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sábado, 11 de febrero de 2012

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: "Yo soy la Inmaculada Concepción".


Nuestra Señora de Lourdes


La Historia - Lourdes, Francia




El 11 de febrero de 1858, Bernadette, una niña de catorce años, recogía leña en Massbielle, en las afueras de Lourdes, cuando acercándose a una gruta, una de viento la sorprendió y vio una nube dorada y a una Señora vestida de blanco, con sus pies descalzos cubiertos por dos rosas doradas, que parecían apoyarse sobre las ramas de un rosal, en su cintura tenia una ancha cinta azul, sus manos juntas estaban en posición de oración y llevaba un rosario.

Bernadette al principio se asusto, pero luego comenzó a rezar el rosario que siempre llevaba consigo, al mismo tiempo que la niña, la Señora pasaba las cuentas del suyo entre sus dedos, al finalizar, la Virgen María retrocedió hacia la Gruta y desapareció. Estas apariciones se repitieron 18 veces, hasta el día 16 de julio.

El 18 de febrero en la tercera aparición la Virgen le dijo a Bernadette: "Ven aquí durante quince días seguidos". La niña le prometió hacerlo y la Señora le expresó "Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino en el otro".

La noticia de las apariciones se corrió por toda la comarca, y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, otros se burlaban.

Santa BernardetEn la novena aparición, el 25 de febrero, la Señora mando a Santa Bernadette a beber y lavarse los pies en el agua de una fuente, señalándole el fondo de la gruta. La niña no la encontró, pero obedeció la solicitud de la Virgen, y escarbó en el suelo, produciéndose el primer brote del milagroso manantial de Lourdes.

En las apariciones, la Señora exhortó a la niña a rogar por los pecadores, manifestó el deseo de que en el lugar sea erigida una capilla y mando a Bernadette a besar la tierra, como acto de penitencia para ella y para otros, el pueblo presente en el lugar también la imito y hasta el día de hoy, esta práctica continúa.

El 25 de marzo, a pedido del párroco del lugar, la niña pregunta a la Señora ¿Quien eres?, y ella le responde: "Yo soy la Inmaculada Concepción".

Luego Bernadette fue a contarle al sacerdote, y él quedo asombrado, pues era casi imposible que una jovencita analfabeta pudiese saber sobre el dogma de la Inmaculada Concepción, declarado por el Papa Pío IX en 1854.

En la aparición del día 5 de abril, la niña permanece en éxtasis, sin quemarse por la vela que se consume entre sus manos.

El 16 de julio de 1858, la Virgen María aparece por última vez y se despide de Bernadette.

En el lugar se comenzó a construirse un Santuario, el Papa Pío IX le dio el titulo de Basílica en 1874. Las apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de Enero 1862.

Lourdes es uno de los lugares de mayor peregrinaje en el mundo, millones de personas acuden cada año y muchísimos enfermos han sido sanados en sus aguas milagrosas. La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes se celebra el día de su primera aparición, el 11 de febrero.

El mensaje de la Virgen

El Mensaje que la Santísima Virgen dio en Lourdes, Francia, en 1858, puede resumirse en los siguientes puntos:

1-Es un agradecimiento del cielo por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que se había declarado cuatro años antes (1854), al mismo tiempo que así se presenta Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que está necesitado de esta virtud.

2-Es una exaltación a la virtudes de la pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger a Bernardita como instrumento de su mensaje.

3-Un mensaje importantísimo en Lourdes es el de la Cruz. La Santísima Virgen le repite que lo importante es ser feliz en la otra vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz.

4-Importancia de la oración, del rosario, de la penitencia y humildad (besando el suelo como señal de ello); también, un mensaje de misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los enfermos

Santa Bernardette

Santa Bernadette Soubirous: nació el 7 de enero, de 1844, en el pueblo de Lourdes, Francia. Su nombre era Marie Bernard, pero la llamaban Bernadette. Su salud era precaria, desde niña fue asmática, tiempo después de las apariciones, fue admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. En julio de 1866 comenzó su noviciado y el 22 de septiembre de 1878 pronunció sus votos, falleció unos meses después, el día 16 de Abril de 1879.

La vida de Bernadette, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades y humillaciones, soporto muchos dolores, tenia tuberculosis, un tumor en la rodilla, problemas en los oídos.


En los primeros años con las monjas, la Santa jovencita sufrió mucho, no solo por su mala salud, sino también a causa que la Madre superiora del lugar que no creía en sus enfermedades, inclusive decía que cojeaba de su pierna para llamar la atención.
Como religiosa se dedicó a ser asistente de enfermería y más tarde cuando ya estuvo muy mal de salud, fue sacristán. Antes de morir dijo: "Ruega Señora por esta pobre pecadora".

Santa Bernardita Incorrupta30 años más tarde, su cadáver fue exhumado, y hallado en perfecto estado de conservación, unos años después, poco antes de su Beatificación, efectuada el 12 de Junio de 1925, se realizó un segundo reconocimiento del cuerpo, el cual seguía intacto.

Bernadette fue Canonizada el 8 de Diciembre de 1933. Su cuerpo incorrupto todavía puede verse en el Convento de Nevers, dentro de un féretro de cristal. La festividad de la Santa se celebra el 16 de Abril.

La Piedad de Bernardette vence las pruebas


Sta BernardetteDos virtudes resaltaban en Bernardette: la piedad y la modestia. Para ser piadoso no es necesario ser sabio. Aún cuando se hizo religiosa, ella misma decía que no sabía como orar y sin embargo pasaba largas horas en oración. Y su oración no era mecánica, sino que le hablaba a Dios y a la Virgen como se habla con una persona cara a cara. Era pues una oración del corazón, intensa, honesta y eficaz.


Amaba la oración. Ella sabía muy bien como rezar el Santo Rosario el cual siempre llevaba en su bolsillo. Lo tenía en sus manos cuando se le apareció la Virgen. Su primer gesto en momentos de cualquier prueba o dificultad era siempre tomar su rosario y empezar a recitarlo.

La pequeña escogida por la Virgen tendría mucho que sufrir hasta el día de su muerte, tanto sufrimientos morales como físicos; pero nunca debemos olvidar que Dios guía a esta pequeña niña y que ella era responde con humildad, abandono, fe y coraje. Bernardette poseía además virtudes que serían criticadas durante toda su vida como "defectos". Por este error de la gente se puso en duda también la autenticidad de las apariciones.

Esta niña de solo 14 años (cumplidos en Enero 7 1858), tuvo que ser sabia, firme, extraordinariamente valiente y saber discernir, para poder enfrentarse con las personas que trataban de disuadirla, entre ellas sacerdotes, obispos, jefes de la policía, procuradores, etc.

Para tener una idea de la fortaleza interior y la capacidad de su juicio, podemos ver algunas de las frases que dijo durante los interrogatorios a los que tuvo que someterse. Después de que el Procurador Imperial, el señor Dutor, hizo quedarse de pie por mucho tiempo a Bernardette y a su mamá, al fin les dijo condescendientemente:

-"Ahí hay sillas. Pueden sentarse"

Bernardette respondió: "No. Pudiéramos ensuciárselas"

En otra ocasión, cuando le preguntaron sobre el idioma en que le habló la Virgen, Bernardette dijo:
-"Ella me habló en dialecto"

-"La Virgen María no pudo haber hablado en dialecto", le respondieron, "Dios y la Virgen no hablan dialecto".

A lo que ella respondió: "¿Cómo podemos saber nosotros dialecto si ellos no lo hablan?"

-"Oh, ¿por qué piensa que me habló en Francés? ¿puedo yo hablar en Francés?"

En la doceava aparición Bernardette le acercó un rosario a la Virgen. Un sacerdote le preguntó después de la aparición: ¿Así que ahora también bendices rosarios?
Bernardette se rió y dijo: "Yo no uso una estola, ¿o sí?."

Otro le preguntó: "Así que Bernardette, ahora que la Virgen te ha prometido que irás al cielo, no necesitas preocuparte del cuidado de tu alma".

Bernardette: "Pero Padre, yo solo iré al cielo si me porto correctamente"

Sus interrogatorios serían de largas horas, algunas veces días enteros; y sus interrogadores trataban de engañarla para que contradijera sus declaraciones. Pero ella se mantenía alerta, en guardia, sabiendo que ellos no querían la verdad, sino probar que lo había inventado todo.

Bernardette tuvo que enfrentarse frecuentemente con el párroco de Lourdes, Abbé Peyramale, quién tenía fama por su mal genio. Sin embargo todas las veces que nuestra santa fue a verlo, a pesar del temor que sentía, nunca se echó atrás, sino que siempre vencía su natural miedo. Su voluntad de cumplir con lo que la Virgen le había encargado podía mucho más que el mal genio del sacerdote.

Y así vemos como Bernardette cumple los deseos de la Virgen a pesar de grandes obstáculos y de sus propias flaquezas. Al final, en el último día de las apariciones, el 25 de marzo de 1858, la Virgen revela su identidad dándole a Bernardette la prueba que tanto pedía su párroco para creerle.

Las palabras de la Virgen, "Yo Soy la Inmaculada Concepción" , fueron las que derrumbaron de una vez por todas el muro de la incredulidad en el corazón de párroco, quién se convirtió desde ese momento en su más grande defensor y apoyo, usando su mismo temperamento contra los que atacaban a la niña.

A diferencia de otras apariciones, como La Salette, Pointman, Fátima, Knock, Beuraing, exceptuando la Medalla Milagrosa; Bernardette era la única vidente. No tenía otros que corroborasen el testimonio y le sirviesen de apoyo. Su única fuente de fortaleza era la misma Virgen Santísima. Pero esta era suficiente para ella.

Llegaría un tiempo donde sus cualidades, su fuerza interior, su rapidez al contestar, todas usadas para defender las Apariciones de la Virgen, se usarían en su contra. Aquellos que la apoyaban sabían entender sus grandes virtudes, pero para los que la criticaban eran sus grandes defectos. A su fortaleza interna le llamaban terquedad; a su rapidez en responder le llamaban insolencia. Una vez en el Convento de San Gildard, en Nevers, cuando fue acusada de tener amor propio, ella dibujó un círculo y puso la marca del dedo en el centro del mismo y dijo: "Que el que no tenga amor propio ponga su dedo aquí" (indicando la marca del centro).

Las apariciones fueron para Bernardette un regalo inmerecido, un regalo que que en si mismo no la hizo santa. Era un regalo para el mundo, pero que al mismo tiempo por su admirable correspondía a la gracia, la llevaría a la santidad.

Hemos de tener claro que Santa Bernardita no fue canonizada por haber visto a la Virgen Santísima, sino por haber subido por la escalera de la santidad a través de enormes pruebas y cruces. Para ser santo no es necesario haber tenido grandes experiencias místicas. Es suficiente tener estas dos cosas: humildad y amor. Es en la asidua oración y en la vida de virtud que el amor se expresa a sí mismo.

Después de las apariciones

LourdesLa humilde jovencita escogida para tan gran misión, permaneció después de las apariciones como era antes, es decir la Virgen se encargo de conservarla sencilla, humilde y modesta. No le gustaban el bullicio ni la popularidad.

Pasaba como una mas, excepto por sus virtudes, por su inocencia, su candor y rectitud en su obrar. Hizo su primera comunión el mismo ano 1858, el 3 de junio, día de Corpus Christi. Nada espectacular sucedió excepto que ella había piadosamente recibido a Jesús.

Dios seguía visitándola, no con brillantes apariciones, sino por la prueba amarga de los sufrimientos: de la incomprensión, burla, casi siempre estaba enferma, soportaba dolores de toda clase, recogida y resignada con paciencia. Sufría de asma crónica, tuberculosis, vómitos de sangre, aneurisma, gastralgia, tumor de una rodilla, caries en los huesos, abscesos en los oídos que le ocasionaron sordera, que esta se le quito hasta un poco antes de su muerte.

La Virgen le dijo a Bernardette: 
"No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el próximo". 
Y estas palabras de la Virgen se cumplieron plenamente en nuestra santa. Mucho tuvo que sufrir durante su vida hasta su muerte a los 35 años. La salud de Bernardette era muy delicada, muchas veces tenía que estar en cama con fiebre; tenía días bien críticos con ataques de asma que muchas veces eran bien dolorosos.

Muchos encontraban cura en la fuente de Lourdes, pero no Bernardette. Un día le preguntaron: "¿No tomas del agua de la fuente?. Estas aguas han curado a otros, ¿por qué no a ti?. Esta pregunta insidiosa pudo haberse convertido en una tentación para Bernardette en no creer en la aparición, pero ella no se turbó. Le respondió:

"La Virgen Santísima quizás desea que yo sufra. Lo necesito"

¿Porqué tu más que otros?
-"El buen Dios solo lo sabe".

¿Regresas algunas veces a la gruta?
- "Cuando el Párroco me lo permite".

¿Porqué no te lo permite todo el tiempo?
-"Porque todos me seguirían".

Antes habías ido aún cuando se te había prohibido.
- "eso fue porque fui presionada."

La Virgen Santísima te dijo que serías feliz en el otro mundo, así que estas segura de ir al cielo.
- "Oh no, eso será solo si obro bien".

¿Y no te dijo Ella que hacer para ir al cielo?
-"Nosotros lo sabemos muy bien; no es necesario que yo lo diga".

Últimos años en Lourdes

Bernardette no podía recibir en su casa el cuidado que ella necesitaba para su frágil salud y el gran número de visitantes curiosos le causaban fatiga. Viendo esta necesidad, Abbé Peyramale pidió a la Superiora del Hospicio de Lourdes que acogiera a la niña. Le dijo:

"Es con ustedes que la niña debe estar. Ustedes pueden darle el cuidado que ella necesita en todos los aspectos".

En el año 1860, las Hermanas de la Caridad de Nevers, que servían el hospital y la escuela, le ofrecieron un asilo titular. Desde aquel día permaneció bajo su techo, con su salud delicada, pero con su consigna de siempre: no llamar la atención de nadie. Aún cuando sus padres ya se habían mudado de la cárcel y vivían en un molino, le dieron permiso sin dificultades de permanecer con las hermanas. Su madre lloró por su partida pero sabía que era por el bienestar de la niña.

En el hospicio Bernardette fue asignada bajo el cuidado de la Hermana Elizabeth, quien le debía enseñar a leer y escribir mejor. Bernardette tenía 16 años, era julio de 1860. La superiora le dijo a la Hna. Elizabeth: "se dice que ella no es muy inteligente, mira a ver si es posible hacer algo con ella".

La Hna. Elizabeth al entrar en contacto con Bernardette diría: "Encuentro en ella una inteligencia muy viva, un candor perfecto y un corazón exquisito". Ella diría a la madre superiora: "Mi querida Madre, la han engañado. Bernardette es muy inteligente y asimila muy bien la doctrina que se le da."

Sin ser brillante, Bernardette adquirió gran cantidad de conocimiento elemental. En su tiempo en el hospicio, permaneció siendo una niña de su edad. Era recta, sincera, piadosa pero traviesa, muy vivaz, a quien le encantaba reír, jugar y bromear. Muchas veces la ponían a cuidar niños más pequeños, como era la costumbre en las escuelas elementales y Bernardette se mostraba tan joven y juguetona como la más pequeña niña.

Uno de los niños diría mas tarde:

"Bernardette era tan simple. Cuando le pedían que nos cuidara, lo hacía de una manera tal, que parecía otra niña jugando con nosotros, que no nos hacía pensar tanto en su aventura milagrosa. Criados con este pensamiento de que nuestra compañera había visto a la Virgen, lo considerábamos tan natural como un niño de hoy día que ha visto al presidente de la república".

Bernardette era completamente natural en su comportamiento diario, sin embargo era muy seria tocante a su vida cristiana.

Al crecer, Bernardette tuvo como toda joven, sus momentos de vanidad, queriendo estar arreglada y lucir bien. Pero todas estas vanidades pasaron por ella rápidamente y sin dejar ningún rastro en su corazón.

Decía la Hna. Victorina: "La fiebre pasó rápidamente y no dañó su profunda piedad".

La comunidad contaba con las oraciones de Bernardette. Un día una religiosa, la Madre Alejandrina, sufrió una torcedura y el médico le mandó a tener reposo. Pero ella era muy activa y le pidió a Bernardette que le pidiera a la Virgen que la curara. Bernardette inmediatamente fue a rezar ante la estatua de la Virgen en la capilla. Oró con todo su corazón. ¿Qué pasó?... no sabemos nada más que al otro día el doctor encontró a la Madre Alejandrina ocupada en su trabajo, como si nada hubiese pasado.

La vocación religiosa

La Virgen Santísima le dio una gracia especial al llamarla a la vida religiosa. Parece que nunca Bernardette consideró en serio el matrimonio. A los 19 o 20 años, en 1863, la vocación de ser religiosa se le presentó claramente. Había considerado vagamente ser carmelita, pero no fue difícil hacerle comprender que su salud era muy delicada para enfrentar los rigores del Carmelo.

Fue el Obispo Forcade de Nevers, que tenía en su diócesis la Casa Madre de las Hermanas de la Caridad del hospicio y la escuela de Lourdes, quien contribuyó definitivamente en su orientación. El le preguntó cuáles eran sus intenciones para el futuro y ella le respondió: "Señor Obispo, todo lo que pido es quedarme en esta casa como una sierva"

Pero hija mía, ¿no has pensado en llegar a ser una religiosa como las hermanas a las que tan apegada estás?. 
- "Oh, Señor Obispo, nunca he creído que esto pudiese ser para una ignorante y pobre niña como yo. Usted sabe bien que soy pobre y no tendría la dote necesaria".

No es la pobreza lo que debe detenerte. Se puede hacer una excepción a la regla y recibir a una joven sin dote, si ella tiene signos claros de vocación".
- "Señor Obispo, sus palabras me han tocado profundamente, le prometo que pensaré en ellas" .

Bernardette comprendía que una decisión como esta no se hace sin consideración y reflexión. El Obispo estaba muy complacido con su prudencia y le recomendó que se tomara su tiempo e hiciera su decisión con completa libertad y sin apresuramiento.

En Agosto de 1864, Bernardette dijo a la Madre Superiora del Hospicio:

"Madre mía, he orado mucho para saber si estoy llamada a la vida religiosa. Creo que la respuesta es "sí". Yo quisiera entrar en su congregación si soy aceptada. Permítame pedirle que le escriba al Obispo".

En respuesta la superiora abrazó a Bernardette y sus lágrimas de gozo fueron su afectuosa respuesta.

Habiendo hecho su elección, más ataques de enfermedad y la necesidad de tratar varios remedios retardaron la puesta en práctica de su promesa.

En 1866 escribió: 
"Estoy mas presionada que nunca a dejar el mundo. Ahora he decidido definitivamente y espero dejarlo pronto".

Por fin llegó el gran día a comienzos de Julio de 1866, tenía 22 años de edad. Por última vez fue a la amada gruta donde su despedida fue de todo corazón. "¿Ven la gruta?, era mi cielo en la tierra". Al día siguiente se despidió de su familia y en Julio 4 1866, Bernardette dejó su pueblo natal para nunca más volver.

Antes de partir improvisa una oración tomando como pauta el Magnificat: acción de gracias por la pobreza de su esclava. Se dirige directamente a María: 
"Si, Madre querida, tu te has abajado hasta la tierra para aparecerte a una débil niña..Tu, reina del cielo y la tierra, has querido servirte de lo que había de mas humilde según el mundo".

La religiosa, la Santa

Se va para comenzar su noviciado. Llegaron al convento de las Hermanas de la Caridad de Nevers, el 7 de julio de 1866 en la noche. El domingo Bernardette tuvo un ataque de nostalgia que le llevó a estar llorando todo el día.  La animaban diciéndole que este era un buen signo ya que su vida religiosa debía empezar con sacrificio. En los anales de la Casa Madre se lee:

"Bernardette es en realidad todo lo que de ella hemos oído, humilde en su triunfo sobrenatural; simple y modesta a pesar de que todo se le ha unido para elevarla. Ella ríe y es dulcemente feliz aunque la enfermedad se la está comiendo. Este es el sello de la santidad, sufrimiento unido a gozo celestial."


Hermana María Bernarda

Ni la superiora, la hermana Josefina Imbert, ni la maestra de novicias Madre María Teresa Vausou, entendían el tesoro que se les había confiado. Sí, admitían que la Virgen se le apareció, pero la veían tan "ordinaria", que tenían dificultad en ver santidad en ella. Su idea de santidad aparentemente era diferente a la de la Iglesia.
En el proceso diocesano de Beatificación, el Reverendo P. Peach, profesor de teología dogmática en el seminario de Moulins, les dijo a sus estudiantes:

"El testimonio llegó a esto, que Bernardette era muy ordinaria. Pero cuando se les preguntó si ella era fiel a las reglas, si tenía que ser corregida por desobediencia o en referencia a la pobreza y castidad, todas se apresuraron a decir: "Oh no, nada de eso".

¿Por qué sus superioras la juzgaban tan mal?; solo se puede encontrar respuesta en que era parte de la Providencia Divina para la santificación de Bernardette. De manera particular la Maestra de Novicias, Madre María Teresa Vauzou, quién fue la causante de muchos sufrimientos espirituales de Bernardette durante los 13 años que vivió en el convento. La Madre María, quien era estimada por su ojo agudo y su penetración psicológica, nunca fue capaz de leer en esta alma límpida su íntima unión con Dios, ni tampoco su total abandono a los deseos de su divina voluntad, la cual formaba su vida interior.

Bernardette, sin haber estudiado sobre la formas de oración, pasaba horas en ella, recitando su rosario con gran fervor. Vivía en unión perpetua con la Virgen Santísima y a través de Ella con Jesucristo.

"Bernardette estaba totalmente perdida en Dios".
Al recibir el hábito de postulante, recibió su nombre de religiosa el cual sería su mismo nombre bautismal, Sor María Bernarda.

Profesión anticipada

Tres semanas después de haber recibido el hábito, Bernardette enfermó de gravedad con un nuevo ataque de tuberculosis y tuvo que ser puesta en la enfermería.

Esta crisis de sofocación asmática y de tos fue tan seria que el médico pensaba que su muerte era inminente.

La Madre Superiora llamó al Obispo y este le administró el Sacramento de Extrema Unción, pero ella no pudo recibir el Viático porque constantemente estaba vomitando sangre. Pensando que Bernardette estaba a punto de morir, la Madre Superiora quiso darle el consuelo de pronunciar sus votos. Habló con el Obispo, y la comunidad dio su aprobación unánime.

Sabiendo lo que iban a hacer, Bernardette respondió con una sonrisa de agradecimiento. Fue el Obispo Forcade quien presidió la ceremonia. Bernardette dio su consentimiento por medio de signos ya que no podía hablar. Entonces le fue dado el velo de profesa. Se pensaba que estaba a punto de morir, pero Bernardette siempre ponía su salud en las manos de la Virgen.

La nueva religiosa se durmió y se despertó a la mañana siguiente en un estado de felicidad que ella declaró a su Superiora:  

"Mi Reverenda Madre, usted me hizo hacer la profesión religiosa porque pensaba que iba a morir. Bueno, mire no voy a morir" .

La Madre Superiora entonces le respondió: "Tonta, tú sabías que no ibas a morir y no nos lo dijiste. En este caso, si no has muerto para mañana en la mañana, te quitaré el velo".

Y la hermana María Bernarda, con admirable sumisión heroica, le respondió simplemente:

"Como usted desee, reverenda Madre". 

Y a pesar del dolor que esto le causaba, supo aceptar este cáliz que el Señor le enviaba.

Su madre murió en Diciembre 8, 1866, tenía 45 años y esta fue una de las tristezas más grandes que experimentó. En medio de su dolor dijo al Señor:

"¡Mi Dios, tú lo has querido! Yo acepto el cáliz que me das. Que tu Nombre sea bendito".

Durante su noviciado, Bernardette fue tratada más severamente y quizás más cruelmente que las otras novicias. Sus compañeras decían: "No es bueno ser Bernardette". Pero ella lo aceptaba todo y veía en ello la mano de Dios.
Bernardette profesó el 30 de octubre de 1867 con el nombre de Sor María Bernarda. Tenía 23 años. Sin embargo, la felicidad de ese momento fue teñida por una ruda humillación.

Cuando llegó el momento de distribuir a las nuevas profesas los trabajos, la Madre Superiora respondió a la pregunta del Obispo: "¿Y la hermana Marie Bernard?, "Oh, Señor Obispo, no sabemos que hacer. Ella no es buena para nada". Y prosiguió: "Si desea, Señor Obispo, podemos tratar de usarla ayudando en la enfermería". A lo cual el Obispo consintió. La hermana Marie Bernard recibió el dolor de esta humillación en su corazón, pero no protestó, ni lloró, simplemente aceptó el cáliz.

Otro cáliz que pronto tomaría fue la muerte de su padre en 1871, 6 años después que su mamá. Supo de la muerte de su papá, a quien no había visto mas desde que dejó Lourdes, pero sabía que había muerto en la fe.

Una hermana la encontró llorando a los pies de la estatua de la Virgen y cuando la hermana la iba a consolar ella le dijo:

"Mi hermana, siempre ten una gran devoción a la agonía de nuestro Salvador. El sábado en la tarde le oré a Jesús en agonía por todos aquellos que morirían en ese momento, y fue precisamente en el mismo momento en que mi padre entró a la eternidad. Que consuelo para mí el quizás haberle ayudado".

Muchas tribulaciones tuvo que pasar; humillaciones, grandes y pequeñas se apilaban sobre ella y ella decía:

"Cuando la emoción es demasiado fuerte, recuerdo las palabras de nuestro Señor, "Soy Yo, no tengan miedo". El rechazo y humillaciones de mis Superioras y compañeras inmediatamente agradezco a nuestro Señor por esta gran gracia. Es el amor de este Buen Maestro el que hará desaparecer el árbol del orgullo en sus malas raíces. Mientras más pequeña me hago, más crezco en el Corazón de Jesús."

A Bernardette se le concedió un gran regalo al comienzo de 1874. Había sido asistente de enfermería, un trabajo que amaba mucho, pero sus fuerzas se diminuían.

Después de un ataque de bronquitis en el otoño de 1873, por el cual tuvo que ir al hospital, se determinó que estaba muy débil para seguir ayudando en la enfermería y se le dio el trabajo de menos esfuerzo físico en el Convento, el cual era al mismo tiempo el más importante, y el cual ella amó mucho más que el de ayudante de enfermería; la nombraron asistente de sacristán.

Su nueva posición le daba la oportunidad de pasar mucho tiempo en la capilla, cerca del Santísimo Sacramento. Estaba casi sin supervisión, lo que le permitía hablarle al Señor en el Tabernáculo, sin que nadie pensara que ella era extraña.

Manejaba todos los artículos sagrados con gran reverencia. El corporal, los purificadores y las albas los trataba consciente que Jesús Encarnado los había tocado durante el Sacrificio de la Eucaristía. Por eso no permitía que nadie le ayudase en este ministerio.

Pero este regalo no duró por mucho tiempo ya que su salud constantemente empeoraba. A partir de 1877 no es más que una inválida. Se le provee cuidado lo más posible y ella obedece todas las prescripciones.

Pronunció sus votos perpetuos el 22 de septiembre de 1878, en un tiempo en que se sentía mejor. Pero no duró mucho. Al siguiente 11 de diciembre, retornó a la enfermería, para nunca más salir. Sus últimos meses fueron muy difíciles, haciéndole pasar por la noche oscura del alma. Perdió confianza, la paz del corazón y la certeza del cielo. Fue tentada al desánimo y desesperación. Pensaba que era indigna de la salvación. Este fue su cáliz más amargo y su sufrimiento mayor.

También sufría mucho físicamente. La cama le causó tener la espalda repleta de llagas. Su pierna tuberculosa se le reventó. Desarrolló abscesos en los oídos, los que la hicieron prácticamente sorda por un tiempo. Si no hubieran sido tan evidentes sus síntomas, nadie se hubiese sospechado que estaba enferma. Su actitud tan serena y gozosa no manifestaba el profundo sufrimiento que padecía. No perdió su fortaleza y su aceptación.

A una hermana le dijo que iba a orar para que el Señor le mandara consolación, ella le respondió: "No, no, no consolación, solo fortaleza y paciencia" .

Bernardette padeció su pasión durante la Semana Santa de 1879. El día 16 de Abril de 1879 rogó a las religiosas que la asistían que rezaran el rosario, siguiéndolo ella con gran fervor. Al acabar un Ave María, sonrió como si se encontrara de nuevo con la Virgen de la Gruta y murió. Eran las 3:15 PM.

Sus últimas palabras fueron la conclusión del Ave María: "Santa María, Madre de Dios, ruega por mí pobre pecadora....pecadora...".

Su cuerpo fue puesto en la pequeña Capilla Gótica, situada en el centro del jardín del Convento y la que estaba dedicada a San José. Fue en esta Capilla en la que, después de 30 años, en Septiembre 22, 1909, reconocieron el cuerpo, en vista al proceso de Beatificación diocesano. El cuerpo fue hallado en perfecto estado de preservación. Su piel dura, pero intacta, mantuvo su color. Hubo un segundo reconocimiento en Abril 18, 1925, poco antes de su Beatificación el 12 de Junio de 1925.

Bernardette fue Canonizada el 8 de Diciembre de 1933. Y celebramos su fiesta el día en que partió a la casa del Padre, el 16 de abril.

Lourdes se ha convertido en el santuario Mariano mas visitado de Europa y el segundo en el mundo, después del Santuario de la Virgen de Guadalupe en México. Infinidad de enfermos han sido sanados en las aguas milagrosas de Lourdes, pero el mayor milagro siguen siendo las muchísimas conversiones del corazón.

Santa Bernardette todavía se puede observar incorrupta en su capilla en Nevers, dentro de un féretro de cristal donde parece estar dormida. Su dulzura y paz aun toca los corazones.




¡Santa Bernardette, ruega por nosotros!



DOMINGO DE SEXAGÉSIMA


DOMINGO DE SEXAGÉSIMA


Visto en : Radio Cristiandad

Y como hubiese concurrido un crecido número de pueblo, y acudiesen solícitos a Él de las ciudades, les dijo por semejanza: Salió el que siembra, a sembrar su simiente. Y al sembrarla, una parte cayó junto al camino y fue hollada, y la comieron las aves del cielo. Y otra cayó sobre piedra: y cuando fue nacida, se secó, porque no tenía humedad. Y otra cayó entre espinas, y las espinas que nacieron con ella la ahogaron. Y otra cayó en buena tierra: y nació, y dio fruto a ciento por uno.

Dicho esto, comenzó a decir en alta voz: Quien tiene oídos para oír, oiga.

Sus discípulos le preguntaban qué parábola era ésta. Él les dijo: A vosotros es dado el saber el misterio del reino de Dios, mas a los otros por parábolas; para que viendo no vean y oyendo no entiendan. Es, pues, esta parábola: La simiente es la palabra de Dios. Y los que están junto al camino, son aquéllos que la oyen; mas luego viene el diablo, y quita la palabra del corazón de ellos, porque no se salven creyendo. Mas los que sobre la piedra, son los que reciben con gozo la palabra, cuando la oyeron; y éstos no tienen raíces; porque a tiempo creen, y en el tiempo de la tentación vuelven atrás. Y la que cayó entre espinas, estos son los que la oyeron, pero después en lo sucesivo quedan ahogados de los afanes, y de las riquezas, y deleites de esta vida, y no llevan fruto. Mas la que cayó en buena tierra; estos son, los que oyendo la palabra con corazón bueno y muy sano, la retienen, y llevan fruto con paciencia.

Sexagésima: la semana de los sesenta días antes de Pascua.

Hemos dado ya un paso más en el nuevo Ciclo Litúrgico. El Domingo pasado nos invitaba la Iglesia a trabajar en la Viña del Señor, hoy, con la Parábola del Sembrador, define cuál es nuestro trabajo.

El Señor siembra en nuestras almas la semilla del Reino de Dios. La semilla es el germen, y pide desarrollo.

Nosotros somos el suelo donde debe desarrollarse. De las condiciones del suelo depende en gran parte la vida de la planta.

De nosotros, pues, depende que la semilla de la Palabra divina y de la gracia, tome cuerpo en el alma.

Esa es nuestra labor: preparar y abonar el suelo.

&&&

El sembrador salió a sembrar… ¿Y qué resultó de la siembra? Se perdieron tres partes, y una sola se salvó, y esto no con igualdad, sino con cierta diferencia.

La Parábola enseña que hay dos grados entre aquellos que reciben la divina semilla.

El primero se compone de aquellos que se hicieron dignos de la vocación del Cielo, pero que pierden la gracia por negligencia y tibieza.

El segundo se compone de aquellos que multiplican la semilla por medio de buenos frutos.

Además San Mateo establece tres diferencias en cada uno de estos grados. Porque aquellos que matratan la semilla no tienen igual modo de perderla y los que fructifican con ella, no reciben la misma abundancia.

Enseña San Juan Crisóstomo que no se pierde la mayor parte de la semilla por causa del que siembra, sino de la tierra que la recibe, esto es, del hombre que la oye, porque el sembrador habla indistintamente a todos. Ciertamente que sería culpable el labrador que procediera así, no ignorando lo que es piedra, camino, espinas y tierra fértil; pero no es lo mismo en lo tocante al espíritu, porque de la piedra puede hacerse tierra fértil, y puede conservarse el camino y destruirse las espinas. Si así no fuera, no hubiera sembrado allí, y haciéndolo nos da la esperanza de la penitencia.

Y para compendiar esto en pocas palabras, el Santo Doctor dice: éstos no quieren oírlo por negligencia, aquéllos por cobardía o debilidad, los otros, en fin, porque se han hecho como esclavos del placer y de las cosas del mundo. Bueno es el orden del camino, de la piedra y de las espinas. Necesarias son, por consiguiente, en primer lugar la memoria y la cautela, después la fortaleza y consiguientemente el menosprecio de las cosas presentes.

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Explicada por el propio Salvador la Parábola, sólo resta que abramos los ojos del espíritu e inspeccionemos las condicionas del suelo de nuestro corazón; que examinemos el trabajo que nos tomamos para que la semilla divina fructifique.

Afortunadamente, somos de aquéllos a quienes ha sido concedido el entender el misterio del Reino de Dios; por eso nos sentamos junto al Maestro y le pedimos se digne hacer Él mismo la aplicación de la parábola a nuestras almas.

Parte de la semilla cayó a lo largo del camino…

Son aquéllos que escuchan la palabra de Dios, sí, pero luego viene el diablo y se la saca del corazón…

¿Somos acaso nosotros a modo de camino por encima del cual puede pasar todo el mundo? Es decir, ¿pertenecemos al número de almas disipadas, en quienes la gracia divina, la palabra de Dios, no logra hacer señal de presencia, de modo que apenas caída la semilla, ya ha sido triturada o arrojada a lo lejos por un transeúnte?

Sea cual sea la respuesta, procuremos evitar la disipación, plaga de las personas espirituales, que no permite siquiera que la voz de Dios, las inspiraciones del Cielo dejen oírse en la conciencia.

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Parte cayó sobre un pedregal… Son aquéllos que oída la palabra, recíbenla, sí, con gozo, pero no echa raíces en ellos.

¿Somos, por ventura, nosotros, cual seco pedregal, capaz de recibir, sí, la semilla, pero impotente para darle desarrollo?

Es decir, ¿somos del número de aquellos que llegan a percibir la voz de la inspiración divina, los estímulos de la gracia; pero que son tan insensibles a la operación del espíritu y tan inconstantes en sus buenas resoluciones, que no dejan que la semilla mística arraigue en sus corazones, faltos de unción, desprovistos de devoción?

Procuremos huir de este grupo, haciéndonos sensibles a las mociones secretas del Espíritu Santo y perseverando en el bien emprendido.

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Parte cayó entre espinas, y las espinas que nacieron con ella la ahogaron…

Son los que la escucharon, pero, con los cuidados y las riquezas, al cabo la sofocan.

No menor sería muestro daño, si el suelo de nuestra alma, en vez de tierra, presentase punzantes espinas y zarzas espesas.

Esas espinas son las pasiones, el amor a los placeres, al dinero, los humanos cuidados y pretensiones.

¿Cómo puede crecer entre tanto abrojo la semilla de la gracia? Imposible. Le quitarán la poca savia que el escaso suelo le dé y quedará sofocada.

Los cuidados y gustos mundanos ahogarán la voz de la conciencia, el gusto por las cosas espirituales, y la gracia perecerá.

Arranquemos, por tanto, de nuestra alma las malas hierbas del espíritu mundano; castiguemos las pasiones; sólo así podrá hallar desarrollo la semilla de la gracia.

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Parte cayó en buena tierra… Denota aquéllos que con corazón bueno y muy sano oyen la palabra de Dios, y la conservan, y mediante la paciencia dan fruto sazonado.

Enseña San Cirilo: Son tierra rica y fértil las almas humildes y buenas, que en su humildad reciben la semilla de la palabra, la conservan y la hacen fructificar. Cuando se introduce la palabra divina en una inteligencia limpia de los cuidados mundanos, echa raíces profundas, produce espigas y crece oportunamente.

Todos los que aspiramos a la perfección tenemos parte de buena tierra y parte de tierra que no da el fruto que el Sembrador tiene derecho a esperar.

Felicitémonos por nuestra suerte; pero despertemos también del abandono en que yacemos postrados.

Pongamos en buen estado el campo de nuestra alma.

Cual diligentes agrícolas, no abandonemos nunca de las manos los instrumentos de labranza, no sea que a deshora venga el Sembrador y no encuentre el campo en condiciones.

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Con la lectura del pecado de Adán y Eva, durante la semana de Septuagésima, la Iglesia ha procurado despertar en los fieles la conciencia de la propia culpabilidad. Llegado el Domingo de Sexagésima, pretende hacernos concebir un horror grande al pecado. Esa finalidad persigue la lectura espiritual de esta semana: la narración del diluvio.

Representémonos al vivo los horrores de aquellos días; el agobio de los que huyen precipitadamente a los picos de los montes; su aplastamiento al verse alcanzados por las aguas; los ayees de las madres apretando sus hijos contra el pecho, mientras luchan con la corriente amenazadora; la desesperación de los hombres que bregan contra las olas; los gritos de los débiles; la impresión horripilante de los cadáveres flotando sobre las aguas….

Es el brazo de Dios que barre la maldad humana; son aguas de la cólera divina, expresando tumultuosamente la enormidad de nuestros pecados, que merecieron la indignación de Dios.

Fomentemos este sentimiento. Esta meditación tiene que producir en nuestra alma un vivo horror al pecado a vista de su enorme malicia.

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¡Oh Señor, con cuánta razón conmoviste la tierra y la turbaste con el huracán del diluvio! ¿Cómo podían sufrir tus ojos la maldad del mundo?

Pero, Dios mío, ¿qué fruto ha sacado la humanidad de tan seria lección? Todavía camina inconsciente por la vía de la perdición, amontonando pecados sobre pecados.

Y lo peor es, que también yo me he unido a ese cortejo de malignidad. El tentador ha hallado en mí agarradero.

Señor, ten piedad de mi flaqueza. Horrorizado ante monstruo tan deforme como el pecado, reclamo tu favor.

Levántate, Señor, ¿por qué duermes? Levántate y no nos tengas por siempre abandonados. ¿Por qué apartas tu rostro y te olvidas de nuestra angustia? Nuestro pecho está abatido hasta el polvo. Levántate, Señor, ayúdanos y líbranos (Introito de la Misa).

Afirma mis pasos en tus sendas, para que mis pies no vacilen. Inclina tus oídos y escucha mi plegaria. Manifiesta tus misericordias, Tú que salvas a los que en Ti esperan (Ofertorio de la Misa).

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Quien tenga oídos para oír, que oiga. Sí, Dios mío, adoctrinado por Ti mismo, he comprendido tan divina lección. Sólo te pido, que abras más y más los sentidos de mi alma, para que tu voz nunca suene en vano en mi espíritu.

Te pido que, ya que me das luz para entender, me concedas asimismo virtud para obrar.

Te pido, que no seas únicamente sembrador, sino que me ayudes también a arrancar las piedras y malezas que cubren el campo estéril de mi alma y fertilices su suelo.

Contigo lo podré todo; sin Ti no lograré nada.


P. CERIANI

SANTORAL 11 DE FEBRERO




11 de febrero



Nuestra Señora de Lourdes


El 11 de febrero de 1858, en la villa francesa de Lourdes, a orilla del río Gave, Nuestra Madre, Santa María manifestó de manera directa y cercana su profundo amor hacia nosotros, apareciéndose ante una niña de 14 años, llamada Bernadette (Bernardita) Soubirous.

La historia de la aparición empieza cuando Bernardita, quien nació el 7 de enero de 1844, salió, junto a dos amigas, en búsqueda de leña en la Roca de Masabielle. Para ello, tenía que atravesar un pequeño río, pero como Bernardita sufría de asma, no podía meter los pies en agua fría, y las aguas de aquel riachuelo estaban muy heladas. Por eso ella se quedó a un lado del río, mientras las dos compañeras iban a buscar la leña.

Fue en ese momento, que Bernardita experimenta el encuentro con Nuestra Madre, experiencia que sellaría toda su vida, "sentí como un fuerte viento que me obligó a levantar la cabeza. Volví a mirar y vi que las ramas de espinas que rodeaban la gruta de la roca de Masabielle se estaban moviendo. En ese momento apareció en la gruta una bellísima Señora, tan hermosa, que cuando se le ha visto una vez, uno querría morirse con tal de lograr volverla a ver".

"Ella venía toda vestida de blanco, con un cinturón azul, un rosario entre sus dedos y una rosa dorada en cada pie. Me saludó inclinando la cabeza. Yo, creyendo que estaba soñando, me restregué los ojos; pero levantando la vista vi de nuevo a la hermosa Señora que me sonreía y me hacía señas de que me acercara. Pero yo no me atrevía. No es que tuviera miedo, porque cuando uno tiene miedo huye, y yo me hubiera quedado allí mirándola toda la vida. Entonces se me ocurrió rezar y saqué el rosario. Me arrodillé. Vi que la Señora se santiguaba al mismo tiempo que yo lo hacía. Mientras iba pasando las cuentas de la camándula Ella escuchaba las Avemarías sin decir nada, pero pasando también por sus manos las cuentas del rosario. Y cuando yo decía el Gloria al Padre, Ella lo decía también, inclinando un poco la cabeza. Terminando el rosario, me sonrió otra vez y retrocediendo hacia las sombras de la gruta, desapareció".

A los pocos día, la Virgen vuelve a aparecer ante Bernardita en la misma gruta. Sin embargo, al enterarse su madre se disgustó mucho creyendo que su hija estaba inventando cuentos -aunque la verdad es que Bernardita no decía mentiras-, al mismo tiempo algunos pensaban que se trataba de un alma del purgatorio, y a Bernardita le fue prohibido volver a la roca y a la gruta de Masabielle.

A pesar de la prohibición, muchos amigos de Bernardita le pedía que vuelva a la gruta; ante ello, su mamá le dijo que consultara con su padre. El señor Soubiruos, después de pensar y dudar, le permitió volver el 18 de febrero.

Esta vez, Bernardita fue acompañada por varias personas, que con rosarios y agua bendita esperaban aclarar y confirmar lo narrado. Al llegar todos los presentes comenzaron a rezar el rosario; es en ese momento que Nuestra Madre se aparece por tercera vez. Bernardita narra así esta aparición: "Cuando estábamos rezando el tercer misterio, la misma Señora vestida de blanco se hizo presente como la vez anterior. Yo exclamé: 'Ahí está'. Pero los demás no la veían. Entonces una vecina me acercó el agua bendita y yo lancé unas gotas de dicha agua hacia la visión. La Señora se sonrió e hizo la señal de la cruz. Yo le dije: 'Si vienes de parte de Dios, acércate'. Ella dio un paso hacia delante".

Luego, la Virgen le dijo a Bernadette: "Ven aquí durante quince días seguidos". La niña le prometió hacerlo y la Señora le expresó "Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino en el otro".

Luego de este intenso momento que cubrió a todos los presentes, la noticia de las apariciones se corrió por toda el pueblo, y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, aunque otros se burlaban.

Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858 hubo 18 apariciones. Éstas se caracterizaron por la sobriedad de las palabras de la Virgen, y por la aparición de una fuente de agua que brotó inesperadamente junto al lugar de las apariciones y que desde entonces es un lugar de referencia de innumerables milagros constatados por hombres de ciencia.

viernes, 10 de febrero de 2012

SANTORAL 10 DE FEBRERO


  • Santa Escolástica, Virgen
  • Santos Caralampio, Porfirio y Bato, Mártires
  • Santa Sotera, Virgen y Mártir
  • Santa Austreberta, Virgen
  • San Guillermo de Maleval
  • Beato Hugo de Fosses
  • Beata Clara de Rimini, Viuda

10 de febrero


SANTA ESCOLÁSTICA,
  Virgen

Hermana de San Benito, se consagró a Dios desde su más tierna edad. Mientras su hermano residió en Monte Casino, ella se hallaba en Plombariola, fundando y gobernando un monasterio.

Tenía la costumbre de visitar a San Benito una vez al año y como no estaba permitido que entrar al monasterio, él salía a su encuentro para llevarla a una casa de confianza, donde los hermanos pasaban la velada orando, cantando himnos de alabanza a Dios y discutiendo asuntos espirituales. Sobre la última visita, San Gregorio hace una notable descripción, en la cual, la santa presintiendo que no volvería ver más a su hermano, le rogó que no partiera esa noche sino al día siguiente, pero San Benito se sintió incapaz de romper las reglas de su monasterio.

Entonces, Santa Escolástica apeló a Dios con una ferviente oración para que interviniera en su ayuda, y acto seguido, estalló una fuerte tormenta que impidió que su hermano regresara al monasterio. Los dos santos pasaron la noche hablando de las cosas santas y de asuntos espirituales. Tres días después, la santa murió, y su hermano que se encontraba absorto en la oración tuvo la visión del alma de su hermana ascendiendo al cielo en forma de paloma.

jueves, 9 de febrero de 2012

SANTORAL 9 DE FEBRERO




9 de febrero




SANTA APOLONIA,
Virgen y Mártir
† martirizada hacia el año 249 en Alejandría, Egipto

Patrona de dentistas. Protectora contra los dolores de muelas y enfermedades dentales.



Cuando entregare mi cuerpo a las llamas,
si la caridad me falta, no me sirve de nada.
(1 Corintios 13, 3)

Santa Apolonia de Alejandría era ya de avanzada edad cuando los paganos se apoderaron de ella y, después de haberla maltratado de mil maneras, le quebraron todos los dientes a fuerza de golpes. Enseguida la amenazaron con arrojarla en un gran fuego que habían encendido fuera de la ciudad; pero la Santa, impelida por la inspiración del Espíritu Santo y para mostrar que su sacrificio era voluntario, arrojose por sí misma en medio del fuego, dando su alma a Dios, el año 249.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS ENFERMEDADES

I. Si padeces alguna enfermedad, recuerda que Dios te la envía para ejercitar tu paciencia; convierte en mérito el sufrir con resignación lo que no puedes evitar, hagas lo que hagas. Tus murmuraciones, tus impaciencias, no harán sino irritar tu mal y volverte desagradable a los demás y a ti mismo. ¿Cómo te conduces en tus enfermedades?

II. Sufre por amor a Jesucristo los dolores que te envía; son los dones y presentes que hace a sus amigos. Ofrécele todo lo que sufres; dile: “Señor, aumenta mi dolor, pero aumenta mi paciencia”. Piensa en lo que han sufrido los santos por Jesús; piensa en lo que Jesús ha sufrido por ti; pon tus ojos en su cruz, muy liviana te parecerá la tuya, y dirás: ¿Qué son estos sufrimientos en comparación de los de mi Dios?

III. Piensa en los suplicios del infierno que has merecido por tus faltas; este pensamiento te hará encontrar agradables tus dolores y te impedirá recaer en tus pecados. ¡Dios mío, soportaré tormentos mucho más crueles, si me prolongáis la vida para darme tiempo de hacer penitencia! Si no puedo soportar sin gemir un dolor tan breve, acompañado de todo el alivio posible, ¿cómo podría aguantar las penas del infierno? Los dolores sin fin de la otra vida pueden ser redimidos en ésta (San Euquerio).

La devoción a los Santos.
Orad por los enfermos.

ORACIÓN

Oh Dios, que entre los maravillosos efectos de vuestro poder habéis hecho obtener la victoria del martirio al sexo más débil, haced, os suplicamos, que celebrando el nacimiento al cielo de vuestra virgen y mártir Santa Apolonia, nos aprovechemos de sus ejemplos para marchar por el camino que conduce a Vos. Por J. C. N. S.

miércoles, 8 de febrero de 2012

SANTORAL 8 DE FEBRERO




8 de febrero


SAN JUAN DE MATA,
Confesor
n. 23 de junio de 1160 en Provenza, Francia;
† 12 de diciembre de 1223 en Roma, Italia



El mayor entre vosotros
ha de ser vuestro servidor.
(San Mateo 23, 11)

Este santo es el fundador de la orden de la Santísima Trinidad, destinada, al igual que la que más tarde fundó San Pedro Nolasco, al rescate de los cristianos cautivos de los moros. Tan baja opinión tenía de sí mismo y un respeto tan grande por el sacerdocio, que no consintió en ser ordenado sino por obediencia a los insistentes requerimientos del arzobispo de París. En el mismo día de su primera misa Dios le inspiró la generosa resolución de trabajar para la salvación de los cristianos que gemían en la esclavitud.

MEDITACIÓN
SOBRE LOS TRES MOTIVOS
QUE DEBEN MOVERNOS
A HUMILDAD

I. La verdadera humildad está basada sobre el conocimiento de sí mismo. ¿Qué eras antes de que Dios te creara? ¿Dónde estabas? ¿Qué hacías? Eras nada; Dios, por su bondad, hizo que fueses. Sin embargo, te glorías de ello; te crees necesario para la gloria de Dios y para la salvación de las almas, te crees indispensable para la familia o para la sociedad de que formas parte. Sin ti muy bien se las arreglaron Dios y los hombres antes de tu nacimiento; igualmente sucederá después de tu muerte.

II. ¿Y qué eres al presente? Tu cuerpo no es sino corrupción; tu alma, ignorancia y malicia. Tu vida es una llama que el menor soplo apaga. Cuida cuanto quieras tu salud, es preciso que, por fin, tu vida acabe, y que tus grandes proyectos se disipen en humo. ¡Oh hombre! si conocieses tu nada, conocerías la grandeza de tu Dios y serías humilde en su presencia. Para conocer a Dios, aprende a conocerte a ti mismo (San Cipriano).

III. ¿Qué serás durante toda la eternidad? ¿Quién lo sabe? Ignoras si serás víctima del infierno o heredero del paraíso. Puedes tener vanidad cuando te dices a ti mismo: Yo no sé adónde iré después de mi muerte; mi cuerpo descenderá a la tumba, pero, mi alma, ¿a dónde irá? Humíllate delante de los hombres. Ése que ahora te parece despreciable y malo, acaso un día esté más elevado que tú en el cielo. ¡Señor Jesús, haced que os conozca y que me conozca a mí mismo! (San Agustín).

El amor a las humillaciones.
Orad por los que os persiguen.

ORACIÓN

Oh Dios, que milagrosamente habéis instituido, por medio de San Juan de Mata, la orden de la Santísima Trinidad, para el rescate de los cautivos del poder de los sarracenos, haced, benignamente, que ayudados por sus méritos
y por vuestra gracia, seamos librados de la cautividad del cuerpo y del alma. Por J. C. N. S.

martes, 7 de febrero de 2012

MILAGROS EUCARÍSTICOS


INVASIÓN SARRACENA
Año 993 San Cugat del Vallés España


El hecho más antiguo que del Santísimo Sacramento se registra en España es el de  San Cugat del Vallés, en Cataluña, pueblo situado en campiña feraz a unos diez kilómetros de la ciudad de Barcelona.

Fue San Cugat, monasterio de historia gloriosa entre los insignes benedictinos, famoso en toda la Cristiandad; durante la Edad Media a él acudían peregrinos de las naciones más lejanas; los más preclaros Reyes francos, en su fundación, lo protegieron y colmaron de privilegios, los Condes de Cataluña, y después Reyes de Aragón lo tomaron  bajo su égida poderosa.

A su sombra florecieron varones tan insignes como el Abad Otón, el que acompañó al conde Borell a Córdoba; como Raimundo de Moncada, Bernando Estruch, Gayola, Azara y Montero. En su recinto se meció la  primera imprenta catalana; bajo sus bóvedas se celebrarón Cortés en tiempos de Don Martín y Don Alfonso en Magnanimo, y se acogieron insignes artistas que allí dejaron marcada, para siempre, la señal  luminosa de su paso.

Levantado sobre las ruinas del castillo Octaviano, recuerdo de la dominación romana, regada la tierra de sus cimientos con la sangre preciosa de los mártires de Cristo, San Cucufate, Santas Juliana y Semproniana, San Medín y San Severo, cuyas cenizas guardó por largos siglos, cual augusto relicario; es por otra parte tal  monasterio uno de los monumentos arquitectónicos más esplendidos de que se puede gloriar Cataluña.
Pero lo que hizo  más célebre a San Cugat del Vallés fue un prodigio eucarístico del que hablan varios historiadores.

“En el sagrario de su célebre Iglesia se conserva incorrupta una santa Hostia de forma orbicular y una pulgada de diámetro, en cuyo centro se lee XPS; es, sin duda, de pan ázimo.

“La tradición así refiere su origen: En el año 993, invadiendo estas tierras los sarracenos y habiendo destruido todo el poder del Conde de Barcelona y muerto el mismo día en la llanura conocida con el nombre de “Matabóus”, el abad Otón, huyendo precipitadamente del furor de los enemigos del nombre cristiano, escondió esta santa Forma envuelta en unos corporales, los cuales, cuando pasada la furia de la invasión sarracena, volvió Otón para recoger el sagrado depósito, hallándolos ensangrentados.

“Estos lienzos se conservan separadamente en un relicario y se ven rastros de sangre: un letrerito puesto allí, dice: Hoc linteámina sunt sancta corporália vétera, et in medio est Corpus Domini involútum in capsa lignea. Quiere decir: Estos lienzos son unos santos corporales antiguos, y en ellos esta envuelto el cuerpo del Señor que se guarda en esta caja de madera.

* El día 6 de abril del año 1409, visitó formalmente la santa Hostia el Abad Don Barenguer de Rejadell y la rompió en dos partes iguales, como hoy se ve, hallando incorruptas las especies sacramentales”.

Continuó este prodigio hasta mediados del siglo XIX, en que  por presentar tan preciosa y antiquísima reliquia señales de corrupción, retiróse del Sagrario donde estaba reservada y se colocó en el archivo.

(D. Cayetano Barraguer. Las casas de Religiosos en Cataluña, t. 1°, cap 1°, art. 12, pág 108.- Libro de visitas, Archivo de la Corona de Aragón.- Visitas de los Reales…1830).


SANTORAL 7 DE FEBRERO




7 de Febrero 


San Romualdo, Abad y Fundador

por el R.P. Bernardino LLorca, S.J.



San Romualdo, como fundador de la Orden contemplativa de los Camaldulenses, es uno de los mejores representantes de la tendencia reformadora de fines del siglo X y del siglo XI, como reacción contra el deplorable estado de relajación en que se hallaba la Iglesia católica y gran parte de la vida monástica del tiempo. El movimiento renovador más conocido y más eficaz para toda la Iglesia en este tiempo fue el cluniacense, iniciado a principios del siglo x en el monasterio de Cluny. Pero en Italia tuvo manifestaciones características de un ascetismo más intenso, que tendía a una vida mixta, en que se unía la más absoluta soledad y contemplación con la obediencia y vida de comunidad cenobítica. El resultado fueron las nuevas Ordenes de Valleumbrosa y de los Camaldulenses y los núcleos organizados por San Nilo y San Pedro Damiano.

San Romualdo, de la familia de los Onesti, duques de Ravena, nació probablemente en torno al año 950 y murió en 1027. Es cierto que su biógrafo San Pedro Diamiano atestigua que murió a la edad de ciento veinte años; pero ya los bolandistas corrigieron este testimonio, que, como resultado de modernos estudios, no puede mantenerse. Educado conforme a las máximas del mundo, su vida fue durante algunos años bastante libre y descuidada, dejándose llevar de los placeres y siendo víctima de sus pasiones. Sin embargo, según parece, aun en este tiempo, experimentaba fuertes inquietudes, a las que seguían aspiraciones y propósitos de alta perfección. Así se refiere que, yendo cierto día de caza, mientras perseguía una pieza, se paró en medio del bosque y exclamó: "¡Felices aquellos antiguos eremitas que elegían por morada lugares solitarios como éste! ¡Con qué tranquilidad podían servir a Dios, apartados por completo del mundo!"

lunes, 6 de febrero de 2012

AMOR Y FELICIDAD



Pablo Eugenio Charbonneau

Noviazgo
y
Felicidad






VII
Cómo tratarse durante las relaciones


Capítulo anterior, ver aquí

4. El medio social

¿Quiere todo esto decir que se aislarán los novios del resto del mundo? Evidentemente no. Pues así como el medio familiar tiene su importancia, de igual modo el medio social tiene la suya. Cada cual evoluciona en un ambiente dado, al que le impulsan sus tendencias naturales, sus lazos de amistad o las exigencias de su trabajo. Aunque quisiera, no podría el individuo sustraerse del todo a ese marco. Se puede reducir su influencia, pero no eliminarlo. Por eso importa que cada uno de los novios sepa calar ese medio en que habrá forzosamente de entrar. «Los hombres no son islas», ha escrito Thomas Merton. Nadie es una isla, es decir que el que se casa no ingresa en un universo cerrado. Por el contrario, se encuentra ante un universo nuevo en el cual toda clase de figuras ocuparán su lugar; ese mundo en el cual evoluciona el otro. O tiene que aceptar ese universo e integrarse en él, o tiene que rechazarlo. En el primer caso, tiene derecho a saber a qué se compromete; en el segundo caso, el otro tiene derecho a que le prevengan de la recusación.

En esto también hay que evitar el replegarse sobre sí. La pareja debe aprovechar sus salidas para entrar en comunicación con ese pequeño mundo constituido por los amigos. Está en el deber de penetrar en ese mundo, no imaginando que podrá apartarse de él más adelante, sino pensando, por el contrario, que los amigos de hoy serán los amigos de mañana. Que, por una parte, se les juzgue, pues, con esta perspectiva; y por otra parte, que el novio y la novia hagan su elección del otro teniendo en cuenta la necesidad en que se encontrarán más adelante de vivir en el medio de ese otro. El hombre que al día siguiente de su casamiento, no pueda llevar consigo a su mujer a su círculo de amigos, o la mujer que no pueda invitar a sus amigas a su hogar, se hallarían en una situación de las más complicadas. Y esta complicación es la que se trata de prevenir en la época del noviazgo no apartándose del medio futuro.

Permítaseme subrayar aquí que, sobre todo para la mujer, existe el peligro de imaginarse que por la sola fuerza de su amor o por su sola habilidad, podrá, más tarde, separar al hombre de ese medio Sería una grave ilusión. Puede suceder así, ciertamente, pero representa la excepción, la rarísima excepción. En la mayoría de los casos el joven esposo sigue tratando a sus amigos de antes. No debe, pues, la novia confiar demasiado en sí misma y creer que podrá eliminar a aquellos a quienes se niega a aceptar, Esta eliminación debe hacerse antes, y de mutuo acuerdo, o si no es de creer que no se hará nunca. Se ha dicho de la mujer que ella alimenta la ilusión de triunfar allí donde todos habían fracasado antes de ella [1]. Si hay en ello algún elemento de verdad, es aquí donde puede aplicarse.

Es difícil arrancarse al medio en donde se ha vivido y, quiérase o no, se conservan siempre amistades cultivadas en el tiempo de la juventud. No hay, pues, que pensar que una vez casados puedan los novios apartarse de golpe de todas aquellas personas que les rodeaban. En modo alguno. Al regreso del viaje de novios, las invitaciones, de una parte y de otra, se encargarán de reanudar bajo un ángulo nuevo, las relaciones de otro tiempo. Cada uno de los cónyuges heredará un nuevo círculo de amistades: el del otro. Si el joven esposo se muestra reacio a las amigas de su esposa, o si la muchacha no puede soportar los amigos de su marido, ¡cuántos conflictos surgirán! Por eso hay que poner cuidado en conocer esos futuros amigos antes de casarse.

Además, por regla general, se obtendrá de este modo una preciada indicación, porque el proverbio ha quedado con frecuencia comprobado: «Dime con quién andas y te diré quién eres». Es posible juzgar a alguien por sus amigos. Que pueda haber en ello una probabilidad de error, es indiscutible; pero en la mayoría de los casos es realmente revelador. Por eso, lo que podría llamarse el «test» de las amistades debe efectuarse en el período de las relaciones. Ahí se encontrará el reflejo de las ideas que sustenta el futuro cónyuge, así como el de sus preocupaciones. La ventaja que hay en conocer y observar ese medio es que se entrega sin reservas ni rodeos. Los amigos se muestran habitualmente tal como son y si, quizá por inconsciencia, el novio o la novia disimulasen, los amigos los revelarán a plena luz. A este respecto, valen, pues, su peso en oro, porque permitirán saber cuál es la mentalidad general del joven y de la muchacha.

He aquí por qué no hay que separar al futuro cónyuge de su medio social. De igual modo que el medio familiar le revelaba, así el medio social le revelará también. Además, así como al casarse se adopta la familia del cónyuge, se adopta igualmente su circula de amistades. En ambos casos, es preciso saber lo que es, desde antes del matrimonio. Lo mismo que no había que olvidar la familia, tampoco hay que olvidar el medio social.

Las relaciones deben, pues, conducir la pareja a descubrir el medio de vida en el cual uno y otro evolucionan, a fin de adaptarse a él. Ya se trate del medio familiar o del medio social, la regla es la misma: el mayor peligro está en aislarse. Se esforzarán, por tanto, en tratarse en las mismas circunstancias en que tendrán que vivir en un futuro próximo, para familiarizarse con todo lo que ese modo de vida implica. En otros términos, hay que entrar a formar parte del círculo que rodea el otro cónyuge.

5. Defender la intimidad

De todo cuanto llevamos dicho hasta aquí, no debe inferirse que la pareja tenga que llevar un ritmo de frecuentación que le entregue por entero a las exigencias siempre invasoras de una vida social demasiado intensa. Ni tampoco, que deba enajenar su intimidad con los futuros padres políticos ligándose a ellos en un clima de dependencia de excesiva amplitud. Los novios deben reservar lo mejor de su tiempo para ellos mismos. Por eso sería un error craso el preocuparse de todo menos de salvaguardar la intimidad.

Porque el matrimonio no es sólo un contrato que liga externamente, es decir según los elementos aparentes, sino porque es un compromiso que liga al nivel de los corazones, o mejor aún al nivel del alma, no se debe contraer sin haber aprendido a conocer el alma del otro, todo ese mundo secreto que se agita detrás de la máscara y que no se revela más que poco a poco, gota a gota, parcela a parcela. Quien no profundice hasta ahí y no logre trazar la fisonomía interior de su cónyuge, no tiene derecho a unir su existencia a la del otro, porque no sabe lo que hace. En efecto, al contraer matrimonio, se pronuncia un «sí», que posee claramente el sentido de siempre. Ahora bien, no durará la unión por la carne sino por el alma. Es preciso, por tanto, que el conocimiento del otro llegue hasta su mundo interior, hasta el alma del futuro cónyuge. Como no se consiga esta percepción del alma del novio o de la novia, el otro lo ignorará todo de la persona con quien se liga, sin embargo, para la vida entera. ¿Cómo no ver el flagrante ilogismo de tal situación?

Descubrir verdaderamente el mundo interior del otro, es, como dijimos al principio de este trabajo, el auténtico objetivo de las relaciones. Ahora bien, la intimidad de los novios es el único camino que permite ese descubrimiento. Encontrarse, día tras día, a solas, y entregarse el uno al otro a lo largo de conversaciones que revelen poco a poco una parte de la riqueza del otro, y que descubran gradualmente, sin que se note apenas, su ser más profundo. Esta detención periódica, este corte con el exterior, esta concentración sobre el alma del otro, poseen la mayor importancia; en esto se reconoce el carácter serio de unas relaciones.

Con toda evidencia, no bastará parlotear juntos a la manera de esos novios a los que no se les ocurre decir más que trivialidades. No se trata de una charla insulsa sino de un intercambio. Descubrir mutuamente su alma, discutir sus respectivos conceptos sobre la mujer, el hombre, el amor, el matrimonio, los hijos, la vida y… Dios. Porque a lo largo del camino que pronto van a emprender conjuntamente, son esos conceptos los que entrarán en juego y serán fermento de discordia o elementos de unión. No se construye un hogar sobre la gracia de una sonrisa, sobre el atractivo de un rostro, sobre la ternura de un instante. Se construye el hogar sobre todo lo que es la esencia misma del yo: los pensamientos, los deseos, los sueños, las decepciones, las penas, las esperanzas, las alegrías, las tristezas. El amor implica la puesta en común de todo eso; por ello las relaciones enderezadas a consolidar el amor y a preparar la unión indefectible, deben desarrollarse en ese plan, y exhibir ante el otro ese fonda secreto de sí mismo, cada uno de cuyos elementos favorecerá o perjudicará la futura unión.

Para que este clima sea posible, es preciso que la pareja sepa no dilapidarse, malgastando su tiempo en naderías. Que se diviertan, bien está. Que no hagan más que divertirse, aquí estaría el mal. Que los novios realicen, pues, un sensato reparto de su tiempo y que se impongan la obligación de proteger su intimidad, de velar par ella que es su riqueza más preciada ahora y siempre.

6. Ser sincero con el otro

Se esforzarán además en disciplinarse recíprocamente según las exigencias psicológicas que hacen posible y viva la intimidad. Entre ellas, la primera es la sinceridad. Querer franquearse con el otro. Esto puede ser mucho más difícil de lo que se cree o de lo que parece. Porque cada uno de nosotros quiere guardar ocultos los secretos de su corazón. Accede gustoso a hablar de esto o de aquello, siempre que no se trate más que de cosas secundarias y externas. Pera descubrir el propio yo para dejar ver lo que se agita en el interior del mismo, es algo que cuesta. Inconscientemente nos negamos a abrirnos. Se encubre esta negativa tras numerosos pretextos, se encuentran mil y una razones de guardar para sí mismo el curso de sus pensamientos; en realidad lo que uno quiere es sustraerse al juicio ajeno. Hay, a este respecto, un reflejo defensiva que cada cual experimenta a la manera de la tortuga que esconde la cabeza dentro de su concha no bien se siente amenazada.

Los novios no deben «esconder la cabeza». Por el contrario, deben franquearse mutuamente, lo más posible, dentro de, claro está, los límites de una sana decencia. No se debe incurrir en el exceso contrario y llegar a un exhibicionismo tan inútil como fuera de lugar, que les llevaría a detallar todas sus sandeces pasadas. Se trata de revelar al otro el pensamiento propio; de definir ante él esas grandes orientaciones por las cuales un ser se diferencia de cualquier otro, y conforme a las cuales efectúa su elección en la vida. Todas las almas se parecen, en cierto modo, pero todas son también diferentes. Estos elementos diferenciales son los que hay que poner al descubierto a fin de que los novios puedan orientarse con respecta a su futuro cónyuge.

Por tanto, hay que hacer un esfuerzo para entregarse. Desatar esos lazos del individualismo. «Traducirse» al otro, nos atreveríamos a decir aquí, porque el lenguaje del alma es peculiar de cada cual; nadie tiene acceso a ese misterio, como no sea introducido en él. Por todo cuanto hemos dicho podemos ver hasta qué punto el amor está basado en la comunidad de pensamiento. Ahora bien, ésta no existirá sino en la medida en que los novios muestren una voluntad, decidida y eficaz, de realizarla. Desde la época de las relaciones, hay que aplicarse a ello con energía, porque si la unión interior no se inicia ya en ese período, no será nunca posible después. Por lo menos así lo revela la experiencia, que nos muestra a tantas parejas separadas por el muro impenetrable del individualismo.

Habrá que añadir a la sinceridad un gran afán de lealtad. Porque no se debe intentar presentar una imagen favorable de sí, cuando ésta no corresponde a la realidad. A este respecto ¿no es también una tendencia espontánea de nuestra naturaleza la de mostrarnos tan sólo bajo el aspecto más halagador? Con los extraños, no hay nada anormal en ello. Nadie está obligado a ser totalmente sincero con el primer venido. Pero cuando se trata del futuro cónyuge, éste tiene derecho a saber a qué ser va a ligar su existencia. No vivirá el día de mañana con una persona idealizada; se encontrará con un ser que oscilará, como toda criatura humana, entre perfecciones e imperfecciones, cualidades y defectos, virtudes y vicias. Por lo cual, es preciso guardarse de disimular. No podría haber mayor mezquindad, ni mayor estupidez, que la de no mostrar más que el lado favorable de uno mismo. Evidentemente, el futuro esposo o la futura esposa podrían quedar decepcionados, lo cual es como decir que sería de temer una crisis conyugal tanto más profunda cuanto más se hubiera disimulado.

Nunca se insistirá bastante sobre esta lealtad que deben mostrar los novios, recíprocamente. Todas sus relaciones deben estar impregnadas de ella, a fin de que su amor pueda conseguir así la solidez que necesitará para subsistir a lo largo de los años. La franqueza de alma con la más total lealtad será, pues, el medio por excelencia de evitar, el uno y el otro, las ilusiones pueriles. Con esta actitud, el amor encontrará realmente su fuerza y sólo con ella impedirá que se destruya, en breve plazo, contra los primeros obstáculos que surjan. Unas relaciones que no estuvieran animadas por este espíritu no serían más que una diversión tonta. Los novios que no quieran hacer de payasos y reducir su matrimonio a una triste bufonada, deberán, pues, seguir esta regla con todo rigor, a lo largo de esos meses durante los cuales se preparan para casarse.
Pero para practicar esa fórmula, tendrán que tener una gran humildad. Esta ocupa un lugar en el amor, como en todas partes, por lo demás; por haberla olvidado, muchos han acabado por no amarse ya. Porque no puede haber amor duradero sin sinceridad, como acabamos de observar. Ahora bien, toda sinceridad es radicalmente imposible sin humildad.

El peligro, en la vida conyugal, está siempre en alzarse el uno contra el otro, encerrándose cada cual dentro de sí. En la mayoría de los casos, semejante actitud proviene de un orgullo demasiado vivo que no se ha aprendido a dominar durante las relaciones. Cuando los primeros lazos del amor han ligado a un joven y una muchacha con la suficiente fuerza para que piensen en entregarse por entero y de un modo definitivo el uno al otro, deben aceptar manifestarse según la más estricta verdad, sin intentar hacer creer —aunque sea sin malicia— que son personas superiores. Tener la humildad de reconocerse tal como es uno, ni más ni menos, y presentarse al otro sin falsa riqueza, sin falso esplendor, sin ese brillo de bondad con el que cada cual procura adornarse sin saberlo. Es ésta una condición necesaria para la futura armonía de la pareja y para la verdad del amor. Sin esto, se corre el riesgo de sustituirse por un personaje inexistente; y cuando llegue la hora decisiva de la vida en común, que suprime todas las apariencias reduciendo cada cual a su verdadera estatura, se verá que el otro descubre poco a poco el error. Y desde ese memento, el amor no puede ya vivir, ni la unión subsistir.

Las relaciones deben desarrollarse ante todo en la verdad, y la verdad no será posible sin humildad, una humildad nacida del amor mismo y basada en el respeto mutuo con que deben tratarse los novios. Porque es necesario un inmenso respeto al otro para confesarle que uno no es más… que lo que es… y que él habrá de acomodarse a esta pobreza durante toda su existencia. Tiene uno entonces todas las probabilidades de que esta pobreza misma tome el aspecto de una gran riqueza, iluminada como estará por el amor, la verdad, la humildad. De este modo se habrá colocado la piedra angular de un matrimonio que tendrá todas las garantías posibles de duración, al haber sido preparado por unas relaciones verdaderamente serias.

7. Abrirse al otro

Digamos finalmente, para terminar estas reflexiones, que si es necesario ser sincero con el otro, es decir mostrarse a él bajo su verdadero aspecto, hay también que abrirse al otro, es decir aprovechar la época de las relaciones para corregir sus preocupaciones egoístas y convertirlas en una constante solicitud hacia el otro.

Porque el amor es incompatible con el egoísmo, y porque las relaciones deben preparar el amor definitivo, nada más lógico que exigir de los novios que aprendan a salir del círculo cerrado de sus intereses personales. Los esposos que no se esfuercen en vivir el uno para el otro, que no consigan olvidarse de sí mismos para enriquecer al cónyuge, estarán muy cerca de la desgracia. Se encontrarán suspendidos al borde del abismo del irremediable fracaso matrimonial. Desde el momento en que se reconoce esta verdad, no queda más que predicar la urgente necesidad que se impone a los novios de luchar contra la tendencia innata al egoísmo que si florece significará la muerte del amor.

Desarrollar la preocupación por el otro de un modo concreto. En esta, cada uno debe educarse a sí mismo. Cada uno debe esforzarse, por ejemplo, en asociarse a las preocupaciones del otro, en compartir sus gustos, en hacer suyos sus ocios. También sobre esto, hay que repetir que sería ilusorio pensar que todo ello «se hará después del matrimonio» y que siempre habrá tiempo de sacrificarse así a la voluntad arbitraria del otro. Desde el noviazgo hay que aprender a franquearse con el otro, a renunciar a todo por él, a cultivar ese indispensable reflejo por el cual quien ama de verdad, quiere ante todo hacer la felicidad del amado. 
Hasta en las cosas pequeñas.

Esta generosidad debe desarrollarse mucho antes del matrimonio a fin de que los primeros meses de éste no se perturben con penosas disputas. En suma, a la humildad de que antes hablábamos, hay que añadir una caridad soberana que va a iniciar, desde el período de las relaciones, el desposeimiento que implica todo amor.

Así aparece, pues, la orientación general que debe darse a las relaciones. Tal orientación tiene en cuenta la naturaleza misma de aquéllas, que no podrían concebirse más que con la perspectiva del matrimonio al que están normalmente ajustadas. Como no se desarrollen en este sentido, las relaciones asiduas son injustificables y peligrosas: corren el riesgo de llevar a situaciones equívocas y a amores descarriados.
Pero para quien las comprende y las vive en el sentido que acabamos de exponer, se presentan como el período muy feliz en que el amor se consolida, se esboza la armonía futura y se prepara la felicidad del mañana. Para unos novios no puede haber escuela más provechosa que ésa que refleja ya desde tan cerca lo que será su vida en común.

Surgirán sin duda dificultades. Es muy natural. No se aprende de golpe a convivir con otra persona. Es preciso para ello un largo aprendizaje que no terminará hasta pasados varios años de vida conyugal. Pero ya unas relaciones bien llevadas y sanamente orientadas consolidan una pareja y la preparan admirablemente para la unidad en la cual habrá de vivir en lo sucesivo, durante su vida entera. La importancia que tiene el aprovechar inteligentemente esa época es tal, que no se podría nunca exagerar. Unas relaciones serias, llevadas con toda conciencia y con el verdadero sentido del futuro, son un preludio de la felicidad. Cuántos sinsabores evitarán, cuántos fracasos impedirán. Ciertamente, no harán desaparecer todas las dificultades inherentes a la vida conyugal pero las reducirán mucho, tanto en número como en intensidad. Y sobre todo, pondrán en acción lo que podría llamarse el mecanismo de la armonía que consiste en ese juego recíproco por el cual la psicología propia de cada uno se transforma poco a poco para adaptarse al otro. En realidad, el secreto de la felicidad en la vida conyugal depende de ese mecanismo. Cuanto antes funcione, antes se logrará la felicidad. En cambio, cuanto más se retrase, más obstáculos se acumularán, más simas se abrirán y más comprometido estará el amor. Saber tratarse bien, es amarse mucho, y es edificar el mañana en el amor de hoy.


[1] «Nuestras amigas, en efecto, tienen de común con Bonaparte que creen siempre triunfar allí donde todo el mundo ha fracasado», Albert Camus, La chute, Gallimard, París 1956, p. 70.

SANTORAL 6 DE FEBRERO


  • Santa Dorotea, Mártir
  • San Tito, Obispo
  • San Vaast o Vedast,  Obispo y Confesor
  • San Amando, Obispo y Confesor 
  • San Guarino, Cardenal Obispo de Palestrina
  • Santa Hildegunda, Viuda
  • Beato Raimundo de Fitero, Abad
  • Beato Ángelo de Furcio

6 de febrero


SANTA DOROTEA,  Mártir

¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? 
¿Acaso la tribulación, o la angustia, o el hambre, o la desnudez,
 o el peligro, o la persecución, o el cuchillo? (Rom. 8,35).


Santa Dorotea es representada con rosas en la mano. Estas flores son prendas preciosas del amor de Jesús, su divino Esposo. En el momento en que iba a ser muerta, un pagano, llamado Teófilo, le declaró que creería en el Dios de los cristianos, si le mostraba flores y frutos del huerto de su Esposo. Dorotea levantó los ojos al cielo y un ángel le trajo una canastilla con tres rosas y tres manzanas. Este milagro convirtió a Teófilo, que, con Dorotea, recibió la corona del martirio, hacia el año 303.

MEDITACIÓN
SOBRE LA CASTIDAD
REPRESENTADA POR LA ROSA

I. Considera las rosas que trae el ángel a Doro tea; descubrirás en ellas tres cualidades que debe poseer una virgen para conservar la pureza. El color de la rosa es el pudor, y el pudor es el compañero de la virtud. ¿Quieres ser casto? Ten pudor; él guarda las murallas de tu corazón. Huye de los lugares donde se ven o se oyen cosas capaces de herir la pureza y de avergonzar a la virtud.

II. Tiene la rosa sus espinas, que punzan a to dos los que se le aproximan, nobles o ricos, rústicos o pobres. ¡Qué gran lección para una virgen! Siempre debe conservar una circunspección y una severidad que aparten de ella a las personas de vida desordenada; nunca debe complacerse en palabras, ni en actos, por mínimamente deshonestos que sean. Además, las espinas son emblema de la mortificación, y la mortificación es la salvaguardia de la pureza del cuerpo y del alma. Sin ella, imposible conservarse puro.

III. La rosa se eleva hacia el cielo, como para decir que só1o tiene belleza y amor para Dios, y que de Él espera el rocío y la luz necesarios para su conservación. Almas castas, pedid a Dios la pureza, no os fiéis de vosotras mismas; si Dios no os la concede, inútiles son vuestros cuidados y austeridades. Aprended de esta flor, vírgenes consagradas a Dios, que no debéis tener belleza sino para agradar a Dios, ni amor sino para Él. Que las vírgenes no busquen otra cosa que agradar a Dios, porque de Él solo esperan la recompensa de su virginidad. (San Cipriano)

La confianza en Dios 
Orad por vuestros amigos.

ORACIÓN

Que la bienaventurada Dorotea, virgen y mártir, implore por nosotros, oh Señor, vuestra misericordia, ella que siempre os fue agradable por la hermosura de su castidad y por su valentía en confesar vuestro Santo Nombre.  Por J. C. N. S. Amén.