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sábado, 7 de enero de 2012

PENSAMIENTOS DE SAN JUAN DE LA CRUZ

NEGATIO
IV

Ama el no ser conocido de ti ni de los otros. Nunca mires los bienes y los males ajenos.

Ten ordinaria memoria de la vida eterna, y que los más abatidos y pobres y que en menos se tienen, gozarán de más alto señorío y gloria en Dios.

Considera que es en gran  manera necesario el ser contrario a si mismo y caminar por vía penitente, si pretendes alcanzar la perfección.

Vive como si no hubiese en el mundo más que Dios y tu alma, para que no pueda tu corazón ser detenido por cosa humana.

Reine en tu alma siempre un estudio de inclinarse no a lo fácil, sino a lo más dificultoso; no a lo más gustoso, sino a lo más desabrido; no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado; no a lo más, sino a lo que es menos; no, a lo que es querer algo, sino a no querer nada; no a andar buscando lo mejor de las cosas, sino lo peor; y traer desnudez y vacío y pobreza por Jesucristo de cuanto hay en el mundo.

Si supiesen las almas de cuánto provecho es el padecer y la mortificación para venir a altos bienes, en ninguna manera buscarían consuelo en cosa alguna.

Si un alma tiene más paciencia para sufrir y más tolerancia para carecer de gustos, es señal que tiene más aprovechamiento en la virtud.

El alma que en medio de sus sequedades y desamparos trae un ordinario cuidado y solicitud de Dios con pena y recelo de que  no le sirve, ofrece un sacrificio muy agradable a Dios.

Si alguno te persuadiere doctrina de anchura, aunque la confirme con milagros, no lo creas, sino más penitencia y más desasimiento de todas las cosas.

Como en la generación natural no se puede introducir una forma sin que primero se expela del sujeto la forma contraria, que es impedimento a la otra, así,  en tanto que el alma se sujeta al espíritu sensible y animal, no puede entrar en ella el  espíritu puro espiritual.

Como el madero no se transforma en el fuego por un solo grado de calor que le falte en su disposición, a si no se transforma el alma en Dios perfectamente por una imperfección que tenga.

Igualmente está detenida el ave para sus vuelos con los lazos del alambre recio  o del más sútil y delicado hilo, pues mientras no rompe el uno y otro estorbo, prisionera y cautiva de los lazos, no pueden  ejercitarse en el vuelo; así también el alma que esta presa por afición a las cosas humanas por pequeñas que sean, mientras duran los lazos no puede caminar a Dios.

Ha el espiritual de mirar mucho que  se le comience el corazón y el gozo a asir a las cosas temporales, temiendo que de a poco vendrá a mucho, creciendo de grado en grado; pues de pequeño a principio, en el fin es el daño grande, como una centella basta para quemar un monte.

Nunca se fíe por ser pequeño el asimiento, si no le corta  luego, pensando que adelante lo hará; porque si cuando es tan poco  y al principio no tiene ánimo para acabarlo, cuando sea mucho y muy arraigado ¿cómo piensa y presume que podrá?


SANTORAL 7 DE DE ENERO


7 de enero



SAN LUCIANO,
Presbítero y Mártir



Apartaos de mí, malditos: id al fuego eterno, que ha
sido preparado para el diablo y sus ángeles.
(Mateo, 25, 41).

   San Luciano puede ser llamado el cristiano por antonomasia, pues, a la edad de doce años, distribuyó todos sus bienes a los pobres.
    Fue sacerdote en Antioquía, profesor de exégesis bíblica y fundador de la Escuela de Antioquía, traduce el Antiguo Testamento, su campo propio; y destaca por su virtud, sabiduría y oratoria.

   Durante la persecución de Valerio Maximiano, es martirizado en Nicodemia, el 7 de enero del año 212, y sepultado en Helenópolis de Bitinia.

   Como no tuviera altar en la prisión, el amor ingenioso que profesaba a Dios le inspiró la idea de hacerse sostener por sus discípulos y de consagrar a Jesucristo sobre su pecho. Fue así, el sacerdote, el altar y la víctima de Dios, por quien derramó su sangre en el año 312.

  MEDITACIÓN SOBRE 
EL INFIERNO   

   I. El infierno es el lugar destinado para el castigo de los réprobos. Su mayor suplicio será no ver a Dios, lo que constituye la felicidad de los elegidos. Conocerán las perfecciones de Dios, desearán gozar de ellas, pero no podrán; y como Dios es la fuente de todo bien, ellos también serán privados de toda clase de bienes. No habrá ya para ellos ni alegría ni contento. Infeliz estado, ¿quién podría concebirte? La pérdida de un amigo, de un pariente, de un bien que amas, te hace gemir: ¿qué no producirá conocer el valor de Dios, y ser separado de Él para siempre?

   II. Padecerán todos los tormentos, imaginables e inimaginables: el hambre, la sed, las tinieblas, los espectros pavorosos, el fuego... El condenado será atormentado en todas las partes de su cuerpo, en todas las potencias de su alma. Cristiano afeminado, un dolor de muelas te hace gritar, no podrías mantener un dedo ni siquiera un momento en el fuego, ¿cómo soportarás esos suplicios que han merecido tus crímenes?

   III. Esos tormentos durarán toda la eternidad, sin consuelo, sin interrupción, sin esperanza. ¡Oh Dios! Cuán amargos resultarían los placeres de esta vida, y cuán agradables sus sufrimientos para quien comprendiese estas palabras: ¡sufrir eternamente! Eternidad, ¿se puede pensar en ti sin temblar, sin temer a Dios, sin despreciar al mundo ni desapegar se de él? ¡Eternidad! ¡Por un placer de un momento, una eternidad de suplicios! Somos insensatos o paganos, si el pensamiento de la eternidad no nos con mueve y nos convierte. ¿Quién de vosotros podrá habitar en las llamas eternas? (Isaías).

El pensamiento del infierno 

Orad por
la conversión de los malos cristianos


ORACIÓN

      Haced, os lo rogamos, Dios omnipotente, por la intercesión del bienaventurado Luciano, vuestro mártir, cuyo natalicio al cielo celebramos, que seamos fortificados en el amor de vuestro santo Nombre.  Por N. S. J. C. Amén

viernes, 6 de enero de 2012

CARTAS DEL HERMANO RAFAEL



6 de enero de 1938 - jueves

Ave María.

Día 6 de enero.

Por la mañana de este día tuve gran consuelo y mucha paz en la santa comunión. Estuve un gran rato muy recogido; vi con claridad que sólo Jesús puede llenar mi alma y mi vida.

Hubiera querido ofrecer a Jesús Niño algo..., algo que no tengo. Hubiera querido morir en su presencia olvidándome de todo, y solamente amándole... ¡Qué bueno es Dios!

No habían pasado tres cuartos de hora, cuando no lo sé, ni me lo explico, una angustia muy grande llenó mi espíritu. Mi alma se derramó en lágrimas en la capilla del noviciado. ¡Señor, soy un pobre hombre!

¡Me vi tan solo!... ¿Y mi fervor?... ¿Y mis ansias de Dios y desprecio del mundo, dónde se fueron?... ¿Por qué me dejas, Señor?... ¿Qué haré yo sin Ti? Me da pena de mi mismo al verme tan débil.

Al hacer el examen por la noche, comprendí muchas cosas, que no acierto a escribir.

Dios es muy bueno conmigo.



7 de enero de 1938 - viernes

Una de mis mayores faltas es la impaciencia y algunas veces un hermano, sin darse cuenta, me pone los nervios en tal estado, sobre todo con ciertos ruidos, que saldría dando gritos si me dejara llevar del natural.

Mas he venido a la Trapa a mortificarme y a sufrir lo que el Señor quiera enviarme.

La máxima penitencia es la vida común.

Señora y Reina del cielo, concededme la gracia de ser manso. Así sea.

7-1-38

Una de mis mayores penas es el ver que estoy abrazado a la Cruz de Jesús, y que no la amo como quisiera.



31 de enero de 1938 - lunes

Dios mío..., Dios mío, enséñame a amar tu Cruz. Enséñame a amar la absoluta soledad de todo y de todos. Comprendo, Señor, que es así como me quieres, que es así de la única manera que puedes doblegar a Ti este corazón tan lleno de mundo y tan ocupado en vanidades.

Así en la soledad en que me pones, me enseñarás la vanidad de todo, me hablarás Tú solo al corazón y mi alma se regocijará en Ti.

Pero sufro mucho, Señor..., cuando la tentación aprieta y Tú te escondes... ¡cómo pesan mis angustias!...

¡Silencio pides!... Señor, silencio te ofrezco.

¡Vida oculta!... Señor, sea la Trapa mi escondrijo.

¡Sacrificio!... Señor, ¿qué te diré?, todo por Ti lo di.

¡Renuncia!... Mi voluntad es tuya, Señor.

¿Qué queréis Señor, de mi?

¡¡Amor!! ¡Ah!, Señor, eso quisiera poseer a raudales. Quisiera, Señor, amarte como nadie... Quisiera, Jesús mío, morir abrasado en amor y en ansias de Ti. ¿Qué importa mi soledad entre los hombres? Bendito Jesús, cuanto más sufra..., más te amaré. Más feliz seré, cuanto mayor sea mi dolor. Mayor será mi consuelo, tanto más carezca de él. Cuanto más solo esté, mayor será tu ayuda.

Todo lo que Tú quieras seré.

Mi vida quisiera que fuera un solo acto de amor..., un suspiro prolongado de ansias de Ti.

Quisiera que mi pobre y enferma vida, fuera una llama en la que se fueran consumiendo por amor... todos los sacrificios, todos los dolores, todas las renuncias, todas las soledades.

Quisiera que tu vida, fuera mi única Regla

Que tu "amor eucarístico" mi único alimento.

Tu evangelio mi único estudio.

Tu amor, mi única razón de vivir..

¡Quisiera dejar de vivir si vivir pudiera sin amarte!

Quisiera morir de amor, ya que sólo de amor vivir no puedo.

Quisiera, Señor…, volverme loco… Es angustioso vivir así.

¡Es tan doloroso querer amarte y no poder! Es tan triste arrastrar por el suelo del mundo la materia que es cárcel del alma que sólo suspira por Ti... ¡Ah!, Señor, morir o vivir, lo que Tú quieras…, pero por amor

Ni yo mismo sé lo que digo, ni lo que quiero... Ni sé si sufro, ni si gozo..., ni sé lo que quiero ni lo que hago.

Ampárame, Virgen María... Sé mi luz en las tinieblas que me rodean. Guíame en este camino en que ando solo, guiado solamente por mi deseo de amar entrañablemente a tu Hijo.

No me dejes, Madre mía. Ya sé que nada soy y que nada valgo. Miseria y pecados..., eso es lo único, y lo mejor, que puedo alegar para que tú atiendas mi oración.

Señora, vine a la Trapa, dejando a los hombres, y con los hombres me encuentro. Ayúdame a seguir los consejos de la Imitación de Cristo, que me dice no busque nada en las criaturas y me refugie en el Corazón de Cristo.

Nada quiero que no sea Dios..., fuera de El todo es vanidad.

31-1-38



5 de febrero de 1938 - sábado

San Isidro, 5 de febrero de 1938.

Pasan los días rápidamente y con ellos paso yo. Con el papel delante y con la pluma en la mano, no sé qué hacer... ¡Son tantas cosas las que encierra mi alma que si de todo lo que siento me pusiera a escribir, no acabaría.

Dios, en su infinita bondad, sin necesidad de palabras de hombres, me va enseñando la única ciencia que aquí a la Trapa he venido a aprender..., el desprecio del mundo y la práctica de su amor a Dios. Es a costa de mucho sufrimiento como voy aprendiendo.

Ya me voy acostumbrando a permanecer encerrado en el monasterio. Llevo dos meses sin gozar de un poco de aire y de sol... ¡Ah!, Señor, qué duro es eso para mi..., yo que gozaba en el mundo, con cantar en el campo tus maravillas y grandezas..., que mi mayor placer era abrir mucho los ojos para contemplar el mar..., que mi alma se extasiaba ante un cielo tachonado de estrellas, y mi alma te bendecía al escuchar el silencio de la tierra en una tranquila y dulce puesta de sol.

Todo se acabó para mi..., el cielo, el sol y las flores. La parte humana..., que es mucha, llora, Señor, mi libertad perdida. Pero Tú vienes y me consuelas... ¿Qué no harás Tú por mi, bendito Jesús?

Ayer, a la hora del trabajo, un cielo azul espléndido rodeaba al monasterio... Un día claro de invierno reinaba en estos campos de Castilla. La obediencia me mandó a empapelar chocolate a la fábrica. Una pena muy grande tenía dentro... Me agarré a mi crucifijo y me dispuse a cumplir la obediencia, y Tú, Señor, me hiciste pensar. ¿Qué mejor flor que la penitencia?... Tenía gana de llorar, pero en comunidad no se puede.

Penitencia viniste a hacer..., ¿de qué te quejas, hermano? Si tú supieras que cada lágrima derramada por mi amor en la penitencia del claustro, es un obsequio que hace cantar de alegría a todos los ángeles del cielo.

Ánimo, Rafael, me parece que Dios me decía..., todo pasa..., y bendito Jesús, la pena se me quitaba... Ya no me importaba la belleza del día, ni de nada de la tierra... Yo sabía que Dios me ayudaba, y que Dios me bendecía, y en mi torpe trabajo para empapelar chocolate, a nadie de la tierra ni del cielo envidiaba, pues pensaba, que si los santos del cielo pudieran bajar un momento a la tierra seria para, desde aquí, aumentar la gloria de Dios, aunque no fuera más que con un Avemaría, de rodillas, en silencio..., o quién sabe, envolviendo pastillas de chocolate.

¡Qué bueno eres, Señor! ¡Cuánto me quieres!... Poco a poco voy llegando a comprender la vanidad de todo.

Cuando, después de Vísperas, me arrodillé a los pies de tu Sagrario, vi que había pasado el día, y con él, el cielo azul, el sol brillante, mis penas y mis alegrías... Todo pasó y nada queda.

Qué bien comprendo la vanidad de amar lo perecedero. Sólo lo que sufrí por tu amor al fin del día, me servirá para algo... Lo demás es tiempo perdido, y ¡ah!, Señor, entonces si que lloraremos el no haber hecho penitencia; entonces bendeciremos las pastillas envueltas en la oscuridad de la chocolatería...

¡Qué bueno eres, Señor! Dulce eres cuando consuelas..., pero tu verdadero amor nos lo muestras en las tribulaciones y en las pruebas.

No te pido descanso en la tierra Señor . Quiero cumplir tu voluntad hasta el fin… Enséñame como hasta ahora lo vas haciendo…, en soledad y desconsuelo, en pura fe…, en el abismo de mi nada, y… en los brazos de la Cruz.

¿Qué me falta para ser feliz? Nada, pues nada deseo.

Ya lo sabes, Señor, no te importen mis lágrimas, ni te detengan a veces mis grandes faltas de correspondencia a tu amor... Ya sabes lo que soy y como soy.

No me atrevo a pedirte sufrimientos y cruz, pues me parecería una soberbia presunción, para mi enorme flaqueza..., pero si me las envías, benditas sean.

Bendigo tu mano, Señor, y me entra una enorme alegría al yerme pobre, inútil, enfermo..., y a veces tengo miedo..., aún hay quien me quiere, y tengo cama..., y el santo Job, te bendecía desde un muladar, rascando sus podredumbres con una teja. ¿De qué me puedo yo quejar?... ¡Ah!, Señor, aún soy algo y aún tengo algo.

En tus manos me abandono y a los pies de la Santísima Virgen María...

¿Para qué voy a seguir escribiendo?, también esto me parece vanidad.

Que Jesús y María me perdonen. Así sea.



(1) Este cuaderno lo escribió Rafael a indicación del que había sido su director espiritual, el P. Teófilo Sandoval.

FIESTA DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

FIESTA DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR



 Visto en: Radio Cristiandad


Epifanía significa Manifestación.

La Fiesta de hoy conmemora una de las muchas manifestaciones de Jesucristo.

Como en el Antiguo Testamento se conmemoran varias teofanías o apariciones de Yahvé, en el Paraíso, a los Patriarcas, a Moisés, en Horeb, así podemos decir que son varias las Epifanías del Verbo de Dios Encarnado.

Se manifiesta en las Profecías; en la Anunciación, cuando se realiza en las entrañas purísimas de María la Encarnación del Verbo; en el Nacimiento; en el Jordán, cuando es bautizado; en el Tabor; en Caná, cuando por vez primera manifiesta su poder divino; en sus apariciones después de la Resurrección…

Dios ha querido que Jesucristo se manifestara a los hombres en estás sucesivas epifanías, que aumentan en claridad a medida que se producen, para acostumbrar a la débil inteligencia del hombre a la luz creciente de la revelación del Mesías y prepararle, por los caminos de la fe incipiente y progresiva, a la definitiva epifanía de Dios en la clara visión de la gloria.

De todas estas epifanías, por tradición antigua de la Iglesia Romana se celebran tres en este día: la manifestación a los Magos, la revelación de la divinidad de Jesús por la voz del Padre en su Bautismo y la exhibición de su poder taumaturgo por vez primera, cuando trocó en vino el agua en las bodas de Caná.

Desglosáronse de la festividad presente las dos últimas epifanías: la del Bautismo de Jesucristo, para celebrarla el día de la Octava de esta fiesta; y la de las Bodas de Caná, que se conmemora en la Domínica Segunda después de la Epifanía, quedando la presente festividad dedicada solamente a celebrar la manifestación de Jesús a los Magos.

En la Encarnación ha venido el Verbo a la tierra para la redención del mundo, pero no se ha manifestado como tal.

En su Natividad le cantan los Ángeles como Salvador del mundo, pero queda reducida su manifestación a los límites de su pueblo, pues no ha llamado más que a unos sencillos pastores de Belén.

Hoy, rompe Jesucristo el estrecho molde que al Mesías habían señalado los doctores y la conciencia religiosa de Israel; salva, los reducidos límites de la Palestina y se manifiesta al mundo pagano, es decir, a todo el mundo, representado por los Magos que hoy le adoran.

Son los desposorios, de hecho, del Verbo Encarnado, con toda la humanidad. Hoy, dice la Liturgia, la Iglesia se ha Unido al celestial Esposó; hoy se realizan las profecías de la vocación de los gentiles para que formen parte del Reino de Dios; hoy, sigue la Iglesia, el que fue engendrado antes del lucero de la mañana y antes que fuesen los siglos, ha aparecido al mundo.

§§§

Deseando, pues, el Padre Eterno que su Hijo recién nacido en Belén fuese conocido y adorado, no solamente de algunos judíos, sino también de algunos gentiles, habiendo enviado un Ángel que diese nueva de este Nacimiento a los pastores, el mismo día creó en el Oriente una estrella hermosísima y muy resplandeciente, que fuese señal de haber nacido el Mesías y Rey de Israel, tal como Balaam había profetizado, con deseo de que acudiesen a reconocerle y adorarle, pues para bien de todos había nacido.

Muchos del Oriente vieron aquella estrella, y se admiraron de su hermosura y entendieron lo que significaba; pero sólo tres Reyes se movieron y determinaron de salir en busca de este Rey, cuya estrella habían visto. Los demás no quisieron, porque les pareció mal dejar sus casas, haciendas, mujeres y amigos, y salir de su tierra por camino y a lugar incierto, aumentando la carne y el demonio todas estas dificultades para no comenzar esta jornada

Consideremos la gran merced que hizo Dios a estos tres Reyes en inspirarles con tanta eficacia y con tanta luz interior la resolución que tomaron en dejar sus tierras y casas, y salir a buscar a Cristo, dejando a los otros en su ceguedad y miseria

Se cumplió aquí la verdad de aquella temerosa sentencia: Muchos son los llamados, y pocos los escogidos, pues entre tantos varones del Oriente, sólo tres fueron escogidos para esta empresa, tomándolos la Santísima Trinidad por primicias de los escogidos de la gentilidad.

§§§

Los Reyes, con la fe viva que tenían, arrojándose en las manos de Dios, comenzaron a caminar llevando consigo dones que ofrecer al Niño; y entrando en el camino, vieron a deshora moverse la estrella, como quien quería serles guía en aquella aventura, con lo cual se alegraron grandemente, alabando y glorificando a Dios por la providencia y cuidado que tenía de ellos.

Esto nos prueba que, si fiados de Dios y apoyados en la fe, comenzamos a buscarle, su Providencia acudirá a proveernos de guía y ayuda para proseguir nuestro camino, y el Espíritu divino y la gracia irá siempre delante como estrella, guiándonos y enderezando nuestros mis pasos, al modo que guió a los israelitas por el desierto, yendo delante de ellos, mostrándoles el camino, de día en una columna de nube que les defendía del sol, y de noche, en una columna de fuego, que les alumbraba, para ser su guía en ambos tiempos.

Visto esto, los Reyes iban caminando siguiendo siempre la estrella, sin apartarse a un lado ni a otro, parando donde ella paraba y andando cuando ella se movía, procurando no hacer cosa indigna del Señor que en la estrella reconocían.

Prosiguiendo su camino los Reyes, y llegando cerca de Jerusalén, de repente, por ordenación de Dios, se les encubrió la estrella, quedando tristes y afligidos por esto; lo cual ordenó así la divina Providencia, para probar su fe y lealtad, y para darles ocasión de ejercitar grandes virtudes en la entrada de Jerusalén, y para que, faltando la guía del Cielo, buscasen la que Dios ha dejado en la tierra, que es la de los sabios y doctores de la ley, y de los prelados y superiores en su Iglesia.

Y así, los Magos no desmayaron, ni se dieron por engañados, ni dejaron su empresa volviéndose a su tierra, sino determinaron entrar en Jerusalén a buscar lo que deseaban.

§§§

Los Magos en Jerusalén preguntan, pues, por el Rey de los judíos recién nacido. En dicha pregunta resplandecen grandes virtudes de estos varones.

Primero, mostraron grande fe creyendo lo que no habían visto, confesando que había nacido un Niño que era el Rey y Mesías prometido a los judíos; y no dudaron de esto, sino solamente del lugar donde había de nacer, porque quien les reveló lo primero no les reveló lo segundo.

También mostraron grande magnanimidad y fortaleza, porque con adivinar el peligro a que se ponían preguntando por otro rey, con todo eso no entraron a escondidas y preguntando por los rincones con secreto, sino públicamente y en el mismo palacio real.

De esta fe y fortaleza de los Magos procedió que, aunque se turbó Herodes oyendo esta pregunta, y con él toda Jerusalén, no se turbaron ellos.

Se turbó Herodes, porque era tirano y ambicioso, y así temía no hubiese nacido quien le quitase el reino. Pero lo que más admira es que también se turbasen los judíos por lo que debían holgarse, atendiendo más a lisonjear y dar contento al rey tirano que al Rey celestial que les estaba prometido.

Herodes, oída ésta pregunta, consultó sobre ella a los sabios; y dijo a los Magos que buscasen al Niño, y en hallándole, se lo avisasen

La Providencia de Dios se sirve de los malos para favorecer los intentos de los buenos, y por medio de sus ministros, aunque sean malos, descubre la verdad de la divina Escritura a los que desean saberla para su provecho.

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Nos deben atemorizar e inquietar los secretos juicios de Dios, que en este caso resplandecen; porque, viniendo los gentiles de tierras tan distantes, y con tanto trabajo, a buscar a Cristo, los judíos, que tantos años le habían esperado, con estar tan cerca, no se movieron a buscarle. Y aunque dieron aviso a los Magos donde le hallarían, no lo tomaron para sí, para que se vea la verdad de lo que después dijo este Señor: Ninguno puede venir a Mí, si mi Padre no le trajere.

Debemos escarmentar en cabeza ajena, quitando los estorbos que ponemos al Padre Eterno para que con sus inspiraciones nos llame y junte con Cristo, no dilatando el obedecer a las que nos diere, porque quizá la dilación será causa de nuestra perdición.

§§§

Oída por los Magos la respuesta de Herodes, salieron de Jerusalén, camino de Belén, en busca del Rey nacido, y al mismo punto se les tornó a descubrir la estrella, con cuya vista se alegraron con gozo muy grande.

Consideremos la Providencia amorosa de nuestro Dios y su fidelidad en premiar el trabajo de los que le buscan; porque, dado caso que pudieran estos Reyes, pues ya sabían el lugar donde nació el Niño, ir a Belén sin la estrella, sin embargo quiso Nuestro Señor que se les apareciese segunda vez y les causase gozo, no cualquiera, sino grandísimo, para premiarles con esto los trabajos que pasaron en Jerusalén, los peligros a que se pusieron, las diligencias que hicieron para saber dónde hallarían al Rey que buscaban y para convertir la tristeza pasada en grande gozo, cumpliéndose lo que David había dicho, que según la muchedumbre de los dolores fue la grandeza de los consuelos que alegraron su alma.

§§§

Llegando los Magos a Belén, paró la estrella y se posó sobre el lugar donde había nacido el Rey que buscaban; y entrando, hallaron al Niño con su Madre.

Gran admiración habrá causado en los Magos ver parar la estrella sobre un lugar tan pobre y vil como aquel establo; pero, ilustrados con la luz interior, reconocieron que la grandeza de aquel Rey no se mostraba en las cosas pomposas de este mundo, sino en el verdadero desprecio de ellas, y así rindieron su juicio al testimonio de la estrella exterior.

Debemos detenernos a meditar largamente en el misterio de aquellas palabras: Hallaron al Niño con su Madre; lo cual se dijo también de los pastores, para significar que regularmente no se halla Jesús sin su Madre, ni su Madre sin Jesús; porque quien es amigo de Jesús, luego es devoto de su Madre, y quien es devoto de su Madre, alcanza la amistad con Jesús.

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Es justo suponer que en cuanto los Magos vieron al Niño, se les descubrió que era Dios y hombre, Rey y Mesías prometido a los judíos y Salvador del mundo; y les causó esto un gozo interior excesivo, que les llenó toda el alma; porque si la vista de la estrella material tan gran gozo les causó, ¿qué gozo causaría la vista de Jesús, Estrella de la mañana y Señor de las estrellas?

¡Qué contentos y satisfechos quedarían con la vista de esta divina Estrella!, cumpliéndose en ellos lo que dijo David: Quedaré harto cuando apareciere tu gloria.

Entonces, postrándose los Magos en tierra, adoraron al Niño, y abriendo sus tesoros, le ofrecieron oro, incienso y mirra.

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Tres cosas hicieron aquí los Magos en servicio del Niño Jesús, las cuales estaban profetizadas por David.

La primera, fue postrarse en tierra, en señal de la suma reverencia exterior e interior que le tenían; porque, como el cuerpo se humilló lo más que pudo, hasta postrarse, así el alma se humilló delante de este Rey, reconociéndose en su presencia como polvo y nada.

Comenzándose a cumplir aquí la profecía de David, que dice: Delante de Él se postrarán los de Etiopía; y los que antes eran sus enemigos, besarán la tierra en señal de sujeción.

La segunda, fue adorarle, no sólo como se adoran los reyes de la tierra, sino con la suprema adoración que se da a sólo Dios, y se llama, latría, reconociendo con viva fe que aquel Niño era su verdadero Dios y Criador, que había nacido para remedio de todo el mundo; y con esta fe hablarían con Él, y le darían gracias por la merced que les había hecho en haber venido a remediarlos, y en especial en haberles traído con su estrella para que le conociesen, y allí se ofrecieron por sus vasallos perpetuos, con determinación de servirle para siempre, cumpliéndose lo de David: Le adorarán todos los reyes de la tierra, y le servirán todas las gentes.

La tercera cosa que hicieron los Magos fue abrir los cofres de sus tesoros, que habían traído cerrados por todo el camino, y ofrecer dones al Niño en señal de su vasallaje y en protestación de que le servirían con sus personas y con todas sus cosas; y con los mismos dones confesaron la fe que tenían, porque le ofrecieron oro como a Rey, incienso como a Dios y sumo Sacerdote, y mirra como a hombre mortal.

Pero mucho mayores fueron los dones interiores con que acompañaron los exteriores, ofreciéndoselos con oro de amor, con incienso de devoción y con mirra de mortificación de sí mismos por servir a su Señor, cumpliéndose lo que habían dicho los profetas, que los reyes de Arabia y de Saba le ofrecerían dones y presentes de incienso, mirra y oro, con alabanzas del Señor.

§§§

Finalmente, podemos contemplar el coloquio que, sin lugar a dudas, tuvieron los Reyes con la Virgen Santísima y San José, dándoles cuenta de la estrella que habían visto en Oriente, y de lo que les había pasado en Jerusalén.

Consideremos cómo se ofrecerían a su servicio, cuán admirados estarían de ver la santidad que en aquella Señora y en aquel buen Señor resplandecía y, en contrapartida, ver la pobreza del lugar en que estaban.

¡Qué contentos quedaría María y José oyendo estas revelaciones! ¡Y cómo las conservarían en su memoria para meditarlas! ¡Cómo agradecerían a los Magos el trabajo que habían tomado en venir a adorar a su Hijo, y qué cosas tan divinas les dirían para confirmarlos en la fe!

§§§

Pidamos, con la Santa Liturgia: Te suplicamos, oh Dios omnipotente, hagas que de lo que celebramos con solemne culto, obtengamos la inteligencia y recojamos los frutos en un alma purificada.

SANTORAL 6 DE ENERO


6 de enero


EPIFANÍA DE
NUESTRO SEÑOR



Hallaron al Niño con María, su Madre, 
y prosternándose lo adoraron; y abiertos sus cofres
 le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra.
(Mateo, 2, 11).

   Unos magos de Oriente reciben aviso del nacimiento del Hijo de Dios por medio de la aparición de una estrella milagrosa. Dejan su reino y van a Jerusalén a buscar a ese Dios. Túrbase Herodes ante la noticia; disimula sin embargo su pavor, y ruega a los magos que regresen a Jerusalén después que hayan adorado al recién nacido, en Belén. Pero éstos, advertidos en sueños de que no vuelvan a Herodes, retornan a su país por otro camino.

  MEDITACIÓN SOBRE 
LOS PRESENTES
DE LOS MAGOS 

   I. Los Magos ofrendaron mirra a Nuestro Señor, para honrar su humanidad. Jesús es Hombre, y lo es por amor nuestro, porque por amor nuestro tomó un cuerpo semejante al nuestro. Amémoslo, pues, y ofrendémosle nuestro cuerpo. Este cuerpo es vuestro, ¡oh Jesús mío!, disponed de él como os plazca, sano o enfermo, vivo o muerto. ¡Qué feliz sería si pudiese sufrir con Vos, para reinar un día también con Vos! Me habéis rescatado todo entero, a fin de poseerme todo entero. (San Agustín).

   II. Jesús es hombre, mas también es Rey. Por eso se le ofrenda oro. Es el dueño de nuestros bie nes, Él nos los dio; debemos servirnos de ellos para honrarlo, para engalanar sus altares, para socorrer a los pobres. Ve a Jesús en sus pobres, con la fe de los Magos que, contemplando en el pesebre a un niño pobre y abandonado, lo reconocieron como a su Rey y a su Dios. Si eres pobre, ofrece a Jesús tu pobreza; esta ofrenda le será más agradable que todos los tesoros de la tierra.

   III. Los Magos ofrecieron incienso a Jesús, y reconocieron así su Divinidad. El incienso que tú le debes presentar, es la oración que eleva a tu alma hasta Dios. Humíllate ante este Soberano, ofrécele todas las potencias de tu alma, adóralo, témelo. Acuérdate sobre todo que los Magos volvieron por otro camino; cambia de vida a ejemplo suyo, y después de haberte dado a Jesucristo, no te des más al mundo. Por el cambio de ruta, entendemos el cambio de vida. (Eusebio).

La devoción 
Orad por los que os gobiernan.

ORACIÓN

      Oh Dios que en este día hicisteis que los gentiles conocieran a vuestro Unigénito, dándoles una estrella por guía, haced que, conociéndoos ya por la fe, nos elevemos a la contemplación de vuestra gloria. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 5 de enero de 2012

DE LA DIALECTICA A LA FELICIDAD- San Agustín bajo la lupa. II

Por Antonio Socci



LAS AMANTES DE ANTAÑO

“No existía tampoco aquella excusa con la que solía persuadirme a mí mismo de que si aún no te servía, despreciado el mundo, era porque tenía una percepción clara de la verdad; porque ya la tenía y cierta…Me disgustaba lo que hacía en el siglo y me era ya carga pesadísima, no encendiéndome ya, como solían, los apetitos carnales, que antes con la esperanza de honores y riquezas,  me ayudaba a soportar servidumbre tan pesada; porque ninguna de estas cosas me deleitaba ya en comparación con tu dulzura y “con la hermosura de tu casa que yo amaba”, más sentíame todavía fuertemente ligado a la mujer” El recuerdo de las mujeres  con las que había estado “me tiraban del vestido de la carne”: “ mis antiguas amigas me retenían…y me decían por lo bajo: “desde éste momento nunca más te será lícito esto o aquello”. ¡Y qué cosas, Dios mío, que cosas me sugerían con las palabras esto y aquello!” Y añade el convertido Agustín: “Avertad ab anima servi tui misericordia tua!”(por tu misericordia aléjalas de tu siervo). ¿Qué es lo que podía ser más atractivo que los recuerdos del placer carnal? ¿Qué es lo que podía contener una felicidad más verdadera y grande? No es suficiente estar seguro de la verdad católica frente a “recuerdos” tan reales: “En todas partes hacías brillar ante mis ojos la verdad de tus palabras, pero yo, cierto de su verdad, no sabía que responder, si no alguna frase lenta y somnolienta: “dentro de poco”. Pero este “poco” no duraba poco, y  aquel “espera un poco” se hacía esperar.

También para san Agustín, como para el hombre de hoy, la cuestión es la de si es posible vivir en santidad  y cómo, y no saber quién tiene razón. La respuesta la recibió en la gracia de un encuentro que testimoniaba que la verdad reconocida por la razón en algunos momentos (“Deus sola certa incundtas”, Oh Dios, única cierta felicidad) era una posibilidad real de experiencia cotidiana.

Un día, Ponticiano, un temperamento apasionado y entusiasta, va a visitar a San Agustín y a su amigo  Alipio. Les cuenta un viaje con algunos amigos a Tréveris, y que dos de ellos habían decidido hacer vida común en la virginidad. Sin embargo, “los dos tenían  prometidas; pero cuando  oyeron éstas lo sucedido, consagraron también su virginidad”. San Agustín descubre que esta manera de vivir contagiaba a muchos jóvenes cristianos, y que algunos de ellos habían empezado esta vida en común a las puertas de Milán, bajo la dirección paterna de San Ambrosio. Era la primera semilla del monaquismo occidental. Era el testimonio que la gracia del martirio podía ser donada y vivída cotidianamente. Dentro de este testimonio de gracia se inserta la anécdota del estribillo del niño: “ Toma y lee, toma y lee”; el recuerdo de la conversión del monje Antonio, y la lectura de la sentencia de la Epístola de San pablo a los Romanos. “No quise leer más, ni era necesario tampoco, pues al  punto que dí fin a la sentencia, como si se hubiera infiltrado en mi corazón una luz de seguridad, se disiparon todas las tinieblas de mis dudas”.

“Porque de tal modo me convertiste a ti que ya no me apetecía esposa”. “Fuimos bautizados, y se disipó en nosotros la inquietud de la vida pasada”. “Tú que haces vivir en una casa los corazones de los hombres”, escribe San Agustín,” tu perdón estimula al corazón a no dormirse en la desesperación, a no decir”no puedo”, a velar en tu caridad, lleno de misericordia, fuerza para un débil como yo”.

La célebre charla con su madre



EL MILAGRO DE LA FELICIDAD

Nos deja estupefactos ver la transformación, en pocos meses, de aquel joven intelectual problemático. El bautismo, recibido de San Ambrosio (junto con su hijo) el 24 de abril de 387; luego la vida en común para gozar más fácilmente la gracia encontrada... Por aclamación del pueblo se debe hacer sacerdote, y nueve años después de su bautismo, dirigía ya la pequeña Iglesia de Hipona. Toda la Iglesia está pendiente de él. Él, que había buscado en vano la sabiduría y había encontrado sólo la desesperación, había sido alcanzado por un anuncio inaudito:”Podía suceder algo más bueno y noble que el hecho de que la Sabiduría misma de Dios, sincera, eterna e inmutable, a la cual debemos entregarnos, se haya dignado hacerse hombre?”.


UNA REALIDAD PRESENTE


Pero ¿cómo se realiza la conversión a Jesucristo de un hombre que vive  muchos siglos después que Él? ¿Y que no estuvo con Él en Palestina, como le sucedió a San Pedro, ni lo vio realizar milagros? ¿Es razonable? San Agustín reflexiona sobre su historia personal y responde en De fide rerum invisibilum: “Mucho se equivocan los que piensan que sin pruebas suficientes creemos en cristo2, “(…) que Cristo nació milagrosamente de la Virgen, que padeció, resucitó y subió a los cielos, y además, todas sus palabras y obras divinas. Estas cosas no las visteis vosotros, y por eso  os negáis a creerlas. Pero mirad, ved y considerad atentamente las que estáis viendo. No se os habla de las pasadas ni se os anuncian las futuras: se os muestran las presentes (…) No visteis  todos aquellos hechos ya pasados referentes a Cristo, pero estos que están presentes en su Iglesia no podéis negarlos” Por otra parte suceden normalmente en la vida de cada uno de nosotros una cantidad de hechos humanos “que es preciso creer muchas cosas sin verlas”. “Gran  número de hechos que nuestros adversarios, los que nos reprenden porque creemos lo que no vemos, creen  ellos también por el rumor público y por la historia, o referentes a los lugares donde nunca estuvieron… Y no digan: No creemos porque no vimos. Pues si lo dicen, se ven obligados  a confesar que no saben con certeza quiénes son sus padres”. Es un prejuicio irracional que San Agustín desprecia tanto como la “credulidad”.

“Así como por las pruebas  que se ven creemos en los sentimientos amistosos sin ser vistos, de la misma manera, la Iglesia, que ahora vemos, es índice del  pasado y anticipo y anuncio del porvenir que no se ven”. En esta vida nueva se cumplen las profecías y los milagros, hoy en el presente: “Esto, ciertamente, lo vemos cumplido en el mundo, aunque no conocimos en carne a Cristo”. Po r eso “no os dejéis seducir ni por los supersticiosos paganos, ni por los pérfidos judíos, ni por los falaces herejes, ni tampoco, dentro de la Iglesia, por los malos cristianos, enemigos tanto más peligrosos cuanto más interiores”. “En nuestras manos tenemos las Sagradas Escrituras, en nuestros ojos los hechos”.

Continuará el próximo jueves...

SANTORAL 5 DE ENERO


5 de enero


SAN TELÉSFORO,
Papa y Mártir



Venid, benditos de mi Padre, a tomar posesión del
reino que os está preparado desde el principio
del mundo.
(Mateo, 25, 34).

   San Te1ésforo, griego de nacimiento, sucedió al Papa Sixto I, y fue el octavo obispo de Roma. Tuvo el dolor de ver los estragos causados en la Iglesia por la persecución del emperador Adriano. Sabemos, por San Ireneo, que terminó gloriosamente su vida con el martirio, cerca del año 136; por espacio de diez años había ocupado la cátedra de San Pedro.

  MEDITACIÓN SOBRE 
LA GLORIA DEL PARAÍSO    

   I. En el cielo se posee a Dios, y, poseyéndolo, gózase de todos los bienes. Jamás estamos contentos en este valle de lágrimas; lo estaremos en la mansión de los Bienaventurados. Privémonos, pues, de estos placeres tan fugaces, tan poco capaces de satisfacernos, a fin de que gocemos de las delicias del cielo. Placeres, honores, riquezas, ¡cuán despreciables aparecéis para quien considera el cielo! ¡Ah, Señor, yo puedo conseguir esta dicha, pero no puedo concebir su inmensidad!

    II. En el cielo, encontrarás todo lo que deseas, y ya no volverás a hallar nada de lo que te disgusta. No más lágrimas, ni suspiros, ni dolores, ni tristezas. En esta vida no hay placer que no esté mezclado con amargura; allí habrá toda clase de bienes sin mezcla de mal alguno. ¡Es, pues, muy razonable que sufra algo para gozar de tantas delicias!

   III. ¿Cuánto durará ese estado de gloria? Toda una eternidad; y los santos tendrán la seguridad de que su felicidad es eterna. ¡Oh eternidad bienaventurada! ¡Qué no harían los cristianos para poseerte si te comprendiesen! Todo lo que es eterno es gran de, lo demás pequeño. Trabajemos para la eternidad y despreciaremos todos los bienes de esta vida. ¿Quién no sentirá que se desvanece su tristeza al pensar que, por un momento de prueba..., tendremos una eternidad de dicha? (San Gregario).

El pensamiento del Paraíso 
Orad por los pecadores.

ORACIÓN

      Pastor eterno, mirad con benevolencia a vuestro rebaño, y cuidadlo con protección constante por me dio de vuestro bienaventurado Mártir y Soberano Pontífice Telésforo, a quien constituiste pastor de toda  la Iglesia.  Por N. S. J. C. Amén

miércoles, 4 de enero de 2012

SANTORAL 4 DE ENERO


4 de enero


SAN GREGORIO
Obispo y Confesor



Yo os digo que de cualquier palabra ociosa
que hablaren los hombres han de dar
cuenta en el día del juicio.
(Mateo, 12, 36).

   San Gregorio, obispo de Langres, no se contentó a con librar posesos y curar enfermos mientras vivió; en el momento en que llevaban a enterrar sus despojas mortales, hizo que se rompiesen las cadenas, de los prisioneros que se encontraban a su paso. Fue su vida una oración continua. En medio de la noche iba a la iglesia a orar a Dios, y, en llegando, abrían se las puertas por sí solas. Constituía su alimento un poco de pan de cebada y su bebida un poco de agua. ¡Qué fácil es dar cuenta a Dios de nuestros actos cuando hemos conformado nuestra vida con la que Él mismo vivió sobre la tierra! San Gregorio murió en el año 539.

  MEDITACIÓN SOBRE 
EL JUICIO PARTICULAR   

   I. Después de tu muerte darás cuenta de toda tu vida. Es lo que enseña el Evangelio. No lo dudas, puesto que eres cristiano. Pero, ¿comprendes bien que entraña esta verdad? Dios sabe todo lo que has hecho, lo que has dicho y lo que has pensado, aun lo más secreto: te pedirá cuenta sobre ello. ¡Ay! el momento de mi muerte, conoceré el estado en que ya debo permanecer eternamente. ¡Oh momento terrible! Pensemos en él, preparémonos para ese juicio.

   II. Es Dios quien nos juzga; es tan clarividente que nada escapa a su conocimiento; tan justo, que castigará severamente todas nuestras faltas; tan poderoso, que nadie puede sustraerse del rigor de su justicia. Toma medidas. ¿Qué le responderás? ¿Cómo excusarás tus pecados? ¡Ah, Señor, olvidaos de los desórdenes de mi vida pasada, para no acordaros ya sino de vuestra infinita misericordia!

   III. La sentencia que pronunciará este juez es inapelable; será ejecutada de inmediato. Ni las lágrimas, ni las dádivas, ni la privanza tienen poder ante Dios, para hacerlo revocar este funesto decreto, o para impedir su ejecución. Depende de mi única mente el prepararme la sentencia tal como la deseo; es preciso que sea mi acusador y mi juez, y que me castigue a mi mismo. Debo mantenerme preparado a dar cuenta de mi vida en cualquier momento. ¿Qué haré yo cuando Dios me juzgue? ¿Qué responderé cuando me interrogue? (Job).

El pensamiento del juicio 
Orad por los presos.

ORACIÓN

      Os suplicamos, Dios todopoderoso, que esta solemnidad de San Gregorio, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de la salvación. Amén

martes, 3 de enero de 2012

MILAGROS EUCARÍSTICOS

RESURRECCIÓN DE UN DIFUNTO
Siglo VI, Sarlat, Francia


San Sacerdote, abad de Sarlat, en Perigord, estaba en oración con sus Religiosos cuando vino un mensajero que el anunció la muerte de su  padre.

El piadoso Abad fue sin pérdida de tiempo al encuentro de su madre, para templar la tristeza que embargaba su corazón; pero mientras más se esforzaba en consolarla, ella le dijo con gran sentimiento: “¡Hijo mío!, tu padre no ha podido recibir la Prenda de la vida eterna, el Sagrado Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo”.

Al oír estas palabras fue mayor el desconsuelo del Santo, e inspirado por Dios, se arrodilla junto  al cuerpo inanimado de su padre, y persevera largo tiempo en oración. Se levanta, animado de una fe viva, toma la  mano fría del difunto y le llama dos veces por su nombre.

A la voz ahuecada y temblorosa del contristado hijo, el padre se levanta como si despertara de un profundo sueño, y dirigiendo lentamente la  mirada a su alrededor hasta fijarla en su hijo: “ Hoy mismo ha sido mi alma  separada del cuerpo sin estar fortificada con la recepción del Pan de vida; pero gracias a los ruegos y a los méritos de mi hijo, Dios  ha permitido que resucitara para obtener esta dicha”.

 Al estupor que  naturalmente había ocasionado un tan gran  milagro, se sucedieron en todos los presentes las emociones del más extraordinario contento y alegría.

San Sacerdote se apresura a administrar a su padre la Santa eucaristía, y en el momento que la recibe, el rostro del venerable anciano se reanima y manifiesta estar inundado su espíritu de gozo y dicha celestial. El hijo se arrodilla para recibir de su padre la última bendición. El padre extiende la mano  hacia el hijo amado, le manifiesta su reconocimiento por medio de algunas palabras llenas de ternura y amor, y entrega luego plácidamente su alma a Dios.
 (Bolandistas. 5 de mayo.)

SANTORAL 3 DE ENERO


3 de enero


SANTA GENOVEVA,
Virgen



Estad apercibidos, porque a la hora que menos
penséis ha de venir el Hijo del hombre.
(Mateo, 24, 44).

   Santa Genoveva comenzó a servir al Señor a la edad de 7 años; consagróse por entero a Jesucristo haciendo voto de castidad, próxima a cumplir los 15. Cuando Atila estaba cerca de París con su ejército, esta santa aseguró que no entraría en la ciudad, e impidió que los habitantes la dejasen. Se cumplió su profecía. Obraba milagros; a menudo, no comía sino dos veces a la semana. Murió llena de méritos, hacia el año 500.

  MEDITACIÓN SOBRE 
LA MUERTE   

   I. Morirás; nada es más cierto, es el orden dispuesto por Dios: hasta ahora todos los hombres han obedecido a su decreto. ¿Lo crees? ¿Piensas en ello? ¿Comprendes el significado de estas palabras: yo moriré? Significan que dejarás a tus parientes, a tus amigos, a tus bienes; tu cuerpo será enterrado, tus ojos no verán más, tu lengua no hablará más. ¿Por qué, pues, apegarme tan fuertemente a estos bienes que debo abandonar? ¿Por qué mimar tanto a este cuerpo destinado a convertirse en pasto de gusanos? Yo moriré...: medita estas palabras.

   II. Ignoro el tiempo y el lugar de mi muerte. No puedo prometerme ni siquiera un momento de vida. ¿Cuántos que ni siquiera piensan en la muerte morirán hoy? Si Dios me arrebatase en el estado en que estoy, ¿a qué sería reducido? ¿A dónde iría? ¿Quién me asegura que tendré, en lo porvenir, tiempo para hacer penitencia? ¡Ah! Puesto que no sé ni en qué tiempo ni en qué lugar la muerte me habrá de sorprender, es preciso que la espere en todo tiempo y en todo lugar.

   III. ¿En qué estado moriré; en gracia de Dios o en pecado? No lo puedo saber. Ignoro si la muerte será para mi un tránsito de la tierra a la gloria del cielo o, en cambio, a los suplicios del infierno. ¿Podemos pensar en serio en esta verdad y no sobrecogemos de terror? Es menester que, en adelante, asegure mi salvación y que viva, este año y todos los días de mi vida, como si debiese morir cada día. Haz ahora lo que, en la hora de la muerte, quisieras haber hecho.

El pensamiento de la muerte 
Orad por los agonizantes.. 

ORACIÓN

      Escuchadnos, oh Dios que sois nuestra salvación, a fin de que la fiesta de vuestra santa virgen Genoveva alegre nuestra alma y la enriquezca con los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén