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miércoles, 28 de septiembre de 2011

ESCRITOS DE... P.BASILIO MÉRAMO: LA SALETTE Y FATIMA PROFECIAS APOCALIPTICAS DE LOS ULTIMOS TIEMPOS III


(Continuación de la  2da  Parte. Ver aqui)




La Gran Tribulación

La pérdida de la fe llevará a Roma a su antiguo paganismo convirtiéndose en Panteón de todas las falsas
religiones, esto es lo que La Salette profetiza y así nos advierte que: «el sol oscurece; sólo la fe vivirá» (Ibid.
p.76).
Esto es ni más ni menos que, La  Gran tribulación (Tribulatio Magna), del Evangelio: «Porque habrá,
entonces, grande tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá más.» (Mt.
24,21).
Santo Tomás comentando este pasaje dice: «Habrá, entonces, una gran tribulación, porque habrá una
perversión de la doctrina católica, a causa de la propagación de una falsa doctrina. Y si no fuesen abreviados
aquellos días, a saber, por el testimonio de la doctrina, a causa del refuerzo de la verdadera doctrina, nadie se
salvaría, pues, todos abrazarán la falsa doctrina» (In. Mat. c.24 Ed. Marietti, Taurini 1925 p. 318). Además,
señala Santo Tomás refiriéndose al sol oscurecido, que: «por el sol se designa la Iglesia; pues la Iglesia por
causa de las tribulaciones no se la verá relucir» (Ibid. p. 312).
Es claro y evidente que para el Doctor Angélico la Gran Tribulación de que hablan las Escrituras, consistirá
en una cuestión de doctrina, que sacudirá hasta los cimientos mismos de la Iglesia Católica Apostólica 10
Romana, reducida prácticamente a unos pocos que permanecerán por gracia de Dios firmes en la fe y
conservando la verdadera doctrina católica.
Y tal como expone Orígenes citado por Santo Tomás  unos renglones más arriba con relación a los días
acortados: «Así pueden referirse al advenimiento de Cristo a causa de su Iglesia, y así decía Orígenes que tal
como la palabra del Evangelio se divulgó para su venida, así la falsa doctrina se divulgará para la venida del
Anticristo».
En plena concordancía con las Escrituras y Santo Tomás, La Salette  advierte: «Se predicará una falsa
doctrina, un anti-Evangelio ...predicarán otro Evangelio contrario al del verdadero Cristo Jesús» (p.72).
La confusión y el error llegará a grados inimaginables y el culto de Dios quedará relajado tal como acontece
hoy con la nueva Misa: «Los libros malos abundarán en la tierra, y los espíritus de las tinieblas extenderán
por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios, obtendrán un poder
extraordinario sobre la naturaleza» (Ibid. p.72). Y esto por pérdida de la Fé: «Y se verán por doquier
prodigios extraordinarios, porque la verdadera fé se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo» (Ibid.
p.72-73).
Ay de la jerarquía que farisaicamente se preocupa por su autoridad y prestigio y deja envenenar los
manantiales puros de la doctrina y de la fe; a ella están dirigidas estas palabras: «¡Ay de los príncipes de la
Iglesia que se hayan dedicado únicamente a atesorar riquezas sobre riquezas, a poner a salvo su autoridad y a
dominar con orgullo!» (Ibid. p. 73), mientras ofrecen un  culto abominable (nueva misa), el cáliz lleno de
abominaciones, sumergiendo la Iglesia en la abominación de la desolación, más grande e inimaginable, de un
culto prostituido bajo las apariencias de piedad, mientras excomulgan al verdadero y único culto de Dios: la
Santa Misa de siempre, cumpliéndose al pie de la letra las profecías de Daniel, para estos últimos tiempos. 
Daniel anuncia profética y apocalípticamente la abolición del culto verdadero a Dios, es decir: del Sacrosanto
Sacrificio de la Misa y la implantación de un falso culto en su lugar, es decir la Nueva Misa o abominación
en lugar santo.
Veámoslo: «Y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la oblación; y sobre el santuario vendrá una
abominación desoladora, hasta que la consumación decretada se derrame sobre el devastador» (Dan. 9,27).
«Sus tropas vendrán y profanarán el santuario de la Fortaleza; harán cesar el sacrificio perpetuo y pondrán
allí la abominación del devastador» (Dan. 11,31). «Desde el tiempo que será quitado el sacrificio perpetuo y
entronizada la abominación desoladora, pasarán mil doscientos noventa días» (Dan. 12,11).
Scio reconoce al citar a San Jerónimo que será abolida la Santa Misa: «Por sacrificio, perpetuo entienden
aquí los padres con San Jerónimo, el de la Eucaristía, y todo el  culto solemne, que ninguno osará ofrecer
públicamente» (Dan. 12, 11 nota 17). Lo cual ocurre hoy al pie de la letra, pues los únicos que osan decir la
Misa tridentina son perseguidos, ultrajados y hasta excomulgados.
Mons. Straubinger comenta en sus notas estos tres pasajes: «Las palabras abominación desoladora (Vulgata:
abominación de la desolación) se refieren según los intérpretes antiguos al ídolo de Júpiter que erigió
Antíoco Epífanes (cf. I Mac. 1,57) o a la imagen del Cesar con que Pilato profanó el templo o a una
profanación semejante. A este pasaje alude Jesús en su gran discurso escatológico (Mt. 24,15), enseñando
que volverá a cumplirse en los tiempos que El anuncia. De ahí que no todos los Padres apliquen esta profecía
a la destrucción de Jerusalén, sino más bien a los tiempos del fin. El mismo doctor máximo admite que puede
tratarse del Anticristo, lo que entre otros, sostiene San Hipólito (en un fragmento cóptico, publicado en
‘Sefard’, 1946, p. 356), San Cirilo de Jerusalén y San Atanasio.» (Dan. 9,27 nota 27). «La abominación es el
culto idolátrico, pues Antíoco erigió en el templo una estatua de Júpiter» (Dan. 11,31 nota 31). Y por último 11
en concordancia con Scio expresa: «Por sacrificio perpetuo entiende aquí San Jerónimo con otros Padres el
culto de la Eucaristía y todo el culto solemne de la Iglesia, que en los tiempos del Anticristo será
obstaculizado. Abominación desoladora: se refiere al Anticristo» (Dan. 12, 11 nota 11).
Monseñor Lefebvre actualiza la profecía de La Salette cuando afirma que: «Roma ha perdido la fe, Roma
está en la Apostasía. Estas no son palabras en el aire, es verdad: Roma está en la Apostasía» (Conferencia
Retiro Sacerdotal 14 Sept. 1987, Ecône).
La concordancia entre esta afirmación de Mons. Lefebvre y la profecía de Nuestra Señora de La Salette sobre
la Apostasía de Roma, no puede ser mayor. Mons. Lefebvre es sin duda junto con Mons. de Castro Mayer,
uno de los más grandes Apóstoles de los últimos tiempos, tal como San Luis María Grignion de Montfort de
algún modo señaló.
La Iglesia obscurecida (eclipsada) tal como lo indica la divisa, de San Malaquías, que corresponde al actual
Pontificado, De labore solis (el eclipse del sol). El sol que según el mismo Santo Tomás designa a la Iglesia:
«Por el sol se designa a la Iglesia; por lo cual, a causa de las tribulaciones la Iglesia no se la verá brillar» (In
Mat. c.24, v29)
Si, «el sol se oscurece, solo la fe vivirá», la Iglesia quedará eclipsada oscurecida, según La Salette. Y es más,
Dom Gaspar Lefebvre, en su comentario al tiempo de pentecostes, dice en su Misal, trayendo una frase del
gran San Agustín que da una gran luz, para el tema que nos trae: «... y la Iglesia, lo mismo que su divina
Cabeza, se verá entonces vencida y clavada en cruz aunque ella ganará la victoria decisiva. ‘El cuerpo de
Cristo, que es la Iglesia, lo mismo que el cuerpo humano, fue en un tiempo joven, aunque al fin del mundo
tendrá una apariencia de caducidad’ (S. Agustín)» (Misal Diario, Ed. Desclée De Brouwer, Brujas - Bélgica,
1938, p.714).
«¿Quién podrá triunfar, si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? (La Salette p.76).
La Iglesia será desolada; «La Iglesia tendrá una crisis espantosa (Ibid p.73). Y esto por causa de la pérdida de
la fe y de la doctrina: «Dado el olvido de la Santa fe de Dios...» (Ibid. p.73).
«En el año 1865 (léase 1965 por el desface de 100 años del tiempo acordado a Satanás en la visión de León
XIII), se verá la abominación en los lugares santos.  En los conventos, las flores de la Iglesia estarán
corrompidas y el demonio se convertirá en rey de los corazones» (Ibid. p.73)
El verdadero culto de Dios, la Santa Misa que es su centro, será fuertemente combatido: «Un precursor del
Anticristo,... pretenderá aniquilar el culto del Creador para que se le considere a él como Dios» (Ibid p.74).
Habrá una falsa paz antes de que el mundo sea castigado por su crímenes y pecados: «La tierra será
castigada... Antes de que esto suceda habrá una especie de falsa paz en el mundo.» (Ibid. p.74).
En verdad no puede haber un designio más profético y apocalíptico que todo esto que ha sido vaticinado por
La Salette.

Crucifijo de la Salette

PUBLICACIONES "LA VERDAD"


San Salvador, sábado 15 de Julio de 1871

LA INFALIBILIDAD PAPAL

S.S. PÍO IX
Et dedit illi in præceptis suis potestatem, in testamentis judiciorun, docere Jacob testimonia et in lege sua lucem dare Israel. Eccli. C. 45, v. 21. Dióle también autoridad á cerca de sus preceptos y leyes judiciales, para enseñar á Jacob los mandamientos y dar á Israel la inteligencia de su ley. (Amant). Así habla la Santa Escritura de Aarón, figura de San Pedro y de sus sucesores, y á ellos aplicable á fortiori, porque si aquel era sombra ó figura ellos ó los Pontífices romanos son la realidad de aquella figura.

 ***

Como uno de los objetos principales del ministerio sacerdotal es la instrucción popular religiosa, ¿qué extraño es que como sacerdote trate yo de fijar las ideas del Pueblo á cerca del sagrado dogma de la infalibilidad del Sumo Pontífice, declarando últimamente en el Concilio Vaticano?

Digo declarado últimamente, no porque hasta ahora comience á creerse en la Iglesia; decir eso sería negarlo, porque todo dogma es una verdad que siempre se ha creído en la Iglesia, y este siempre se ha creído; mas faltaba que se declarase y definiese, ó que el juicio de la Iglesia universal se hiciese público y patente á todos y esa publicidad se la ha dado el último Concilio general confirmándonos en la fe de él como revelado por Dios y contenido en las Santas Escrituras y divina tradición. Ésto supuesto paso á hacer las siguientes explicaciones.

¿Qué quiere decir que el Pontífice romano es infalible? Quiere decir que las doctrinas emanadas de la silla Apostólica ó del romano Pontífice como tal, es imposible que sean erróneas en materia de fe y de costumbre ó en orden al dogma y á la moral. ¿Y el Pontífice siempre es infalible? Siempre, con tal que defina ex-cátedra ó en su calidad de Pontífice y sucesor de San Pedro alguna verdad dogmática ó moral.

¿Y el Pontífice en todas las cosas es infalible? Sí, en todas las cosas que son pertenecientes al dogma y á la moral.

Según eso cuando trate como simple hombre de cosas que no son pertenecientes al dogma ó á la moral ¿es falible? Entonces no es infalible porque procede como simple hombre y no como Vicario de Jesu-Cristo.

¿Pues no dice la Escritura que todo hombre es mendax ó mentiroso, y no es hombre el Pontífice? La Escritura habla del hombre simplemente como hombre y no habla del hombre divinizado en cierto modo por su carácter, no comprende al Pontífice en su carácter especial de Vicario de Jesu-Cristo; de lo contrario, comprendería también al mismo Jesu-Cristo, verdadero hombre, y nadie duda que Él es y fue siempre infalible: la Infalibilidad del Sumo Pontífice no es distinta de la de Jesu-Cristo: Jesu-Cristo mismo es quien es infalible en la persona de su Vicario á quien dijo: pasce oves meas, apacienta mis ovejas, y á quien también dijo: yo he rogado por ti para que tu fe no falte. Además, esa proposición, todo hombre es mentiroso, todos saben que es una proposición universal moral y no metafísica y que en su generalidad solo abraza la mayor parte de los individuos, á diferencia de la universal metafísica que abraza á todos los individuos sin excepción, porque se funda ó refiere á la naturaleza misma de la cosa como cuando se dice todo hombre es racional, en cuyo caso tratándose de la naturaleza misma de la cosa, no hay hombre que no esté comprendido: mas en la universal moral no se trata de la naturaleza ó esencia sino de una calidad accidental que sin embargo abraza la mayor parte de los individuos, ¿y quién duda ser de esta clase la proposición expresada? ¿Entra á caso en la naturaleza del hombre, en su esencia, el ser mentiroso? No entra y esa cualidad mala le es extraña y accidental mediante su caída y degradación; así es que esa proposición ni siquiera se extiende al hombre regenerado y vuelto á su primer estado por la gracia, por lo que cualquier cristiano honrado y digno de este nombre tendría por un insulto el que le creyese incluido en el mendax de la Escritura, puesto que esta solo habla del hombre degradado. Ahora bien: ¿y se quiere que comprenda al Pontífice romano en su augusto carácter? No se infiere ni teológica ni lógicamente; no teológicamente, así como no se infiere que el mismo Jesu-Cristo sea falible por su especial carácter, carácter comunicado al Pontífice romano: tampoco lógicamente, así como no se infiere que sea católico algún individuo salvadoreño solo porque es salvadoreño, siendo católicos todos los salvadoreños: no se infiere porque lógicamente de dos particulares no se sigue nada, y porque la proposición todo hombre es mentiroso es particular en el sentido metafísico y aun en cierto orden moral.

SANTORAL 28 DE SEPTIEMBRE


28 de septiembre


SAN WENCESLAO Duque, Mártir

Porque son vírgenes,
siguen al Cordero doquiera que vaya.
(Apocalipsis, 14, 4).



   San Wenceslao, duque de Bohemia, tan grande respeto tenía por el Sacramento del Altar, que personalmente preparaba el pan y el vino destinados al santo Sacrificio, y por la noche se levantaba para ir descalzo, aun en pleno invierno, a visitar las iglesias de su capital. Nada le dolía tanto como ver que se derramase la sangre de sus súbditos. Atacado un día por Radislao, príncipe vecino, le propuso, para evitar efusión de sangre, dirimir sus diferendos mediante un combate singular. Al lanzarse sobre él su adversarío, vio a dos ángeles que lo defendían, y, cayendo a los pies del santo, le propuso la paz. Su hermano Boleslao atrajo al duque a su casa y lo mató alevosamente cuando iba a la iglesia a oír misa, el 28 de septiembre del año 938, a la edad de 31 años.

MEDITACIÓN SOBRE LA MANERA
DE VIVIR SANTAMENTE EN EL MUNDO

   I. Para vivir santamente en el mundo, hay que observar los mandamientos y evitar todo lo que pueda ofender a Dios. ¿Te atreverías a decir que ello es imposible, cuando ves a San Wenceslao practicar en el trono las más eminentes virtudes, y conservar intacta su virginidad hasta la muerte? ¿Cómo te conduces con respecto a Dios? ¿No es verdad acaso que el menor de tus cuidados es el de agradarle? Piensas en hacer fortuna, en vivir cómodamente, y no piensas en servir a Dios y conquistar su amistad. Que en adelante tu única ocupación consista en hacer la voluntad del Señor.

   II. Obra en todo siguiendo a tu conciencia; es un secreto monitor que te recordará tus deberes. Si nadie te reprocha el infeliz estado en que vives, tu conciencia te lo advertirá. De tiempo en tiempo escucha lo que te dice. No busques en hacerte de gran reputación en el mundo, sino más bien trabaja por contentar a Dios y a tu conciencia.Nada haré según la opinión del mundo y sí todo según mi conciencia. (Séneca)

   III. Para vivir santamente en el mundo, también es preciso cumplir nuestros deberes para con el prójimo. Tienes parientes, amigos y servidores; debes ocuparte de ellos. Dios te lo manda. Si se condenan como consecuencia de tu debilidad en corregirlos, o de los escándalos que les das, responderás de ello ante Dios. Haz toda clase de esfuerzos para ganar la estimación de las personas virtuosas; en cuanto a los impíos, el aborrecimiento con que te persiguen constituye tu gloria: él es una prueba de tu virtud; porque no te pareces a ellos te aborrecen. Torturad, perseguid, condenad: vuestra injusticia es la prueba de nuestra inocencia. (Tertuliano) 

La preocupación por el personal de servicio.
Orad por las personas constituidas en dignidad
ORACIÓN

    Oh Dios, que, al conceder al bienaventurado Wenceslao la palma del martirio, lo habéis trasladado de un trono terrenal a la gloria del cielo, dignaos, por su intercesión, preservarnos de toda adversidad y hacernos participar de su gloria. Por J. C. N. S. Amén.

martes, 27 de septiembre de 2011

¿QUÉ TENGO YO, QUE MI AMISTAD PROCURAS?


Rafael y Lopez de Vega

Visto en:  De Civitate Dei



¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? 
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!



ESCRITORES CATÓLICOS


LÉON BLOY



Léon Bloy (Notre-Dame-de-Sanilhac, (Dordoña), 11 de julio de 1846 - Bourg-la-Reine, 3 de noviembre de 1917) Escritor católico francés de novela y ensayo. Sus obras reflejan una profundización de la devoción a la Iglesia Católica y la mayoría en general un gran deseo de lo Absoluto.


* * *

Hace mucho sabemos que los jóvenes sólidamente educados podían leer o contemplar obras bellas, aunque hubiese en ellas detalles que hiciesen tiritar a ciertos tonsurados. Eran sanos y fuertes, y las almas sólo asimilaban lo bello. Una sangre generosa y un estómago robusto eliminan fácilmente los venenos. Los anémicos, los deprimidos, los muertos de hambre y de miseria son, por el contrario, las primeras víctimas de toda plaga. El contagio se apodera de ellos como los gusanos del cadáver. Tal es la lamentable situación de los católicos actuales. Privados del alimento vigoroso de las grandes obras, los lectores y las lectoras de «novelas honestas» van a la lujuria como los cerdos al fango. A fuerza de precauciones torpes o imbéciles, las imaginaciones sentimentales perecen como aguijoneadas por el solo pecado de la carne.

* * *

Puntos esenciales. Primero, todo lo que sucede es adorable. Segundo, acuerdo perfecto de la libertad divina y de la libertad humana. Desde toda la eternidad, Dios sabe que tal individuo tal día realizará libremente un acto necesario. Tercero, en fin, todo lo que no es estrictamente, exclusivamente, rematadamente católico, debe ser echado a la basura.

* * *

Yo tengo alma de santo; mi propietario, que es un espantable burgués; mi panadero, mi carnicero, mi tendero, que son acaso horribles canallas, todos tienen alma de santos, puesto que todos son llamados, tanto como tú y yo, tanto como San Francisco o San Pablo, a la vida eterna y comprados por el mismo precio, «magno pretio empti estis». No hay hombre que no sea santo virtualmente, y el pecado o los pecados, aun los más negros, no son más que el accidente que en nada cambia la sustancia.

* * *

Regla absoluta: un acto de amor nunca puede ser ridículo.

* * *

Los ángeles de Navidad no anunciaron la felicidad en la tierra, sino la «paz» a los hombres de buena voluntad: «Pax in terra. Felicitas in coelestibus». Todo lo que nos está permitido desear a aquellos a quienes amamos es la paz en este mundo, aunque sea entre sufrimientos, y esta paz no es posible sino por el amor.

LA GESTA DE LOS MARTIRES V.a

En el año 177, en Lyon

CARTA DE FRANCIA
LOS MÁRTIRES DE LYON
 (PRIMERA PARTE)


En su «Histoire ecclésiastique», Eusebio nos ha conservado citándolo, uno de los más preciosos documentos de la literatura hagiográfica. Redactada al día siguiente de las ejecuciones, en forma de carta, esta Pasión es un modelo del género en cuanto al realismo psicológico y a la exactitud del relato. En ella se realza el heroísmo de los mártires sin disimular los estremecimientos de humanidad en presencia de los suplicios. De condiciones muy distintas, esos cristianos, cada uno a su modo, rinden homenaje a Cristo, y Blandina, la más humilde de todos, no es la menos interesante.

***

Los siervos de Cristo que habitan en Viena y Lyon, en las Galias, a sus hermanos del Asia y de la Frigia que tienen la misma fe y la misma esperanza en la redención: paz, gracia y gloria de por Dios, padre, y por Cristo Jesús, nuestro Señor.

La persecución fue de tal violencia en nuestro país, y tan grande la rabia de los paganos contra los santos, y tanto han sufrido nuestros bienaventurados mártires, que no podríamos hallar las palabras necesarias para haceros de ello un relato completo. Pues con todas sus fuerzas se abalanzó el adversario, el Diablo. Preparaba así su futuro reinado en los infiernos, donde se desenfrenará su violencia. Pasó por todas partes para arrastrar a sus gentes y ejercitarlas en el combate contra los siervos de Dios. No solamente se nos echó de las casas, de los baños y de la plaza pública, sino que aún se nos prohibió a todos nos hiciéramos ver en cualquier parte que fuese.

Sin embargo la gracia de Dios organizó la resistencia; alejó del peligro a los tímidos y opuso al adversario sólidos pilares de la fe, capaces de mantenerse sin moverse y que desviarían hacia sí el choque del malo. Los defensores marcharon al martirio y hubieron de soportar muchos ultrajes y suplicios. Mas no se detuvieron por tan poca cosa, apresuraron el paso hacia Cristo y revelaron al mundo que los sufrimientos de aquí abajo nada son en comparación de la gloria que nos espera allá.


Actitud de la muchedumbre

Soportaron valientemente en primer lugar las brutalidades de la muchedumbre. Fueron golpeados, insultados, zamarreados. Saquearon sus bienes, les arrojaron piedras, les encerraron juntos. Soportaron todo cuanto un populacho desenfrenado se complace en hacer sufrir a odiosos enemigos. Luego los hicieron subir al foro. Allí, el tribuno y los magistrados de la ciudad los interrogaron en presencia de todos. Confesaron su religión y fueron encarcelados, esperando la llegada del gobernador.


Un cristiano valiente

El gobernador luego que hubo llegado, los hizo comparecer y se ensañó con ellos en las crueldades acostumbradas contra los cristianos. Uno de nuestros hermanos, Vetio Epágato, estaba presente. Era un hombre tan compenetrado de amor divino y de caridad, era tan perfecto en todo que, a pesar de su juventud, merecía el elogio dirigido al sacerdote Zacarías: «Caminaba de acuerdo con las órdenes y los preceptos del Señor, y su vida era sin mancha». Siempre preparado a sacrificarse por los demás; lleno de celo en el servicio de Dios, hervía en los ardores del Espíritu. Un hombre de ese temple no pudo soportar tantas ilegalidades en el proceso contra los cristianos. Lleno de indignación, reclamó el derecho de tomar la palabra, él también, para defender a sus hermanos y para probar que no hay en nosotros impiedad ni negación de Dios. Mas los que rodeaban al tribunal profirieron alaridos contra él −era un hombre muy conocido−, y el gobernador no hizo lugar a su petición sin embargo tan legítima. El gobernador le preguntó únicamente si él también era cristiano. Aquél, con voz estrepitosa, proclamó que era cristiano; el gobernador lo adjuntó al número de los mártires. Se había dedicado a ser el sostén, el paráclito de los cristianos; mas llevaba en sí el Paráclito, el espíritu de Zacarías. Bien lo había manifestado en ese exceso de caridad que le había hecho exponer su propia vida para salvar a sus hermanos. Era y es aún un verdadero discípulo de Cristo y sigue al Cordero doquiera Él va.


SANTORAL 27 DE SEPTIEMBRE







27 de septiembre
SANTOS COSME y DAMIÁN,(1) 
Mártires

Curad enfermos, resucitad muertos,
limpiad leprosos, 
lanzad demonios,
 dad gratuitamente lo que gratuitamente habéis recibido.
(Mateo, 10, 8).

   Los dos hermanos, Cosme y Damián, originarios de Arabia, fielmente observaron este consejo divino. Médicos, cuidaban gratuitamente a los enfermos, y su fe, mucho más aun que su ciencia, obraba curaciones maravillosas, espirituales y corporales. Cuando estalló la persecución de Diocleciano, fue imposible para hombres tan eminentes y distinguidos escapar a las investigaciones. Fueron detenidos por orden de Lisias, gobernador de Cilicia, y, después de diversos tormentos, fueron decapitados, sin duda en el año 303.

MEDITACIÓN
CADA CUAL EN SU POSICIÓN
DEBE TRABAJAR POR EL CIELO

   I. Cada cual quiere descollar en su posición; para lograrlo no hay trabajo que se ahorre; si no alcanza para ello el día, se trabaja durante la noche. En cambio, en la profesión de cristiano, ¡cuán raro es este celo! ¡Cuántos hay, asimismo, que tienen miedo de parecer cristianos; que retroceden, no delante de las amenazas de un perseguidor, sino ante los sarcasmos de cristianos como ellos! ¡Extraña ceguera! ¡El artesano ejerce públicamente su oficio por humilde que sea, y no se avergüenza de su dignidad de cristiano! Nadie reconoce en ti a un cristiano. (Tertuliano)

   II. Debes cumplir tus deberes de estado cristianamente, es decir, de la manera como Dios lo quiere. Para esto, ofrece a Dios, por la mañana, el trabajo de todo el día, protestando que por obedecerle vas a trabajar. Si eres fiel a esta práctica, te cuidarás durante el día de no manchar con el pecado el trabajo que has consagrado al Señor.

   III. No te contentes con ofrecer tus acciones a Dios, esfuérzate por hacer todos los días alguna cosa por Él, con la única mira de agradarle. Trabaja en la gloria de Dios o en el alivio de los pobres: no hay profesión ni oficio que no nos brinde ocasiones para ello. Da a los pobres a fin de darte a ti mismo: lo que les des no lo perderás, lo que les rehúses pasará a mano de otro. (San Pedro Crisólogo).

La caridad
Orad por los pobres.

ORACIÓN
    Haced, os lo suplicamos, Dios omnipotente, que honrando el nacimiento al cielo de vuestros santos mártires Cosme y Damián, nos veamos libres por su intercesión de todos los males que nos amenazan. Por J. C. N. S. Amén.

lunes, 26 de septiembre de 2011

UNA CARTA ESPECIAL


PARA LOS FIELES DE SIEMPRE SÍ. 2+2=4.

Compartimos una Carta enviada por una feligresa tradicional a Mons. Williamson:
PARA LOS FIELES DE SIEMPRE SÍ. 2+2=4.
A la atención de S.E. Mons. Williamson:

He leído atentamente sus dos últimos “Eleyson” y cuán grande ha sido mi sorpresa al observar que no ha hecho ninguna mención a la trampa que Roma apóstata está consumando con la Fraternidad, en la que induce a la Tradición y al combate de la misma contra el modernismo vaticano a aceptar que 2+2 no es igual a 4.
Con absoluta sinceridad y con el máximo respeto esperaba de V.E. tranquilizase a un grupo, no muy pequeño por cierto, y le devolviese la confianza que habíamos depositado en V.E. ante el desastre que se avecina para la tradición en el mundo.
¿No cree V.E. que se está repitiendo la traición a la verdadera Iglesia de Cristo que ya se produjo durante y después del concilio V2?.
¿Acaso no está la fraternidad en la misma disyuntiva en la que se encontraron todos los obispos que fieles, pero cobardes aceptaron el engaño y donde sólo hubo dos Obispos, AUTÉNTICAMENTE CATÓLICOS, así con mayúsculas,que tuvieron la hombría de enfrentarse a la Roma que acoge al anticristo y que será su sede, si ya no lo es?. 
Esperamos de V.E. nos haga reavivar la ilusión de seguirnos sintiendo auténticamente católicos, y haga sentir su autorizada voz para hacer callar a los enanos de siempre. Así como también no ver a la Fraternidad, por ahora en espíritu, comulgar en el sacrílego acto de Asís, verdadera prueba de la apostasía de Ratzinger.
2+2 aún seguimos creyendo que son 4, espero que V.E. también lo siga creyendo.
Esperamos y pedimos también a Nuestra Señora, a la cual se ha utilizado de mala manera con una cruzada de rosarios para irónicamente pedirle lo que es del todo imposible y absurdo, que mezcle el agua pura, limpia y cristalina con el agua de alcantarilla de la Roma postconciliar, que ruegue a Su Santísimo Hijo que venga cuanto antes a rescatarnos ante el peligro que se avecina, y que por nuestro bien “acorte aquellos días”.
Para ello sí que era necesario hacer una cruzada de Rosarios, para que Él venga pronto: ¡Ven Señor Jesús! 

SANTORAL 26 DE SEPTIEMBRE





26 de septiembre

 

SAN CIPRIANO y    
SANTA JUSTINA, Mártires
Yo me voy, y vosotros me buscaréis,
y moriréis en vuestro pecado.
(Juan, 8, 21).

   Santa Justina de Antioquía rehusó casarse con un joven pagano. Fue éste a consultar a un mago célebre, llamado Cipriano, sobre los medios que debía emplear para vencer a la doncella. Cipriano empleó todos los secretos de su arte; pero el demonio le confesó que ningún poder tenía sobre los cristianos. Esta respuesta lo convirtió; hasta llegó a ser obispo de Antioquía. Padeció con Santa Justina garfios de hierro, azotes y pez hirviendo; finalmente fueron decapitados.

MEDITACIÓN
SOBRE EL APLAZAMIENTO
DE LA CONVERSIÓN

   I. No difieras tu conversión de día en día: Dios, que promete perdonar al arrepentido, no ha prometido esperar al pecador que difiere su conversión. La vida es tan incierta que una pronta conversión es absolutamente necesaria; porque de esta conversión depende una eternidad de dicha o de infortunio. El negocio de la salvación es tan importante, que no debe ser dejado para mañana. El día de mañana no pertenece al cristiano. (Tertuliano) 

   II. Pero aun cuando estuvieras seguro de llegar a extrema. vejez, no seria ello razón para diferir hasta entonces tu conversión. En efecto, el cuerpo debilitado por la edad y la enfermedad no buscará sino el descanso, los malos hábitos se habrán convertido en segunda naturaleza; acaso Dios retire las gracias que hoy menosprecias. Sin duda que el perdón está prometido al que se arrepiente; ¿pero pretenderás hacer entonces penitencia?

   III. Esperas para convertirte el momento de tu muerte: pero ¿quién te ha dicho que no morirás de muerte repentina e imprevista? ¿Quién te ha asegurado que conservarás el uso de tu razón? Suponte que goces en ese supremo momento del pleno uso de tus facultades, ¿qué clase de penitencia es la que consiste en dejar el pecado cuando ya no se lo puede cometer? Imita a aquel cortesano que, después de haber leído la vida de San Antonio, dijo a uno de sus amigos: "Voy a servir a Dios; ahora mismo comienzo y en este lugar; si no quieres imitarme, por lo menos no te opongas a mi resolución".

La penitencia
Orad por la conversión de los pecadores.

ORACIÓN
    Haced, Señor, que experimentemos los efectos incesantes de la protecci6n de vuestros bienaventurados mártires Cipriano y Justina, puesto que no cesáis de mirar con bondad a los que favorecéis con tan poderoso socorro. por J. C. N. S. Amén.

AMOR Y FELICIDAD

Pablo Eugenio Charbonneau

(Continuación. Ver lectura anterior aqui)


6. La prudencia: elemento indispensable

La prudencia es indispensable porque por el matrimonio se compromete toda la vida. No se retorna del matrimonio como el excursionista vuelve de un viaje fallido. Quien dice «sí» al otro ante Dios, ha lanzado su sí a la eternidad, como un anillo en medio del océano. No puede ya sacarlo de allí.

No cabe equivocarse cuando se quiere sellar el amor con el sí matrimonial inquebrantable. Es preciso, por tanto, que el amor crezca en la prudencia y que el porvenir se forje, basándose en la sensatez, y no en unos impulsos, vivos tal vez, pero pasajeros.

Sin embargo, hablar de prudencia a unos enamorados, es como aconsejar sobriedad a un borracho. ¡La prudencia les urge tan poco! Ante todo, es la palabra que «designa con preferencia cierta cualidad previsora, gracias a la cual muchos individuos consiguen evitar el peligro y proteger su seguridad. Su sensatez puede ser muy útil. No es gloriosa. La generosidad, la audacia, la tendencia al riesgo están dotadas de otro prestigio» [1]. Y como el entusiasmo que crea el amor es violento, no le resulta fácil dejarse dominar por la prudencia a la que juzgan anticuada y superflua.

Para restablecer los derechos de la prudencia, hay que recurrir al penoso espectáculo de tantos amores destruidos, de los que sólo quedan tristes residuos. Ante esos hogares destrozados, ante esos esposos fracasados, ante esos hijos desgarrados entre un padre y una madre, el joven debe pensar que eso puede suceder también en «su» propio caso. Entonces es cuando la prudencia recobra sus derechos. No ciertamente una prudencia mezquina, teñida de pesimismo enfermizo o de indecisión patológica, sino una prudencia llena de confianza y al propio tiempo lúcida.

Dicha prudencia juzgará las verdaderas promesas que contiene el amor de dos jóvenes y les dirá en qué sentido deben gobernar la barca para que no quede deshecha por las borrascas que sobrevendrán. Formulará, sin duda, preguntas difíciles, pero a las que es preciso responder. La primera de ellas, por extraño que pueda parecer, será la siguiente: ¿por qué he decidido casarme con mi novio, o con mi novia?

En efecto, más de un muchacho o una muchacha optan por el matrimonio sin haber captado los motivos inconfesados que les han llevado a esa decisión. A veces se deciden al matrimonio para huir de un hogar que no proporciona ya la felicidad. Por una razón o por otra, la atmósfera familiar se ha hecho tensa; en el curso de los años, la tensión ha aumentado hasta tal punto que resulta insoportable. Finalmente, el joven se siente desesperado y, sin que se dé cuenta, el deseo de huir motiva, en una parte más o menos grande, la decisión de casarse. El matrimonio es entonces un medio de dejar definitivamente atrás a los padres de los que está ya separado por un desacuerdo constante.

Es inútil insistir para explicar que en semejante situación, hay que ser tanto más circunspecto en la elección que se haga, puesto que tal deseo de evasión puede comprometer toda objetividad. No son raros los casos de muchachas que se han dejada arrastrar a un matrimonio que ha resultado, después, imposible. Y descubren, pasados unos años, que han confundido su afán de evasión unido a cierta atracción por el chico con el amor. Pero la suerte está echada y es ya demasiado tarde para volver atrás.

De igual modo, la búsqueda de la seguridad puede conducir a dar un paso en falso, por ejemplo, en aquella persona que vive sola, en una habitación que no viene a animar ninguna presencia humana. La soledad desgasta y llega a ser insoportable; no hay sufrimiento mayor que la soledad del corazón. En ese momento la necesidad de amar surge, violenta como un relámpago, abrasadora como la sed en el desierto. Entonces este joven o esta muchacha encuentran un ser que parece amable y, en seguida, ceden al espejismo del amor. Un novelista contemporáneo expresaba con mucha exactitud, por boca de uno de sus personajes, esa aventura desdichada: «Como tenía necesidad de amar y de ser amado, creí estar enamorado. O dicho de otro modo, hice el imbécil» [2]. El juicio es rotundo, pero exacto: es una imbecilidad entregarse a esa nostalgia del corazón y creerse enamorado de alguien cuando en realidad está uno enamorado… del amor mismo. Esta seguridad psicológica que siente el que ha esperado largo tiempo y que ha vivido solo hasta entonces, es un sentimiento engañoso; puede hacer incurrir en error al juicio y hacer creer en un amor sólido y profundo cuando lo que en realidad le atare es el deseo de no seguir más tiempo solo.

Además de esta seguridad psicológica hay también —para la muchacha— el problema de la seguridad material. Ocurre a veces, que vive más o menos pobremente, atormentada sin cesar por la preocupación del mañana, sin recursos fijos, en lucha siempre con un trabajo que se va haciendo cada vez más oneroso y que acaba por agotar las fuerzas físicas o la paciencia. Con el matrimonio, esta responsabilidad recaerá sobre el marido y la casada podrá confiar totalmente en él. Aspira a este alivio del mismo modo que el que se doblega bajo un fardo demasiado pesado, se apresura a alcanzar el lugar hacia el cual se dirige, a fin de soltar lo antes posible su carga. ¡Con qué corazón ligero se vislumbra el matrimonio cercano ya, pensando en esa seguridad de que se va a gozar desde entonces!

En uno y otro caso, no cabe esperar más que el fracaso. Porque por poco que la necesidad de seguridad —ya se trate de seguridad psicológica o de seguridad material— se haga imperativa, la persona se declarará en seguida enamorada, para no tener que desandar el camino y caer de nuevo en la inseguridad anterior. Grave error de óptica que es preciso evitar por medio de un análisis riguroso de los motivas personales que han determinado la decisión de casarse.

Por último, puede intervenir un tercer motiva secreto que se aplicará sobre todo al caso de la muchacha: el temor de que se la deje de lado y se vea reducida a ese estado tan depreciado que es la soltería. ¡Todo, antes que ser una «solterona»! Por eso, una muchacha es mucho menos exigente en los últimos años de su juventud; aceptará con frecuencia compromisos que habría ella rechazado en otro tiempo, y no temerá unirse a un compañero que, en el fondo de sí misma, juzga incapaz de darle la felicidad.

Juega ella entonces la carta de un error posible, la de los prejuicios, la de las falsas esperanzas; piensa que tal vez irá todo mejor de lo que cree. Pero estas razones no tienen otro valor que el de darle una falsa certeza. Es indudable, en efecto, que quien se casa para salir del celibato más que por amor, compromete su felicidad para siempre. Es quizá muy penoso ser desdichado y soportar solo su desdicha; pero es, sin duda, más penoso aún, y con mucho, ser desdichado cuando son dos los que se causan esa desdicha y deben soportarla juntos.

Como se ve, importa, pues, mucho que ninguna de esas falsas motivaciones se infiltre en la decisión adoptada por los novios. Se casan porque aman. Y no para evadirse de un hogar que ya no se puede soportar; no para descargar en otro sus responsabilidades; no para eludir el ridículo eventual de un estado de soltería… Se casan porque aman y porque comprenden que pueden asegurarse recíprocamente la felicidad. Cualquier otro motivo debe relegarse a un plano secundario, a fin de no crear confusión y de permitir un sano análisis de la situación. Así pues, dos elementos muy distintos tienen que aliarse para hacer razonable un, matrimonio.
El primera, tener la seguridad de que los dos se aman de verdad, porque no faltan las imitaciones del amor.
Y más de un novio sufre a veces un craso error. Imaginar que se ama… se parece mucho a amarse. Para quien no se torna el trabajo de observar su propio comportamiento íntimo, para quien se olvida de sondear sus pensamientos secretos, esos que no se traslucen al exterior pero que colman, sin embargo, lo más profundo del corazón, ¡qué inmenso peligro de confusión!

Más adelante mencionaremos los signos por los que se reconoce un amor verdadero. Pero queremos, entre tanto, subrayar que ese análisis de la calidad del amor que ha surgido entre ambos, debe ser uno de los principales objetivos de la época del noviazgo.

En segundo lugar hay que ver si las personalidades son compatibles. Pues aparte del amor que aun siendo indispensable no basta, es preciso que los novios estén hechos el uno para el otro y que cada cual posea aquellas cualidades esenciales, sin las cuales es inútil pensar en la felicidad… por más que se amen. Podrá enumerarse aquí gran número de cualidades requeridas para favorecer la felicidad conyugal; en realidad, se puede incluso decir que todas las cualidades son útiles y todos los defectos perjudiciales para el buen acuerdo del matrimonio.

Pero nos contentaremos con poner de relieve los elementos absolutamente necesarios para una evolución conyugal feliz. Para que los novios lleguen a ser esposos felices, para que conserven y desarrollen su amor sin que se origine retroceso alguno, se necesitan: buena salud, carácter enérgico, sensatez, sensibilidad bien equilibrada, «aliados —como subrayaba Stall— a un ideal elevado y santo» [3].

Ninguno de esos elementos puede ser considerado como parte despreciable. Sobre ellos orientará cada cual su elección y pesará sus probabilidades de éxito. Si se prescinde de alguno de ellos pueden surgir dificultades que irían multiplicándose con la edad. Que los novios repasen, pues, uno por uno, esos puntos de vista y que se pregunten lealmente cuál es su caso.