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martes, 6 de marzo de 2012

SANTORAL 6 DE MARZO




6 de marzo


SANTA COLETA,
Virgen

Hasta ahora nada habéis pedido (a mi Padre) 
en mi nombre: Pedidle y recibiréis,
 para que vuestro gozo sea completo
(Juan, 16, 24)


   Movida Santa Coleta por la aflicción que su pequeña estatura causaba a su padre, le pidió a la Santísima Virgen que la hiciera crecer. La Madre de Dios escuchó su inocente oración. Muy pronto excedió la estatura media de las personas de su sexo. Después de la muerte de sus padres, entró en la orden de Santa Clara, a la que reformó. Sus austeridades eran extraordinarias, su devoción al Santísimo Sacramento de la Eucaristía, admirable. Tuvo la dicha de recibir la comunión de manos de Jesucristo mismo. Particularmente era devota de su Pasión; sufría crudelísimos dolores cuando pensaba en los tormentos que padeció Jesús. Murió en Gante, en 1447.

MEDITACIÓN
SOBRE LA DEVOCIÓN
A JESÚS SACRAMENTADO

   I. Santa Coleta deshacíase en lágrimas en el momento de la elevación de la Santa Hostia, porque estaba animada de fe viva. Si tuvieses un poco de fe, tendrías las mismas ternuras para Jesucristo; llorarías al ver los ultrajes con que tantos malos cristianos agobian a un Dios digno de amor y respeto infinitos; llorarías al pensar que tus pecados fueron la causa de su dolorosa Pasión cuya memoria renueva todos los días el sacrificio de la Misa.

   II. Debes esperar del Padre eterno todo lo que pidas por los méritos de Jesús, oculto en este Sacramento. Si tuvieras la confianza de Santa Coleta, verías, como ella, que son escuchados tus deseos: no se quedó Jesús en la tierra sino para proveer a tus necesidades. Mas, para que obtengas todo de Jesucristo, dale lo que te pide desde hace tanto tiempo; ¿es como para asombrarse, acaso, que rechace tus ruegos cuando tú mismo desprecias sus inspiraciones? No lo hemos escuchado, Él no nos escucha; no lo hemos mirado, Él no nos mira. (Salviano).
   III. Si tuvieras un poco de amor por Jesucristo, tendrías, como Santa Coleta, una grandísima devoción al Santísimo Sacramento del altar. Si quieres que Jesús sea tu amigo, visítalo con frecuencia en su casa, acompáñalo, ya en las procesiones solemnes, ya cuando se lo lleva a los enfermos. En una palabra, trata a Jesús como a tu amigo. Señor, en adelante quiero amare con todo mi corazón, porque tú me amaste primero. (San Agustín).

La devoción a la Eucaristía
 por la conversión
de los herejes.

ORACIÓN

   Dios, Salvador nuestro, escuchadnos, a fin de que la fiesta de Santa Coleta, al tiempo que regocija nuestra alma, desarrolle en ella los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.

lunes, 5 de marzo de 2012

SANTORAL 5 DE MARZO



5 de marzo


SAN ADRIAN,
Mártir



¡Ay de vosotros los ricos!, porque ya tenéis
vuestro consuelo en este mundo.
(Lucas, 6, 24) .


   San Adriano se trasladó a Cesárea para visitar en sus calabozos a los confesores de la fe, y fue detenido en las puertas de la ciudad. Interrogado acerca del motivo de su viaje, confesó ingenuamente la verdad y fue conducido a presencia del gobernador, quien lo hizo desgarrar con uñas de hierro y lo condenó en seguida a ser arrojado a las fieras. Como éstas lo respetaron, fue degollado; corría el año 308.

MEDITACIÓN
LOS RICOS SON DESGRACIADOS
EN ESTE y EN EL OTRO MUNDO

   I. No obstante que los hombres miren a los ricos como dichosos en este mundo, en realidad son desgraciados. Preciso es que sin descansar trabajen para adquirir y conservar sus riquezas; el deseo de aumentarlas y el temor de perderlas los atormentan sin cesar. Hasta son tan ciegos que no pocas veces no se sirven de sus riquezas, por miedo de verlas disminuir. No gozan los bienes de la tierra, y no gozarán los del cielo.

   II. Considera al rico en la hora de 18 muerte. Dime por favor, ¿en cuánto estima ahora las riqueza que debe abandonar? ¡Ay! ¡con qué dolor conoce que ha de morir pronto, para ir a dar cuenta de su vida a ese Dios que tanto amó la pobreza y que despreció las riquezas! ¡Muerte cruel!, exclamaba un rey en sus últimos momentos, ¿así es cómo me separas de lo que tanto amé? (Libro de los Reyes).

   III. ¿Los ricos serán felices por lo menos después de su muerte? ¿Lo podrían esperar, si no redimieron sus pecados mediante sus limosnas? Sus riquezas les proporcionaron los medios para cometer impunemente toda clase de crímenes; porque raro es dar con un hombre que solamente haga lo que debe, cuando tiene el poder de hacer todo lo que quiere. No sin razón Jesús dice a menudo que es difícil que un rico entre en el cielo. Él no quiso discípulos ricos en la tierra; ¡cuán para temer es que no reciba a muchos ricos en el cielo! Cristo, que es pobre, desprecia a los discípulos ricos. (San Cipriano).

El desprecio de las riquezas
Orad por los pobres.

ORACIÓN

   Dios todopoderoso, Os suplicamos hagáis que la intercesi6n del bienaventurado Adriano, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

domingo, 4 de marzo de 2012

SANTORAL 4 DE MARZO



4 de marzo


SAN CASIMIRO,
Confesor



Bienaventurados los que tienen puro su coraz6n.
porque ellos verán a Dios.
(Mateo, 5,8).


   San Casimiro, rey de Polonia, vivió en castidad, y murió por conservar esta virtud. La meditación de los sufrimientos de Jesucristo, los cilicios, el ayuno y las otras austeridades, tales fueron los medios de que se valió para conservar un pureza angélica. Lleno de celo por la propagaci6n de la fe, persuadió a su padre a dictar una ley que prohibió a los rutenos cismáticos la construcción de nuevos templos y la reparación de los que quedaban en ruinas. Su caridad para con los pobres era inagotable. Anunció el día de su muerte, y dio su alma a Dios, a la edad de 23 años, en el año 1484.

MEDITACIÓN SOBRE
EL PECADO

   I. El pecado mortal es el mal supremo del hombre; es preciso evitarlo a cualquier precio. Mantente firmemente resuelto a perder tus bienes, tu honra, tu salud, tu vida, antes que cometer un solo pecado mortal. ¿Estás dispuesto a ello? ¿Cuántas veces ofendes a Dios por un puntillo de honra, por un leve interés, por un placer transitorio?

   II. La misma actitud debemos observar respecto al pecado venial, pues el pecado disgusta a Dios, y lo ofende. Sí, sería mejor dejar que perezca el mundo entero antes que proferir una mínima mentira. Es el sentir de todos los santos; ¿es también el tuyo? ¿Cuántos pecados veniales cometes por día? Ten cuidado, esas pequeñas enfermedades te predisponen insensiblemente para una enfermedad mortal. Nunca cometas ni siquiera un solo pecado venial deliberado.

   III. No basta alejarse del pecado mortal y del pecado venial, es preciso, en la medida en que lo puedas, evitar hasta las menores imperfecciones, y seguir los consejos que Jesús nos da en el Evangelio. San Casimiro prefirió morir antes que abandonar el consejo evangélico de la castidad. ¡Cuán alejado estás tú de la guardia de los consejos, tú que apenas observas los mandamientos! Pon mucho cuidado en esto: el que no hace la que manda el Señor, en vano espera la que Él promete. (San Pedro Crisólogo).

La huida del pecado 
Orad por los que os gobiernan. 

ORACIÓN

   Oh Dios, que amasteis a San Casimiro con inquebrantable constancia en medio de los placeres de la corte y las seducciones del mundo, haced, benigna- mente, que por su intercesión vuestros fieles desprecien las cosas terrenas y suspiren sólo por los bienes del cielo. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 3 de marzo de 2012

SERMÓN PARA LA DOMÍNICA SEGUNDA DE CUARESMA



DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA

Visto en:  Radio Cristiandad


Tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la nieve. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él.
Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.
Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: Levantaos, no tengáis miedo.
Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.

Con el fin de invitarnos a seguir su ejemplo, la Santa Liturgia nos presentó el Domingo pasado a Jesús luchando con las armas del ayuno. Hoy nos señala ya la corona que seguirá a la victoria: la transfiguración, la glorificación.

La Transfiguración del Señor sobre el Tabor es el preludio de su glorificación después de resucitado.

Como por un resquicio, miramos ya hoy de antemano la gloria que llena el santuario de la divinidad, que es la sagrada Humanidad de Cristo.

Fortalezcamos nuestro espíritu con la contemplación de estos resplandores.

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La Liturgia nos revela una hora de Tabor en medio de la peregrinación cuaresmal y del destierro.

Un poco más de dos años llevaban ya de aprendizaje los discípulos en la escuela de Jesús. Con su Maestro habían comido su pan y partido sus penas. Unidos con lazos íntimos, sentían como propias las injurias y calumnias que los escribas y fariseos levantaban contra Él, y asimismo se regocijaban en espíritu cuando veían a su Preceptor admirado y bendecido por las turbas.

Aunque engañados e ilusionados por sus falsos prejuicios acerca del Mesías prometido, no es menos verdad que, unidos por amor y con incondicional fe, cerraban los ojos a todo lo que contradecía a sus vanas esperanzas y se sujetaban gustosos a toda clase de privaciones, siempre en expectación del día en que fundara el Señor su Reino.

No hacía más que una semana que Jesús prometiera que algunos de sus discípulos no morirían sin ver antes un bosquejo de la gloria del Reino de Dios.

La visión del Tabor hizo realidad su promesa. Aquella hora desbordante fue un paréntesis de gloria en medio de las penalidades del escabroso camino que recorrían con su Maestro.

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Esto es también lo que pretende hacer hoy la Iglesia con sus fieles.

Hemos emprendido con fervor la dura senda de la penitencia en compañía de Jesús, y la Madre Iglesia quiere dejar caer en nuestras almas unas gotas de consuelo, llevándonos ante el Señor transfigurado.

Con esta visión quiere animarnos a la lucha.

Acerquémonos, pues, con fervor, de modo tal que, cuando vislumbremos, tras la candidez nívea de la blanca Hostia, la gloria del Señor, podamos exclamar con San Pedro: Señor, bueno es estarnos aquí.

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Consideremos lo que nos enseña el Padre Calmel sobre este misterio:

Por derecho, el estado de transfiguración convenía a este Cuerpo, instrumento perfectamente adaptado al Verbo de Dios y a su Alma llena de Gracia y de Verdad.

Sin embargo el Verbo de Dios no asumió un Cuerpo humano para que estuviese transfigurado habitualmente durante su vida mortal, sino al contrario para que fuese capaz de sufrir y de morir para nuestra salvación.

Por esta razón hasta la mañana de la gloriosa resurrección de entre los muertos, excepto el día de la Transfiguración, este Cuerpo no conoció la gloria que le correspondía.

Si el Señor hubiese conocido esta gloria, no solamente no habría podido redimirnos de la manera que convenía, es decir, por el sufrimiento; sino que incluso los Apóstoles, los fieles que lo habrían seguido no lo habrían seguido en verdad.

Seguir un Cristo en estado habitual de transfiguración, eso no habría sido seguir a Cristo en sí mismo, sino más bien encantarse de su magnificencia.

Nosotros, por nuestra parte, podemos hacer reflexiones similares respecto del Cuerpo Místico de Nuestro Señor…

En efecto, si la Santa Iglesia hubiera conocido la gloria, no solamente Ella no habría podido redimirnos de la manera que convenía, es decir, por el sufrimiento; pero incluso los fieles que la hubieran seguido no la habrían seguido en verdad. Seguir una Iglesia en estado habitual de transfiguración, eso no es seguir a la Iglesia en sí misma, sino más bien encantarse de su magnificencia…

Si queremos tener parte en la gloria de la Iglesia en el momento de su triunfo, en primer lugar debemos acompañar a la Iglesia hoy en su Pasión…

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En realidad, la Transfiguración es el término final de los ejercicios cuaresmales y de nuestra peregrinación por la tierra. Es la culminación; y a ella debemos encaminarnos.

Por ahora, en efecto, la gloria de la Transfiguración viene rodeada de un marco de seriedad: es el pensamiento de la cercana Pasión.

Jesús, dice San Lucas, habla con Moisés y Elías acerca de su salida de este mundo, de su Pasión; y al bajar del monte, añade San Marcos, manda el Maestro a los tres Apóstoles que no digan a nadie nada de lo que han visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de entre los muertos.

La intención de Jesús, al mostrar a sus discípulos una pequeña partecilla de su gloria, aparece por tanto bien clara: quiere fortalecer en la fe a los tres discípulos que habían de ser testigos de su agonía en el Huerto de los Olivos; quiere confirmar su esperanza, dándoles a entender cuál ha de ser el fin de la carrera de oprobio que ha de trasponer cargado con la cruz de nuestros pecados.

Este momento de gloria no duró mucho tiempo para el Hijo del hombre; su misión de sufrimiento y la humillación lo llamaban desde Jerusalén. Por lo tanto, retiró su brillo sobrenatural y, cuando regresó a los Apóstoles, no vieron más que a su Maestro, con la misma figura de siempre.

¿Recordarán, al menos, lo que vieron y oyeron? La divinidad de Jesús, ¿sigue impresa en su memoria? Cuando llegue la hora de la prueba, ¿no desesperarán de su misión divina y se escandalizarán de su humillación voluntaria?

Poco después de haber celebrado con ellos la Última Cena, Jesús condujo a los mismos tres discípulos a otro Monte, el de los Olivos. Allí les descubrió sus íntimos sentimientos: Mi alma está triste hasta la muerte…

En medio de esta terrible crisis, ¿velaban los tres Apóstoles, esperando el momento en que tendrían que entregarse con y por Él? No. Se durmieron y luego huyeron…

Más tarde, los tres Apóstoles testigos de la resurrección de su Maestro, repudiando por un arrepentimiento sincero su conducta vergonzosa y culpable, reconocieron la previsión bondadosa con la que el Salvador había querido evitar la tentación, transfigurándose en su gloria antes de los días de su Pasión.

Igual pretensión tiene asimismo la Liturgia: quiere darnos un estímulo de energía divina, que nos reanime para continuar con bríos la lucha emprendida, y así llegar al término de la misma: a la alegría de la Resurrección, que será a su vez símbolo de nuestra futura resurrección.

No esperemos a verlo abandonado y traicionado por nosotros, para reconocer luego su grandeza y divinidad.

Llegamos al aniversario de su Sacrificio; también le veremos humillado por sus enemigos y aplastado debajo de la mano de Dios.

Que nuestra fe no desfallezca ante este espectáculo…; cuando todo se haya cumplido a la letra, recordemos los esplendores del Tabor, los tributos de Moisés y Elías, la nube luminosa, la voz del Padre inmortal…

Cuanto más se desplome Jesús ante nuestros ojos, tanto más tenemos que elevar nuestros clamores, diciendo junto a la milicia de los Ángeles y con los veinticuatro Ancianos que San Juan, uno de los testigos del Tabor, oyó en el cielo: Digno es el Cordero que fue inmolado de recibir el poder y la divinidad, la sabiduría y la fortaleza, a Él el honor, y la gloria, y la alabanza…

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¡Cuántas almas en la vida sobrenatural comparten la ilusión de San Pedro! Aspiran a las consolaciones divinas sin querer pasar por las pruebas y las tribulaciones… No piensan que los sufrimientos conducen al consuelo y al alivio y sobre todo que es necesario buscar Dios en primer lugar, antes de buscar sus consolaciones.

Sobre el Tabor, fue la segunda vez que el Padre Eterno declaró a Jesús su Hijo muy amado y el objeto de sus complacencias; la primera había sido en el Jordán, el día del Bautismo de Nuestro Señor.

El Padre quería por allí consolidar nuestra fe en Jesucristo y excitarnos a amarlo aún más y a obedecerlo en todo: escuchadlo, porque es la verdad; buscadlo, porque es la vida; seguidlo, porque es el camino.

Pedro, escucha a mi Hijo… Antes de permanecer para siempre en la cumbre del Tabor, debes regresar al valle, y subir a continuación, con mi Hijo, al Monte de los Olivos, y luego al Monte Calvario…

¡Oh Pedro!, tus palabras son la marca indudable de tu amor, pero ¡qué prueba dan ellas de la confusión que reina en tu espíritu!

Deslumbrado por una imagen de la gloria celestial, quieres permanecer allí para gozar eternamente…

¿No sabes, pues, que es necesario que Cristo sufra y muera, para entrar definitivamente en su gloria?

¿No sabes que debes también trabajar y sufrir con Él, y morir por Él, con el fin de tener parte en esta gloria?

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De la misma forma, debemos aplicarnos a nosotros mismos estas palabras con respecto a la Pasión de la Iglesia y a nuestras tribulaciones.

¿Por qué, entones, la Transfiguración?… podemos preguntar… El Padre Calmel responde:

Por la misma razón que la Resurrección, de la cual es el anuncio y la figura.

Para darnos confianza en medio de una vida de angustias y oscuridad; para consolidar nuestra esperanza al medio de una vida de incertidumbre y tinieblas.

El Señor nos dio bastante luz para que no dudáramos en seguirlo, incluso en medio de la noche.

Como el apóstol San Pedro, preferiríamos, nuestra naturaleza preferiría, que la noche no vuelva, que la transfiguración se prolongue sin fin.

La naturaleza, abandonada a sí misma, no entiende las cosas de Dios.

Pero es bueno para nosotros que se esfume el resplandor de este sol; es mejor avanzar en la noche.

Aquí bajo es mejor para la fidelidad.

Si no dejamos de ir a su encuentro, aunque sea de noche, esta perseverancia dolorosa es la prueba de que buscamos de verdad al Señor.

Es porque nos ama, porque desea que lo encontremos a Él y nada más en su lugar, que quiere que lo busquemos en la noche… Aunque sea de noche…

En cuanto a esos cristianos, a quienes las comodidades, la paz, las adulaciones, la seguridad del día siguiente…; en cuanto a aquellos otros, a quienes el éxito de la vida impediría prestar atención al Rostro del Salvador, les pido detenerse un momento y reflexionar en presencia del misterio de gloria y el misterio de ignominia del Señor Jesús…

Les pido aceptar observar atentamente a Aquel en el cual siguen creyendo…

Si Él no quiso tomar el camino del éxito, de las comodidades, de la paz, de la seguridad del día siguiente y de la consideración del mundo, es que este camino no era el mejor.

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Si entendemos esto, entonces el Señor se revelará tal como es: Señor de la gloria y Hostia de la Cruz.

Entonces comenzará a estar presente en nuestra vida, para modificarla profundamente.

Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle…

P.CERIANI

SANTORAL 3 DE MARZO




SANTA CUNEGUNDA,
Emperatriz de Alemania, Viuda



Queridísimos, os conjuro a que os abstengáis
de los deseos de la carne, que combaten
contra el alma.
(1 Pedro, 2,11).


    Santa Cunegunda dio un espectáculo verdaderamente digno de los ángeles observando, en medio de las delicias de la corte, castidad perpetua con San Enrique su esposo. La calumnia se empeñó en hacer que su virtud se hiciese sospechosa ante los ojos de este príncipe; mas, Cunegunda, llena de confianza en Dios, probó su inocencia caminando descalza, sin quemarse, sobre rejas de arado calentadas al rojo. Después de la muerte de San Enrique, esta purísima paloma, se retiró a un monasterio como buscando asilo para su virginidad. Murió en el año 1039.

MEDITACIÓN SOBRE
LA CASTIDAD

   I. Es muy difícil vivir castamente en medio de las delicias del mundo; no te creas que conservarás sin esfuerzo ese precioso tesoro de tu pureza. Serás atacado día y noche, en todo tiempo, en todo lugar, a toda edad de tu vida; mas, esta virtud, que te hace semejante a los ángeles, bien merece que se realicen los mayores esfuerzos para conservarla. Reguemos este hermoso lirio de nuestros desvelos, con nuestras lágrimas y nuestra sangre, si fuese necesario, antes que dejarlo marchitar.

   II. Lo que es difícil para la fragilidad humana, se hace fácil con el auxilio del Cielo. Es verdad que nadie podría ser casto, si Dios no le diera esa gracia; pero Dios no deja de hacer esta merced a quienes se la piden y trabajan seriamente en su adquisición. Desconfía de ti mismo, humíllate, implora el auxilio del Cielo, y Dios te dará las gracias necesarias para someter la carne al espíritu. Evita sobre todo las faltas menores: todo es peligroso; el tesoro que llevas se encierra en vaso de arcilla: una nonada te lo puede hacer perder.

   III. Huye prontamente de las ocasiones en las que peligra la santa virtud. Apenas San Enrique hubo dado su último suspiro, dejó Cunegunda la corte para refugiarse en un monasterio. Huye si quieres vencer; no te confíes en las victorias pasadas: basta una mirada para perderte; no eres más sabio que Salomón, ni más santo que David, que fueron vencidos por el demonio de la impureza. En fin, si el fuego de las pasiones arde en tus huesos, date prisa a apagarlo con el recuerdo del fuego eterno. (San Pedro Damián).

La castidad
Orad por las vírgenes.

ORACIÓN


viernes, 2 de marzo de 2012

SANTORAL 2 DE MARZO




LOS MÁRTIRES 
DE LOS LOMBARDOS

   San Gregorio Magno nos ha conservado, en uno de sus Diálogos, el recuerdo de los mártires de los lombardos, contemporáneos suyos. Hacia mediados del siglo VI, los lombardos de Escandinavia y Pomerania, que habían invadido ya Austria y Baviera, bajaron hasta Italia, asolando las ciudades por donde pasaban. No contentos con la destrucción material, intentaron en muchos casos pervertir a la población con sus ritos paganos. En un sitio trataron de hacer que cuarenta labradores comieran la carne ofrecida a los ídolos; como éstos se negasen firmemente, los invasores les pasaron por la espada. Igualmente intentaron forzar a otros prisioneros a adorar a su deidad favorita, una cabeza de cabra ante la que aquellos paganos doblaban las rodillas y a la que llevaban en procesión, cantando himnos obscenos en su honor. Casi todos los cristianos. que eran unos cuatrocientos, prefirieron morir a renegar de Dios.

   Ver San Gregorio, Diálogos, libro III, cc. 26-27.

jueves, 1 de marzo de 2012

SANTORAL 1 DE MARZO



1 de marzo


SAN ALBINO,  
Obispo y Confesor

No tenéis que pensar que Yo haya venido
a traer la paz a la tierra; no he venido
a traer la paz, sino la guerra.
(Mateo, 10, 34).


    San Albino fue un generoso soldado de Jesucristo. Luchó contra el mundo, y para vencerlo abrazó la vida religiosa. Nombrado, posteriormente, obispo de Angers por inspiración del Cielo, usó de toda su influencia para combatir el vicio dondequiera lo encontraba. Tan venerado era en la corte del rey Chil deberto que, cuando a ella iba, el rey mismo salía . a su encuentro. Murió hacia el año 554.

MEDITACIÓN
LA VIDA ES UNA GUERRA

   I. Hemos de luchar en esta vida contra las potencias invisibles del infierno. Estemos alertas en todo tiempo y en todo lugar; pues los demonios vigilan siempre para atacarnos con ventaja, vigilemos también nosotros para defendernos victoriosamente. Sus armas son invisibles, nos atacan mediante malos pensamientos; defendámonos con las armas espirituales de la fe y de la confianza en Dios, e invoquemos a menudo el Santo Nombre de Jesús. El enemigo vigila sin cesar para perdernos, y nosotros no queremos salir de nuestro sueño para defendernos. (San Agustín).

   II. Hay también otros enemigos, visibles, que son más peligrosos que los demonios. Guárdate de ellos, para ti los hombres son crueles enemigos; atacan tu virtud con sus malos ejemplos y sus perniciosos consejos, con sus burlas amargas, con el atractivo de las voluptuosidades que exponen ante tu vista. Tus parientes, tus amigos, serán a menudo los enemigos que más trabajo te darán, y que opondrán más obstáculos a tu santificación; ármate de valor y rompe sus lazos.

   III. Tú mismo eres el más cruel de tus enemigos: tienes un cuerpo que está en inteligencia con el demonio para perder tu alma. Es preciso abatir este enemigo mediante las austeridades, las mortificaciones. Rehúsa a tus sentidos los placeres ilícitos que te pidan; tampoco les concedas todos los permitidos; así es como sujetarás tu carne a la razón, y tu razón a Dios. ¿Obras así? ¿Concedes a tu cuerpo todo lo que desea? Si estás en paz con tu cuerpo, haces guerra a Dios. La carne lucha sin cesar contra el espíritu; no cesemos pues de luchar contra la carne. (San Agustín).

La fortaleza 
Orad por la extirpación de las herejías

ORACIÓN

      Haced, Os suplicamos, Dios todopoderoso, que esta piadosa solemnidad de vuestro bienaventurado servidor Albino, confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación Por J. C. N. S. Amén.


miércoles, 29 de febrero de 2012

SANTORAL 29 DE FEBRERO


San Augusto Chapdelaine. , Francia - Xilinxian, China ( †1856 )


Mártir, Religioso, Sacerdote

En la ciudad de Xilinxian, en la provincia china de Guangxi, san Agusto Chapdelaine, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que, detenido por los soldados junto con muchos neófitos de esta región a los que había convertido, recibió trescientos azotes, fue encerrado en una reducido agujero y finalmente degollado.



San Dositeo. , - Gaza, Israel 
Monje, Militar


San Gregorio de Narek. , Armenia - Narek, Armenia (nació 944 †1005 )
Monje

En el monasterio de Nerek, en Armenia, san Gregorio, monje, doctor de los armenios, ilustre por su doctrina, sus escritos y su sabiduría mística.



San Román. , - Jura, Francia ( †463 )
Abad, Ermitaño


En el monte Jura, en la región lugdunense de la Galia, sepultura del abad san Román, que, siguiendo los ejemplos de los antiguos monjes, primero abrazó la vida eremética y después fue padre de numerosos monjes.

martes, 28 de febrero de 2012

SANTORAL 28 DE FEBRERO


  • Santos Román y Lupicino, Abades
  • San Hilario, Papa
  • Mártires de la Peste de Alejandría
  • San Proterio, Patriarca de Alejandría, Mártir
  • Beata Vilana de Florencia, Matrona
  • Beata Eduviges de Polonia, Matrona
  • Beata Antonia de Florencia, Viuda
  • Beata Luisa Albertoni, Viuda


28 de febrero



SAN ROMÁN Y
 SAN LUPICINO, Abades





Haced penitencia, porque está cerca el reino de los cielos , (San Mateo, 3,2).
San Román se había retirado, con su hermano Lupicino, al monte Jura, para hacer penitencia. Fue allí tan cruelmente tentado y atormentado por el demonio, que abandonó el yermo para volver al mundo; mientras lo hacía dio en el camino con una dama venerable que lo exhortó a la perseverancia. Volvió sobre sus pasos, y permaneció en esa soledad durante el resto de su vida, atrayendo a ella a muchos santos varones. Murió hacia el año 460. Sobrevivióle su hermano unos 20 años.

MEDITACIÓN
SOBRE LA PENITENCIA

I. Haz penitencia; ¿acaso no eres un pecador? y ¿qué más necesario para un pecador que la penitencia? ¿Por qué diferirla de hoy a mañana? El reino de los cielos está cerca; acaso mueras pronto, y si no pagaste tus deudas, ¿qué harás? ¿Qué mortificaciones hiciste? Te quieres convencer de que se ha de dejar la penitencia para los que se metieron en un convento; y yo te digo que las personas de mundo la necesitan más que los religiosos, porque más caen en pecado.

II. Pero, ¿cómo hacer Penitencia? Has abandonado a Dios para amar a las creaturas; desásete de las creaturas para amar sólo a Dios. Castiga tu cuerpo con austeridades, pues ofendió a Dios con el pecado. No te engañes en esto, la penitencia debe afligirte; debe arrancarte, si es posible, suspiros del corazón y lágrimas de tus ojos, por no decir sangre, de tus venas.

III. Persevera en este áspero ejercicio hasta el fin de tu vida. Estuvo San Román a punto de perder el fruto de sus trabajos por no haber tenido coraje para atacar desde un principio, y vencer, las dificultades que encontraba en la penitencia. ¡Cuán agradables te resultarán esos esfuerzos y sufrimientos si de tiempo en tiempo consideras las espantosas austeridades de tantos insignes ermitaños, si piensas en lo que Jesucristo sufrió por ti! Busquemos hasta el fin de nuestra vida aquello que nos procurará felicidad sin fin. (San Euquerio).

La esperanza 
Orad por los peregrinos.

ORACIÓN

Haced, Señor, que la intercesión de los santos Román y Lupicino, abades, nos haga agradables a Vuestra Majestad, y que obtengamos por sus oraciones las gracias que no podemos esperar de nuestros méritos. Por J. C. N. S. Amén.

lunes, 27 de febrero de 2012

SANTORAL 27 DE FEBRERO


27 de febrero


SAN LEANDRO,
Obispo y Confesor


n. hacia el año 534 en Cartagena, España;
† hacia el año 596 en Sevilla, España



Amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón,
y con toda tu alma, y con toda tu mente.
(Mateo 22, 37)

De ordinario se representa a San Leandro teniendo en la mano un corazón envuelto en llamas, símbolo de su amor por Dios. Nombrado obispo de Sevilla, comunicó a su rebaño los ardores celestiales que consumían su alma e ilustró a los arrianos con sus sabios escritos. Sus elocuentes predicaciones convirtieron a la fe a Recaredo, que fue el primer rey católico de España. Murió en el año 596.

MEDITACIÓN
SOBRE EL AMOR DE DIOS

I. Debes amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente; es decir, tus pensamientos, tus palabras, tus acciones deben ser para Él; has de pensar sólo en Él, vivir sólo por Él, desearlo sólo a Él. Si lo posees, posees todo; si lo pierdes, pierdes todo. ¿Qué has amado hasta este momento? No lo podrías pensar sin avergonzarte. ¡Oh Jesús! hazte conocer de los hombres y te amarán. Porque te conozco poco es que te amo poco (San Agustín).

II. Ama a Dios más que a todas las cosas del mundo, pues Él excede infinitamente a todo lo que existe en el universo. Entra un poco en ti mismo; ¿tienes más amor por Dios que el que tienes por tus parientes, tus amigos, tus placeres, tus riquezas, tu felicidad? ¿Estás presto a perder todos esos bienes y la vida misma antes que perder su amistad? Si no te hallas en esta disposición, no amas a Dios; y aunque digas cien veces al día que lo amas de todo tu corazón, tus acciones desmentirían tus palabras. Ama al que es para ti todo lo que existe de amable y de deseable (San Bernardo).

III. ¿Quieres saber si amas a Dios? Mira si observas sus mandamientos. Jesucristo mismo nos dice: Aquél que conoce mis mandamientos y los observa, ése me ama. Quien obre de otro modo, injustamente se lisonjea de amar a Dios; ¡Jesucristo promete y da tan grandes recompensas a los que lo aman y obedecen, y uno ni siquiera se inquieta por ello!

El amor de Dios.
Orad por la paz entre las naciones cristianas.

ORACIÓN

Oh Dios todopoderoso, haced que esta augusta solemnidad del bienaventurado Leandro, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S.