señalan con el dedo, la Apostasía de Roma. El tercer secreto, en realidad tercera parte de una misma profecía, indica la pérdida de la Fe de Roma (del Vaticano mismo) y la consiguiente apostasía que esto implica. De aquí que no se lo ha querido revelar, estando condenado prácticamente en el index, que sólo funciona para la verdad mientras el error y las herejías tienen libre difusión.
La jerarquía de la Iglesia no quiere publicar el 3er Secreto, es ella (esta jerarquía) la destinataria del mensaje, es ella quien debe publicarlo, no Sor Lucía (pues de lo contrario sería la primera responsable de no hacerlo) quien es sólo una mensajera, una intermediaria entre el cielo y la jerarquía de la Iglesia a quien va destinado el mensaje y su contenido, y sobre quien recae toda la responsabilidad.
El contenido del 3er Secreto apunta a la pérdida de la Fe (Apostasía) general por culpa y obra de la Jerarquía de la Iglesia, desde el mismo Vaticano. En primer lugar, Fátima es una profecía apocalíptica, como tal es un vaticinio sobre algo futuro, es una predicción, un anuncio que revela (da a conocer) cosas distantes (futuras).
Profecía recordamos con Santo Tomás es una visión (conocimiento) de cosas distantes (ocultas) a los sentidos, de aquí que profecía viene de procul = distante y de phanos = aparición, es decir que la profecía es una visión o conocimiento de algo oculto a los sentidos. Trata de cosas futuras conocidas o sabidas por revelación de Dios. Así tenemos la segunda acepción del término profecía que viene de porro = a lo lejos y de fantur = decir, con lo cual la profecía es una locución dando a conocer las cosas que por revelación de Dios se saben, como ya vimos.
Profecía apocalíptica, decimos que es Fátima, pues al igual que el Apocalipsis (revelación) es una profecía del fin de los tiempos. Que el Apocalipsis sea lo que afirmamos bástenos citar lo que dice el Padre Joseph Maitre: «El apocalipsis es esencialmente una profecía o una revelación del futuro». «El futuro que predice el profeta (S. Juan) concierne al tiempo que debe transcurrir desde su época hasta el fin de los tiempos». «El profeta apunta antes que todo a los últimos tiempos» (La Prophétie des Papes. Paris - Beaune, 1904 p. 311, 313, 318 respectivamente).
También Scio en su Advertencia sobre el Apocalipsis dice: «En una palabra, comprende este libro una profecía de los sucesos considerables de la Iglesia, desde la primera hasta la segunda venida de Jesucristo, en que vencidos, postrados, y abatidos todos sus enemigos, entrará triunfante, y acompañado de sus escogidos en la eterna y quieta posesión de su reino,» y además tenemos que «el común sentir de los mismos padres, fundado en las Escrituras, es que muchos lugares del Apocalipsis solamente deben referirse a aquel tiempo, en que el mundo tendrá fin.» La Sagrada Biblia N. Testamento tomo II, p. 361-362).
Y para que no quede lugar a duda de la armonía y de la concordancia entre Fátima y el Apocalipsis nos remitimos a las siguientes palabras del P. Joseph Maitre: «Esta profecía es, en efecto, como lo demostraremos, la historia anticipada de la Iglesia. La cual parece destinada a prevenir a los fieles de todos los tiempos, especialmente a aquellos de los últimos años, contra las grandes pruebas del futuro, conteniendo las advertencias más saludables para ellos, al mismo tiempo que hace irradiar ante sus ojos las promesas de un próximo triunfo». (La Prophétie... p. 288)
Triunfo (apocalíptico) que concuerda con lo enunciado en Fátima:  «Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará,» (Memorias de la Hna Lucía. 3ª Edición Oct. 1988 Vice-Postulaçao, Fátima p.165).
Fátima señala y vaticina sobre acontecimientos relativos a los últimos tiempos y a esto se ordena el 3er Secreto, el cual es una puntualización apocaliptica, que Roma y el Vaticano no quieren publicar, pues les señala y acusa con el dedo.
El Tercer Secreto: su contenido

Es sabido que en realidad hay un solo y mismo mensaje en tres partes tal como lo manifiesta Sor Lucía en su tercera Memoria, es decir que hay un solo secreto en tres partes, dos de las cuales fueron reveladas y otra no, llamada comúnmente 3erSecreto de Fátima. «¿Qué es el secreto? (se pregunta Sor Lucía) Me parece que lo puedo decir:, pues ya tengo licencia del cielo. Los representantes de Dios en la tierra me han autorizado a ello... Ahora bien, el secreto consta de tres cosas distintas, de las cuales voy a revelar dos. La primera fué, pues, la visión del infierno. (...) visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón» (Op. cit. p. 103). Las tres cosas que conforman el secreto son la visión del infierno, la devoción al Inmaculado Corazón (a quien se le debe consagrar Rusia) y la tercera: el famoso tercer Secreto. Tal como dice la nota 4 de dicha edición:
«Adviértase que se trata de un único  secreto, que consta de tres partes.  Aquí revela las dos primeras. La tercera fue escrita a finales del año 1943 y encuéntrase hoy guardada en los Archivos Vaticanos.» (p.112).
En su Cuarta Memoria, Sor Lucía nos da la clave del contenido del 3er Secreto, pudiéndose hoy discernirlo por su contexto y por las declaraciones y actitudes de Sor Lucía a otras personas.
El 3er secreto comienza con las palabras reveladas por Sor Lucía en su famosa cuarta Memoria: «En Portugal se conservará siempre el dogma[1]de la Fe, etc.» (p. 165). El final del secreto lo constituyen las palabras: «Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará» tan conocidas por todos, desde la redacción de la tercera Memoria en 1941, si bien Sor Lucía al redactar en su cuarta Memoria de 1941 las primeras palabras con que se inicia el tercer Secreto, no las coloca en su lugar lógico.


PUBLICACIONES "EL CATÓLICO"


San Salvador, 18 de Junio de 1882


LOS JUDÍOS


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Uno de los más espléndidos y brillantes testimonios que confirman la divina institución del cristianismo, y la verdad incomparable de la religión católica, es la suerte del pueblo judío, hoy disperso por todo el mundo, sin patria, sin sacerdocio, sin templo y sin hogar. Esta condición desastrosa del pueblo de Dios, es un milagro vivo y patente á las miradas de todos, y una prueba incontrastable y auténtica del exacto cumplimiento de antiguas y solemnes profecías.

El profeta Oseas había dicho: “Los hijos de Israel pasarán muchos días sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin altar, sin efód y sin térafin”. No puede señalarse mejor, y en términos más claros y precisos, la suerte despreciable de los judíos, dispersos en todos los puntos de la tierra, y víctimas lastimosas del ultraje universal de las naciones.

Santo Rey David
Sin príncipe ni rey. –Mil veces han intentado los judíos constituirse en república libre é independiente, uniéndose con fervoroso entusiasmo al primer aventurero, que ha lisonjeado su patriótica ambición; pero también otras tantas sus esfuerzos han sido inútiles y vanos, y sin cambiar en lo más mínimo su suerte, se han hecho víctimas de una esclavitud más depresiva y humillante. Ha quedado siempre como antes, y después de repetidas y sangrientas tentativas, la raza proscrita, errante y reprobada, que lleva sobre su rostro el sello de la maldición divina y de su pasada grandeza. Ellos dijeron con valioso desdén y satánico desprecio ante el gobernador Pilatos: “No tenemos otro rey sino el César”; y es en efecto el César, esto es, el poder político, quien, así en los tiempos de Roma como en la larga serie de los siglos, los ha abandonado siempre á los furores populares, excitados por las preocupaciones, ó levantados por los crímenes.

Sin sacrificio y sin altar. –Un solo lugar había en el mundo, donde podía ofrecerse á Dios el sacrificio de olor de suavidad, y este lugar era el templo de Jerusalén; pero el templo ya no existe! Los públicos regocijos de la fiesta de los Tabernáculos, los ritos misteriosos de la Pascua, las augustas pompas de la Pentecostés, ¡han cesado ya! ¿Quién podría inmolar las víctimas de Israel, y presentar sus sacrificios al Señor? Este ministerio correspondía á los sacerdotes, y los sacerdotes de Israel ¡han desaparecido! Los sacerdotes de Israel debían ser tomados de la tribu de Leví, ¡y la tribu de Leví se ha confundido entre otras! El rabino ha sucedido al Pontífice; pero el rabino es un simple doctor, un mero intérprete de la ley y de los profetas, de los ritos y de las ceremonias, sin unción santa, sin carácter sagrado, sin misión divina.


Sin efód. –El efód es la insignia de la autoridad sacerdotal, y el sacerdocio judaico ha quedado para siempre sepultado entre los escombros del templo y entre las ruinas del altar, ó sofocado del templo y entre las ruinas del altar, ó sofocado por las nubes de humo de los sacrificios reprobados. Hasta los tiempos de Teodosio el joven, los judíos, aunque dispersos, conservan todavía alguna sombra de su antiguo pontificado en lo que ellos llamaban su patriarca; pero aquel emperador mandó suprimir la dignidad del Patriarcado, y desde entonces ha desaparecido por completo hasta la sombra efímera de su sagrada jerarquía.


Sin térafin. –El térafin era la insignia del don de profecías unido al ejercicio del sumo sacerdocio. El Arca Santa, de donde salían los divinos oráculos, fue consumida por el incendio del templo: el Sancta Sanctorum, de donde aquellos se pronunciaban, desapareció también entre sus llamas. ¡Dios quedó mudo para su pueblo! Y este pueblo, antes tan favorecido del cielo, quedó sin un pastor que le dirija, sin un Señor que le ilumine, ¡sin una mano bienhechora que le levante el velo que cubre á sus carnales ojos las profecías y misterios! (Nota de Blog: aquí existe un error por parte de quien hizo la publicación en ese entonces, es respecto al Arca Santa: Jeremías escondió el Arca, el Tabernáculo y el Altar de los inciensos; no se incendió)

¡Cosa verdaderamente extraña! Los judíos son los reyes de la tierra por las enormes riquezas que acumulan, por la grande extensión de su comercio que abraza el mundo entero, por el inmenso poderío que ejercen con la prensa periódica, y por la soberana influencia que tienen en todas las naciones; y sin embargo, ¡son el objeto de un odio execrable y de un desprecio universal!

El mismo Mr. Renan, uno de los mayores enemigos personales de Jesucristo, y uno también de los que, con más empeño, han procurado nulificar el cumplimiento de las divinas profecías, se ha hecho el eco de ese grito general, con que se propaga un espectáculo tan deplorable como extraño. “Insociable, dice, extranjero en todas partes, sin patria, sin otro interés que el de un verdadero azote para el país adonde la suerte le ha arrojado.”

Michelet ha tratado al pueblo judío todavía con mayor dureza. “El judío, dice, es un hombre inmundo, que no puede tocar una mercancía ó una mujer sin quemar; es el hombre de ultraje, sobre el cual todos tienen derecho de escupir.

“Marcha, marcha, dice otro célebre escritor apostrofando al pueblo judío; marcha, alma errante, judío errante, siempre inquieto, siempre agitado, siempre abofeteado, siempre inmutable en medio de tus cambios. ¡Toda nación te es extraña; toda nación te conoce, y tú las conoces á todas! Pero tu corazón de piedra no se une á ningún hombre, y ninguno tampoco se une á ti. ¿Te faltará una señal parecida á la que marcó á Caín? Tú eres un pueblo maldito… ¡sí, maldito de Dios!”

No puede darse una profecía mejor cumplida, que las que se refieren á la maldición de los judíos, y á su dispersión por todos los países del globo, sin que jamás puedan llegar á formar un solo cuerpo de nación, á pesar de sus frustradas tentativas, y de otras muchas que harán en la sucesión de los tiempos venideros. Entran, como parte de esas divinas maldiciones, la total ceguera de su corazón, la cortedad de sus vistas, el desarrollo de su ambición desmesurada, la terquedad de su carácter y de sus acciones; y todo con el objeto de hacer brillar y resplandecer más el exacto cumplimiento de los sagrados vaticinios.

Jeremías, contemplando en profética visión las dolorosas angustias y los crueles tormentos del pueblo querido de Dios, en medio de las grandes calamidades de su funesta reprobación, no podía menos que exclamar con acento tierno y dolorido: “¿Por qué lloráis, al veros hechos pedazos por los golpes? Vuestro dolor es incurable; es por la multitud de vuestros pecados que yo os he tratado de esta suerte, dice el Señor.”

En efecto, se advierte una tendencia extraordinaria en todos los judíos á querer venir de todas partes del mundo á vivir y morir en Jerusalén. Muchos de los que tienen comodidad y proporciones, disponen en su testamento al morir, ó mandan y encargan a sus parientes y herederos, que á costa de cualquier gasto y sacrificio hagan trasladar sus restos á la Palestina para sepultarlos junto á las tumbas de sus antepasados. ¿No podrá también considerarse esta universal aspiración del pueblo deicida, como una consecuencia de la verdad encerrada en las apostólicas tradiciones, sobre que el fin de los tiempos, los judíos llegarán á reconocer al divino Mesías, y abrazar su santa religión?

Todos los viernes del año, menos aquel que hace parte de la fiesta de los tabernáculos, los más devotos judíos residentes en Jerusalén, se reúnen hacia las tres y media ó cuatro de la tarde, junto al muro occidental de la Mezquita de Omar, para llorar por sus pecados, y rogar á Dios que se digne poner fin á los inmensos males que por todas partes y en todos sentidos les agobian, desde hace mas de 19 siglos. Nada más triste y conmovedor, que su fúnebre canto dialogado:


El rabino. –“A causa del templo que ha sido destruido, á causa de los muros que han sido abatidos, á casusa de nuestros grandes hombres que han perecido.”

El pueblo. –“Estamos sentados solitariamente, y lloramos.”

El rabino. –“Os suplicamos, Señor, que tengáis piedad de nosotros.”

El pueblo. –“Amen.”

La opinión sobre la futura conversión de los judíos se apoya en este pasaje de Isaías: “De Sion vendrá Aquél que destruya y destierre la impiedad del pueblo de Jacob.”

Parece todavía haber hablado con más claridad Ezequiel, cuando dijo: “Yo os retiraré de todos los pueblos… Os llevaré á la tierra que he dado á vuestros padres… Seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios. Cuando os haya purificado de todas vuestras iniquidades, y haya repoblado vuestras ciudades y restablecido los lugares arruinados… todo lo que quede de los pueblos que os rodeen, reconocerá que yo soy el Señor.”

El Apóstol San Pablo, en su carta á los romanos, parece indicar, que al fin de los tiempos, los judíos volverán al Mesías, largos siglos desconocido por ellos, y que entonces doblarán la rodilla ante Él y le implorarán perdón.

¡VIVA CRISTO REY!
Entonces, la antigua y la nueva alianza, reconciliadas en una sola, se abrazarán, como dos hermanas unidas con un solo lazo de amor, en el pecho adorable del divino Salvador de los hombres.

Entre tanto, el pueblo hebreo, depositario de las antiguas tradiciones y de los divinos oráculos, derramado hoy y confundido en el seno de los pueblos cristianos, da por todas partes un auténtico testimonio de la verdad de la religión católica, y mostrando que se halla confirmada nuestra fe en sus libros sagrados de la ley y los profetas, aliente nuestro espíritu para poder exclamar con entusiasmo:  

¡Qué hermosos son tus tabernáculos, ó Jacob, y tus tiendas, ó Israel!

Fuente: Archivo histórico de la Arquidiócesis de San Salvador.