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martes, 17 de julio de 2012

SANTORAL 17 DE JULIO



17 de julio


SAN ALEJO,
Confesor



Quienquiera haya dejado casa o hermanos,
o hermanas, o padre, o madre, o esposa, o hijos,
o heredades, por causa de mi nombre, recibirá
el ciento por uno y poseerá la vida eterna.  
(Mateo, 19,29).

   San Alejo dejó a su esposa el mismo día de su casamiento, y se retiró a la ciudad de Édesa, donde distribuyó sus bienes entre los pobres y mendigó por espacio de 17 años, hasta que sus milagros lo dieron a conocer. Embarcóse entonces para Sicilia; pero una tempestad lo arrojó al puerto de Ostia. Recibido como extraño en la casa de su padre, vivió en ella 17 años, desconocido de todos, sufriendo las afrentas de sus propios sirvientes, y oyendo a toda hora los lamentos con que lo recordaban sus padres y su esposa. Una esquela que se encontró con él después de su muerte, dio a conocer su nombre y la historia de su vida. Murió en los comienzos del siglo V.

MEDITACIÓN SOBRE SAN ALEJO

   Alejo dejó su esposa y todas las ventajas de una gran fortuna, para vivir en la pobreza y en la castidad. ¿Puedes esperar tú iguales riquezas, placeres y honores? ¿De dónde, pues, procede que no tengas la misma estima y el mismo amor por la pobreza? Es que, sumergido por entero en las cosas de la tierra, no piensas ni en el paraíso ni en el infierno. Si meditases estas grandes verdades, sin pena dejarías los placeres de este mundo para encontrar otros más puros y duraderos en el cielo. Abandonemos los placeres y no los extrañaremos. (Tertuliano).

   II. San Alejo volvió a la casa paterna para triunfar del amor de las riquezas, de los honores y de los placeres, no ya mediante su huída, sino en franca lucha. ¡Qué cruel fue este combate! ¡Qué difícil hubiera sido obtener victoria, si Dios, que le había inspirado ese proyecto, no le hubiese proporcionado la fuerza para vencer! Tú, que estás en el mundo, no te excuses alegando sus tentaciones ni sus ocasiones. ¿Qué son tus tentaciones comparadas con las de San Alejo? Avergüénzate más bien de tu flaqueza.

   III. ¡Cuál no habrá sido la alegría de Alejo, en la hora de la muerte, por haber vencido al mundo, al demonio y a la carne! ¡Ah! ¡cuánto más consuelo habrá tenido de morir pobre, casto y desconocido, que de morir después de haber gozado de los bienes que su mismo nacimiento le aseguraba! ¿Quieres morir como San Alejo? Imítalo e implora a menudo su socorro. Vive santamente, y la muerte perderá para ti todo su horror. No se ha de mirar la muerte como un mal cuando ha sido precedida de una buena vida. (San Agustín).

El desprecio del mundo 
Orad por los agonizantes. 

ORACIÓN

   Oh Dios, que todos los años nos dais un nuevo motivo de alegría con la fiesta del bienaventurado Alejo, vuestro confesor, haced, por vuestra bondad, que honrando la nueva vida que ha recibido en el cielo, imitemos la que vivió en la tierra. Por J. C. N. S. Amén.

lunes, 16 de julio de 2012

LA MUJER ETERNA II


Gertrud Von Le Fort
La mujer eterna





Ediciones Rialp, S. A.
Madrid – 1957

Título original alemán:
Die ewige frau

(Im Kösel- Verlag zu München)
Traducción de
María Cleofé Aguilera



II                      LA MUJER EN EL TIEMPO


La mujer en el tiempo parece significar la plena mitad de la existencia y de las vicisitudes humanas, o sea, también de lo histórico. Pero es evidente que no es la mujer, son el hombre y su obra, lo que constituye el contenido de la vida histórica. El hombre no sólo domina las grandes acciones políticas de los pueblos, sino que también determina la pujanza y el ocaso de sus culturas intelectuales. Y-quizá sea esto lo más importante- incluso lo religioso, que  vimos que está confiado especialmente a la mujer, en sus grandes manifestaciones históricas es formado  por el hombre y está representado por  él en primera línea. Siempre que escuchamos la voz de los siglos, se le oye a él. Prescindiendo de excepciones, la mujer aparece con la plenitud intemporal de un silencio palpitante que acompaña o lleva la voz de aquél. ¿Significa la fuerza de entrega en el sentido de una renunciación metafísica a la vida histórica? ¿Significa lo religioso en este mundo también carencia de autoridad? ¿Significa acaso que su reino  no es de este mundo? ¿O es que  ambas cuestiones sólo exigen que se profundice más? ¿Es que plantean el problema de una nueva medida de la valoración histórica? Aquí el problema desemboca de lleno en la problemática del presente. La  cuestión de la mujer en el tiempo se convierte en la cuestión de la mujer en nuestro tiempo.
Ya es conocido que la medida de la valoración histórica en nuestros días ha sufrido una transformación. La medida de la última época pasada se había formado remotamente a base del aprecio de la personalidad. La generalidad encontraba expuestos su dignidad y su valor en las grandes individualidades. En contraposición a ello, la época presente penetra hasta lo supra personal. No niega la importancia  de un gran individuo; pero en su reconocimiento ya no encuentra un sentido último, sino que  también el sentido del más grande los individuos es la entrega a la comunidad; su valor se mide en su fecundidad en bien de ésta. La nueva medida para la valoración histórica no es ya la personalidad, sino entrega. Visto desde esta nueva atalaya, el significado de los sexos en la vida histórica, es decir, de las fuerzas que la llevan en el fondo, debe estudiarse de nuevo.

Si se examinan las leyes de la vida primitivas, a través de la investigación biológica se adquiere la convicción de que la mujer no representa ni ejerce en sí misma las grandes dotas históricas efectivas, pero sí que es su silenciosa portadora. Si se quiere conocer el origen de grandes facultades, no debe irse de los hijos a los padres, sino a las madres. Ello esta testimoniado por un gran número de hombres geniales y sus madres. Pero por otra parte, muy a menudo hombres importantes tienen hijos insignificantes; esto indica que el hombre gasta su fuerza en su propia obra y que la mujer no la gasta, sino que la entrega. El hombre se gasta y agota en la obra, se entrega a su talento; la mujer entrega el talento a la generación que sigue. Así el talento de la mujer parece equivalente al del hombre, pero- aquí surge el motivo fundamental que hoy impera- no para la mujer misma, sino para la generación. El sentido de su talento no es su personalidad, sino que va más allá de ésta. Pero con ello se encuentra sobre la línea que corresponde a la verdadera valoración de nuestro tiempo.

Partiendo de aquí adquiere un significado simbólico el que la mujer por término medio vive más que el hombre. El hombre representa la situación histórica correspondiente, la mujer representa la generación. El hombre significa  el valor de la eternidad del momento, la mujer el infinito del transcurso de las generaciones. El hombre es la roca sobre la cual se apoya el tiempo; la mujer es la corriente que la arrastra. La roca está formada, la corriente fluye; la personalidad pertenece en primer lugar al hombre, a la mujer le pertenece lo universal. Lo personal es lo que solo vemos una vez y como tal es perecedero; devora su propio capital. Lo universal va acumulando. De la misma manera que la mujer como individuo vive por término medio más que el hombre, así la línea femenina de las generaciones se hace más vieja que la masculina; si hablamos de las familias, incluso de los pueblos que se han extinguido, siempre pensamos únicamente en la línea masculina; en la femenina a menudo continúan aún mucho tiempo, e incluso es posible que no llegue a desaparecer nunca. Sólo pocas veces nos damos cuenta de la sangre de las grandes estirpes del pasado, por ejemplo, los Staufer, incluso los carolignos, pueden seguirse hasta nuestros días a través de la línea femenina, conservándose en las familias que tuvieron hijas. En ellas desaparece el nombre de la rama  masculina; así como la mujer no es  en primer lugar personalidad, sino entrega, también la continuidad que es capaz de dar a su sangre no es confirmación de sí misma, sino que la adquiere  sumergiéndose en la corriente general de las generaciones. Aquí tropezamos con el segundo motivo fundamental de la mujer, el motivo del velo. Incluso el acontecimiento que le es más propio, o sea, el dar la vida y la herencia de la sangre, queda sin nombre y oculto por su parte. La gran corriente de todas las fuerzas que formaron y formarán historia, fluye a través de la mujer, que no lleva otro nombre que el de madre; nuestra época hace justicia a este hecho, honrando a la mujer en primer lugar como madre.

Pero junto con la madre se encuentra también la mujer solitaria. Es simbólico que la mayoría de las mujeres que hoy no pueden ser madres pertenecen a la generación sacrificada de la guerra. Su esperanza de expansión en el matrimonio y con ello también la de la protección masculina descansa en las tumbas de la Prusia oriental y de Flandes. La guerra, sin embargo, sólo hace resaltar más lo que  es el caso normal en todas partes, Partiendo de la madre, el problema de la mujer  es relativamente fácil de resolver, pues la naturaleza ya lo ha resuelto; todas las cuestiones de necesidad económica están tanto fuera de lo natural como de lo esencial, que es de lo que aquí se trata. El equilibrio interno de la cuestión no reside, pues, en la madre, sino en la mujer soltera.

Es comprensible que nuestra época evite enfrentarse con ella. Vive en el ingenuo convencimiento de que el sentido de la soltera es el de ser novia; en el sentido positivo solo reconoce a la mujer soltera como viviendo una esperanza juvenil. A ello responde después en sentido negativo el desengaño de la mujer de edad, sólo que es peor, la “solterona” satisfecha. Nuestra época, pues ve a la mujer soltera sólo como circunstancia o tragedia.; una simple circunstancia es pasajera, una tragedia quizás pueda conjurarse en el futuro. Pero aquí no se trata de una circunstancia. Lo que  expresado en sentido negativo es la solterona, en sentido positivo es la virgen. Naturalmente, no es la única manifestación de la mujer soltera, pero  es su forma natural.

La virgen, en otros tiempos, tuvo una apreciación decisiva. No sólo lo afirma el Cristianismo; algunos valores que éste manifestó ya habían encontrado su preludio lleno de presentimientos en la época pre cristiana. Nombres de montañas y constelaciones recuerdan a la virgen. Las figuras de Diana y Minerva presentan carácter distinto y de otro fundamento, pero en lo puramente natural no son menos impresionantes que la Santa cristiana. La gran veneración  de que gozaba la mujer en la antigüedad germánica estaba ligada al elevado aprecio de la virginidad; de ello hablan las terrible leyes punitivas de los antiguos sajones que se refieren tanto al ataque contra la pureza de la virgen como a la mujer caída. Igual que la sacerdotisa de Vesta, la pitonisa germánica también era virgen. La leyenda alemana y el cuento alemán, nos presentaban siempre el significado de la virgen pura. En la leyenda alemana posee una fuerza redentora; aun entrada la Edad Media la virgen pura podía pedir el indulto a un condenado a muerte. Siempre que había una maldición o un encantamiento, sólo podía anularlos una virgen pura. Con esta fe en la fuerza redentora de la virgen se prepara la antigüedad de nuestro pueblo para recibir el credo cristiano de María en un sentido, diremos, de Adviento, empleando la  hermosa expresión de Theodor  Haecker sobre la Antigüedad:

“la rosita que quiero decir
De la que habla Isaías
Nos la ha traído sólo
María, la Virgen Pura”.

María según la Letanía Lauretana, es la “Virgen de las Vírgenes” y la  “Reina de las Virgenes”; la madre de todas las madres es la virgo intemerata. Con el dogma de la eterna virginidad de la Madre de Dios, la Iglesia, no sólo expresa la intachable pureza de María, sino que afirma para todos los tiempos el significado independiente de la virginidad y junto a la dignidad de madre coloca  la dignidad de virgen. La idea de la virginidad, sacada del dogma, penetra en la era cristiana del gran arte occidental, pero al mismo tiempo ilumina las épocas precristiana y postcristiana. Siempre que el arte presentó a la virgen con maestría, no proclama una circunstancia ligada a lo temporal, como expectación juvenil o esperanza destruida, sino que proclama un misterio. En las maravillosas esculturas de la Antigüedad como en el florecimiento de la cumbre plástica y las pinturas cristianas, aparece la virginidad en su expresión más propia, como virginidad absoluta. No son la gracia y castidad del aspecto su secreto, sino su carácter interno.

Esto, si cabe, aún se ve más en la literatura supratemporal que en las grandes artes plásticas. Primeramente llama la atención cuán a menudo glorifica aquella el tipo virginal de la mujer más que el de madre y esposa. Antígona y Beatriz, Ifigenia y la Princesa del Tasso, son figuras virginales y sólo comprensibles como tales. Schiller, al presentar a Santa Juana, pudo constatar que la idea de virginidad se le aparecía como inquebrantable; la fuerza de la figura iba ligada a ella. Aquí la línea de la virgen coincide con la del hombre. También el valora la virginidad como impulso y aumento de fuerza para máximo rendimiento; éste es el sentido de las conocidas palabras de que sacerdotes, soldados y políticos, o sea, todos  aquellos que deben exponer plenamente su vida, tienen que permanecer solteros.

Así, pues, la idea de la virgen tanto en el dogma como en la historia, la leyenda y el arte por igual, no se muestra como circunstancia o tragedia, sino como valor y fuerza.

Al reconocerlo, nuestra época se enfrenta con una doble dificultad. En el centro de su pensamiento ya no se encuentra Dios  como en épocas pretéritas, sino el hombre, y no ya como individuo, sino como miembro en la cadena de generaciones. Pero la virgen no tiene lugar dentro de la generación, sino que la cierra. No se encuentra ya en la línea que marcha hacia un infinito terrenal, sino que se encuentra en el único y en apariencia finito instante de su vida personal. Desde aquí impulsa ella la fe a un valor supremo de la persona en si misma, un valor que naturalmente ya no puede ser fundado únicamente por el hombre. Con otras palabras, la virgen representa en su figura la elevación y afirmación religiosa del valor de la persona sólo en su espontaneidad suprema hacia Dios.

Como la flor solitaria en las montañas, al borde las nieves eternas que nunca vieron ojos humanos, como la belleza inmarcesible de los polos y los desiertos que  eternamente  permanecen inútiles al servicio y a los fines de la humanidad, la virgen también proclama que hay un sentido de la criatura sólo como esplendor de la Gloria eterna del Creador. La virgen se encuentra al borde del misterio de todo lo irrealizado y desperdiciado en apariencia, e incluso semejante al que sufre temprana muerte, que nunca logró el desarrollo de sus más maravillosas facultades, se encuentra al borde mismo del misterio de todo lo aparentemente malogrado. Su castidad, que cuando es pureza encierra siempre profundo sufrimiento, significa el sacrificio por la visión del valor infinito de la persona. Desde aquí se ve claro el por qué la Liturgia coloca siempre a la virgen  junto al mártir[1];[2] también éste reconoce el valor  absoluto del alma con su sacrificio de la vida terrena.

Partiendo del significado religioso de la virgen, es patente y obligado que las órdenes religiosas femeninas exijan el voto de virginidad. Pero también vemos otra cosa clara. Todo lo temporal recibe su verdadero sentido de lo intemporal: aquí tropezamos con el hecho de que en todas partes donde se trata de descubrir las más profundas raíces de las cosas, el dogma cristiano católico ya ha elaborado la idea decisiva. Es necesario arrojar aquí una breve mirada a la ceremonia de la consagración de las vírgenes. Son decisivas las palabras del prefacio que las precede: “En la conservación de la bendición nupcial sobre el santo estado de matrimonio, hay sin embargo almas excelsas que desprecian la relación corporal de hombre y mujer, pero…que dan todo su amor al misterio señalado por el matrimonio”. El misterio “señalado por el matrimonio” es el mysterium caritatis[3] . El misterio del amor se encuentra tanto en la misa de los desposorios como en la consagración de las vírgenes: ¡la virgen consagrada es la sponsa Christi! También concibe la Iglesia –aquí coincidiendo con el mundo- a la virgen  como destinada a las nupcias, pero estas nupcias no las ve  sólo junto al hombre. Aquí se ve claramente la profunda relación de todo misterio femenino con el dogma de María. La eterna virginidad de María significa las nupcias y la sombra del Espíritu Santo. Esto significa para la consagración de las vírgenes lo siguiente:  es el fiat mihi de la virgen su renuncia al matrimonio, pero por  parte de Dios es la consumación de  su vida por el mysterium caritatis dentro de una esfera más elevada que la natural. El valor d ela persona, que debe ser producido precisamente en el mysterium caritatis. Desde aquí desciende un rayo de luz perpendicularmente a través de todos los estados de la existencia de la mujer solitaria: esto en lenguaje dogmatico quiere decir que aparece la idea del vicariato.

Vicariato religioso traducido al lenguaje profano es la responsabilidad de todos para todos; o sea, que desde el Corpus Christi representa él la cima religiosa de una idea que  nuestra época se ha puesto a divulgar en el terreno profano, exigiéndola represión del individualismo. Sólo la falta de la verdadera comprensión en el dogma, que le queda como herencia de la época liberal, le cierra el camino para su propia subordinación a la verdad cristiana. Al igual que la creación genial no pertenece únicamente al creador, la perfección y un acto de amor no pertenecen tampoco únicamente al perfecto amante, sino que pertenecen a todos. Sólo a una época ofuscada subjetivamente pudo parecerle imposible que los méritos de los Santos redundaran en provecho de sus hermanos y de sus hermanas. Esto significa para nuestro tema lo siguiente: el mysterium caritatis de la consagración de las vírgenes fluye según  su sentido hacia el mundo; partiendo de la sponsa Christi se ve claro que el sentido oculto de toda virgen es un  sentido que aun la última y las más insignificante defiende inconscientemente.

Y finalmente, aquí con ésta última e insignificante se encuentra el lugar en el cual la única virgen reconocida por nuestra época tiene realmente su sitio como tragedia. A la victima voluntaria se enfrenta la involuntaria, al mysterum caritatis  el mysterium iniquitatis, al fiat  mihi el no de la criatura. Para la mujer que no reconoce su  virginidad como valor referido a Dios, la falta de matrimonio e hijos es realmente una profunda tragedia. La mujer tanto espiritual como corporalmente está más íntimamente dispuesta para ambos que el hombre; su falta puede conducirla a tener la impresión de la plena falta de sentido de su propia existencia. Pero el sentido interno de su falta de matrimonio y de hijos no se ve afectado por esta aparente carencia de sentido; incluso en una extremada  agudización de la idea  adquiere quizá precisamente una elevación decisiva; el sentido supremo del valor de la persona probablemente sólo puede producirlo la existencia en apariencia fútil: en todo otro caso existiría el peligro  de que al final sólo se produjera el valor de una obra cualquiera. En éste punto la dialéctica religiosa se interfiere con la profana. La vida contemplativa, que considerada desde el punto de vista religioso expone la determinación suprema del hombre para Dios, vista desde el punto de vista humano es también la ausencia de mérito terrenal. Así la opaca voz de la mujer solitaria cuyo fin  no se ha cumplido en el mundo repite fraternalmente la confesión de la consumación de la sponsa Christi. En el perfecto desprendimiento de todo mérito visible se trasluce la importancia suprema trascendental de la persona. Aquí la línea retrocede al carácter problemático del presente ¿Qué significa la idea de persona para nuestra época? ¿Qué puede significarle aún?

Nuestra época ha  allanado con razón la importancia de la personalidad como valor particular, pero por esto el valor de la persona no puede ser puesto en duda en manera alguna. Personalidad es un valor temporal, persona es un valor eterno. Como Dios mismo es persona, así la redención cristiana se refiere también a la persona. La Historia como tal recibe su sentido y fin por la persona; sin valores eternos sólo existiría el transcurso histórico. De aquí sale a la luz el doble significado de la mujer en la Historia. Si la importancia de la madre consiste en transmitir las facultades del hombre que forman la Historia, así la importancia de la virgen consiste en garantizar la capacidad histórica del hombre, la persona.


(Continúa aquí.)


[2] Veáse Marie- Antoinette de Geuser en su hermoso libro: Briefe in den Karmel (Pustet, Regensburg 1934)
[3] De una antigua oración nupcial en el Sacramentarium Fuldense.

SANTORAL 16 DE JULIO




16 de julio


NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN



Jesús dijo a su Madre: He ahí a tu hijo; 
y, en seguida, al discípulo: He ahí a tu Madre.
(San Juan, 19, 26-27)

   Es una piadosa creencia que aquellos que llevan el escapulario de la Virgen del Carmen serán preservados del infierno, y que si rezan las oraciones prescritas serán liberados del purgatorio el sábado siguiente al día de su muerte. Este escapulario representa en pequeño el escapulario que la Santísima Virgen en persona dio a simón Stock, religioso carmelita inglés. La fiesta de este día ha sido establecida para recordar este gran beneficio acordado por la Madre de Dios, y excitar a los fieles a aprovecharlo.

MEDITACIÓN SOBRE EL ESCAPULARIO

   I. Un buen servidor tiene a honra vestir la librea de su señor: debemos tener como un honor el llevar la librea de la Reina del Cielo. ¿Qué gloria, después de aquella de servir a dios, puede compararse a la de ser servidores e hijos de María? ¡Y cuán generosa es esta buena Madre para con los cristianos que la honran! Aun por los menores homenajes, Ella concede los favores más grandes. (San Andrés de Creta)

   II. Pero, para goar de las gracias anexas al escapulario, hay que llevarlo piadosamente. Y la primera condición para ello, es estar en gracia de Dios. ¿Cómo  gozar de los favores de María, si se es enemigo de Jesús? ¿No sucederá que, a veces, nos prevalemos del escapulario para pecar más libremente, so pretexto de que los que lo llevan no podrían condenarse? ¡Qué indignidad prevalerse de la protección de la Madre para ofender al Hijo! ¡Ah! si estamos en pecado mortal, gimamos al menos por nuestro estado, aspiremos a salir de él, imploremos la ayuda de Aquélla a quien la Iglesia llama refugio de los pecadores. Ella rogará por nosotros y nos devolverá a la amistad con Dios: porque su poder y clemencia sobrepujan incomparablemente la multitud de nuestros pecados. (San Jorge de Nicomedia).

   III. Es preciso también, si se quiere participar de todas las ventajas del escapulario, recitar las oraciones y cumplir las buenas obras que se te han asignado cuando fuiste recibido en la Cofradía. ¡Nos imponemos mil sacrificios cuando se trata de preservarnos contra la miseria; y, para escapar de las llamas del purgatorio, retrocedemos ante algunas oraciones que debemos rezar, ante algunas mortificaciones que debemos hacer! ¡Cuánto arrepentimiento deben experimentar, tardío e inútil, en el purgatorio, las almas que no han sido suficientemente fieles a estas prácticas! Prevengamos esos arrepentimientos tardíos e inútiles, y sintámonos dichosos de poder abreviar a tan poco costo, un suplicio tan horrible.

La devoción al escapulario
 -Orad
por la Cofradía de la Virgen del Carmen.

ORACIÓN

   Señor, que habéis honrado a la Orden del Carmelo con el glorioso título de la Bienaventurada Virgen María, vuestra Madre, dignaos concedernos, hoy que celebramos solemnemente su memoria, la gracia de llegar, por su protección, a la beatitud eterna. Por J. C. N. S. Amén.

domingo, 15 de julio de 2012

SANTORAL 15 DE JULIO



15 de julio 


SAN ENRIQUE,
Emperador y Confesor



Si tomáis parte en los sufrimientos,
tendréis parte también en la consolación.
(2 Corintios, 1, 7)

   San Enrique, llamado el Piadoso, duque de Baviera y después emperador de Alemania, nada emprendía sin antes haber consultado y orado a Dios. En ciertas ocasiones vio a los ángeles y a los santos mártires, sus protectores, combatir a su favor al frente de sus ejércitos. Conservó su virginidad, de común acuerdo con su esposa Santa Cunegunda. Restableció a Benedicto VII en el trono de san Pedro y por todas partes dejó ilustres monumentos de su piedad y religión. Célebre por sus milagros y sus virtudes, dejó la corona para ir a recibir otra más preciosa en el cielo. en 1024.

MEDITACIÓN SOBRE LA PRIVACIÓN 
DE LAS CONSOLACIONES ESPIRITUALES

   I. Dios permite a veces que los santos sean privados de todas las consolaciones espirituales. en este triste estado todo apena: la penitencia les es insoportable, la oración les da tedio, la lectura espiritual y las prácticas de devoción les son fastidiosas. No te asombres de encontrarte en este estado: ¿acaso el Señor no fue abrumado de tristeza en el huerto de los Olivos? ¿No se quejaba, en la cruz, de que su Padre lo había abandonado? Por esa falta de gusto no interrumpas tus ejercicios de devoción; si los haces con menos satisfacción, los harás con más mérito.

   II. Dios permite que caigas en este estado de desolación para castigarte por tu tibieza o por algunas faltas leves que has cometido. Tal vez sea la causa tu negligencia en no prepararte para la oración como es debido. Dios quiere hacerte conocer que la devoción sensible es un don: te la concede cuando a Él le place, la retira para humillarte cuando lo juzga oportuno. Pero, sin tanto examinar por qué Dios te trata de tal suerte, saca provecho de ese estado, ten paciencia y redobla el fervor. Si el Esposo se esconde, es para que lo busques con más afán.

   III. Examina seriamente qué motivo has dado a Dios para que se retire, e implora su perdón. Reconoce que eres indigno de sus mercedes y que ya eres demasiado feliz con poder servirlo gimiendo en esta vida; no es en este mundo donde Dios recompensa a los elegidos. Dile, sin embargo: Señor que sois todo mi gozo, ¿Por qué me ocultáis vuestra divina faz? ¿Dónde estáis? ¿Dónde os encontraré yo, mi divino Esposo? (San Agustín).


La dedicación a la oración -
 Orad por los remisos
en el servicio de Dios.

ORACIÓN

   Oh Dios, que en este día habéis hecho pasar al bienaventurado Enrique, vuestro confesor, de un trono terrenal al reino eterno, haced, os lo imploramos, que, así como él triunfó por vuestra gracia de las seducciones del siglo, despreciemos nosotros también los vanos atractivos del mundo, para presentarnos a Vos con un corazón puro. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 14 de julio de 2012

SANTORAL 14 DE JULIO



14 de julio


SAN BUENAVENTURA,
Obispo, Confesor y Doctor



He venido a poner luego en la tierra,
y ¿qué he de desear sino que arda?
(Lucas, 12, 49).

   San Buenaventura, gloria y ornato de la Orden de San Francisco, ha sido llamado Doctor seráfico a causa de su profunda ciencia y de su ardiente caridad. El recuerdo de la Pasión de Jesucristo era el tema ordinario de su meditaci6n, y la devoción especial que tenía al Santísimo Sacramento le hizo merecer el honor de recibir la Comunión de manos de un ángel. Murió en 1274, durante el concilio de Lyon, en el cual había intervenido brillantemente como obispo de Albano.

MEDITACIÓN SOBRE SAN BUENA VENTURA,
DISCÍPULO DE JESÚS CRUCIFICADO

   I. El Doctor seráfico fue discípulo de Cristo crucificado. En sus adorables llagas era donde leía el amor de Jesucristo por nosotros, y donde aprendía a amarlo él, a su vez. Todos sus escritos están impregnados de una tierna devoci6n para con Jesucristo ex- pirando en la cruz y oculto en la Eucaristía. ¿Qué amor tienes tú por Dios? ¿Qué haces por Jesucristo que tanto ha sufrido por ti? Sabios del siglo, sin este amor vuestra ciencia sólo es vanidad.

   II. Jesús clavado en la cruz enseñó a San Buenaventura la humildad, el amor a la abyección y el desprecio de las dignidades. Esta virtud se reveló en todo su esplendor cuando los cardenales se dejaron dirigir por sus consejos para elegir al Papa. ¡Qué incomparable índice de su santidad! Sabíase que el Espíritu Santo hablaba por su boca. Gregorio X, entonces elegido, lo hizo cardenal. El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. (Evangelio).

   I. La tercera virtud que San Buenaventura aprendió de Jesús crucificado fue el amor a los sufrimientos. ¿Buscas la cruz? ¿No huyes más bien de le Dios te envía? Imita al Doctor seráfico; en adelante muéstrate discípulo de Jesús crucificado. En todas las acciones, mostremos que somos discípulos de un Maestro que ha sido clavado en la cruz. (San Pedro Damián).

El amor a Dios
Orad por el Colegio de Cardenales.

ORACIÓN

   Oh Dios, que habéis enseñado a vuestro pueblo la ciencia de la salvaci6n eterna por el ministerio de San Buenaventura, dignaos hacer que después de Haberlo tenido en la tierra como doctor y guía, merezcamos tenerlo como intercesor en el cielo. por N. S. Amén.

viernes, 13 de julio de 2012

SANTORAL 13 DE JULIO



13 DE JULIO


SAN ANACLETO,
Papa y Mártir



   Contemplad a Jesús, autor y consumador de la fe,
el cual en vista del gozo que le estaba preparado,
sufrió la cruz sin hacer caso de la ignominia   
(Hebreos, 12, 2).

   San Anacleto gobernó la Iglesia durante la persecución de Trajano. Ordenó a los cristianos de aquel tiempo que comulgasen todas las veces que participaban de la santa Misa, a fin de que este Pan de vida los fortificara contra los ataques de persecución. Embelleció la tumba de San Pedro y destinó un lugar de sepultura para los soberanos pontífices. Fue martirizado durante la tercera persecución, hacia el año 109.

MEDITACIÓN SOBRE
TRES VIRTUDES DE JESUCRISTO

   1. Mira a Jesús crucificado, y aprende de Él a ser humilde. Él es despreciado, es objeto de burla, pasa por malhechor, por intrigante que ha querido hacerse rey y que sólo ha obtenido una corona de espinas. ¡Cuán penoso es para un hombre ser despreciado allí mismo donde, poco antes, fue colmado de los mayores honores! Jesucristo ha elegido el desprecio para enseñarnos a amar las humillaciones, que nos son tan ventajosas. (Tertuliano).

   II. Es admirable la paciencia de Jesús en la cruz: sufrió de parte de todos los hombres y en todas las partes de su cuerpo, sin murmurar; sufrió aun cuando hubiera podido escapar a los sufrimientos y aniquilar a los que tan cruelmente lo maltrataban. Compara tus dolores y tu paciencia con los dolores y con la paciencia de Jesús, y te encontrarás indigno del nombre cristiano que llevas. Jesús ha buscado durante su vida todas las ocasiones de sufrir, y tú las rehuyes!  Antes de dejar la tierra, Él ha querido saborear las heces del sufrimiento. (Tertuliano).

   III. No se contentó con obedecer a su Padre, llevó la obediencia hasta someterse a sus mismos verdugos. Atrévete ahora aquejarte de tus superiores cuando te manden algo que no te guste. Quéjate de ello, siempre que dirijas tus quejas a Jesús crucificado y que escuches lo que Él te responda. Quieres ser glorificado como Él; sé humilde como Él, sufre como sufrió Él. Lo que Cristo es, nosotros lo seremos, si seguimos a Cristo. (San Cipriano).

La devoción a la Pasión de Jesucristo
Orad por el buen uso de los Sacramentos.

ORACIÓN

   Pastor eterno, mirad con benevolencia a vuestro rebaño, y guardadlo con protección constante, por vuestro bienaventurado mártir y Sumo Pontífice Anacleto, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S. Amén.

 

jueves, 12 de julio de 2012

SANTORAL 12 DE JULIO



12 de julio



SAN JUAN GUALBERTO,
Abad



Si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco
vuestro Padre os perdonará los pecados.
(Mateo, 6,15).

   San Juan Gualberto concedió al que había matado a su hermano el perdón que le imploraba en nombre de Jesús crucificado. En seguida entró a una iglesia y vio al Crucificado, delante del cual ora bajar la cabeza como agradeciéndole acción tan heroica. Este milagro lo determinó a renunciar a una vida mundana y a ingresar en la Orden de San Benito. Como querían nombrarlo abad, se retiró a un valle llamado Valleumbrosa en los Apeninos, y allí echó las bases de la Orden del mismo nombre. Murió en 1073.

MEDITACIÓN SOBRE EL PERDÓN
DE LAS OFENSAS

   I. Jesucristo nos manda perdonar las injurias; nos dio un hermoso ejemplo de ello al orar por sus verdugos. Los santos han practicado esta virtud; Dios por su parte perdona a todos los hombres, sean cuales fueren sus crímenes, tantas veces le piden perdón. ¿No son suficientes estos motivos para persuadirte a que perdones a los que te han ofendido? Todos los hombres aman a sus amigos, sólo los cristianos aman a sus enemigos. (Tertuliano).

   II. Dios nos amenaza con no perdonarnos si nosotros rehusamos perdonar a los demás. Tú mismo todos los días dices al Señor: Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos. ¿Qué le responderás en el día en que te pida cuenta de tu conducta? No perdonas, o lo haces sólo en apariencia y conservas siempre un corazón lleno de hiel contra tu enemigo. Si Dios sólo te perdonase en apariencia, ¿qué sería de ti? ¡Y, sin embargo, cuántas personas piadosas se irritan ante la más mínima injuria, al punto de no olvidarla más! ¿No eres tú de este número? Examínate seriamente al respecto.

   III. Dios promete el perdón de sus faltas a los que perdonan a sus enemigos. En otro lugar, asegura que los reconocerá como hijos suyos y herederos. ¿No equivale ello a decir que un hombre que perdona cristianamente a sus enemigos es un predestina do? ¡Difícil es el precepto, pero también grande la recompensa! Perdonar una injuria es el colmo de la bondad, el coronamiento de la piedad, la suprema enseñanza de la filosofía divina. (San Juan Crisóstomo).

El amor de los enemigos
Orad por vuestros enemigos.

ORACIÓN

   Haced, Señor, os lo suplicamos, que la intercesión de San Juan Gualberto, abad, nos haga agradables a vuestra Majestad, a fin de que obtengamos por su intermedio las gracias que no podemos adquirir por nuestros méritos. Por J. C. N. S. Amén.

SANTA VERÓNICA, PATRONA DEL BLOG


12 de julio 



SANTA VERÓNICA , 
(Siglo I)

   Pocas leyendas cristianas son tan conocidas y estimadas como la de Santa Verónica. En ella se dice que Verónica limpió compasivamente el rostro de Jesús, cuando el Señor cayó bajo el peso de la cruz en su marcha al Calvario. La popularidad de la leyenda no tiene nada de extraño, puesto que toca una fibra muy íntima del corazón de los cristianos. Por otra parte, la versión de la leyenda que dice que Verónica era esposa de un oficial romano, constituye un ejemplo conmovedor de desprecio del respeto humano. Sin embargo, es necesario confesar que, si bien la leyenda es muy antigua, se apoya en una tradición muy vaga. Además, se ha identificado a Verónica con diversos personajes. Los orígenes de la leyenda están más relacionados con la milagrosa imagen del rostro de Cristo sobre un lienzo, que con los motivos de amor y caridad de Verónica. Según una de las versiones más populares en occidente, Verónica se trasladó a Roma después de la muerte de Cristo y curó al emperador Tiberio con la preciosa reliquia; a su muerte, la santa legó el lienzo al Papa San Clemente. Una versión francesa de la leyenda identificó a Verónica con la esposa de Zaqueo (Luc. 19:2-10); cuando éste abrazó la vida eremítica (con el nombre de Amadour o Rocamadour), Verónica fue a evangelizar el sur de Francia. Otras versiones la identifican con Marta, con la hija de la cananea (Mat. 15:22-28), con una princesa de Edessa y con la esposa de un oficial galo romano. La versión más antigua es la de un suplemento latino de las "Actas de Pilato" o "Evangelio de Nicodemus." El documento data del siglo IV o V, pero el suplemento es posterior. El nombre latino del suplemento es "Cura Sanitatis Tiberii" ("La Curación de Tiberio"); en él se identifica a Verónica con la mujer que padecía de flujo de sangre (Mat. 9:20-22). La misma identidad se le atribuye en otros documentos.

   También se ha especulado mucho sobre el nombre de Verónica. Por ejemplo, se ha dicho que la imagen del lienzo de Verónica se conocía con el Hombre de "vera icon" ("imagen verdadera") y que, por ello, se dio a la santa el nombre de Verónica. Por otra parte, en el oriente se llamaba a la que padece hemorragias "Berenice", es decir "Triunfadora", desde antes de que se le relacionara con la imagen milagrosa. En su polémica "Contra Celsum" de principios del siglo III, Orígenes afirma que los valentinianos llamaban a la enferma por hemorroísa, "Prounike" y que la consideraban como uno de los prototipos de la sabiduría; según el mismo autor, Celso confundió a la enferma con una virgen cristiana.

   Ninguno de los martirologios más antiguos menciona a Santa Verónica tampoco la conmemora actualmente el Martirologio Romano. San Carlos Borromeo suprimió su fiesta y su oficio en la diócesis de Milán. A principios del siglo XV, cuando empezaba a introducirse la forma actual de la devoción del Via Crucis, se hablaba en Jerusalén de la casa de Santa Verónica; pero la estación del Via Crucis que se refiere a la santa se introdujo poco a poco. Por ejemplo, dicha estación no existía aún en Viena, en 1799.

   Es muy posible que una mujer compasiva haya enjugado realmente el rostro del Señor en el camino al Calvario, y los cristianos hacen bien en meditar sobre ello y en honrar la memoria de dicha mujer. En San Pedro de Roma se conserva el lienzo original; pero es imposible garantizar su autenticidad.

   Los bolandistas discuten la cuestión en febrero y en julio, a propósito de la identificación de Verónica con la hemorroísa. Existe una literatura muy abundante sobre Santa Verónica. Además de la obra de K. Pearson, Die Fronika (1887), existe un excelente estudio de von Dobschütz, Christusbilder, que el autor continúa en su artículo "Das Schweisstuch der Verónica" en el Monatschrift F. h. Kunst (1909); véase también a P. Perdérizet, en De la Véronique et de St. Véronique ("Seminarium Kondokovianum", 1932, pp. 1-16). Véase también H. Leclercq, en DAC., vol. VII, cc. 224-225 y 2458-2459. Algunos autores atribuyen a Mabillon la idea de que el nombre de Verónica proviene de "vera icon"; pero dicha idea se encuentra ya en el Speculum Ecclesiae de Giraldus Cambrensis; Thurston, Holy Year of Jubilee (1900), pp. 58, 152-153 y 193-195, cita todo el pasaje. En la época de Dante y Petrarca estaba muy de moda la devoción al lienzo que se conserva en la basílica de San Pedro; según parece, dicha reliquia, en la que ya no se distingue la Santa Faz, ha estado en San Pedro desde el tiempo del Papa Juan VII (705-707 PC.). Acerca de la sexta estación de Jerusalén, cf. Revue Biblique, vol. I (1892), pp. 584 ss., y H. Vincent en Le Lien, feb. de 1951, pp. 18-26.

miércoles, 11 de julio de 2012

SANTORAL 11 DE JULIO


  • San Pío I, Papa y Mártir
  • Santa Olga, Emperatriz
  • Traslación de las Reliquias de San Benito, Abad (En la Orden Benedictina)
  • Beato Oliverio Plunket, Obispo y Mártir
  • San Juan de Bérgamo B
  • Mártires de Indochina II
  • Beato Tomás Dé, Mártir
  • Beato Pedro Tuan, Mártir
  • Beato Pedro Koa, Mártir
  • Beato Nicolás Té, Mártir
  • Beato Mateo Leziniana, Mártir
  • Beato Adrián Fortescue, Mártir B
  • Beato Vicente Diem, Mártir
  • BeatoVicente Liem, Mártir
  • Beato Agustín Huy, Mártir
  • Beato Agustín Moi, Mártir
  • Beato Bernardo Dué, Mártir
  • Beato Domingo Dat, Mártir
  • Beato Domingo Henárez, Mártir
  • Beato Estebam Vinh, Mártir
  • Beato Francisco Chiem, Mártir
  • Beato Francisco Gil, Mártir
  • Beato Ignacio Delgado y Cabrián, Mártir
  • Beato Jacinto Castañeda, Mártir
  • Beato José Can, Mártir
  • Beato José Marchand
  • Beato José Nien, Mártir
  • Beato Juan Carlos Cornay, Mártir

11 de julio

 Retrato original tomado durante su confinamiento en Newgate 

BEATO OUVERIO PLUNKETT, 
Obispo y Mártir


La piedad es útil para todo, tiene la promesa
de la vida presente y de la futura.
(1 Timoteo 4, 8).

   Oliverio Plunket, irlandés, fue ordenado sacerdote en Roma y allí enseñó las ciencias eclesiásticas. Nombrado arzobispo de Armagh en 1669, se dedicó con el mayor celo a sostener la Iglesia, debilitada por los esfuerzos de los protestantes. En 1673, la persecución cobró nueva virulencia, obligándolo a ocultarse para continuar su difícil ministerio. Traicionado por unos apostatas, fue encarcelado en Dublín y acusado de conspirar contra el Estado. No obstante haber sido declarado inocente por el jurado, por dos veces, finalmente fue condenado, en Londres, por un tribunal completamente irregular, y ahorcado y descuartizado como traidor, en 1861.

MEDITACIÓN SOBRE LA PIEDAD

   La piedad te obliga a honrar a DIOS, porque es el Ser perfecto que te ha creado  y conserva la vida. He aquí el primer deber que te impone esta virtud. La cumplirás teniendo respeto por todo lo que toca al culto de Dios, los templos, los sacerdotes, las ceremonias y las oraciones de la Iglesia. Todo es grande en los palacios de los reyes; todo es santo en la casa de Dios. Las pequeñas cosas no deben ser descuida das, pues sin ellas no existirían las grandes. (San Jerónimo).

   II. Esta virtud te impone el deber de honrar a tus padres, amarlos y socorrerlos en sus necesidades. ¿Cómo cumples este deber? ¿No les das ningún motivo de descontento? ¿Haces todo lo que puedes para serles agradable? Dios lo manda y la razón te lo enseña. Si tus padres ya no están en este mundo, reza a Dios por el descanso de sus almas; es el último y mayor servicio que puedes prestarles. El amor que tienes por tus padres, ¿no es demasiado terrenal? ¿No les deseas los bienes de la tierra sin hacer nada por la salvación de sus almas?

   III. También exige la piedad que ames a tu patria. Tu amor no le será útil sino en la medida en que des buen ejemplo a los que te rodean. Honra a tu patria dándole un santo, y no temas abandonarla cuando se trate del servicio del Señor, porque el mundo entero es la casa de Dios y la patria del cristiano. No temo el exilio, el mundo es la casa de todos
los hombres. (Prudencio).

   La piedad
Orad por los protestantes de Irlanda.

ORACIÓN

   Dios omnipotente, mirad nuestra flaqueza; ved cómo el peso de nuestras faltas nos abruma, y dadnos por la gloriosa intercesión del bienaventurado Oliverio, vuestro pontífice mártir. por J. C. N. S. Amén.



martes, 10 de julio de 2012

SANTORAL 10 DE JULIO



LOS SANTOS SIETE HERMANOS



Jesucristo se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente  
hasta la muerte, y muerte de cruz.
(Filipenses, 2,8).

   Los siete hermanos, cuya fiesta celebramos, son los hijos de Santa Felicitas, ilustre romana del siglo II. Confesaron la fe valientemente ante la mirada de esta madre admirable que temía más, dice San Gregorio Magno, dejar a sus hijos vivos después de ella, que, como suelen temer los padres carnales, verlos morir antes.

10 de julio 


SANTA RUFINA y SANTA SEGUNDA, 
Mártires



   Rufina y Segunda eran hermanas; sus padres las habían prometido a dos señores romanos, pero rehusaron casarse, porque ya habían elegido como esposo a Jesucristo. Se las encarceló y se las azotó para que consintiesen en la pérdida de la virginidad y de la fe. Se las arrojó al Tíber, pero un ángel acudió a sacarlas. Finalmente, fueron decapitadas por orden de los emperadores Valeriano y Galo, en el año 257.

MEDITACIÓN SOBRE LA NECESIDAD  
DE LLEVAR BIEN LA PROPIA CRUZ  

   I. Jesucristo amaba tiernamente a esta madre admirable ya las siete hijos que ella había educado para Él; amaba igualmente a estas dos hermanas que lo habían elegido por esposo. Por eso los admitió, a todos, a compartir con El sus sufrimientos. No te asombres: Dios ha resuelto salvar a los hombres solamente por la cruz. Jesucristo, para redimirnos, llevó la suya; tú, para salvarte, debes también llevar la tuya. Es el camino grande del cielo, aquél por el cual han pasado todos los santos; te extraviarás si buscas otro. No nos contentemos con adorar la cruz sobre los altares; no basta ello para salvarse. No hemos de adorar la cruz solamente, hemos de llevarla.

   II. Los malvados llevan su cruz, pero para su condenación. Mira a los esclavos de la vanidad, de las riquezas, de los placeres; viven en continua inquietud de espíritu y en continuo trabajo. ¿Para qué? Para adquirir bienes que habrá que abandonar el día me nos pensado, y que los arrastrarán al infierno. Si se imponen tanta fatiga por una recompensa fugitiva, ¿no es, acaso, cobardía de nuestra parte rehuir el sufrimiento de un instante a cambio de una gloria inmortal?

   III. Haz lo que te plazca: quieras o no, llevarás tu cruz. La llevarás como Jesucristo, que la pidió sin haberla merecido; o bien como el mal ladrón, que la llevó de mala gana y sin mérito. Es preciso pasar por los sufrimientos para llegar a la gloria. Dos caminos nos muestra Cristo: uno penoso que debemos soportar, otro feliz que debemos esperar. (San Agustín).

   La mortificación
Orad por los afligidos. 

ORACIÓN

   Haced, os suplicamos, Dios omnipotente, que los gloriosos mártires que tan valientemente confesaron vuestro Santo Nombre, nos hagan experimentar los efectos de su piadosa protección. Por I. C. N. S.  Amén.