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sábado, 17 de septiembre de 2011

SEA FEMENINA, USE FALDAS....

Este post y en general todos los post relacionados con la castidad y la modestia corresponden a una amiga brasileira. De ella son los originales, en lengua portuguesa. Yo sólo traduzco. Su blog es : A grande guerra.

Mariana


“ La mujer no se vista de hombre, ni lleve el hombre vestido de mujer; poque quien tal hace es objeto de abominación para Yahvé, tu Dios”
 (Deut. 22:5)



Nota de Blog: uso de las faldas femeninas... Hay un montón de faldas y se puede elegir la que más te gusten. Pruébelo y verá la diferencia, la falda (modesta) le deja más femenina, más tranquila  y también le ayudará a tu santificación (modestia en el vestir), le ayudará a no ser un obstáculo a sus hermanos (la tentación visual). La búsqueda del cielo es dura, pero también honorable, eso es sólo lo “poco" que Dios le confía. El mundo y el diablo tratan a las mujeres de masculinizarlas, porque saben que esta es una manera de olvidarse de ellos - o incluso llegar a saber - el valor de sus diferencias con el sexo más fuerte y transvestimenta es sólo una de las armas utilizadas para esta devaluación. Aquí podría tratar sobre estos otros temas  como la burla del papel de la mujer como ama de casa y madre de la familia en esta sociedad pagana, pero ahora vamos a arreglar el vestido, después de todo, esto es sólo lo "poco" que Dios le confía.

Todo cambio requiere un sacrificio, lo que por naturaleza perezosa y cómoda y sin contar el respeto humano, que es algo que está arraigado en nuestras venas, que no eres la única que piensa: "¿Qué me dirá si me ven en una falda" o "Voy a estar  en todas las bromas" o incluso "Tal vez la gente se aparta de mí" ¿ Todas las chicas que conocen las reglas marianas pasan por esa dificultad, o al menos la mayoría de ellas, les  es difícil? Por supuesto que sí. Y  el ser católico (a) ¿en algún momento que era fácil? Toma tu cruz y sígueme, dice el Señor, pero es la única manera de ir al cielo, el camino de la salvación es estrecho, ¿recuerda?

Tal vez pensando que muchas otras niñas o las mujeres están pasando por este cambio de fase puede ayudar, o incluso pensando en ganar las fuerzas que han pasado por esto y ahora con gran facilidad, e incluso una cierta alegría a vestir con modestia.

Otra cosa es que nunca hay que olvidar que Dios es infinitamente bueno y no se le niega a reunirse con su objetivo (vestir con modestia), y tiene el cielo (María, ángeles, Virgen sagrada, etc.) que no dejarán de  interceder por usted.

Si el mundo y sus demonios tienen las armas que tratan de destruir, no olvide que la Iglesia es Madre, no le abandonará, su Esposo, nuestro Señor Jesucristo, que lo que significa que se puede luchar y ser más fuertes, es decir, el sacramentos, el uso de estas armas con la confianza y la piedad, tienen su santa comunión en Cristo, el Rey de reyes, los ayudará en este objetivo (vestir con modestia).

Otra arma es la oración, aquel que no reza, se condena, y tenemos la libertad de hablar con Dios, como hijos en la plegaria y la reverencia, con recogimiento , entregue a Dios sus afliccones y y dificultades y recuerda que la Virgen siempre ayuda a los que la saludan a través del Rosario, o de terceros.

Dios podía hacer todo sin nosotros, pero es necesario que nosotros, por lo tanto, tengamos  iniciativa, pensar en el heroísmo de santas virgenes que lucharon para mantener la modestia, incluso en la muerte, este cambio en el vestir es más que lo "poco" que Dios le confia.

Si se burlan de usted por estar vestidas modestamente, ofrezca  esta humillación en reparación al Sagrado Corazón de Jesús y la santificación de los que se burlan.  Si sus "amigos" se aparte de usted por su vestido, podría ser el momento para reflexionar qué tipo de amistad es  que se avergüenza de la modestia, una virtud muy querida de Nuestro Señor y Nuestra Señora. Quien encuentra un amigo encuentra un tesoro, dice la Sagrada Escritura, la cantidad no es calidad, es un amigo que nos ayuda es el cielo, y aunque tengan que estar solo (lo cual probablemente no ocurra) vale la pena el sacrificio, porque no compara más la soledad que Nuestro Señor pasó en la Cruz cuando él quería morir para dar vida con los dolores más sublimes y crueles, que sufrió el desamparo  de Dios, su Padre

Las cuestiones financieras para el cambio de ropa, se resuelve, que poco a poco cambiando su vestuario, un par de jeans no es más barato que una falda. Lo ideal es encontrar una costurera o incluso aprender a coser, pero en un primer momento a pesar de que tiene sólo dos cambios de vestuario, ofrecer sacrificios al Señor y va a buscar formas de lograr la ropa modesta, nunca más se supo que una niña o una mujer no ha logrado dejar de usar los pantalones vaqueros por razones financieras, es para dudar de la Providencia divina, y si me muestran a alguien decir: "Oh, yo no tengo dinero para cambiar mi vestido", debe ser muy honesto con usted mismo y evaluar sus esfuerzos .

Poco a poco, ser capaz de tener un vestuario sencillo y modesto.

"Considerad los lirios del campo: no trabajan ni hilan, pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos, si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, Dios así la engalana  ¿no hará más por vosotros, hombres de poca fe? " (Mt 6, 28-31).

Ten valor y no tenga miedo de ser santa, su ejemplo puede ser útil para otras chicas.

Si usted piensa que aun en su miseria (todos son miserables en la grandeza de Dios), incluso con todas sus debilidades, usted tiene la oportunidad de ayudar a otros a amar más a Dios y no ofenderlo con la inmodestia, vale la pena todo sacrificio, mortificación e incluso su vida... sin duda será una alegría, pues nada merecemos y poder ayudar- una ayuda femenina - por el Reinado Social de Nuestro Señor a ser reconocido,  es un gran regalo para  Dios. Ahora le toca a usted para aceptar o no!

Saludos,

PS: He aquí algunos modelos de faldas, femenina y modesta.














EL PADRE PÍO NOS HABLA DE....


DIOS – CARIDAD – AMOR – GRACIA – PROVIDENCIA


***

La clave de la perfección es el amor. Quien vive de amor, vive en Dios, pues Dios es amor, como dice el Apóstol.
No amar es como herir a Dios en la pupila de Su Ojo.
¿Hay algo más delicado que la pupila?
Carecer de caridad es como faltar contra la naturaleza.
El que carece de amor hiere a Dios en lo más delicado de su Ser.
El amor que no se basa en la verdad y la justicia, no es amor.
La Bondad Divina no sólo no rechaza a los arrepentidos, sino que busca incluso a los obstinados.
El Corazón de Nuestro Divino Maestro no conoce otra ley que la de la dulzura, de la humildad y del amor…
Confiad en la Divina Providencia. Estad seguros de que antes pasarán, creedme, el cielo y la tierra, que os falte la protección del Señor.
La caridad es la reina de las virtudes. Como las perlas de un collar están engarzadas por un hilo, así las demás virtudes por la caridad. Si se rompe el hilo, las perlas se dispersan; lo mismo le sucede a las virtudes, si falta la caridad.
La beneficencia, de cualquier parte que provenga, siempre es hija de la misma madre: de la Providencia.
¿Somos capaces de un solo deseo santo sin la gracia? No, ciertamente. Nos lo enseña la fe.
Si un alma no tuviera más que anhelos de amar a Dios, podría estar satisfecha, pues Dios está donde se le desea, donde se le anhela.
Sé que nadie puede amar dignamente a Dios, pero cuando alguien se esfuerza al máximo y confía en la Divina Misericordia, ¿por qué va a rechazarlo el Señor? ¿No nos ha mandado Él amar a Dios como mejor podamos? Si le habéis entregado y consagrado todo a Dios, ¿por qué temer? ¿Tal vez por no poder amarlo más? ¡Jesús no pide cosas imposibles! Por otra parte, decidle al Buen Dios que supla Él lo que os falta y sin duda lo complaceréis. Decid a Jesús: ¿quieres que te amemos más intensamente? No podemos más. ¡Dadnos más amor y te amaremos! No dudéis, Jesús aceptará vuestra propuesta, tranquilizaos.
Andas excesivamente preocupado en la búsqueda del Sumo Bien: verdaderamente lo tienes dentro de ti y te tiene extendido en la desnuda Cruz, alentándote, para que puedas resistir el inaguantable martirio e, incluso, para que ames amargamente el amor.
Todas las desgracias son hijas de la culpa. El hombre traicionó a Dios… pero la misericordia de Dios es grande… un solo acto de amor a Dios tiene tanto valor ante Sus ojos, que de muy buena gana lo recompensaría con el don de la creación…
El amor no es más que una chispa de Dios en los hombres… la esencia misma de Dios personificada en el Espíritu Santo… Nosotros, pobres mortales, deberíamos entregarnos a Dios con toda la capacidad de nuestro amor… Nuestro amor, para ser digno de Dios, tendría que ser infinito, pero sólo Dios es infinito…
No obstante, tenemos que amar con todas nuestras energías; así, un día, el Señor podrá decirnos: Tuve sed y me diste de beber; hambre y me diste de comer, sufría y tú me consolaste…
Dios puede rechazar absolutamente todo de una criatura concebida en pecado y marcada con la huella imborrable de la herencia de Adán, pero nunca rechazará el deseo sincero de amarlo.
La humildad y la caridad son compañeras inseparables. La una glorifica, la otra santifica.
La humildad y la caridad son las piedras maestras, todas las demás virtudes dependen de ellas: la una es la más alta, la otra la más baja. La duración de un edificio depende de sus cimientos y de su tejado. Si practicamos la humildad y la caridad, no se nos hará cuesta arriba el ejercicio de las demás virtudes. Estas son las madres de todas las virtudes. Estas siguen a aquellas como los pollitos a sus madres.
Repítele continuamente también tú al dulcísimo Jesús: quiero vivir muriendo para que de la muerte surja la vida que ya no muere, y la vida resucite a los muertos.
Si Dios te reserva los sufrimientos de Su Hijo y quiere hacerte experimentar tu debilidad, humíllate ante Él y no te desanimes. Dirígete a Él, incluso cuando caigas por debilidad, con plegarias de resignación y de esperanza. Agradécele los beneficios con que te enriquece.
Besa con afecto y frecuentemente a Jesús, así repararás el sacrílego beso de Judas, el apóstol traidor.
Tratad de progresar constantemente en la caridad. Ensanchad vuestro corazón confiadamente ante los carismas divinos que el Espíritu Santo quiera volcar en él…
Si queremos cosechar, no es tan necesario sembrar mucho como sembrar en tierra buena y, cuando esta semilla crezca y se planta, debemos tener cuidado para que no la sofoque la cizaña.
¿Es que no has amado desde hace tiempo al Señor? ¿Es que no lo amas todavía? ¿Es que no deseas amarlo eternamente?
No te asustes, pues.
                Aunque hayas cometido todos los pecados del mundo, Jesús te repite: se te perdonarán muchos pecados porque has amado mucho.
Sufres, es verdad, pero resignadamente, y no temas, pues Dios está contigo. Tú no lo ofendes, lo amas. Sufres, pero convéncete que también Jesús sufre contigo y por ti.
Jesús, cuando tú huías, no te abandonó. Menos aún te abandonará ahora que deseas amarlo.
La humildad y la pureza de vida son alas que nos elevan a Dios, casi nos divinizan.
Acuérdate: está más cerca de Dios el malhechor que se avergüenza de sus fechorías, que el hombre honesto que se avergüenza de hacer el bien.
Sé siempre prudente y ama.
La prudencia tiene ojos, el amor piernas.
El amor, al tener piernas, quisiera correr hacia Dios, pero la fuerza que lo empuja hacia Él es ciega, podría tropezar a menudo si no lo guiara la prudencia que tiene ojos.
Viendo la prudencia que el amor necesita ser guiado, ella le presta los ojos.
De esta manera el amor se contiene y, guiado por la prudencia, obra como debe y no a su antojo.
Es humildad suma no sólo reconocer nuestra abyección, sino amarla.
He preferido, dice el Profeta, ser abyecto en la casa de Dios antes que habitar en las mansiones de los pecadores.
La charlatanería nunca está limpia de pecado.
Hay que saber confiar: existe un temor de Dios y un temor de Judas.
El excesivo temor nos hace obrar sin amor. La excesiva confianza nos ciega ante el peligro que tenemos que superar.
Ni uno ni otra. Los dos juntos como hermanos.
Es necesario que sea así. Si caemos en la cuenta de que tememos excesivamente, recurramos a la confianza. Si confiamos también demasiado, recurramos al temor, pues el amor tiende hacia el objeto amado, pero cuando va hacia él, va ciego y necesita de la luz del temor.
Nadie es juez en causa propia.
¡La esperanza en Su inagotable misericordia nos sostenga en la conjura de pasiones y adversidades! Acerquémonos confiados al tribunal de la penitencia donde El, como Padre, nos espera siempre.
Consciente de nuestra insolvencia, no dudemos del perdón que solemnemente se nos otorga. Pongamos sobre nuestros pecados una lápida, como la ha puesto el Señor.
Las puertas del Paraíso están abiertas para todos. Acuérdate de María de Magdala.
La misericordia del Señor, hijo mío, supera infinitamente su malicia.
Falsa es la religión de quien dice amar a Dios y no controla su lengua.
Dios no realiza milagros donde no hay fe.
Despertemos, pues la dejadez lo destruye todo, realmente destruye todo.
Debemos, ciertamente, amar la soledad, pero amemos al prójimo.
Servimos a Dios solamente cuando lo servimos como quiere ser servido.
Nuestro anhelo: amar a Dios. Contento Él, todos felices.
¡El gozo del Divino Espíritu inunde vuestros corazones y el de todos aquellos que quieren ser fieles a Su Gracia!
Estad tranquilas, pues el amor habita en vuestros corazones. Si anheláis todavía más amor, hasta llegar a poseer el amor perfecto, esto significa que no podemos pararnos en el camino del amor y de la perfección. Bien sabéis que el amor perfecto lo tendréis poseyendo el Objeto de este amor; ¿a qué, entonces, tantas preocupaciones y desalientos inútiles? Llenas de confianza, suspirad confiadamente y no temáis.

Padre Pío. ¡RUEGA POR NOSOTROS!

SANTORAL 17 DE SEPTIEMBRE




17 de septiembre

IMPRESIÓN DE
LAS SAGRADAS LLAGAS
EN SAN FRANCISCO

¿Hay entre vosotros
alguno que esté triste?
(Santiago, 5, 13).

   San Francisco de Asís, un día en que estaba en oración, vio aparecer a Jesucristo bajo la forma de un serafín crucificado. La vista de su Salvador le causó un gozo inefable, pero su crucifixión le atravesó el alma como acerada espada. Después de un secreto coloquio, desapareció la visión, dejando el alma de Francisco abrasada de seráfico ardor, y su cuerpo señalado con las llagas del divino Redentor. El santo religioso se esforzó en esconder ante los ojos de los hombres la merced que se le había concedido, pero Dios se complació en manifestarla mediante refulgentes milagros

MEDITACIÓN SOBRE CÓMO
HAY QUE VENCER LA TRISTEZA

   I. Cuando estamos agobiados bajo el peso de la tristeza, cuando la malicia de nuestros enemigos, la infidelidad de nuestros amigos, los sufrimientos de nuestro cuerpo y tantos otros acontecimientos desfavorables nos colman de amargura, buscamos un amigo fiel para descargar nuestro corazón en el suyo. ¿Dónde encontrar un amigo más fiel que Jesús? Vayamos, pues, al pie de los altares, confiémosle el motivo de nuestras lágrimas, roguémosle que nos libre de nuestras penas. Interroguémosle, escuchemos lo que nos diga en el fondo del corazón, y pronto seremos consolados. Me acordé de ti, Señor, y me alegré. (El Salmista)
  
 II. Para disipar la tristeza, consideremos que existen personas más desventuradas que nosotros. ¡Tantos pobres en los hospicios, tantos enfermos en su lecho sufren mucho más que nosotros! Las bendtas almas del purgatorio, los condenados en el infierno, sufren tormentos incomparablemente más crueles que los que nos hacen gemir a nosotros. Aceptamos de buen grado esta tristeza para expiar nuestras faltas. Si una hora de pena te resulta intolerable, ¿cómo sufrir los suplicios eternos del infierno? Piensa en esta verdad, y ya no derramarás lágrimas sino para borrar tus pecados.
   
III. Piensa en la tristeza que se apoderó del corazón de Jesucristo en el huerto de los Olivos; piensa en los tormentos que por ti soportó en la cruz, y di con Él: "Padre mío, que se haga vuestra voluntad; si queréis que gima durante toda mi vida, me someto a vuestra santa voluntad". Después de todo, no debemos esperar estar siempre alegres y contentos, puesto que Jesucristo y los santos han estado siempre en aflicción y lágrimas. Señor, quiero llorar con Vos, porque nadie puede gozarse en la tierra con el rico epulón y reinar con Dios en el cielo. Los cristianos deben temer los gozos de la vida presente y desear los sufrimientos con ardor. (San Juan Crisóstomo).

La oración 

Orad por las
 órdenes religiosas.

ORACIÓN
    Señor Jesucristo, que, para sacar al mundo de la tibieza en que había caído e inflamar nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, habéis impreso en el cuerpo del bienaventurado Francisco las Sagradas llagas de vuestra Pasión, dignaos, en vista de sus méritos y de su intercesi6n, concedernos la gracia de llevar constantemente la cruz y hacer dignos frutos de penitencia. Vos que vivís y reináis en los siglos
de los siglos. Amén. 

viernes, 16 de septiembre de 2011

LA MUJER EN LA IGLESIA PRIMITIVA II


LA MUJER EN LA IGLESIA
SEGUNDA PARTE


 EVA-MARÍA


En el mundo grecorromano hubo mujeres que realmente superaron sus propias condiciones de fragilidad y revistieron la vivencia de la “virtud”; pero no tenían una mujer ideal, un modelo para imitar y tomar como ejemplo. La imagen de Eva, como tentadora, pecaminosa, etc., era común en la literatura oriental; solo el mensaje cristiano revolucionó la concepción de la mujer pagana. Cristo habló con las mujeres y les permitió seguir junto con su Madre, la Virgen María. Los Padres de la Iglesia han hecho un paralelismo entre las dos mujeres, como dos personajes históricos, una del camino del mal y otra del bien. Eva, la mujer desobediente, atrajo la muerte, la rebeldía, etc. María, en cambio, la salvación, mediante su obediencia de fe a la voluntad divina. Es verdad que no hay que olvidar el contexto histórico y cultural de la época, que ha influido sobre el pensamiento de los Padres. Es un dato histórico que la mujer en el mundo griego, romano, judío y cristiano fue considerada inferior ante el hombre, por lo cual era reducida a los quehaceres domésticos, sin negar su dignidad como persona humana e igual ante Dios. La novedad evangélica implicó un cambio muy fuerte e importante con respecto a la mujer en los conceptos teológicos de la salvación.

La figura Eva-María presentaba dos polos entre los cuales se movía el discurso sobre la mujer. Eva, la imagen de la mujer colocada en un plano de inferioridad, de sometimiento, de fragilidad, despreciada, causa de todo mal del hombre. María, en cambio, imagen del Evangelio con la que cada mujer era llamada a identificarse, acercándose a la vida oculta y religiosa. La Sagrada Escritura presenta a la mujer no tanto en el plano sociocultural, sino en su aspecto interior y espiritual (1 Tm 2, 9-15, etc.).

La mujer cristiana no puede seguir viviendo como la pagana, su vida es distinta a la de la otra. La Madre de Dios es el modelo perfecto de santidad, como “virgen-madre”. Ella es la corona de fe en el camino hacia amor al Señor, pronuncia el “fiat” del misterio de la salvación del hombre. La Virgen María se convierte, de esta forma, en modelo de entrega amorosa a Dios y al prójimo, inmaculada pureza, el camino de la ascética, el sacrificio, obtiene la maternidad espiritual; es madre, es la atleta de Jesús. La mujer, débil por naturaleza, en María y mediante la práctica de las virtudes, consigue las fuerzas espirituales, comunes al hombre. Ella, con la inspiración del Espíritu Santo, con la colaboración de la gracia, es capaz de enfrentar sufrimientos, dolores, muerte, torturas, enfermedades, sin perder fuerza interior. Las mujeres mártires son ejemplos: revestidas de la fuerza sobrenatural, transforman su debilidad en fortaleza y con coraje enfrentan la muerte violenta.

El Señor sufrió el martirio de la cruz; también la mujer es capaz de sufrir y ofrecer su vida en sacrificio para salvar, recuperar el hermano perdido. Los Padres presentan a la mujer en una nueva dimensión espiritual. El martirio de la muerte violenta y el martirio cotidiano, del morir todos los días al pecado, a las pasiones, para resucitar con Cristo en una “nueva creatura” (1 Co 9, 24-27) y reclamado por los Padres, como madre, esposa, educadora de sus hijos y “madre-virgen” o en la vivencia comunitaria con otras mujeres por amor a Cristo.

San Gregorio de Nisa aplica estos conceptos a su hermana Macrina, que corrió hacia el premio eterno, serena aun en las desgracias humanas y capaz de animar a las demás en el dolor. Macrina, con su madre Emelia, están en una misma escuela de ascética; la primera es discípula de la madre en las cosas domesticas y maestra en las cosas espirituales, enseñándole a rezar, a meditar la divina Escritura. La casa se transforma en una escuela de trabajo, oración y meditación de la Biblia: la madre cuida el alma de su hija, y ésta del cuerpo de su madre.

Si la mujer fue la causa de la perdición del hombre, simbolizando la debilidad del hombre bíblico, es ahora la causa de su salvación (san Agustín, Comentario al Salmo 48, 1,6). Cada mujer lleva en sí, misteriosamente, la presencia de Eva y de la Virgen María y, según como ella viva su vida, reproduce con mas evidencia el misterio de una de las dos mujeres. Reproduce la vida de Eva o de la Madre de Dios. La primera, ligera, mundana, tentadora, destructora; la segunda, salvadora, guía, camino y fortaleza para el hombre. Las mujeres fueron las privilegiadas en la participación del misterio de la salvación, desde la anunciación hasta la resurrección, ascensión y venida del Espíritu Santo.

La mujer tiene la imagen ejemplar en la Virgen María para armarse de coraje, valentía, estoicismo cristiano que le permite superar el dolor… La Madre de Dios es “madre-virgen”, ejemplo para la mujer cristiana en la asidua oración, meditación de los textos sagrados, contemplación, castidad perfecta, pureza de corazón y mente. Es madre en cuanto pueda donarse, transmitir la riqueza espiritual, como maestra catequista; es virgen porque conserva en total pureza las verdades de Dios (San Jerónimo, Carta 107). Ella llega a la capacidad de ser directora y madre-guía de las demás hermanas que desean seguir su camino de perfección. Muchas mujeres han llegado al alto grado de perfección (Macrina, Olimpiade, Elena, Olga, Irene, Eufrasia, etc.).

Ellas son madres evangelizadoras en la familia y en la Iglesia. Podían imponer las manos sobre las cabezas de los enfermos e instruir a mujeres catecúmenas (Constitución Apostólica 2, 36).

La mujer en el cristianismo es revalorizada en las características femeninas. En el plano ético y moral, la mujer se eleva y supera aun la propia naturaleza y se compara al hombre. Ella, con su fuerza intelectual y con su voluntad, se vuelve imagen de la madre, dedicada a los hijos para la educación humana y cristiana. Tenía derecho a la participación, a la celebración de la Eucaristía con el “velo”, símbolo de su sacralidad, de escuchar y meditar la palabra de Dios en el templo y luego ser la evangelizadora en la casa, con su esposo, hijos y personal de servicio.


LA MUJER, EVANGELIZADORA EN LA FAMILIA

Los Padres, defendiendo la validez del sacramento del matrimonio cristiano en la Iglesia, como indisoluble hasta la muerte, han dejado una inmensa temática sobre las responsabilidades de los esposos en la educación de los hijos, en total igualdad. Los esposos asumen la mutua responsabilidad de fidelidad recíproca, la igualdad de la mujer en el campo civil y espiritual. El hombre es consejero espiritual de la esposa. La esposa es la maestra y la madre de los hijos. No es suficiente ser madre, generar hijos; es necesario, para ser madre, la educación de los mismos (san Juan Crisóstomo, Homilía sobre Tesalonicenses 5, 5). La esposa es, además, educadora de su esposo: “salvar el alma de aquel con quien se convive, aceptando las dificultades y problemas del esposo”; “la mujer virtuosa atrae al esposo a la realidad” (san Juan Crisóstomo). La mujer tiene que ser virtuosa, no fácil, licenciosa, amante de los vestidos y del maquillaje (ver Tertuliano, san Agustín, Clemente, Alejandrino, san Gregorio de Nisa, san Juan Crisóstomo, san Ambrosio).

Los Padres han tenido dos líneas hacia la mujer: un discurso para la casada, y otro para la virgen que se consagraba a Dios. La primera, fiel amiga y compañera del marido, educadora de los hijos y en plena vivencia de los consejos evangélicos para no caer en las tentaciones del mundo. Ella también tenía que cuidar a los enfermos, visitarlos, dar de comer a los pobres, peregrinos, visitar a las viudas, a los niños huérfanos; en una palabra, dedicarse a las obras de misericordia hacia el prójimo. Los Padres no dejaron de exhortar a los esposos a responsabilizarse por los hijos: “Los padres responderán ante Dios por los pecados de los hijos, porque son asesinos espirituales de sus propios hijos” (san Agustín, Cartas I, 98, 3). De los escritos patrísticos, surge el mensaje para la mujer en la familia. Ella, vistiéndose de las virtudes cristianas, despojándose primeramente de los vicios mundanos, recibía la misión de Dios en la educación de los hijos y aun del marido. La madre es el corazón de la familia, el sacerdote de la iglesia familiar.


Fuente: Luis Glinka, ofm. "Volver a las fuentes. Introducción al pensamiento de los Padres de la Iglesia". LUMEN 1era Edición. 2008.

DELICIA PARA EL VIERNES


BERENJENAS A LA NAPOLITANA



Ingredientes

Berenjenas moradas 1 kilo
Sal gruesa 2 cucharadas
Queso fresco cremoso del tipo cuartirolo 300 gramos
Huevos 3
Harina cantidad necesaria
Aceite neutro, cantidad necesaria
Tomates perita 1 lata
Cebolla 1 chica bien picada opcional
Laurel 1 hoja
Ajo 1 diente
Tomillo y orégano 1 cucharadita
Queso rallado 1 taza

Elaboración

Lavar las berenjenas y cortarlas en rebanadas a lo largo de un poco
más de ½ centímetro.
Colocarlas en colador de pastas y espolvorearlas con la sal gruesa una ½ hora.
Mientras tanto preparar una salsa de tomate.
Echar las dos cucharadas de aceite en la cacerola y saltear a fuego
suave la cebolla, cuando se pone transparente agregar el ajo pelado,
entero y el laurel. E incorporar el tomate picado con todo el jugo. el
tomillo y el orégano.
Cocinar aproximadamente 10 minutos a fuego bajo.
Enjuagar las berenjenas y secarlas con el repasador.
Espolvorear  ambas caras de las berenjenas con harina.
Colocar al fuego una sartén con abundante aceite
De a una pasarlas por los huevos batidos y freirlas hasta dorar en
ambas caras..
Retirarlas a medida que se van cocinando y apoyarlas apiladas sobre
papel de cocina.
En fuente para horno y mesa colocar un poco de salsa, encima una capa
de berenjenas cubrirlas con tajadas de queso fresco y por encima
salsa. Repetir la operación una o dos veces hasta terminar con una
capa de salsa.
Echar queso rallado por encima y gratinar en horno hasta dorar la cubierta
Retirar y servir.

LA GESTA DE LOS MARTIRES II


BAJO EL PODER DE ANTONINO
En el año 156, en Esmirna
UN OBISPO ANCIANO
POLICARPO

SAN POLICARPO


El obispo de Esmirna, Policarpo, acababa de ser martirizado junto con varios fieles a principios del año 156. La Iglesia de Filomelium, en Frigia, reclamó una narración detallada de los acontecimientos. Marción, en nombre de la comunidad de Esmirna, refirió los últimos días y la muerte de su obispo en carta dirigida a la Iglesia de Filomelium y a todas las Iglesias. Esta encíclica –el más antiguo documento hagiográfico−, es la que ofrecemos al lector. Más de un rasgo nos recuerda en ella la Pasión del Salvador y subraya a los ojos de los cristianos la íntima semejanza que une al mártir con su jefe. En esta relación de un contemporáneo, que ha conocido al santo y le vio morir, el anciano mártir se nos manifiesta enérgico y sereno, orgulloso de sufrir por Cristo al que sirvió durante tantos años y al que conoció mejor que sus hermanos, pues se había encontrado en su juventud con los mismos discípulos del Señor.

***

La Iglesia de Dios que está en Esmirna, a la Iglesia de Dios que está en Filomelium y a todas aquellas que establecidas en todo lugar, forman parte de la Iglesia católica y santa, misericordia, paz y amor en abundancia, de Dios, Padre y de nuestro Señor Jesucristo.

Os escribimos, hermanos, a propósito de los confesores de la fe y del bienaventurado Policarpo, que con su martirio, puede decirse, ha sellado la persecución, al poner término a ella. Todos los acontecimientos que han precedido su martirio no sucedieron sino para permitir al Señor del cielo mostrarnos el modelo del mártir, según el Evangelio. Policarpo, en efecto, esperó ser traicionado, al modo que lo había hecho el Señor. Éste nos había dado el ejemplo con el fin de volvernos atentos, no solamente a nuestros intereses, sino también a los del prójimo. Pues la verdadera y fundamental caridad no es querer salvarse a sí mismo únicamente, sino aún salvar a todos sus hermanos.


Los mártires son testigos de Cristo

Morir mártir, como Dios lo ha querido es seguramente una dicha y un título de nobleza, y con una piedad sin cesar creciente hacia Él, hemos de reconocer el poder supremo del Señor. ¿Quién no admiraría además la generosidad de los mártires, su resistencia, y su felicidad en servir a Dios? Destrozados por los látigos hasta el punto de que se veía el interior mismo de sus carnes, hasta las venas y las arterias, sufrían de tal manera que los espectadores, llenos de piedad, lloraban. Mas ellos, llegados a ese extremo de heroísmo, en que ya no hay gemido ni queja, nos manifestaban a todos nosotros, que en las mismas horas de tortura todos los mártires de Cristo se ausentaban de su cuerpo, más aún, que el Señor estaba en ellos y les hablaba. Afirmados en el amor de Cristo, despreciaban los sufrimientos de aquí abajo y ganaban en un instante la vida eterna. Y el fuego de verdugos inhumanos se volvía fresco para ellos. Pues veían el fuego eterno del que se ha de huir y que jamás se apagará, y miraban con los ojos del alma los bienes reservados para los que han sufrido. Y esos bienes inauditos que el ojo del hombre jamás ha visto y que no ha realizado en su mente, les eran mostrados por el Señor, a ellos que ya no eran hombres sino ángeles. Y soportaban de igual modo otros suplicios horrorosos, expuestos a las fieras, tendidos sobre potros, torturados en toda forma por hábiles verdugos, con la esperanza de que un suplicio prolongado les indujera tal vez a renegar de su fe.


El demonio inspira la persecución

Pues el Diablo desplegó contra ellos todas sus astucias; mas, demos gracias a Dios: Satanás no fue siempre el más fuerte. El muy valiente germánico fortaleció a los tímidos con su resistencia y resistió maravillosamente a las fieras. El procónsul quería convencerle y le decía que se compadeciera de su juventud. Otro excitó contra él a la fiera pegándole para escapar más pronto a las violencias injustas y a las perfidias. Entonces toda la muchedumbre admirada del valor de los cristianos, estirpe amada del Señor y afecta a Dios, gritó: «¡Mueran los impíos! ¡Que se busque de nuevo a Policarpo!»

Uno sólo sin embargo, Cointo, fue cobarde en presencia de las fieras. Era un frigio que había abandonado su país hacía poco tiempo. Se había presentado él mismo a los jueces y había entusiasmado a otros a que le imitaran. Mas luego que el procónsul le hubo hostigado, él llegó a la apostasía y sacrificó. Por eso, hermanos, censuramos a los que se entregan a sí mismos a los tribunales. Ése no es el espíritu del Evangelio. Policarpo, el más admirable de todos, al enterarse de esas nuevas, no se conmovió y por de pronto decidió quedarse en la ciudad. Luego, ante las instancias de varios, partió y se refugió en una pequeña ciudad próxima a Esmirna. Residió allí junto con algunos amigos. Día y noche, según su costumbre, oraba por todos los hombres y por todas las Iglesias esparcidas en el mundo. Tres días antes de su arresto, tuvo una visión durante su oración: su almohada se incendiaba y ardía. Entonces se volvió hacia sus compañeros y les dijo: «Seré quemado vivo».

Los hombres lanzados en su persecución proseguían su búsqueda, y él debió huir a otra casa. No bien salió de esa casa se presentaron en ella los perseguidores. No le hallaron, mas prendieron a dos jóvenes esclavos. Uno de ellos, al ser interrogado, lo confesó todo. Desde luego, Policarpo ya no podía escapar, puesto que los suyos le traicionaban. El jefe de policía, Herodes era digno de su nombretenía prisa por llevar a Policarpo a la arena, donde éste debía recibir su parte de la misma gloria de Cristo con el que se asociaba ahora y donde los traidores sufrirían el mismo castigo que Judas.

Era un viernes. Se pusieron en marcha, hacia la hora de cenar, acompañados por el esclavo. Había entre ellos soldados de infantería y de caballería con sus armas de ordenanza como para detener a un bandido. Ya entrada la noche, se presentaron en tropel y supieron que Policarpo descansaba en una habitación en el piso alto. Hubiera podido huir, mas no quiso y dijo sencillamente: «¡Hágase la voluntad de Dios!». Luego que oyó que ellos estaban allí, descendió y se puso a conversar con ellos. Éstos quedaron estupefactos en presencia de la vejez y de la calma de Policarpo, y se preguntaban por qué tenían tanto interés en prender a un hombre de esa edad. Al instante Policarpo les hizo servir una copiosa cena, y les pidió le concedieran aún una hora para orar en paz. Con el permiso de ellos, se puso en oración, de pie, y tan lleno estuvo de amor divino que durante dos horas no pudo dejar de hablar de Dios. Muchos lamentaban haber empuñado las armas contra un anciano tan santo. Cuando él hubo terminado su oración y recordado en ella a todos cuantos había conocido, grandes y pequeños, ilustres y humildes y a toda la Iglesia católica esparcida en todo el mundo, hubieron de partir. Le hicieron montar en un asno y volvieron a entrar en la ciudad. Era el día del gran sábado. Herodes, jefe de policía, y su padre Nicetes, salieron a su encuentro. Le hicieron subir en su carro, le instalaron al lado de ellos y comenzaron a emprenderlas con él: «¿Qué de malo −decíanpronunciar: señor César; ofrecer un sacrificio y lo demás, para librarte?». En primer lugar nada contestó. Mas como insistían, dijo: «No puedo hacer lo que me aconsejáis». Furiosos por su fracaso le insultaron y empujaron abajo del carro con tanta brutalidad que al caer se despellejó una pierna. El santo ni siquiera se dio vuelta y, como si no tuviera mal alguno, emprendió la marcha valientemente y apresuró el paso. A su llegada al estadio hubo un alboroto tal que ya nadie se entendía. Cuando entró en el estadio una voz del cielo le dijo: «¡Ánimo, Policarpo y valorNadie vio al que hablaba, mas los cristianos que allí estaban oyeron la voz. Cuando por fin compareció, hubo un gran alboroto al saberse que Policarpo había sido prendido. Él adelantó y el procónsul le preguntó si era realmente Policarpo. Confesó que sí. El otro le exhortó entonces a renegar de su fe y le dijo: «Apiádate de tu vejez» y todo cuanto se acostumbraba decir a los cristianos en esas ocasiones. Luego concluyó: «Jura por la fortuna de César. Arrepiéntete y di: ¡Mueran los ateos!». Policarpo se volvió hacia la muchedumbre apiñada en el estadio, esa muchedumbre de hombres sin religión, la miró fijamente, tendió la mano hacia ella y dijo gimiendo, con los ojos mirando el cielo: «¡Mueran los ateos!» El magistrado insistió: «Presta el juramento de apostasía y te pongo en libertad. Insulta a Cristo». —«Hace ochenta y seis años que le sirvo −dijo Policarpo− y no me hizo mal alguno. ¿Cómo podría blasfemar de mi Rey y de mi Salvador?». —«Jura por la fortuna de César», replicó con insistencia el procónsul. Mas Policarpo respondió: «Te jactas verdaderamente −dijo− al esperar que me harás jurar por la fortuna de César, como tú dices. Sabe pues quién soy. Hablo con toda franqueza: soy cristiano. Si quieres instruirte en la religión de Cristo, elije un día y escúchame entonces». El procónsul le dijo: «Trata de obtener eso del pueblo». Policarpo replicó: «Ante ti, creo, me he de explicar; pues se nos enseña a rendir a los jefes y a las autoridades establecidas por Dios, el honor que se les debe, sin pecado. Mas es inútil que me justifique ante esa muchedumbre». El procónsul le dijo: «Tengo fieras a mi disposición. Si persistes les arrojaré tu cuerpo como alimento». Policarpo dijo: «Da tus órdenes. Nosotros cuando cambiamos no lo hacemos de lo mejor a lo peor; y es hermoso pasar del mal a la justicia». El otro, insistiendo entonces, cada vez más: «Si no te arrepientes −dijo− te haré perecer en una hoguera, ya que poco caso haces de las fieras». Policarpo le respondió: «Me amenazas con un fuego que arde durante una hora y luego se apaga, ¿no conoces entonces el fuego de la justicia por venir y del castigo eterno que devorará a los impíos? Mas, ¿por qué demoras? Decide lo que te plazca». Dijo eso y muchas cosas más; rebosaba de dicha y de fuerza y su rostro resplandecía de amor divino. Y muy lejos de ser él el vencido, turbado por el interrogatorio, lo era el procónsul que había perdido la serenidad.

Éste mandó a su pregonero a que publicara en alta voz tres veces en el estadio: Policarpo ha reconocido que él era cristiano.

Cuando el pregonero hubo voceado su proclama, toda la muchedumbre de los judíos y de los gentiles que habitaban en Esmirna se puso a gritar en alta voz en un irresistible arrebato de cólera: «Él es el dueño de Asia, el padre de los cristianos, el despreciador de nuestros dioses. Él es que enseña a las muchedumbres a no sacrificar más, a no adorar más». Y a un mismo tiempo le pedían a gritos a Felipe, magistrado encargado de los ritos religiosos, soltara un león contra Policarpo. Felipe respondió que no era posible, ya que habían terminado los combates de fieras. Entonces todos juntos decidieron que Policarpo fuese quemado vivo. Era menester efectivamente que se cumpliese su visión de la almohada en llamas, cuyo significado descubriera a sus amigos: «Debo ser quemado vivo».

Todo eso sucedió en un corto lapso de tiempo. Al instante el populacho apiló leña y haces sacados de las tiendas y de las casas de baños. Los judíos sobre todo se apresuraban en la tarea con su acostumbrada pasión.

Policarpo se quitó su vestidura, desató su faja y comenzó también a descalzarse él mismo, lo que no hacía desde hacía mucho tiempo, pues siempre un fiel se precipitaba para ayudarle, con la esperanza de tocar su cuerpo. Pues antes de su martirio ya era resplandeciente de santidad. Luego los verdugos colocaron junto a él los instrumentos que servían para la hoguera. Quisieron atarle, mas él dijo: «Dejadme así como estoy. El que me ha dado la fortaleza para arrostrar el fuego me dará también el valor de seguir estando inmóvil en la hoguera sin estar atado en ella».


Oración de san Policarpo

Los verdugos dejaron entonces sus hierros y le ataron sin más. Él, con las manos detrás de la espalda, así como un morueco escogido, sacado de un gran rebaño para un sacrificio, y preparado como un holocausto agradable a Dios, levantó los ojos al cielo y dijo: «Señor, Dios Todopoderoso, padre de Jesucristo, vuestro hijo, bendito y muy amado, por quien hemos llegado a conoceros, Dios de los ángeles y de las potencias, Dios de toda criatura y de la estirpe de los justos que viven en vuestra presencia, os bendigo por haberme hallado digno, en este día y en esta hora, de alistarme en el número de los mártires, bebiendo en la copa de vuestro Cristo, para resucitar a la vida eterna del alma y del cuerpo en la incorruptibilidad del Espíritu Santo. Asimismo dignaos recibirme hoy en vuestra presencia junto con los mártires, después de este sacrificio grato y completo que me habéis preparado, me habéis predicho y me concedéis cumplirlo, Dios infalible y verdadero. Por eso os bendigo por encima de todo, os alabo y os glorifico en Jesucristo, el sacerdote eterno del cielo, vuestro hijo muy amado por quien gloria sea dada a Vos con Él y el Espíritu Santo, ahora y por los siglos venideros. Amén».


Martirio de san Policarpo

Cuando hubo enviado a Dios su Amén, y terminado su oración, los hombres encargados de la hoguera encendieron el fuego. Una llama se elevó, alta y brillante, y vimos un prodigio, pues nos fue dado verle, y hemos sido librados para anunciar a los demás estas maravillas. El fuego tomó la forma de una bóveda, así como una vela de un barco hinchada por el viento. Envolvió en redondo el cuerpo del mártir que se hallaba en el medio, no como una carne que quema, sino como un pan que se dora al cocer o como el oro y la plata probados en el crisol. Por eso hemos respirado un perfume delicioso, así como de incienso que sube o de un aroma elegido.
Finalmente los impíos notaron el prodigio, y que el fuego era impotente para consumir el cuerpo. Le ordenaron entonces al verdugo fuera a herirle con una espada. Éste obedeció; mas salió del cuerpo tanta sangre que el fuego se apagó. Estupefacta, toda la muchedumbre se preguntó por qué los impíos eran tan distintos de los elegidos. Y era bien un elegido el ilustre mártir Policarpo.

Fue en su época apóstol y profeta. Era obispo de la Iglesia católica de Esmirna. Toda palabra salida de su boca se ha realizado o se realizará. El envidioso Satanás, malo y pérfido adversario de la estirpe de los justos, conocía la vida sin mancha de Policarpo desde su infancia. Había visto la grandeza de su martirio, la corona incorruptible que acababa de conquistar y el cetro de la victoria que nadie podría arrebatarle. Por eso maniobró para que se nos negase llevar el cuerpo del mártir. Pues muchos deseaban tener y poseer sus restos sagrados. El Diablo sugirió entonces a Nicetes, padre de Herodes y hermano de Alceo, fuera a ver al magistrado para convencerle de que no entregara el cuerpo a los cristianos. «Se correría el peligro −dijo Nicetes− de que abandonaran el culto del crucificado y comenzasen a adorar a ese mártir». En el fondo, eran los judíos quienes insinuaban esas resoluciones y las propalaban. Llegaban aún hasta estar en acecho para sorprendernos en el momento en que intentáramos sacar el cuerpo de la hoguera. No sabían que jamás podríamos abandonar a Cristo. Fue Él que ha padecido por la salvación del mundo entero redimido, Él sin mancilla ha padecido por los pecadores, y no adoraremos nunca sino a Él. A Él, hijo de Dios, nuestras adoraciones. A los mártires, sus discípulos e imitadores, nuestro amor. Es justicia: han sido fieles a través de todo a su Maestro y Rey. Dígnese el cielo unirnos a ellos y hacernos sus compañeros. Ante la acrimonia de los judíos, el centurión hizo colocar el cuerpo en medio de la hoguera según las costumbres bárbaras, y lo quemó. Tiempo después recogimos sus huesos, más extraordinarios y más preciosos que las piedras de precio elevado. Los hemos depositado en el lugar que convenía.

Concédanos el Señor volver a encontrarnos allí cuando podamos, en la alegría y en el gozo, para celebrar el día aniversario de su martirio, para festejar la memoria de los que partieron y formar y preparar a los que deberán seguirlos. Tal fue el fin del bienaventurado Policarpo. Fue martirizado en Esmirna junto con doce hermanos de Filadelfia. Más que cualquier otro, seguirá estando en la memoria de todos y se hablará de él en todas partes, aun entre los paganos. Fue no solamente un maestro incomparable, sino un mártir poco común. Todos deseamos imitar su Pasión, que recuerda la de Cristo en el Evangelio. Con su paciencia, ha vencido a un juez indigno, y conquistado de este modo la corona de inmortalidad. Comparte la dicha de los apóstoles y de todos los justos, glorifica a Dios, Padre Todopoderoso y da gracias a Jesucristo, nuestro Señor, Salvador de nuestras almas, guía de nuestros cuerpos y pastor de la Iglesia católica esparcida por el mundo. Nos habíais pedido un relato más extenso de los acontecimientos. No podemos enviaros ahora sino un resumen, que os entregará nuestro hermano Marción. Cuando hayáis tomado conocimiento de él, enviad esta carta a nuestros hermanos más distantes, para que ellos también glorifiquen al Señor por haber escogido elegidos de entre sus siervos. Dígnese Dios, con su gracia y con su bondad, conducirnos a todos hasta su reino eterno, por su único hijo Jesucristo, gloria, honra, poder, majestad, por siempre. Saludad a todos los santos. Los que están con nosotros os saludan así como Evaristo, que ha escrito esta carta, y toda su comunidad.


Fuente: "La Gesta de los Mártires". Editorial Éxodo. 1era Edición.

PRÓXIMO MARTES: MARTIRIO DE TOLOMEO Y LUCIO